Vi Celda 211 después de la entrega de los Goya de este año. Craso error y lo sabía. Después del rotundo éxito de la película en dicho certamen tienes las expectativas muy altas. Pero afortunadamente no me decepcionó. La historia está muy bien planteada, la interpretación por lo general me pareció estupenda, igual que la narración, la ambientación, el ritmo y todo lo demás. En definitiva, una muy buena película de Daniel Monzón.
Desde el punto de vista psicológico, es evidente que la historia de una revuelta en una cárcel nos dibuja un marco ideal para estudiar situaciones límite y la respuesta humana ante ellas. Aspectos como el liderazgo, la autoridad, la sumisión, las emociones, la ansiedad, el estrés y la necesidad de adaptación a una situación que cambia rápidamente es algo que nos queda tremendamente claro viendo la película.
La verdad es que estaba tentado a tratar de todo ello en esta entrada, pero es algo que ya comenté hablando de “El Experimento” (recordad la respuesta que Philip Zimbardo daba a la pregunta de ¿por qué las personas buenas hacen en ocasiones cosas malas?), “La Ola” e incluso "La Naranja Mecánica".
Por ello, en el aspecto de la Psicología en general y de la Psicología Social en particular, Celda 211 no nos sirve para abrir ningún debate nuevo, sino para ponerla en relación con las películas anteriormente comentadas. Por mi parte, intentar otra cosa sería repetitivo.
En cuanto a la historia ya he dicho que me parece excelente, y que retrata fenomenalmente el ambiente carcelario. En el marco de la UNED he asistido varias veces al Centro Penitenciario de Palma de Mallorca (nada que ver con el que aparece en la película) y sí, hay una cosa que te llama la atención, sobre todo la primera vez que entras. Es cuando en los sucesivos controles vas dejando tus efectos personales (documentación, móvil, llaves...) y vas viendo (sintiendo) cómo se cierran las puertas tras de ti. Inconscientemente no puedes evitar preguntarte si luego se volverán a abrir.
Algunos de los reclusos con los que traté tenían bastante semblanza con los de la película, incluso con "Malamadre" (Luis Tosar), duros que en el fondo son ingénuos. Otros sorprendían por su cultura y educación y no sabías bien qué es lo que hacían allí.
Pero volviendo a la trama de la película, no puedo evitar comentar dos puntos que no dejan de chirriarme.
El primero es la historia de Elena (Marta Etura), la encantadora mujer embarazada de Juan "Calzones" (Alberto Ammann). Lo siento por ella, pero en cuanto te la presentan ya te imaginas cómo va a acabar. Ese final de su historia me parece un recurso fácil para emocionar al espectador y que sobraba por previsible.
El segundo es la actuación del súper duro Utrilla (Antonio Resines). Entiendo su papel de malo en la historia. Es el responsable de la seguridad del centro penitenciario. Ya le vale que se pase en los interrogatorios, pero francamente ¿qué necesidad tenía él de coger un casco y una porra y salir a la calle?, ¿a qué?, ¿no había más malos para hacer eso?, ¿tiene él la exclusiva para hacer todas las maldades en esa cárcel?. Es cierto que de no ser así el desenlace de la película no sería el mismo, pero me parece que ahí han forzado un poco el guión.
Quitando estos dos puntos, sobre los que he plateado mi opinión estrictamente personal y que no tiene por qué coincidir con la tuya, he de decir que Celda 211 me parece una excelente película que además de verla por el placer de contemplar algo bien hecho, nos puede servir para reflexionar ampliamente sobre la Psicología de sus complejos personajes.
Añade la levadura y trabaja un poco la masa. Déjala reposar. Fermentará sola.
Me lo dijo un panadero y nunca pensé emplearlo para hablar de psicología, pero ya ves... todo tiene relación. Mira "La Ola" y compruébalo.
Rainer Wenger (Jürgen Vogel) no es el típico profesor de instituto, es el profesor que a todos nos hubiese gustado tener. Carismático, imaginativo... motivador. Sus clases pueden ser cualquier cosa, pero no aburridas.
Él querría haber dado el curso sobre Anarquía, va con su manera de ser, hasta fue "okupa" en el pasado. Pero precisamente por su carácter desorganizado alguien se le adelanta y le toca explicar la Autarquía, algo que no concuerda con sus principios.
El referente más cercano que tienen los estudiantes es el del Imperio de la Gran Alemania, pero los chicos están hartos de que les hablen del Tercer Reich y les hagan sentirse culpables de las consecuencias del nazismo. Es algo que ya está superado y purgado, no se volverá a repetir, así que no merece la pena perder más tiempo en ello.
Rainer, sus alumnos le llaman así, no está de acuerdo y les propone una actividad práctica. Eligirán un líder que señalará las directrices a seguir. Los chicos aceptan con cierto escepticismo y le eligen a él. Poco a poco van viendo las ventajas que supone pertenecer a un un grupo cohesionado.
El "señor Wenger", ahora hay que tratarle con respeto, va introduciendo modificaciones que acrecientan la identidad de ese grupo social. Y los componentes de la clase, que hasta entonces tenían bastante poco en común, comienzan a funcionar como una unidad, adoptando una vestimenta distintiva, un saludo característico, un nombre y un símbolo. Sabiéndose mejores que los demás, defienden a los de su grupo de los extraños y no les dejan participar a estos en sus actividades.
Ahora La Ola tiene vida propia y lo que su creador no sabe es que ya no puede controlarla. Los estudiantes que intentan advertir del peligro son segregados y marginados. Incluso Karo (Jennifer Ulrich), una chica popular y apreciada por sus compañeros, es mal vista cuando se niega a adoptar las normas que la clase sigue ahora con entusiasmo desmedido. Siempre ha sido el centro de atención y ahora se ve discriminada por pensar de manera diferente.
Es un golpe duro para la muchacha, pero otros compañeros, como Tim (Frederick Lau), están entusiasmados porque siempre se han esforzado por sentirse aceptados por el grupo y ahora, por primera vez se siente parte integrante de él.
¿Cómo terminará todo esto?. Es mejor que veas tú la película, lo compruebes y saques tus propias conclusiones.
Bajo mi punto de vista el proceso es poco creíble, aunque haya pasado de verdad. Me refiero a que las trasformaciones que sufre la clase para convertirse en "La Ola" funcionan demasiado bien. Pero es interesante prestar atención a la cadena de acontecimientos que provocan el cambio en el grupo. Sin darse cuenta sus componentes están experimentando la formación de un nuevo marco de referencia, de nuevos valores.
La identidad grupal tiene un carácter relacional:
Los demás son diferentes porque no son como nosotros.
Si nosotros tenemos los valores correctos y válidos, los de los demás no lo son.
Si alguien pertenece a mi grupo me identificaré con él frente a los demás.
Si tengo que tener un trato preferente lo haré con los de mi grupo.
Si alguien ha de salir perjudicado serán los otros.
¿Se os ocurre algo más?. La verdad es que se podría seguir hasta el infinito.
Estaríamos hablando de preferencias del endogrupo respecto al exogrupo. En concreto de etnocentrismo. Pero no nos asustemos. ¿Es algo malo?. Obviamente no. Preferir lo propio es algo legítimo y psicológicamente necesario para nuestro desenvolvimiento como personas sociales. Entonces ¿por qué pensamos que tiene connotaciones negativas?. Pues las tiene y muchas, cuando esa preferencia por lo propio se convierte en un desprecio y denigración de lo ajeno. Pero entonces estaríamos hablando de otras cosas. De xenofobia y de discriminación principalmente.
¿Se puede ser etnocentricamente positivo y no caer en los aspectos negativos?. Evidentemente sí, cuando al mismo tiempo de preferir lo nuestro sabemos apreciar lo ajeno, o por lo menos intentamos comprenderlo. Es fácil de conseguir si adoptamos una postura medianamente relativista.
Cada cultura que ha logrado consolidarse en cualquier parte del mundo, lo ha hecho porque ha sabido adoptar unos usos y costumbres que la han servido para sobrevivir y desarrollarse. El ambiente les ha moldeado hasta conseguirlo y si no lo hubiesen hecho no estarían aquí en la actualidad. Sus usos y costumbres han sido las mejores soluciones para adaptarse al entorno. Tan buenos y válidos como los nuestros, así que tendremos que saber darle el mérito que les corresponde y no extrañarnos de ello. Sobre todo teniendo en cuenta que en su lugar nosotros habríamos hecho lo mismo.
En cuanto a las causas de la transformación de los estudiantes, si quitamos las económicas, son prácticamente las mismas que ellos apuntan para la aparición de un régimen autoritario.
Insatisfacción con la situación actual.
Inseguridad.
Desempleo.
Crisis económica.
Necesidad de nuevos valores.
Aparición de un líder carismático.
Vaya, ya se me podía haber ocurrido todo esto cuando hablaba del 23-F. Fuera de bromas, a veces nos es más cómodo dejarnos llevar y sentir que empezamos a formar parte de algo importante, trascendente... Si se dan las situaciones adecuadas podríamos sorprendernos en las filas de cualquier organización o secta.
¿Que no?, ¿que tú no?.
¿Nunca te has sorprendido haciendo algo que pensabas que no eras capaz, arropado por el resto de la gente que estaba en una fiesta, los espectadores de un concierto o la multitud de una manifestación?.
Ya, no es lo mismo. Pero a veces parece como que esa fiesta sea continua o que la manifestación va a durar siempre. Nuestro entusiasmo se retroalimenta con el de los demás y al final... "¡caramba!, ¿cómo empezó todo esto?". Volvemos al relativismo. Piensa que no eres tan diferente de los demás.
Una postura igualmente escéptica debieron tener los alumnos de Ron Jones, un profesor de historia en la Cubberley High School, de Palo Alto, California. Los estudiantes, sobre todo los que no eran de minorías raciales, no comprendían como era posible que en Alemania se hubiese permitido llegar al poder a un partido con la ideología nazi y luego les dejasen cometer, sin protestar, todas las atrocidades que ahora conocemos. ¿Cómo se podía apoyar entusiasticamente un partido tan nefasto?.
Era el año 1967 cuando el profesor Jones quiso demostrárselo de manera práctica. Fue introduciendo suaves cambios en la clase, su disposición física, objetivos y valores, medidas de disciplina… Constituyeron un grupo que se denominó “La Tercera Ola”, ya que según parece, la ola que hace el número tres es la mas fuerte. Con este símil marino se acabó de crear un grupo cohesionado que fue adquiriendo vida propia rápida e intensamente y alumnos de toda la escuela quisieron unirse a él.
Los miembros, convencidos de la importancia de su propósito final, se empezaron a espiar unos a otros para vigilar el cumplimiento de las normas, adoptando formas coercitivas y violentas.
En definitiva la experiencia tuvo éxito, los estudiantes entendieron y vivieron lo que es el fascismo y cómo surge. Pero empezaron a actuar por su cuenta y se descontrolaron. La experiencia se volvió peligrosa y Jones tuvo que detenerla a los pocos días. Aquellos jóvenes estudiantes californianos estaban recreando un entorno totalitario, en la capitalista California de los años 60. ¿Os imagináis la mezcla?. La música de Beach Boys, los hippies, la revolución psicodélica, la revuelta estudiantil y… un movimiento neofascista. Pues pasó.
Aquí vemos al propio Ron Jones hablando sobre su experiencia (in english, sorry), pero hasta hace bien poco ha sido siempre reacio a hablar del tema, incluso lo han sido los alumnos participantes. Más adelante Morton Rhue (Todd Strasser) escribió la novela “La Ola” que Dennis Gansel adaptó en la película que hemos comentado hoy.
Si me aceptas un consejo, merece la pena verla. Y si me aceptas dos, aprovecha también para repasar las experiencias de Philip Zimbardo en La Cárcel de Stanford. Igualmente dieron pie a una interesante película de origen gérmano, “El Experimento”, que en su momento comentamos aquí.
En estas dos ocasiones han sido los alemanes los que le han sacado partido cinematográfico a las experiencias de psicología social de los americanos. Es curioso ¿verdad?. ¿Será que están más concienciados?.
Estaba pensando en comentar algo sobre “Mercury Rising” (Al rojo vivo), más que nada por acercarme al tema del autismo sin recurrir a la conocida “Rain man”, pero repasando mi videoteca me encontré con la romántica “Crazy in love”, más moderna, menos popular y que trata sobre el síndrome de Asperger, una variedad de autismo también menos conocida. De hecho este es el único largometraje, que yo sepa, que trata específicamente sobre este tema, aunque el trastorno es bastante popular entre los espectadores de televisión pues lo padece, levemente, la doctora Temperance Brennan (Emily Deschanel), la protagonista de la serie Bones, bueno en realidad quien más lo padece es el agente Seeley Booth (David Boreanaz) que es el más cercano a ella.
Los “asperger” tienen una especie de autismo leve, interpretan literalmente las cosas, por lo que carecen de sentido del humor y tienen dificultad para reconocer las emociones, lo que hace que también carezcan en gran medida de habilidades sociales y se tiendan a aislar en su propio mundo.
Estas características hacen que se concentren de manera obsesiva en diferentes actividades, dedicando a ellas toda su energía y recursos, haciendo que destaquen en ellas de manera notable, casi prodigiosa.
Pero permitidme que recupere el hilo inicial de mi idea y empiece hablando de Mercury Rising, una película de 1998 en la que el agente del FBI Art Jeffries (Bruce Willis) investiga el asesinato de los padres de Simon, un niño autista. Jeffries descubre que el niño, que no puede valerse por sí mismo ha sido capaz de descifrar la clave de un sistema de seguridad que una organización gubernamental, la NSA, había puesto a prueba publicándola en varias revistas de pasatiempos, teniendo la seguridad de que nadie hallaría la solución.
Cuando el jefe de la NSA, Nicholas Kudrow (Alec Baldwin), descubre que quien ha roto su código de seguridad indescifrable es un niño autista de nueve años y que la posibilidad de que otras personas hagan lo mismo es prácticamente nula, decide de que más fácil y menos costoso matar al niño que cambiar todo el sistema ya prácticamente montado. Lo que no tiene en cuenta es la perseverancia de agente Jeffries que protegerá a Simon, lo que proporciona la base para una interesante y entretenida película de acción que probablemente hayas visto pero de la que no voy a contar más, por si acaso.
Pero lo comentado nos sirve ya para introducir dos conceptos. Primero el de “autismo”, un trastorno neurológico de intensidad muy variable, que puede incapacitar grandemente a los que lo padecen en sus modalidades más severas o que puede hacer que cataloguemos de “raros” a los que lo padecen de manera muy leve.
Según el manual DSM IV se padece autismo si… Criterios para el diagnóstico del F84.0 Trastorno autista
A. Existe un total de 6 (o más) ítems de 1, 2 y 3, con por lo menos dos de 1, y uno de 2 y de 3:
1. alteración cualitativa de la interacción social, manifestada al menos por dos de las siguientes características: (a) importante alteración del uso de múltiples comportamientos no verbales, como son contacto ocular, expresión facial, posturas corporales y gestos reguladores de la interacción social. (b) incapacidad para desarrollar relaciones con compañeros adecuadas al nivel de desarrollo. (c) ausencia de la tendencia espontánea para compartir con otras personas disfrutes, intereses y objetivos (p. ej., no mostrar, traer o señalar objetos de interés). (d) falta de reciprocidad social o emocional.
2. alteración cualitativa de la comunicación manifestada al menos por dos de las siguientes características: (a) retraso o ausencia total del desarrollo del lenguaje oral (no acompañado de intentos para compensarlo mediante modos alternativos de comunicación, tales como gestos o mímica).(b) en sujetos con un habla adecuada, alteración importante de la capacidad para iniciar o mantener una conversación con otros. (c) utilización estereotipada y repetitiva del lenguaje o lenguaje idiosincrásico. (d) ausencia de juego realista espontáneo, variado, o de juego imitativo social propio del nivel de desarrollo.
3. patrones de comportamiento, intereses y actividades restringidos, repetitivos y estereotipados, manifestados por lo menos mediante una de las siguientes características: (a) preocupación absorbente por uno o más patrones estereotipados y restrictivos de interés que resulta anormal, sea en su intensidad, sea en su objetivo (b) adhesión aparentemente inflexible a rutinas o rituales específicos, no funcionales (c) manierismos motores estereotipados y repetitivos (p. ej., sacudir o girar las manos o dedos, o movimientos complejos de todo el cuerpo) (d) preocupación persistente por partes de objetos
B. Retraso o funcionamiento anormal en por lo menos una de las siguientes áreas, que aparece antes de los 3 años de edad: 1 interacción social, 2 lenguaje utilizado en la comunicación social o 3 juego simbólico o imaginativo.
C. El trastorno no se explica mejor por la presencia de un trastorno de Rett o de un trastorno desintegrativo infantil.
Y el segundo concepto que introducimos es el de “savant”. Persona de habilidades mentales propias de superdotados. Por ejemplo memoria aparentemente sin límites, capacidad de hacer cálculos matemáticos mejor y mas deprisa que un ordenador, increíble talento musical o capacidad de dibujar o pintar de manera fotográfica y sólo de memoria.
Uno de cada diez autistas presenta algún tipo de estas habilidades extraordinarias, proporción mucho más alta que en la población “normal”, de hecho más de la mitad de los savants son autistas.
Para ellos se ha acuñado la denominación de “idiot savant”, persona que destaca en una de estas facetas, pero que respecto a las demás puede considerarse un retrasado mental.
Esta figura se popularizó notablemente en 1988 con el estreno de Rain Man, la película de Barry Levinson en la que Dustin Hoffman interpreta a Raymond Babbitt un autista sorprendente inspirado en la persona de Kim Peek, a quien por sus habilidades mentales le han asignado el apodo de “Kimputer”, que tiene memorizados más de doce mil libros, siendo capaz de leer dos páginas en ocho segundos y lo digo así, el lugar de decir que lee una página en cuatro segundos, por el hecho de que emplea cada ojo para leer una página distinta. Aunque todo esto no obsta para que sin embargo sea incapaz de vestirse solo.
Esta aparente contradicción hace que frecuentemente sean noticia estas personas que nos impactan tanto por lo que pueden hacer como por lo que no pueden.
Quizá uno de los más populares sea Stephen Wiltshire, un joven autista británico del que Oliver Sacks habló en su best seller “Un antropólogo en Marte” cuando Stephen aún era un niño. Actualmente se ha hecho famoso con el apodo de “la cámara viviente” por su capacidad de dibujar ciudades enteras de memoria, después de haberlas sobrevolado brevemente en helicóptero.
En cambio los “asperger” son menos espectaculares, como he dicho antes padecen una forma de autismo más leve, pueden desenvolverse por sí mismos y llevar una vida normal. Quienes les conocen, como mucho les califican de “raros” y esta rareza hace que a veces sea difícil convivir con ellos.
Según el DSM IV se padece el Síndrome de Asperger si…
Criterios para el diagnóstico del F84.5 Trastorno de Asperger A. Alteración cualitativa de la interacción social, manifestada al menos por dos de las siguientes características:
1. importante alteración del uso de múltiples comportamientos no verbales como contacto ocular, expresión facial, posturas corporales y gestos reguladores de la interacción social 2. incapacidad para desarrollar relaciones con compañeros apropiadas al nivel de desarrollo del sujeto 3. ausencia de la tendencia espontánea a compartir disfrutes, intereses y objetivos con otras personas (p. ej., no mostrar, traer o enseñar a otras personas objetos de interés) 4. ausencia de reciprocidad social o emocional
B. Patrones de comportamiento, intereses y actividades restrictivos, repetitivos y estereotipados, manifestados al menos por una de las siguientes características:
1. preocupación absorbente por uno o más patrones de interés estereotipados y restrictivos que son anormales, sea por su intensidad, sea por su objetivo 2. adhesión aparentemente inflexible a rutinas o rituales específicos, no funcionales 3. manierismos motores estereotipados y repetitivos (p. ej., sacudir o girar manos o dedos, o movimientos complejos de todo el cuerpo) 4. preocupación persistente por partes de objetos
C. El trastorno causa un deterioro clínicamente significativo de la actividad social, laboral y otras áreas importantes de la actividad del individuo.
D. No hay retraso general del lenguaje clínicamente significativo (p. ej., a los 2 años de edad utiliza palabras sencillas, a los 3 años de edad utiliza frases comunicativas).
E. No hay retraso clínicamente significativo del desarrollo cognoscitivo ni del desarrollo de habilidades de autoayuda propias de la edad, comportamiento adaptativo (distinto de la interacción social) y curiosidad acerca del ambiente durante la infancia.
F. No cumple los criterios de otro trastorno generalizado del desarrollo ni de esquizofrenia.
En “Crazy in love” nos encontramos con una pareja de enamorados que padecen este síndrome. Sin ser savants los dos son muy inteligentes, pero ambos tienen una vida profesional muy por debajo de sus capacidades intelectuales, simplemente porque no encajan en los empleos que podrían desempeñar.
Donald (Josh Hartnett) ha formado un grupo de autoayuda para autistas y se desvive por ellos. Isabelle (Radha Mitchell) es una nueva integrante del grupo, ha acudido por recomendación de su psiquiatra, que está convencida que le irá bien relacionarse con otras personas que comparten su problema.
En esta película, dirigida por el noruego Petter Næss en el año 2005, destacan las modestas, aunque muy bien conseguidas, interpretaciones de Sheila Kelley, John Carroll Lynch y sobre todo Rusty Schwimmer, que representan los papeles de miembros destacados del grupo de Donald.
El argumento y fundamentalmente los personajes de Donald e Isabelle están basados en la historia real de Jerry Newport y Mary Meinel, que en verdad lucharon por superar todas las vicisitudes que imponía el “asperger” a su relación personal. No os digo cómo termina la historia por no adelantar acontecimientos. Es mejor que la veáis vosotros.
Si os interesa el tema, además de mirar todos los enlaces que os he puesto, también os recomiendo una novela: “El curioso incidente del perro a medianoche”, de Mark Haddon. La historia de un chico con este trastorno que, obsesionado con Sherlock Holmes, pone en juego todas sus habilidades para averiguar quién ha matado a un perro en el vecindario.
Su investigación destapa más problemas de los que resuelve y, en todo caso, nos hace ver las dificultades que puede entrañar la convivencia con un familiar con este síndrome.
Esto es todo por hoy, para ser la primera entrada de 2009 creo que ya le vale.
No he encontrado referencias sobre posibles pases por TV de "Crazy in love" pero pulsa en los respectivos nombres si quieres que te avisen cuando pongan "Mercury Rising" o "Rain man".
Hasta ahora hemos hablado de muchos aspectos que influyen en la conducta humana, pero no habíamos tocado el propio hecho de relacionarse con otras personas. Somos seres sociales, necesitamos estar con los demás y aceptamos unas normas de convivencia que nos facilitan esa relación. Todos tenemos que ceder un poco en nuestras aspiraciones para no perjudicar las aspiraciones de los demás, pero este pequeño sacrificio tiene su recompensa. Abraham Maslow dijo que después de lo que facilita nuestra supervivencia y la seguridad, la afiliación, el estar con los demás, es lo que más nos motiva.
Pero estar con los demás contribuye en ocasiones a modificar nuestra conducta, a veces de manera sorprendente. Para tratar de estos aspectos relacionados con la dinámica de grupos pensé primero en comentaros "El Señor de las Moscas", pero después me decidí por la no menos interesante película alemana “El Experimento”, que nos servirá también para hablar de otros estudios sobre Psicología Social.
Un grupo de veinte hombres, se presentan voluntarios para realizar un experimento sobre la conducta. Estarán en una cárcel simulada, a ocho les asignan el papel de guardia, los otros doce harán de reclusos. Se trata de ver cómo asume cada uno su papel.
La situación, que comienza como un juego, no tarda en degenerar, utilizando los guardias una violencia desproporcionada y escapando al control de los organizadores, que ven que la situación es más interesante cuanto más se complica, pero que no aciertan a ponerle fin a tiempo y cuando lo intentan ya es tarde.
Es muy interesante ver cómo las personas se transforman según el papel que asumen y conforme evoluciona la situación, asistiendo a un duelo de poder entre Tarek, el prisionero 77 y el guardia Berus, un pusilánime al que el mando le viene grande.
Comentarios:
Quizás podríamos pensar que ésta es una de las muchas películas carcelarias de acción que existen, pero en ella es muy interesante comprobar cómo los personajes van experimentando todo un abanico emocional, desde la alegría inical hasta la ira final, pasando por asco, sorpresa, miedo, tristeza y ansiedad, todo lo cual desemboca en tremendo estrés que desencadena la agresividad.
Pero lo más sorprendente de esta historia es que está basada en hechos reales. Bueno, en realidad está basada en la novela Black Box, de Mario Giordano, que a su vez se basa en el conocido Experimento de la Cárcel de Standford.
En 1971 Philip Zimbardo, profesor de la Universidad de Standford, realizó un sorprendente experimento. Quería comprobar cómo personas normales reaccionaban de manera diferente cuando se les sometía a un entorno controlado en el que debían adoptar papeles opuestos.
De veinticuatro estudiantes voluntarios, se asignó al azar a doce de ellos como carceleros y a los otros doce como reclusos, en una prisión simulada que estaba en los sótanos de la Facultad de Psicología.
A los guardias se les dotó de un equipo completo, incluido uniforme, porra y gafas oscuras para impedir el contacto visual. Y a los prisioneros se intentó privarles de todo lo que supusiese un recuerdo con su "vida" anterior. Esta despersonalización incluía llamarse por un número, vestir solamente un camisón y chancletas, etc., exactamente igual que en la película.
El resultado, no sé si sorprendente, fue aterrador. Al poco tiempo de estar en esa situación, una población indistinguible que había sido separada al azar, se convirtió en dos poblaciones absolutamente diferenciadas en su manera de actuar, adoptando papeles autoritarios unos, que trataban con sadismo a los otros.
Hubo motines y actuaciones violentas, que hicieron que el experimento se tuviese que cancelar a los seis días, cuando tenía una duración prevista de dos semanas.
Zimbardo, psicólogo optimista, llega a una conclusión consecuente con su naturaleza: Todos tenemos una parte buena y una mala que nos sirven para reaccionar ante buenas o malas situaciones.
Muy adaptativo, pero escalofriante si pensamos que los que infringieron torturas en Abu Ghraib, Guantánamo o en los campos de exterminio nazi, por citar sólo algunos ejemplos, quizás no eran unos monstruos, sino personas como nosotros pero en una mala situación. Es decir, que lo aterrador es que probablemente cualquiera de nosotros sería un monstruo si se diesen las circunstancias adecuadas.
Mira la entrevista que Eduard Punset hizo al propio Zimbardo en el programa Redes.
El otro trabajo al que se refieren es el sorprendente experimento sobre el comportamiento de la obediencia que hizo Stanley Milgram, un psicólogo de la Universidad de Yale, en el año 1961. Se trataba de estudiar la capacidad de los sujetos para obedecer órdenes, aunque fuesen en contra de sus principios.
En un supuesto estudio sobre el aprendizaje, los sujetos experimentales se distribuían en dos papeles: alumno y profesor. El profesor debería de leer al alumno una lista de pares asociados de palabras (por ejemplo viento - fuerte, casa - hogar, o cosas así). Después de leer la lista completa el profesor iría diciendo sólo uno de los elementos del par, dando tres opciones de respuesta entre las que el alumno debería elegir al correcta. Si fallaba se le debería dar una pequeña descarga eléctrica, aunque de orden creciente, a cada fallo la descarga sería mayor, debiéndolas administrar siempre el profesor.
Os pongo unas escenas de la película francesa "I comme Icare" en las que se escenifica este esperimento con algunas de sus variaciones.
Al principio de la sesión se hace un "sorteo" para asignar aleatoriamente los papeles. Lo que no sabe el sujeto experimental es que el sorteo está amañado y que en todas las papeletas pone "MAESTRO" y que su pareja será en realidad un cómplice de los experimentadores que cuando coge su papeleta dice que le ha tocado "ALUMNO", pero que en realidad no recibirá ninguna de las descargas que administre el maestro. Sólo actuará para dar mayor realismo a la situación, emitiendo quejidos de dolor crecientes a medida que le van aumentando las descargas.
Una vez asignados los papeles se les suministra a los dos una descarga de 45 voltios, para que comprueben lo que van a sentir. Y acto seguido cada uno ocupa su puesto. El alumno sentado tras un panel conectado a sus electrodos. Y el maestro, convencido de su responsabilidad, sentado frente a la consola que gobierna las descargas, con su lista de preguntas y teniendo al lado a un experimentador. El maestro no sabe que él es en verdad el único sujeto experimental y lo que se están estudiando son sus reacciones.
Los experimentadores pensaban que la mayoría de los maestros llegaría a suministrar unos 130 voltios y allí se pararía. Sólo los muy sádicos serían capaces de llegar al máximo de 450 voltios.
En la realidad, al llegar a los 75 voltios, los maestros se ponían nerviosos ante las quejas y súplicas crecientes de los alumnos, pero cuando querían parar, el experimentador que estaba a su lado les decía de manera seria, pero sin subir el tono ni alterarse, cosas como "Es necesario que usted continúe". El proceso se repetía hasta cuatro veces. A la quinta protesta del maestro de no querer seguir, el experimento se detenía.
Bien, el caso es que ningún maestro se detuvo antes de los 300 voltios, cuando ya el alumno casi no daba señales de vida. Y el 65% de ellos llegó a administrar el máximo de 450 voltios. Obteniéndose resultados similares cuando el experimento se realizaba con hombres o con mujeres, aunque éstas referían haber alcanzado un mayor nivel de estrés.
Parece pues que en determinados entornos uno puede acceder a cumplir órdenes que van contra sus propios principios y el negarse a la injusticias no siempre es psicológicamente fácil cuando la orden llega desde una autoridad establecida, pensemos en los casos que se intentan explicar por la Obediencia Debida.
El propio Milgram comprobó esto en una variación que hizo de su experimento, realizándolo en una entidad comercial en vez de en una universidad. En este caso el investigador no parecía estar investido de la misma autoridad y la obediencia decreció a casi el 47%.
Otras variaciones que se hicieron ya las hemos visto en las escenas de "I comme Icare". Cuando hay contacto con la persona a la que se está infringiendo dolor, la obediencia disminuye. Y cuando una tercera persona interviene apoyando al maestro en sus deseos de parar el experimento, también disminuye la obediencia a la autoridad.
En resumen, la situación influye enormemente en nuestra conducta. Y respecto a un grupo, lo que hacen los demás, lo que los demás esperan de nosotros, lo que nosotros pensamos que los demás esperan y nuestra posición respecto al líder del grupo, van a ser factores esenciales para determinar nuestra conducta, con lo que el supuesto "libre albedrío" es algo que queda muy en entredicho.
Esto lo podemos extrapolar a todos los campos. A veces el contexto social puede ayudarnos a sacar lo mejor de nosotros, pero a veces también lo peor. Por eso, antes de criticar un hecho censurable de alguien deberíamos pensar qué hubiésemos hecho nosotros en su situación, aunque probablemente no podríamos conseguir esa abstracción de no experimentar nosotros mismos la situación en sí.
En fin, esto es todo por hoy. Si te interesó "El Experimento" y quieres que te avisen cuando lo emitan por televisión, pulsa este enlace.