AVISO IMPORTANTE

AVISO: Las informaciones contenidas en este blog pueden desentrañar importantes aspectos del argumento, incluso del final de la película en cuestión.
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lunes, 19 de abril de 2010

Carretera perdida - Una interpretación probablemente correcta.

Un bucle en el que el reto es averiguar si hay historia o no la hay.


Si en la anterior entrada hablaba de la irresolubilidad del misterio de Twin Peaks, ahora quiero afrontar otro reto de similares proporciones. Permíteme que siga con el cine de David Lynch y comente ahora Carretera Perdida.

Para muchos se trata de una obra de arte, para otros es una locura, para bastantes es una tomadura de pelo. Lo cierto es que no es una película que te deje indiferente y acaba posicionando al espectador entre los acérrimos de Lynch, bien sea entre los admiradores o entre los detractores.

Si no la has visto aún, yo mismo lo hice hace relativamente poco, te aviso que para entenderla en su totalidad, si ello es posible, hay que verla varias veces. La primera es la prueba de fuego. Muchos no la resisten y abandonan a mitad de la historia, aunque esta pérdida de espectadores queda compensada por los que la hemos visto varias veces.




Después de una profunda reflexión, este ejercicio repetitivo te hace contemplar la película con placer, cosa que en un principio puede parecer imposible. Pero es que el hecho de haber comprendido la historia te produce una sensación de superación semejante a la que puedes obtener por ejemplo al resolver un complicado crucigrama.

Y es que Lynch, en medio de un galimatías aparentemente descabellado, nos va proporcionando una serie de símbolos y pistas sutiles que al final nos ayudan a dar sentido a lo que hemos visto.

Te advierto que, como la película viene sin libro de instrucciones, a la hora de encontrar e interpretar esas pistas cada uno demuestra muy distintas habilidades, en ocasiones con exceso de celo. Es decir, que creo que mucha gente se pasa a la hora de adjudicar un valor simbólico a las imágenes. Por ello, el abanico de interpretaciones “correctas” que se pueden obtener de la película es tremendamente variopinto.

Espero que eso no te arredre a la hora de dar rienda suelta a las capacidades especulativas de tu imaginación. Entre otras cosas estoy convencido de que es lo que Lynch pretende y cualquier interpretación a la que tú hayas llegado, por original que sea, es tan válida como las demás.




El argumento de la película se centra en la historia de Fred Madison (Bill Pullman), un músico de jazz casado con Renee (Patricia Arquette), con quien su vida sexual no funciona del todo bien. Ambos se muestran fríos y distantes. Fred está celoso de su esposa y desconfía de ella, de hecho la única manera en la que parece descargar su pasión es tocando el saxo.

Un día empiezan a recibir unas misteriosas cintas de vídeo en las que se les ve a ellos dentro de casa, incluso en una de ellas se ve a Renee muerta y a Fred a su lado. Esta escena parece cumplirse y Fred es apresado y condenado por el asesinato de su mujer. Pero estando en la cárcel desaparece misteriosamente de la celda, apareciendo en su lugar otra persona, Pete (Balthazar Getty), que no recuerda cómo ha llegado allí y tampoco nadie se lo explica.

Aparentemente a partir de aquí la cosa se empieza a liar bastante. Digo aparentemente porque la cosa ya estaba bastante liada pero no lo sabíamos.

Lo que sigue a continuación es mi interpretación de la historia, una de las tantas que podrás encontrar en internet, pero probablemente la única correcta (es broma). He descuidado conscientemente aspectos como la excelente banda sonora y la sorprendente construcción de los personajes, típica de toda la filmografía de Lynch. Sobre eso ya hay mucho material publicado. Yo me he centrado exclusivamente en el aspecto psicológico, intentando desenmarañar un poco el contenido y aclarar algunos conceptos.

Si no has visto aún la película no sigas leyendo. Es conveniente que la veas y saques tus propias conclusiones. Intentar la interpretación de "Carretera perdida" es un ejercicio intelectual altamente recomendable.

Si queremos sacar algo en claro de la película tenemos que partir de la base de que la historia está contada en primera persona. Lo que contemplamos es la perspectiva de Fred, pero lo que se nos va revelando poco a poco es que su visión de la realidad está alterada y precisamente esa visión es la que Lynch nos traspasa, creando en nosotros una confusión semejante a la que vive su protagonista.

No nos lo han dicho pero por sus síntomas deducimos que Fred padece esquizofrenia (ver criterios diagnósticos según el DSM IV) y de una manera similar a lo que comentamos de Cronenberg en Spider, Lynch nos hace vivir la historia como la experimenta su protagonista.



Si contemplando la película te has sentido desorientado por no entender lo que pasa, frustrado por no poder remediarlo, molesto o quizás enfadado porque te están ocultando los datos que necesitas para comprenderlo todo, si has querido levantarte y salir del cine para escapar a esa vivencia que te oprime… ¡enhorabuena! ya sabes lo que es la esquizofrenia y felicidades señor Lynch, ha conseguido lo que pretendía.

¿Y qué es lo que pretendía?, pues ya metido en la marea especulativa, creo que es obvio que no se trataba de explicar una historia en concreto, si fuese así hubiese empleado otros recursos narrativos o nos hubiese proporcionado más pistas, más claras. Creo que Lynch sabía que sólo una minoría de los espectadores iban a conseguir aproximarse a alguna de las posibles explicaciones válidas, pero que eso no le importaba. Él sabía que pocos iban a entender su historia pero que prácticamente todos iban a experimentar las sensaciones que pretendía trasmitir. Ese es el verdadero mensaje de la película.

Intentando poner las cosas en claro hemos de admitir que Pete es el "álter ego" de Fred y que Alice representa el oscuro pasado de Renee en el que mantuvo una turbia relación con el mafioso Mr. Eddy - Dick Laurent (Robert Loggia) y con el amigo de ambos, Andy (Michael Massee).

Pero la historia que hemos visto no es real, es fruto de la imaginación de Fred, que no mató a Renee. Es una fantasía o mejor dicho una alucinación. Los celos le hacen jugar con la idea de matar a su esposa y mediante su alter ego, Pete, matar también a Andy, culpable de que su mujer se descarriase, y sobre todo al amante de ella, Mr. Eddy, no sin antes haberse vengado de él, poniendole los cuernos como Dick Laurent se los había puesto a él.




Así, ni los asesinatos, ni su encarcelamiento son ciertos, son fruto de la mente de Fred, un recurso para llevar a cabo una venganza que él vive como real, castigándose para aliviar su complejo de culpa.

Los vídeos evidentemente tampoco son reales. Es la manera en que su mente le muestra una serie de mensajes con el fin de dirigir su conducta y que se complementan con las apariciones del misterioso señor pálido (Robert Blake), nuevamente fruto de su imaginación y también elemento director de sus acciones.




Pero hay gente que opina que no todo es una alucinación, que los asesinatos ocurrieron de verdad y que lo que hemos visto es la justificación de los mismos elaborada por la mente de un loco. Yo persisto en mi idea y creo que lo que la película nos presenta es un sueño vívido. Un bucle de la mente de Fred que ocurre entre el principio y el final de la historia. Cuando recibe una llamada en el telefonillo de la puerta diciendo que "Dick Laurent ha muerto" y cuando, perseguido por la policía, se para ante su puerta para decirse a sí mismo ese mensaje.

El hecho de que la historia se inicie y termine en el mismo momento ya te indica que la secuencia temporal es imaginada.

Claro está que se puede discrepar de mi interpretación y hay que tener en cuenta que Lynch no tiene por qué haber sido escrupulosamente estricto reflejando la sintomatología del personaje, por lo que efectuar un análisis psicológico de Carretera perdida es algo tremendamente complicado y obviamente intuitivo.

Cualquier interpretación alternativa será bien recibida como comentario, pero ten en cuenta que David Lynch es como un pintor impresionista, que en su obra juega con las sensaciones que produce y más que plasmar una realidad, intenta sugerir unas ideas que cada espectador es libre de interpretar en función de su conocimiento, sus creencias y su estado de ánimo.

Intentar encontrar la explicación de sus películas en muchas ocasiones es una tarea vana y que debe de despertar la hilaridad del propio Lynch. No tienen explicación o, mejor dicho, no tienen una única explicación. Si tú se la encuentras y te satisface, esa es la explicación correcta, para ti, pero puede que para nadie más. Si no le encuentras ninguna, pero has experimentado sensaciones al verlas, también se han cumplido los propósitos del director y más aún si luego te animas a discutir sobre ello.

¡Felicidades señor Lynch!. A la vista está que a pesar de los años, todos sus objetivos se siguen cumpliendo.

Saludos,



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martes, 13 de abril de 2010

Twin Peaks - Veinte años de misterio...

...o cómo utilizar la imaginación, de los demás, para crear un mito.


Con Twin Peaks me pasa lo contrario que con 2001. En la película de Kubrick muchos ven aspectos místicos y yo veo una clara explicación lógica que no necesita recurrir a explicaciones más o menos espirituales.

Con la serie de Lynch me esfuerzo en encontrarle una explicación lógica (psicológica) y una vez tras otra me voy topando con los muros de simbología esotérica que encierran el asesinato de Laura Palmer (Sheryl Lee) y los hechos que lo rodearon.

He de decir que Twin Peaks me enganchó como no lo había hecho ninguna otra serie hasta entonces. Todo contribuía a ello. La misteriosa historia. El encanto de una sociedad rural, aparentemente idílica, en la que luego todos los personajes ocultan algo. El propio retrato de los personajes, cada uno más original que el otro. Las microhistorias que se entrelazaban en ese entorno. La fotografía de Frank Byers y la banda sonora de Angelo Badalamenti, que me encanta.




También tengo que confesar que me preocupé cuando vi el cariz descabellado que tomaban los acontecimientos en los últimos capítulos, pero en mi inocencia esperaba que todo se resolviese al final. Y, como la mayoría, en el último capítulo llegué a la conclusión de que la historia se le había ido a Lynch de las manos y no había sabido cómo terminarla.




Después me enteré de que la productora había decidido unilateralmente la finalización prematura de la serie ante la caída de audiencia en Estados Unidos y Lynch, para estupefacción de todos, concluyó la historia dejando al agente Cooper (Kyle MacLachlan) poseído por el espíritu maligno de "Bob".

Cuando en 1992 Lynch dirigió “Twin Peaks: Fuego camina conmigo” muchos confiamos en encontrar la explicación a la serie que tan abruptamente concluyó un año antes. Error. La película resultó ser una “precuela” en la que nos cuentan los últimos días de la vida de Laura Palmer. Nos sirve para aclarar algunos aspectos, pero en otros crea más confusión todavía.




En fin, de todo eso hace ya casi veinte años y desde entonces la curiosidad me ha llevado a retomar el tema recurrentemente, para ver si encontraba alguna explicación que me convenciese. Al final me rendí ante la evidencia de que Twin Peaks, más que un thriller policiaco o psicológico, es una historia fantástica sobre la lucha del bien y el mal, amparada en leyendas locales. Como tal historia fantástica, el final depende de lo que estés dispuesto a creer.

Pero si eres tan cabezota como yo, podrás reconocer algunas cosas que quedan claras. El padre de Laura, Leland Palmer (Ray Wise), abusó sexualmente de ella desde que tenía doce años. Eso lo plasma la muchacha en su diario, refriéndose a su violador como “Bob”, negando así la evidencia de que es su propio padre, quien por otra parte, busca también la compañía de otras chicas que le recuerdan a su hija.

Así Leland encuentra a Teresa Banks, una joven a la que mata iniciando el rito de introducir una pequeña letra bajo la uña del dedo anular de su mano, comenzando de esa manera su carrera de asesino psicópata.

Leland mata a su hija porque no puede soportar su actitud promiscua en los sórdidos ambientes en los que la chica ha desembocado.

Es difícil especificar qué trastorno de personalidad padece el padre, si es que padece alguno, y si él mismo es consciente de los actos que ha cometido o los olvida. Parece que en su "vida normal" actúa como si hubiese olvidado los episodios de abuso que ha cometido, pero cuando su lado de psicópata toma las riendas sí que es consciente de ello. Recuerda cuando Leland lee el diario de Laura y se sorprende de que la muchacha haya descubierto que el que la viola es su padre.




Podría pensarse en una posible esquizofrenia de Leland, que implicase procesos de alteración de su personalidad en los que actuase movido por los imperativos de la enfermedad. Pero no parece haber episodios alucinatorios ni fuerzas externas que le impulsen a cometer esos actos malignos. Recuerda que él no se ve como "Bob", es Laura la que lo ve así. La adjudicación de sus actos a una especie de espíritu demoníaco es fruto de la imaginación de la chica y no de la del padre.

Yo lo de esquizofrenia lo descartaría. Puede ser incluso algo más complejo. Probablemente lo que padece Leland como problema base sea un trastorno de la conducta sexual. Algún tipo de parafilia que le lleva a actuar compulsivamente, abusando de su hija y de jóvenes parecidas a ella, sinténdose recompensado por la sensación de poder que experimenta ante sus víctimas y la sumisión de estas, llegando en ocasiones al asesinato.

Como muchos asesinos en serie, Leland lleva una vida absolutamente normal y parece incluso un padre ejemplar. Para compaginar ambos tipos de conducta y por lo que he comentado anteriormente, la mente de Leland olvida selectiva y temporalmente esos sucesos. Probablemente, no hay pruebas para asegurarlo, padezca además un trastorno secundario, un tipo de amnesia disociativa en el que él mismo se niega los actos que comete, sufriendo un gran estado de shock cuando llega asumirlos, volviéndosele, por ejemplo, el pelo blanco.

La familia no es todo lo modélica que aparenta. Sarah, su mujer, bebe y fuma en exceso y le cuesta mantener las apariencias ante los cambios de estado de su marido. Laura sobrelleva como puede todos los acontecimientos. Es la típica hija de una familia desestructurada, pero que nadie, ni ella, lo asume. Adicta a la cocaína, sexualmente promiscua, coquetea en ambientes sórdidos, llegando a practicar conductas de riesgo, incluida la prostitución.



Probablemente lo haga por experimentar la sensación de tener control sobre sus actos y su propio cuerpo, pero evidentemente lo que consigue es lo contrario.

Teniendo en cuenta todo esto, quizás es más complicado diagnosticar el estado psicológico de la propia Laura. Traumatizada por los repetidos abusos, se esfuerza en separar la figura del padre protector de la del padre violador y sólo se da cuenta de la coincidencia de ambas cuando ve salir a su padre de casa momentos después de que “Bob” la haya violado en ella.

Laura recuerda los hechos pero no identifica a quien abusa de ella. Sufre con angustia lo ocurrido, revive ciertos episodios, los ve, los plasma en su diario... Todo menos la identidad del agresor. En lugar de ello se refiere a él como ese espíritu maligno encarnado por la figura de "Bob".

En otros tiempos la pobre Laura podría haberse considerado víctima de una posesión demoníaca, incluso habérsele practicado un exorcismo. Ahora sabemos que puede padecer estrés postraumático, quizás algún tipo de amnesia selectiva y evidentemente negación. Y si pongo tantos condicionales es porque para aseverar todo ello necesitaríamos más datos y menos enmascarados que los que Lynch nos presenta.




Date cuenta del esfuerzo que hago buceando en las distintas escenas de la película para encontrar esa explicación lógica (psicológica) a la que antes aludía, porque según se va desarrollando la historia, la posibilidad de derivar hacia un lado místico, con una posesión diabólica y el exorcismo consecuente no parecen tan descabelladas, sobre todo teniendo en cuenta que además se nos presenta toda una parafernalia de simbología esotérica más propia de los géneros de terror, fantasía e incluso ciencia ficción.

- Bob que encarna el espíritu del mal que habita ancestralmente en los bosques.

- El gráfico de la roca que indica el momento (en la conjunción de Júpiter y Saturno) y el lugar (el círculo de los doce sicomoros en el bosque) en el que se puede acceder a la “Logia Negra”, el lugar en el que se encuentra el poder del mal y que el agente Cooper ha visto en sueños.

- “El gigante” y “el enano” que ayudan y dan pistas al agente desde esos sueños.

- “El manco” que se libró de la posesión de “Bob” cortándose el brazo. Recuerda que en “Fuego, camina conmigo” nos dicen que Teresa Banks tuvo una insensibilidad del brazo antes de morir. Y en los últimos capítulos de “Twin Peaks” varios personajes, incluido el agente Cooper, tienen momentos en los que la mano les tiembla incontroladamente.

- La investigación “Libro Azul” de las Fuerzas Aéreas en las que el mayor Briggs, (Don Davis, el entrañable general Hammond de Stargate SG1), se esfuerza en resolver las incógnitas que relacionan los sucesos acontecidos con fuerzas ocultas de diversa índole, para lo que incluso llegan a estudiar diversas transmisiones procedentes de un origen desconocido en el espacio.

- La posesión final del agente Cooper. El mal que vence al bien y se instaura en un órgano de poder como el FBI. ¿Qué implicaciones puede tener eso en el futuro?.




Bueno, si sigues mirando seguro que encuentras más, pero ya lo dejo a tu curiosidad.

El que todo eso constituya una historia única, junto con la del asesinato de Laura, o no. Y el que puedan contribuir al esclarecimiento del misterio, o no, es algo que probablemente sólo Lynch lo sabe y tampoco estoy seguro de ello, pero en todo caso no parece que tenga intención de revelarlo ¿o sí?.




Bueno, mientras tanto, eres tú el que tiene que ir sacando tus propias conclusiones.

Saludos,



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lunes, 22 de marzo de 2010

Shutter Island

Confieso que Shutter Island consiguió despistarme. Conste que lo digo como algo positivo. A medida que la iba viendo fui formulando varias hipótesis que luego se vieron rechazadas o confirmadas sólo a medias. Es de esas películas que tienen un final esclarecedor y con una última escena que te deja pensativo.

En resumen, una buena historia, bien desarrollada y dirigida por Martin Scorsese, que te mantiene atento todo el tiempo y, sobre todo, que te deja con ganas de hablar de ella al salir del cine.

Parece una historia más complicada de lo que en realidad es y quizás a alguien le asuste un poco la trama psicopatológica, pero la verdad es que, tal y como está planteada, se entiende muy bien porque no se mete en demasiados tecnicismos.

En definitiva es la historia de Teddy Daniels, un agente judicial, brillantemente interpretado por Leonardo DiCaprio, que acude con su ayudante, Mark Ruffalo, a una remota institución psiquiátrica en la que están internados peligrosos delincuentes con serios trastornos mentales.

Ambientada a mediados de los años cincuenta, nos encontramos en una institución fría, asfixiante, claustrofóbica… Esta mezcla de manicomio y cárcel está situada en una escarpada isla, a dieciocho kilómetros de la costa. Una de las muchas que hay en las proximidades de Boston.



Parece un entorno totalmente seguro, pero de él se ha escapado misteriosamente una interna sin que parezca haber ninguna explicación posible. Enseguida te das cuenta de que hay algo más. Los guardianes y el personal médico mantienen una actitud reservada, poco colaboradora y hasta hostil con los dos agentes. La teoría de la conspiración aflora y tal parece que Daniels y su ayudante no saldrán vivos de la institución.

Antes de seguir he de hacer ahora una advertencia. Al contrario de muchas de las películas que comento, ésta es bastante actual y puede que aún no la hayas visto. Si ese es tu caso deja de leer ahora, pues quiero hablar de varios aspectos del desarrollo que es mejor que los veas tú mismo, sobre todo, el final, que es una de las partes más logradas.

Bien, como decía antes, el sórdido ambiente y la actitud de aparente complicidad de todo el personal parecen explicarse por una teoría conspirativa. Algo extraño ocurre en la isla, todos lo quieren ocultar y Rachel Solando, la fugada, parece que es la clave.

En un momento, la propia Rachel afirma: “Los médicos dicen que estás loco y si defiendes lo contrario sólo corroboras su diagnóstico. Una vez que te han declarado demente, cualquier cosa que hagas formará parte de ese estado. Si se te ocurre protestar sufres negación. Si te asalta el miedo, paranoia”.

Tal parece que los agentes judiciales están investigando demasiado, así que llegas a pensar que la mejor manera de detenerles será internándoles a ellos mismos. En aquel entorno todo parece posible y nadie hará caso de dos locos.


Pero esa especie de versión moderna de “Corredor sin retorno” no parece estar demasiado lejana. Es evidente que algo le ocurre al agente Daniels. Tiene ensoñaciones en las que revive vívidamente pasajes del pasado, de la guerra concretamente. Además periódicamente tiene alucinaciones en las que ve a su mujer, fallecida en un incendio, que le previene de acontecimientos y le dice lo que debe hacer.

La situación se va complicando a medida que más misterios se van añadiendo a la investigación. La conspiración parece cierta y el que Daniels consiga salir de la institución, improbable.

Y es que es cierto que el agente tiene alucinaciones. Puede padecer trastorno de estrés postraumático por lo que vivió en la guerra y además se siente culpable por la muerte de su mujer y por no haber evitado la de sus hijos. La situación le ha trastornado, sufre un trastorno psicótico, probablemente esquizofrenia. Él fue agente, pero ahora es un interno de la institución. Está sometido a un tratamiento farmacológico a base de Clorpromazina, pero no responde adecuadamente a él porque se ha fabricado una historia para dar sentido a todo lo que le ha pasado y eso interfiere en su proceso curativo.

El doctor Cawley (Ben Kingsley) ha montado un psicodrama para hacerle salir de su fantasía. Una especie de “role-playing”, para que Daniels vea lo incongruente de su historia y asuma la realidad. Es su única oportunidad. Si la medicación no funciona tendrán que dejar paso a la cirugía. Es un paciente muy violento, ya ha agredido a varias personas en la institución. De no encontrar una solución rápida le practicarán una lobotomía.

Pero al final el proceso funciona y el “agente” recuerda todo lo que pasó. La representación ha sido un éxito, ahora sabe que Daniels es un personaje inventado, en realidad es Andrew Laeddis. Fue él quien mató a su mujer cuando vio que había ahogado a sus tres hijos y desde entonces la culpa lo persigue.

Por fin la terapia farmacológica puede tener una oportunidad de éxito. Pero Laeddis, que se ha fabricado toda una historia para huir de la realidad, ahora tampoco está dispuesto a aceptarla. Ante la opción de asumir los hechos y curarse o de negarlos y seguir siendo un “loco”, prefiere la segunda. Por muy dura que parezca, la última escena de la película, es una representación, ahora consciente, para conseguir que le hagan una lobotomía. Es la única manera que le queda de salirse con la suya, de persistir en su postura inicial, de seguir negando la realidad.

Las últimas frases de Laeddis son significativas: “Este lugar hace que me pregunte qué seria peor. Vivir como un monstruo o morir como un hombre bueno”. Ya sabemos qué eligió.



Y bien, una última cuestión antes de terminar. ¿Te acuerdas de la nota que encuentran en la habitación de Rachel?. Había dos frases escritas en ella: “La ley de los 4” y “¿Quién es el 67?”.

Son pistas para guiar a Daniels – Laeddis en su investigación introspectiva. Una le hace investigar sobre el paciente 67 para que descubra que es él mismo. La otra también lleva en la misma dirección. Le indica por una parte que Rachel y Dolores son la misma persona e igualmente sucede con Teddy y Andrew.



El doctor Cawley se lo demuestra a Daniels con la ayuda de una pizarra. Y aunque se lo dice, mucha gente no repara que está hablando de “La ley de los 4”.

Saludos,



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lunes, 8 de marzo de 2010

Olvídate de mí

El tema de la amnesia es algo que siempre da mucho juego en el cine. Eso de ver a un personaje que no reconoce personas, hechos o lugares que han sido importantes en su vida anterior nos llama mucho la atención y bien utilizado es un recurso que te sobrecoge o que te provoca hilaridad. Ambas cosas aseguran el éxito de una película.

Tal es el caso de “Olvídate de mí” (Eternal sunshine of the spotless mind (Eterno resplandor de una mente sin recuerdos) un nuevo aplauso para el traductor), una película que nos plantea una historia de amor en la que además se hacen guiños a la ética y la ciencia ficción.

En ella nos encontramos al histriónico Jim Carrey interpretando a Joel, un papel serio, y a la seria Kate Winslet haciendo de Clementine, un papel disparatado. Una dispar pareja que se enamora al instante pero que acaban un poco hartos el uno del otro al cabo del tiempo. Tanto es así que Clementine acude a una clínica en la que mediante un tratamiento borran todos sus recuerdos de Joel y así puede empezar una nueva vida sin él.


Cuando después del despiste inicial, Joel se entera de lo que pasa, él mismo decide someterse también al tratamiento y olvidarse de Clementine, para lo cual tiene que recopilar todos los objetos que le relacionan con la chica y hacer una lista de todos los sucesos vividos con ella. Mientras que examina ambas cosas se le hace un escáner y así consiguen un mapa físico de dónde se localiza en su cerebro cada uno de sus recuerdos. Así, teniéndolos ubicados, luego es muy rápido acceder a ellos para borrarlos.

Dicho proceso se realizará un día mientras que él duerma. Los operarios de la clínica se presentarán en su casa y mediante un “sofisticado” aparato le borrarán todos los recuerdos localizados sobre su novia.

Bueno, esa es la teoría, porque en la práctica las cosas se complican. Durante el proceso de borrado Joel está dormido, pero es consciente de lo que le están haciendo. Revive los recuerdos como en un sueño y mientras lo hace se da cuenta que no quiere olvidar a Clementine. Lucha por conservar su memoria en una emotiva aventura onírica con la chica, en la que intenta crear algún recuerdo nuevo, no catalogado, en el que refugiarse y así poder acordarse de su novia al despertar. Es algo así como cuando estás dormido y te das cuenta de que estas soñando, que tomas alguna decisión intentando no despertar o para acordarte de algo cuando lo hagas.


La aventura subconsciente de Joel es muy curiosa y está muy bien lograda. De hecho una de las cosas que más llama la atención de la película es el montaje de las imágenes, barajando lo que es presente, recuerdo, realidad, fantasía y sueño.

Es una de esas historias en las que nos van dando información de manera desordenada y que cuando consigues poner todas las piezas en su sitio, lo que parecía que iba en un sentido te das cuenta que en la realidad tiene otro totalmente opuesto.

Tal planteamiento hizo que “Olvídate de mí” recibiese un Oscar al mejor guión en 2004. Debe ser algo que les gusta bastante a los académicos de Hollywood, porque en 2006 le dieron también un Oscar a Crash por lo mismo y Memento estuvo nominada en el 2002 en esa categoría. Y conste que cito sólo éstas por hablar de películas anteriormente comentadas en este blog.

Por último hay dos aspectos sobre los que también podemos reflexionar. El primero es la utilización fraudulenta que podrían hacer de los recuerdos los especialistas encargados de borrarlos. Se supone que el proceso estaría sometido a un estricto código deontológico, al igual que el historial de un médico, o un psicólogo, que impediría tal tipo de utilización. Pero, de poder realizarse un proceso así, siempre nos queda la duda de lo que alguien podría hacer con algo tan intenso y personal como son nuestros propios recuerdos.



La otra cuestión se refiere a las consecuencias que tendría el olvido selectivo de recuerdos. Independientemente de que se pueda, ¿reportaría algún beneficio hacerlo?. Es cierto que hay cosas en nuestra vida que nos gustaría no haber hecho, o en su defecto poder olvidarlas, pero precisamente su recuerdo es lo que mejor nos preserva de su repetición, así que no parece que el olvido sea solución para nada, ni cuando se trate de experiencias muy dolorosas.

Nuestra personalidad está modulada por nuestros recuerdos, positivos y negativos, alegres y tristes. La solución no es olvidar una tristeza, sino asimilarla e intentar que esa tristeza sea sustituida por una alegría y no por otra tristeza.

En fin, si quieres ver otros acercamientos que ha hecho el cine a estos temas mira Abre los ojos, Proyecto Brainstorm, Paycheck, La Memoria de los Muertos, El mensajero del miedo o Desafío Total, por seguir citando sólo alguna de las películas que hemos comentado anteriormente.

Saludos,



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viernes, 8 de mayo de 2009

Los límites del silencio

¿Quién cuida del terapeuta?



Siempre os tengo que agradecer a los lectores de este blog vuestros comentarios y sugerencias. Lejos de considerarme un experto en la materia, creo que soy un aficionado más que ha tenido la osadía de hacer públicas sus reflexiones. Vuestras aportaciones son para mí un motivo de aprendizaje, a veces porque me hacéis pensar en puntos que no se me habían ocurrido, a veces porque me preguntáis sobre alguna película que no he visto.

Eso me pasó recientemente con una estudiante de psicología que había llegado hasta esta página buscando información sobre “Los límites del silencio”, película que aparece en “Las listas de los lectores” porque vosotros la pusisteis, pero que yo no había visto.

El caso es que este correo y otros comentarios que había oído me animaron a verla y cual no sería mi sorpresa cuando me di cuenta de que sí que la había visto pero no lo recordaba, por lo menos no asociaba el título con la historia y es que la verdad, en su momento no me convenció demasiado.

Es una película del año 2001, dirigida por Tom McLoughlin y protagonizada por Andy Garcia, pero la historia no me pareció creíble, sobre todo su personaje, el psicólogo Michael Hunter, que creo que intenta impresionar más al público en general que dar una imagen veraz de lo que es un psicoterapeuta.

Como hace bastante tiempo que se estrenó, me permito comentar algunos aspectos que pueden destrozar un poco la "intriga argumental". Si no la has visto o te pasa como a mí y no la recuerdas, no sigas leyendo. Si ya sabes de qué va, continúa por favor y mira si estás de acuerdo con mis conclusiones.

Para comenzar me gustaría comentar dos cosas que llaman la atención. Por una parte, la cantidad de aspectos psicológicos que están implícitos en esta película. No entiendo cómo la primera vez que la vi se me pasó por alto. Puede dar muchísimo juego ya que la mayor parte de los personajes necesitarían algo de… “ayuda”. De eso es de lo que hablaremos más adelante.

Por otra parte la música y la ambientación del entorno, creo que están muy bien conseguidas ambas. La acción trascurre en Kansas, aunque las escenas fueron rodadas en Canadá. Los amplios planos abiertos del inicio nos sitúan de lleno en el medio oeste americano.


Precisamente esa amplitud contribuye a empequeñecer al espectador, haciéndole partícipe de una sensación de soledad un tanto inquietante, que le prepara emocionalmente para el golpe dramático que le espera, el suicidio del hijo del protagonista.

Este tipo de efectos es bastante común en el cine norteamericano. Incrementa notablemente el tono emotivo y se gana incondicionalmente al espectador. Si piensas incluso en las películas de dibujos animados de Walt Disney, en las que se muere el padre o la madre del protagonista, en circunstancias dramáticas y al inicio de la historia, ya sabrás a lo que me refiero.

Odio este tipo de recursos, que me predisponen ya negativamente al resto de la historia, aunque en este caso el fin no es meramente dramático, ni pretende solamente ilustrar el cambio emocional y situacional en la vida del protagonista. A pesar de que todavía no lo sabemos, las causas de dicho suicidio serán una parte fundamental de la trama de la película.

Centrándonos ya en el argumento de la película, además del clima emotivo que nos han dibujado, hemos de prestar atención a las características psicológicas de los tres personajes principales. El psicólogo Michael Hunter (Andy Garcia), su hijo Kyle (Trevor Blumas) y el joven Tommy (Vincent Kartheiser).


Respecto al señor Hunter, analizándolo por partes, es comprensible que todo padre quede afectado por el suicidio de su hijo, máxime cuando él mismo se echa parte de la culpa de lo sucedido, cosa que comprendemos en toda su dimensión a lo largo de la historia.

Una antigua alumna, la psicóloga Barbara Lonigan (Teri Polo) le pide que le ayude en la valoración de un caso sobre el que tiene dudas, el de Tommy, un joven que está pendiente de su dictamen para poder salir de una residencia de acogida.


Me habían hablado de Hunter como modelo de actuación de un psicólogo. Yo pienso, y creo que el argumento me da la razón, que alguien en su situación no debería de dispensar terapia, debería recibirla. En todo caso no debería comprometerse en un caso en el que cada vez se implica más personalmente.

Es cierto que se ha retirado de la terapia y que accede a “ver” el caso como favor personal. Pero previamente nos lo han presentado como un prestigioso profesional, que nos sorprende con un agudo análisis hecho a una espectadora de una de sus conferencias, después de un brevísimo ejemplo de asociación de palabras.

Con eso simplemente ya nos han dado la información necesaria sobre su valía profesional como psicólogo. Pero sorprendentemente, después de ello le vemos aceptar el caso del adolescente en cuestión por motivos puramente personales. Si antes comentaba que en su situación no debería ejercer como terapeuta, aunque sea asesorando a una compañera, menos aún debería haberse implicado en ese caso.

No menos sorprendente es que alguien de su valía se deje manipular por el joven adolescente. Bien es cierto que ese joven lleva años tratando con psicólogos y está de vuelta de muchas cosas. Tiene mucha experiencia y aún aceptando que ha obtenido muchos datos de la hija de Michael, por lo que juega con ventaja, el psicólogo no debería de haber entrado en ese juego, aunque a estas alturas sabemos que si lo hace es porque, consciente o inconscientemente, lo que está arreglando es su propio problema, más que el del chico, cosa que no se puede dejar de valorar desde el punto de vista deontológico. El hecho podría ser comprensible en un psicólogo con poca experiencia, pero no en él. Quizás el mensaje que nos viene de decir la película es que todos somos humanos, pero ¿aceptaríamos eso como excusa si el caso nos afectase a nosotros?.


Y último un detalle que también me llamó la atención respecto a Hunter. Sabemos que en muchos casos de depresión es mejor iniciar el tratamiento con una terapia farmacológica que ayude a recibir posteriormente la psicológica, ya que sin ese paso previo el sujeto no aceptaría esta última. Me sorprendió que eso, que es algo normalmente admitido, fuese rechazado por Michael y contribuyese posteriormente a acrecentar su sentimiento de culpa.

Por cierto que esos sentimientos de culpa son prácticamente el nexo de unión de algunos de los personajes. Ya sabemos que los tiene Michael y por qué. Los tiene su hija Shelly (Linda Cardellini) porque considera que prestó poca atención a los problemas de su hermano. Los tenía y con razón, Harry Quinlan (Mike O'Brien), el psicólogo que abusó de Kyle. Y más adelante veremos que también los tiene el propio Tommy.

Sin embargo no los tiene Penny (Chelsea Field), la esposa de Michael. Le echa la culpa del suicidio de Kyle a su marido, pero tendemos a olvidar que el joven se ayudó con una buena dosis de Valium de su madre.

Respecto a Tommy, nos dicen que está a punto de cumplir los dieciocho años. El episodio de la muerte de su madre ocurrió hace cuatro años, eso le adjudicaría una edad de trece a punto de cumplir los catorce. Hago hincapié en este punto porque el niño que presentan en la película en ese momento no parece tener más de diez años, como mucho, y eso sería importante para concretar la relación madre-hijo. A modo de curiosidad, he estado buscando detalles sobre la biografía de Max Peters, el actor que encarna al joven Tommy, para ver qué edad tenía cuando se rodó "Los límites del silencio", pero sólo encuentro las películas en las que participó, sin ningún detalle personal.

Sea cual fuere la apariencia del muchacho, el episodio que nos ocupa ¿fue abuso sexual por parte de la madre o una relación incestuosa consentida por ambos?, porque quizás podríamos estar frente a algo relacionado con el Complejo de Edipo. El caso es que jurídicamente está claro que la madre es culpable de corrupción de un menor, con el agravante de que es su hijo. Pero psicológicamente la situación no es la misma y ni las consecuencias ni el daño, tampoco son lo son.
Es cierto que a raíz de ese tipo de relación y su final violento, Tommy tiene un serio problema sin solucionar porque se lo ha ido ocultando a base de una fuerte represión. Se considera culpable de la muerte de su madre y como consecuencia rechaza violentamente cualquier tipo de contacto íntimo en el que él no lleve la iniciativa, aunque las consecuencias vuelven a ser reprimidas y olvidadas, fruto de una amnesia disociativa originada por el estrés postraumático.

Menos mal, que después de todo, el problema de Tommy sale a la luz y así quizás pueda ser solucionado, aunque el historial psicológico y delictivo que se plantea al final de la película es mucho más complicado que el que teníamos al inicio.



Y de momento no quiero comentar ya más cosas, aunque me permito dejaros en el aire dos cuestiones, quizás menores, pero que pueden dar mucho de sí a la hora de discutir sobre ellas.

La primera es la decisión de Michael Hunter de contar a su compañera Barbara, la confesión confidencial que le hizo el padre de Tommy sobre las circunstancias del asesinato. Es cierto que es una información crucial para resolver el caso del chico, pero no menos cierto es que el padre lleva años ocultándolo para no perjudicar a su hijo. ¿Qué habría que hacer en ese caso?. O citando el titulo de la película ¿cuáles son los límites del silencio del terapeuta?.

La segunda cuestión es la reacción de la madre de Tommy al ser sorprendida por el marido. También es cierto que en una circunstancia así a veces eres incapaz de reaccionar. Pero me cuesta pensar que estando con su propio hijo no pensase de antemano alguna explicación para emplear en "casos de emergencia". Además, creo que en esas circunstancias, a la mujer se le podría haber ocurrido cualquier excusa que justificase la presencia del hijo, menor, en la habitación. Otra cosa sería si les hubiesen sorprendido “in fraganti” en la cama, pero como sabemos, no fue el caso.

Aunque el problema entonces, es que la historia resultante no habría dado pie a una película ¿no?. Así por lo menos hemos tenido algo en lo que pensar.

Saludos,



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viernes, 20 de marzo de 2009

Miss Amnesia

Más sobre la Amnesia

Ya sabéis que de vez en cuando compruebo las opciones mediante los que los buscadores han dirigido a la gente a estos blogs. Además de satisfacer la curiosidad, me proporciona ideas sobre lo que les interesa a los posibles lectores. Ya os lo conté en el comentario que hice sobre “A propósito de Henry”. De la misma manera, encontré varios accesos que venían buscando información sobre “Miss Amnesia”.

No sabía de qué se trataba, pero es el típico caso en el que en el problema está también la solución. Google, que me señaló la necesidad, también me informó de que se trata de un corto basado en un cuento de breve de Mario Benedetti. Trata sobre una chica que en un momento dado se encuentra sentada en un banco de una calle sin saber quién es ni qué hace allí.

Lo leí y me impactó. De hecho me emocionó. También vi el corto, que está en YouTube. Está muy bien, pero creo que tiene menos fuerza que el relato. Comprobadlo vosotros mismos.


Después de verlo yo leería el cuento. Me gusta más de esa manera porque así la intensidad de los sentimientos va en orden creciente. Y sólo después de haber hecho ambas cosas, seguiría leyendo este comentario. Es que no quiero chafarte la historia.

Miss Amnesia refleja muy bien las sensaciones y emociones que debe sentir alguien en una situación parecida. Desrealización, ansiedad, miedo… Parece que la agresión que sufre la muchacha le provoca un trastorno de estrés postraumático con pérdida del recuerdo en general, pero sobre todo de lo últimamente acontecido.

Para más detalles sobre la amnesia te remito a las entradas sobre Memento y la antes mencionada A propósito de Henry.

Lo que me llama la atención de esta historia no es que la chica no recuerde Félix Roldán, si no que su presencia le induzca tranquilidad y no al contrario. Se han hecho estudios en los que se ha comprobado como los amnésicos mejoran su destreza en el desarrollo de tareas que ni siquiera recuerdan haber practicado con anterioridad. Es decir, no recuerdan el hecho pero sí conservan la habilidad aprendida en su momento. Memoria Procedimental se llama.

De una manera similar, la protagonista al ver otra vez al atento señor Roldán debería sentir cuando menos intranquilidad e incluso rememorar el miedo que sintió cuando se encontró con su agresor, aunque no se acordase para nada de su persona. Aunque en ese caso estaríamos hablando de otro cuento y no es mi intención corregir a Benedetti.

Disfrutad de la historia y gracias a los lectores anónimos que me indujeron a encontrarla.

Saludos,

jueves, 12 de marzo de 2009

A propósito de Henry

Amnesia, a petición popular

En Internet empiezas buscando una cosa y acabas en otra. Eso quizás os haya pasado a alguno de los que aterriza de vez en cuando en este blog, aunque siempre espero que la coincidencia sea fructífera.

El caso es que revisando las llegadas que desembocan en esta página en ocasiones me encuentro que los buscadores me traen cosas tan curiosas como estas:

psicologia me va mal en la carrera de farmacia

como pasar una noche estupenda con tu enamorada

cuanto le mide el pene a una transexual

Ni yo mismo sé cómo con esos datos han llegado aquí, pero un día de estos voy a hacer un "ranking" premiando, moralmente, las entradas más originales. En todo caso espero que lo que encuentren en este sitio les resulte interesante y confío en que más que de mí, despotriquen de Google, que a veces sigue unos caminos inescrutables.

Aunque estas entradas también te dan qué pensar y te proporcionan ideas interesantes. Por ejemplo, bastantes de estos accesos venían buscando información sobre "A propósito de Henry", película que se nombra aquí en la lista de los lectores pero sobre la que no hay ningún comentario, así que me he decidido a solucionar esta ausencia, podría decirse que a petición popular.

"A propósito de Henry" es una de esas películas que mi mujer califica como de "sábado por la tarde". Se puede ver en familia, hay un malo que se convierte en bueno, una familia feliz que en el fondo está rota, una historia de amor que triunfa cuando las circunstancias parecen más difíciles y todo sirviendo de marco a la épica vivencia de superación personal del protagonista. Vamos, que lo tiene todo para conmoverte, no dejarte dormir la siesta y que al final salgas de casa con la moral alta.


Trailer de "A propósito de Henry" in english.

Henry Turner (Harrison Ford) es un abogado de éxito, tan despiadado como inteligente. Es un triunfador, apreciado por sus colegas y temido por sus rivales. Lo tiene todo, un matrimonio modelo, una hija que pronto ingresará en un colegio de élite y un piso en lo mejor de Nueva York.

Pero accidentalmente un día se ve envuelto en un atraco y recibe un tiro en la cabeza y otro en el pecho. Milagrosamente sobrevive, pero queda en un estado casi vegetativo. Ha perdido la memoria, no sabe hablar y no puede caminar.

De la noche a la mañana todo cambia radicalmente y Henry es ahora un ser indefenso. Afortunadamente para él, recibe los cuidados médicos oportunos. Una logopeda le enseña a hablar otra vez y Bradley (Bill Nunn), un entusiasta fisioterapeuta, le ayuda enormemente en la recuperación física.

Lo que no recupera nunca es la memoria, pero ya se puede valer por sí mismo, abandonar el entorno seguro y conocido de la clínica y volver con su familia. Le cuesta mucho dejar a su amigo Bradley para volver con su mujer y su hija, unas desconocidas, pero poco a poco se va acostumbrando y va aprendiendo a conocerlas y a quererlas. Se vuelve a enamorar de Sarah (Annette Bening), su mujer y se convierte en el padre, que nunca fue, de su hija Rachel (Mikki Allen).

También se incorpora al trabajo en el bufete, pero como no se acuerda de nada sus compañeros no saben cómo tratarle. Algunos se comportan como si fuese un retrasado mental y hasta sus mejores amigos sienten lástima de él. Pero Henry no es nada tonto y estudiando sus anteriores casos se da cuenta de que no le gusta la persona que era antes, así que decide cambiar.

Quizás por eso en Argentina le pusieron el título de "Una segunda oportunidad". No me gusta que cambien los títulos a las películas, a veces las nuevas elecciones son incomprensibles, pero en este caso reconozco que tiene sentido.

Bajo el punto de vista psicológico, hemos de reconocer que en la película se emplea la patología de Henry de una manera bastante efectista para sentar las bases del argumento. Ya hemos comentado aquí algunas veces que el cine tiene preferencia por distintas afecciones psicológicas y la amnesia es una de las más socorridas (ver la entrada relativa a Memento), sobre todo la retrógrada, aquella que hace que el sujeto no recuerde su vida anterior a partir de un momento dado.

Este sería el caso de Henry, que según el DSM IV padecería un trastorno amnésico debido al traumatismo causado, no por la bala que le afectó al lóbulo frontal derecho, sino por la anoxia cerebral que originó el paro cardiaco debido al otro disparo. Ello además ha causado otros trastornos motores y de la comunicación. Pero de todo esto se recupera rápidamente gracias al esfuerzo de su fisioterapeuta y de la logopeda, que no sé por qué, le enseña a hablar pero no a leer.

Así que, después de una sorprendente recuperación de la movilidad y del lenguaje, lo que sigue marcando la existencia de Henry después de ser dado de alta es la persistente amnesia que padece. Curiosamente, según los manuales que podemos consultar y los casos conocidos, la amnesia retrógrada no suele abarcar toda la vida del sujeto, sino el incidente que la provocó y un periodo de tiempo anterior a él, que será tanto más grande cuanto más intensa sea la afección, pero que nunca abarca la totalidad de su existencia, cosa que el cine no suele reflejar porque así consigue mayor dramatismo.

En estos casos también se suele producir una recuperación que va en sentido inverso. Los acontecimientos más antiguos, que están registrados con mayor fuerza en la memoria, se recuperan antes que los más recientes, pero poco a poco y en este sentido inverso, la memoria se va normalizando, cosa que no ocurre con Henry, probablemente por causas meramente argumentales.

Y es que en el fondo hay que volver a insistir en que se trata de una historia moralista con final feliz, en la que las referencias psicológicas están hábilmente manejadas y al servicio del dramatismo del guión.

El resultado es bueno, consigue lo que se propone y te emociona de manera entretenida ¿qué más se le puede pedir a una película?.

Saludos,



domingo, 7 de septiembre de 2008

Las tres caras de Eva (el Trastorno de Personalidad Múltiple)

Las tres caras de Eva fue otra de las películas que comentamos en un cine fórum en el Centro Asociado de la UNED en Palma de Mallorca. Los alumnos la eligieron entre una lista que les pasé, porque se citaba este film en alguno de los textos de Psicopatología que tenían que estudiar.

De hecho la película es un clásico sobre el popular Trastorno de Personalidad Múltiple, denominación que aparece en el título de estas líneas por ser mucho más conocida que la actual: Trastorno de Identidad Disociativo (TID), patología que, como ya veremos, le debe mucho al cine.

Los trastornos psicológicos quedan muy bien en la pantalla. Los personajes que los sufren nos enternecen, nos sorprenden, nos asustan… Así que no es de extrañar que aparezca tanto “pirado” (con perdón) en las películas.

Pero dentro de esa panoplia de psicopatologías que nos ofrece el cine, el TID es uno de los más populares, mucho más de lo que su incidencia real justificaría su aparición en los films.

Es más, la incidencia de este trastorno es bastante baja y la inmensa mayoría de los casos se da en Estados Unidos (quizás por la cultura y por el sistema terapéutico), entre mujeres que suelen asimismo padecer un trastorno de estrés postraumático. No se conocen muy bien sus causas y hay quien dice que puede estar inducido por el propio terapeuta y sus técnicas.

La Asociación Americana de Psiquiatría (APA) incluye el entonces llamado Trastorno de Personalidad Múltiple en su Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales), también conocido como DSM, en 1980, hasta entonces no se había considerado necesario. Pero el gran número de casos que se produjo en Estados Unidos después de un fenómeno mediático, la publicación en 1973 del best-seller “Sybil” (la historia, basada en la realidad, de una chica maltratada en la infancia por su propia madre, que luego llegó a desarrollar hasta dieciséis personalidades) y la emisión en 1976 de la adaptación que se hizo para televisión, hizo que la APA se replantease la cuestión.


Antes de que sigas adelante permíteme hacerte recapacitar sobre lo que acabas de leer. Hasta 1976 los casos de personalidad múltiple eran casi anecdóticos. Desde entonces crecen como la espuma, pero sólo en un país que se conmovió por la emisión de un telefilm. Y semejante impacto consiguió que algo que era una anécdota fuese institucionalizado… Como se diría popularmente “¡Que fuerteee!”.

Bien, sigamos. En 1994 se cambia la denominación a Trastorno de Identidad Disociativo, dando más importancia a la “disociación” que a la “multiplicidad”.

Actualmente en la última versión del DSM (IV TR), considerado hoy en día como el texto básico para el diagnóstico y clasificación de trastornos mentales, se nos dan estas pautas para determinar la existencia de TID:


Criterios para el diagnóstico deF44.81 Trastorno de identidad Disociativo

A. Presencia de dos o más identidades o estados de personalidad (cada una con un patrón propio y relativamente persistente de percepción, interacción y concepción del entorno y de sí mismo).

B. Al menos dos de estas identidades o estados de personalidad controlan de forma recurrente el comportamiento del individuo.

C. Incapacidad para recordar información personal importante, que es demasiado amplia para ser explicada por el olvido ordinario.

D. El trastorno no es debido a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (p. ej., comportamiento automático o caótico por intoxicación alcohólica) o a una enfermedad médica (p. ej., crisis parciales complejas).

Nota: En los niños los síntomas no deben confundirse con juegos fantasiosos o compañeros de juego imaginarios.


En la práctica se observa que cada una de las identidades tiene su propia historia personal, con sus características peculiares, recuerdos, sentimientos, etc. Incluso se dan casos con características físicas y fisiológica distintas (por ejemplo diferente propensión a enfermedades, agudeza visual o auditiva…) y a veces se asume un distinto sexo.

Una de las personalidades es la principal o dominante, las otras que concurren son secundarias y pueden llegar a ser hasta más de cien.

Suele aparecer por lo menos una que es seria y formal y otra que es la opuesta, más infantil y conflictiva. El cambio de una a otra suele ocurrir en momentos de tensión y puede ser muy rápido y difícil de percibir.

Algunas veces estas personalidades se conocen y se relacionan entre sí, llevando una existencia en ocasiones armónica y en otras ocasiones bastante problemática. Frecuentemente este conocimiento no es simétrico y algunas personalidades saben de la existencia de otras, pero estas otras no saben de la existencia de la primera.

Aunque en algunas ocasiones una personalidad puede estar consciente mientras que la que tiene el control es otra, lo normal es que estos cambios originen episodios de amnesia, en los que no se sabe qué se ha hecho en el tiempo en el que actuaba la otra personalidad. Esto hace que la existencia del sujeto sea bastante… “complicada”.

Como decía antes, es frecuente encontrar un trastorno de estrés postraumático subyacente al TID, en muchas ocasiones por abusos sexuales durante la infancia. La creación de otras personalidades sería entonces un mecanismo de defensa mediante el cual el sujeto se distancia de la experiencia traumática.

El tratamiento, recordemos que la mayoría de casos se presentan en Estados Unidos, se realiza mediante psicoanálisis e hipnosis, para poder acceder a cada una de las personalidades e intentar aunarlas.

Obviamente, el cine se ha hecho cargo de todas estas características y ha encontrado una mina argumental para contar historias truculentas, en las que el malo de la película era una de las identidades de un personaje del que no sospechábamos en absoluto. Un “as en la manga” de los guionistas que ha dado mucho de sí y que ha permitido tanto acercamientos dramáticos como humorísticos a la misma historia. Pensemos en la múltiples versiones que desde 1920 se hacen de la novela de Robert Louis StevensonEl extraño caso del doctor Jekyll y mister Hyde”. Y en las versiones humorísticas que con mayor o menor ingenio hicieron Jerry Lewis y Eddie Murphy de “El profesor chiflado” (1963 y 1996 respectivamente).



Pero en Las tres caras de Eva el acercamiento es distinto. Tipo documental periodístico. Se nos plantean unos hechos basados en la realidad, presentados y narrados por el propio Alistair Cooke, un conocido periodista y comentarista de radio, que en aquella época tenía un programa de análisis de la actualidad y que posteriormente también intervendría en algunas series de televisión.

La historia se basa en el libro que los psiquiatras Corbett Thipgen y Hervey M. Cleckly escribieron sobre una paciente suya, Christine "Chris" Costner-Sizemore, que había acudido a su consulta tras el fracaso de otros médicos para encontrar explicación a los fuertes dolores de cabeza que padecía. Chris, educada, tranquila y sosegada, sorprendió a los doctores al revelar en consulta otra personalidad distinta, mucho más dinámica y descarada.

En el film, Joanne Woodward da vida a Eva White, la joven dócil y recatada. A Eva Black, la personalidad seductora y descarada. Y a la definitiva Jane, la personalidad que surge en la terapia y que será definitiva para la curación.

En el siguiente video vemos a Nunnally Jhonson hablando de la película y sus personajes.



Buscando información para completar estas líneas encontré en YouTube (qué sería de nosotros sin la red), un vídeo que supuestamente los doctores Thipgen y Cleckly grabaron a su paciente en sus tres identidades. Dudo de la autenticidad de la filmación, de la que no he podido obtener más datos, pero en todo caso me ha parecido suficientemente interesante como para poneros el enlace e insertarlo aquí. Si alguien puede conseguir más detalles le agradeceré que me los pase o los cuelgue como comentario.


Y digo que dudo de la grabación, fundamentalmente porque la verdadera “Eva” (Chris) llegó en realidad a desarrollar más de veinte personalidades diferentes, como contó en las memorias que publicó sólo un año después, bajo el pseudónimo de Evelyn Lancaster y que se tituló “La cara final de Eva”. Más tarde publicó otro bajo su verdadero nombre y que se llamó “Yo soy Eva”. Siendo el final de la historia real no tan feliz como el de la película.


La película: director y actores:

- Nunnally Johnson. Además fue el guionista y entre su filmografía encontramos: El hombre que entendía a las mujeres y La viuda negra. Fue nominado cuatro veces al Oscar.

- Joanne Woodward. Filmografía: Philadelphia, Harry e hijo, Con el agua al cuello, El efecto de los rayos gamma sobre las margaritas, Quinientas millas, Desde la terraza, Largo y cálido verano y Sybil.
Ganadora de un Oscar y otros 27 premios más de cine.

- David Wayne. Su cara nos suena más por su intervención en múltiples series de televisión como: Las chicas de oro, Vacaciones en el mar, Se ha escrito un crimen, Con ocho basta, Dallas, Hawai 5-0, Ironside, etc. Fue nominado para el Emmy.

- Lee J. Cobb. Filmografía: El exorcista, El oro de Mackenna, Las Vegas 500 millones, Éxodo, Doce hombres sin piedad, La ley del silencio, Secreto de familia, El Virginiano (TV). Nominado dos veces al Oscar.


La película (no soy muy extenso porque imagino que la habréis visto y si no, querréis verla vosotros mismos) nos narra lo más escrupulosamente posible la historia de Eva, la aparición de los primeros síntomas, las incidencias de la terapia, la aparición de las otras personalidades y sus características peculiares, terminando con la salida a la luz del problema que originó todo en un principio y que desde entonces Eva se había ocultado. Todo ello facilita la consecución de Jane, la personalidad preponderante, que será la única que tendrá continuidad y una existencia feliz.

Está narrada en un estilo veraz, llano y sencillo, sin recurrir a espectaculares trucos dramáticos, sin embargo la fuerza de la propia historia nos engancha de principio a fin, por lo que es una película ideal para reflexionar sobre el Trastorno de Identidad Disociativo.


Curiosidades de Las tres caras de Eva

- Nunnally Johnson, pensó primero en Judy Garland para el papel de la protagonista, pero al no ser “fiable” se decantó por la entonces poco conocida Joanne Woodward y la impuso ante los ejecutivos del estudio.

- En una entrevista de televisión, June Allyson dijo que también le ofrecieron el papel de la protagonista, pero su marido, Dick Powell, la convenció para no aceptarlo diciendo que sería un fiasco. No sé cómo acabarían las relaciones después de semejante profecía.

- En un principio se propuso a Orson Welles para el papel del Dr. Luther, que finalmente hizo Lee J. Cobb. Pero Welles estaba dirigiendo Sed de Mal (Touch of Evil, 1958) y no aceptó. Welles incluso leyó el guión y dijo a Nunnally Johnson que quienquiera que hiciese el papel principal ganaría el Oscar (Joanne Woodward, de hecho lo ganó). Éste estuvo bastante más acertado en sus predicciones.


- La auténtica Eva, Chris Sizemore, no asistió a los actos del estreno de la película, ni cuando le dieron el oscar a Joanne Woodward, no sé si por deseo propio o por prescripción facultativa. Para remediar esta ausencia, 50 años más tarde se le hizo un homenaje en el Augusta's Imperial Theatre. Así es ahora Chris:



- Los cambios de una identidad a otra se manifiestan con gestos, entornando los ojos, cambiando la voz y con una música de clarinete que anuncia a Eva Black. Estos recursos han sido empleados posteriormente en otras películas.

Igualito que cuando Carlos Jesús cambiaba a Micael…


¡Perdón! Es mi lado oscuro (friki), no he podido resistirlo.



ALGUNOS CASOS REALES DE TRASTORNOS DE IDENTIDAD DISOCIATIVA CITADOS EN LOS MANUALES DE PSICOPATOLOGÍA


- El médico alemán Eberhardt Gmelin describe en 1791 el primer caso conocido, una chica de su país, de unos veinte años, que comenzó un día a hablar en francés e incluso al hablar normalmente lo hacía con acento francés.


- En 1816 se describe el primer caso realmente documentado, el de Mary Reynolds, una joven tímida e introvertida que tras seis semanas de ceguera y sordera inexplicable se despierta siendo otra persona, sin memoria, sin recuerdos, sin saber quien era ni reconocer a nadie, sin saber leer ni escribir, pero siendo una persona muy alegre, extrovertida.

Esta transición de personalidades continúa durante quince años, siempre con estos periodos de letargo entre una y otra.

Al cabo de treinta años desde su inicio, se impone la segunda personalidad que ha tenido que volver a aprender todo desde cero.


- En 1905 Morton Prince describe el caso de Clara Norton Fowler, el más citado en la bibliografía, aunque con el nombre de Christine Beauchamp, una estudiante aplicada y trabajadora, que fue a la consulta quejándose de fatiga.

Desarrolló varias personalidades de características contrapuestas.

La más interesante era Sally, rebelde, juguetona y de mal genio. Siempre estaba consciente, fuese cual fuese la personalidad que actuaba en ese momento. Decía ser un espíritu y de hecho actuaba como si fuese una entidad que en determinados momentos poseyese el cuerpo de Christine.

En ocasiones se dedicaba a incordiar a la personalidad primaria, por ejemplo yendo en el último tren de la noche a alguna población distante y luego devolviendo el control a otra personalidad, para que la otra tuviese que volver andando y sin saber cómo había llegado allí.

Al final de la terapia, se consiguió aunar a todas las personalidades menos a Sally.


- Otro caso curioso fue el de Kenneth Bianchi, asesino en serie de los años 70 en Estados Unidos en principio fue diagnosticado de TID, aunque se necesitó la opinión de varios expertos para determinarlo y siempre hubo bastantes y fundadas dudas.

El asesino era una de las dos personalidades que tenía y que se llamaba “Steve Walker”. Más adelante se comprobó que Bianchi había visto la película Sybil y se inspiró en ella para simular el trastorno y eludir todo el peso de la justicia.

Se procedió a ponerle una trampa para intentar desenmascararlo. De una manera sutil se le informó que en los trastornos de TID siempre suelen aparecer más de dos personalidades. En la siguiente entrevista con el terapeuta, tal y como se esperaba, Bianchi mostró una nueva personalidad, “Billy”, la tercera.

Esta historia inspiró el film “Las dos caras de la verdad”, de 1996.


- En España se registró en 2003 un caso curioso. Se encontró el cadáver de un recién nacido en un contenedor de basura, dentro de una bolsa de deporte. Las investigaciones llevaron hasta una chica de 27 años, que ya había sido madre soltera y que negaba cualquier implicación con el caso. Decía que sólo conocía el suceso por la televisión y afirmaba tener una bolsa igual a la que se había visto en las noticias.

Un reconocimiento médico reveló que había dado a luz muy recientemente, hecho que causó gran sorpresa en la joven, que lo negaba, así como la gente de su entorno.

Siendo la joven condenada y siguiendo el tratamiento en la cárcel, se manifestó una disociación de personalidad aflorando la causante de los hechos relatados.

Los médicos aseguran que la sujeto no fingía.



Bueno, como veréis hay mucho de lo que hablar sobre estos temas, mucha bibliografía que comentar y muchas películas que ver. No pretendo cansaros, pero si buscáis información en la red la encontraréis a raudales, aunque personalmente os recomiendo ser un poco selectivo e ir directamente al excelente artículo de Beatriz Vera Poseck ¡El asesino era yo! o el trastorno de identidad disociativo en el cine. Y si aún queréis más, echadle un vistazo a su libro: “Imágenes de la locura. La psicopatología en el cine” . Calamar Ediciones. Madrid 2006. A mi juicio, lo mejor que sobre psicología y cine se ha publicado en España.

Nada más por hoy.

Si quieres que te avisen cuando pongan Las tres caras de Eva por televisión, pulsa este enlace.

Saludos,





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