AVISO IMPORTANTE

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viernes, 6 de febrero de 2009

Visiones del futuro. Inteligencia, la revolución informática

Dichosa manía la mía de echar una cabezada en el sofá, delante de la televisión, después de comer. Pero en la tele no han de poner cualquier cosa, tiene que ser algo relajado y sin gritos (nada de noticias ni culebrones), a ser posible sin altibajos sonoros, lo ideal son los documentales y los mejores son los marinos, de exploración polar, o los del espacio. Los reality shows documentales tipo Desafío bajo cero, American Chopper o Pesca Radical los odio, no me dejan conciliar el sueño.

Esta tarde estaba yo dispuesto a cumplir mi relajante ritual diario y elegí para ello un documental de la BBC que prometía se llamaba “Visiones del futuro. Inteligencia, la revolución informática” y se emitía por el canal Odisea.

Arrebujado debajo de mi colchita en un primer momento me dormí, pero después mi subconsciente me devolvió a la realidad. Lo que estaban contando por la tele me interesaba y mucho. Inteligencia artificial, emociones, robots, realidad virtual, ciber-redes sociales, implantes cerebrales… Teníais que haberme visto, con los ojos como platos estaba yo.

A tomar por … la siesta. Me tragué todo el documental y cuando terminó me fui directo al ordenata para ver si lo encontraba por Internet. Y… ¡sí!, estaba y además se podía insertar en un blog, así que aquí os lo dejo porque estoy seguro de que también os gustará y lo podréis ver cuando queráis, no como yo que ahora tecleando esto me caigo de sueño.


Una de las muchas cosas que me llamó la atención fue lo de los implantes cerebrales para curar la depresión. ¿Habéis leído “El hombre terminal” de Michael Crichton?. Creo que fue la primera novela que escribió con su nombre, antes utilizaba el pseudónimo de John Lange. Estaba descatalogada pero la han vuelto a editar. Quizás hayáis visto la película de 1974 protagonizada por George Segal. Ahí emplean un recurso notablemente parecido para tratar a un epiléptico muy violento. Aunque la novela a mi juicio no está bien resuelta, como siempre se ve que Chrichton se había documentado bien.
Bueno, os dejo con el documental. ¿Qué sería de nosotros sin Internet?.

Saludos.

viernes, 16 de enero de 2009

Emociones de ciencia ficción (programando humana-mente)

Cuando leí la sinopsis me llamó la atención: "Cuatro vidas está basada en un antiguo proverbio chino según el cual la vida se puede reducir a cuatro emociones: placer, felicidad, dolor y amor". Bueno, el placer y el dolor en todo caso son sentimientos o sensaciones, pero quizás esta pudiese ser una buena película para hablar de las emociones. Tenía esa esperanza, pero ya el trailer me hizo sospechar que no iba a ser así.



Se trata de una película muy interesante y entretenida, que cuenta cuatro historias que se entrelazan y lo hacen bien, lo que no es fácil de conseguir, así que hay que reconocer el mérito de los guionistas.


Vemos que los personajes experimentan sorpresa, miedo, ira, tristeza y alegría. Sólo les falta el asco, por lo menos yo no me percaté, para tener el paquete completo de emociones de serie con el que nacemos.

Y es que las emociones son eso, unos mecanismos psicológicos de respuesta que nos permiten reaccionar de manera rápida, aunque no demasiado precisa, ante las variaciones del ambiente. Todos sabemos lo que son porque las hemos experimentado, pero a veces nos cuesta encontrar palabras para definirlas.

Estamos tan acostumbrados a vivirlas que a veces nos pasan desapercibidas y no nos damos cuenta de que las tenemos o las están teniendo los demás y eso que nuestros logros personales y sociales mejoran enormemente cuando somos capaces de interpretar nuestras emociones y las de los que nos rodean pudiendo reaccionar adecuadamente ante ellas. Es lo que se conoce como inteligencia emocional.

Entonces cualquier película podría servirnos para hablar de emociones porque todos sus personajes las tienen, pero permitidme que haga el planteamiento al revés y hable de los personajes que no tienen emociones o por lo menos que no esperamos que las tengan. Voy a hablar de robots. Ya sabéis que me interesa la ciencia ficción, pero la creación de máquinas que aprendan por si mismas y puedan desarrollar emociones, es algo que cada vez se acerca más de la fantasía a la realidad. Acordaros que el cognitivismo utilizó un modelo cibernético para explicar el funcionamiento del cerebro y ahora son los informáticos los que estudian el cerebro para diseñar ordenadores más capaces y flexibles.

Mirad la entrevista que le hizo Eduard Punset a Lola Cañamero.



Ahí tenemos dos robotitos que interactúan en un entorno que simula la realidad, en donde hay comida, agua y refugio. El robot blanco tarde o temprano tendrá que salir del entorno seguro homeostáticamente motivado por el hambre o la sed y podrá ser atacado en ese momento por el depredador. Si no se le programa la emoción “miedo” su supervivencia está en peligro.

Que curioso ¿verdad?, de las emociones básicas que comentábamos antes, aquellas que tenemos al nacer, una es positiva (la alegría), otra es neutra (la sorpresa) y las demás (miedo, tristeza, asco e ira) son negativas. Todas las necesitamos para la supervivencia, pero tal parece que nacemos más predispuestos para hacer frente a los eventos negativos, o que los eventos negativos son más peligrosos para nuestra subsistencia y por eso les prestamos más atención. Pero esto es sólo una apariencia, ya que la sensación reconfortante que nos produce la alegría es la más beneficiosa y absolutamente necesaria para la salud de nuestra mente.

El caso es que no podríamos vivir sin emociones, ni nosotros, ni los animales, ni los robots que creásemos, aunque de ésto parece que se tardaron un poco en dar cuenta los cineastas. Por ejemplo Data, el peuliar androide de la serie Star Trek: La Nueva Generación, no entendía demasiado de emociones, no las experimentaba y dificilmente comprendía las reacciones de sus compañeros humanos.



De hecho Data era el equivalente del personaje del mítico señor Spock que aparecía en la serie original. El vulcaniano carente de emociones que sólo empleaba la lógica. Bueno, la verdad es que ambos tenían una cosa en común, manifestaban una única emoción, la sorpresa. Los dos se sorprendían constantemente de las reacciones de los humanos.

Parece que la ciencia ficción cinematográfica desconfía de que se puedan crear robots con emociones. Acordaros del test respuesta emocional de Voight-Kampff que empleaban en la película Blade Runner para detectar a los replicantes.



En cambio los escritores sí habían predicho mucho antes la aparición de robots con emociones. Isaac Asimov definió y dotó a sus robots de un cerebro positrónico, que no sólo les dotaba de inteligencia artificial sino de la capacidad de experimentar emociones.

Andrew, de "El hombre bicentenario" lo tiene.



Y Sunny, de "Yo robot" también.



Y en Battlestar Galactica vamos un paso más allá y los cylon ya no son robots propiamente dichos. Las últimas "versiones" son entidades biológicas, artificiales eso sí, indistinguibles de los humanos, que sienten y padecen como nosotros, teniendo una tremenda curiosidad por saber qué nos diferencia a unos de otros. Pulsad este enlace para ver el diálogo entre un delegado de Las Doce Colonias y la cylon último modelo Número Seis, Cáprica para los amigos:

- ¿Estás vivo?.
- Sí.
- Demuéstralo.


De hecho los cylon no aprecian la diferencia entre estar vivo como un humano o como ellos. Tanto es así que algunos piensan que son humanos. Además tienen creencias místicas y buscan sus dioses, no sus creadores que esos fueron los humanos y son tan imprfectos que deciden eliminarlos. Volvemos otra vez a la rebelión de las máquinas, pero eso es otra historia (y no me refiero a Terminator 3).

Mucho más amable es Wall·E. No sé si el robotito tiene un cerebro positrónico o no, pero a base de estar sólo ha desarrollado características muy humanas, personalidad propia y tremenda curiosidad. Incluso se enamora de Eva, mucho más sofisticada y aparentemente dura, pero bajo su cáscara de huevo encierra también una tremenda ternura.

Los dos robots es evidente que experimentan emociones, entre otras cosas lo vemos por su expresión. Es digno de ver como los animadores han conseguido tanta expresividad jugando solo con los “ojos”, los foquitos de Wall·E y los puntos azules de Eva. Ya quisieran algunos actores poder expresar tanta emotividad.



Bueno, el caso es que como Rodney Brooks le dijo a Eduard Punset en el programa Redes, las emociones muy pronto dejarán de ser algo exclusivo de las personas y los animales. Nuestros ordenadores no sólo podrán aprender por sí mismos, también sentirán y se emocionarán y eso les hará más semejantes a nosotros, con todas las ventajas e inconvenientes que ello supone.



A veces nuestro ordenador se ralentiza y tarda una eternidad en hacer las cosas. Algunos manejan mejor los textos que las imágenes. Frecuentemente se infectan por virus. En ocasiones se bloquean e incluso se reinician sólos. Y cuando ocurre todo eso nos desesperamos porque podemos perder las horas de trabajo que hemos gastado sin saber por qué.

Que distinto sería si la máquina pudiese expresarse y hacernos saber su estado interno, si tuviese una cara que pudiésemos interpretar.

Hasta ahora y como hemos visto, las máquinas pueden expresar su estado interno por convencionalismos matemáticos, mediante listados de autocontrol. Pero para poder interactuar facilmente el ordenador, el robot, se tendrá que expresar emocionalmente, mediante los gestos que todos conocemos y podemos interpretar, tal y como hace el prototipo Kismet, un robot que manifiesta sus emociones.



Pero esto es sólo el primer paso. Cuando los robots, las máquinas o como les queramos llamar, sean capaces de aprender por sí mismos, de tener sentimientos, de manifestar e interpretar emociones...



... ¿en qué se diferenciarán de los seres vivos?, ¿en que no podrán reproducirse?, bueno, dales tiempo, eso será lo primero que harán. ¿En que no tendrán alma?... ehhhhh... cambiemos de tema. El caso es que memoria, pensamientos y conciencia sí que tendrán y con eso ya es suficiente.

¿Te da miedo esta perspectiva?. No te preocupes, si todo esto se cumple, siempre nos queda el consuelo de que tarde o temprano necesitarán un psicólogo.

Saludos.



sábado, 23 de agosto de 2008

Blade Runner

La historia de Blade Runner es curiosa. Está inspirada, que no basada, en la novela “Do Androids Dream of Electric Sheep?” (¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?) de Philip K. Dick, un escritor complicado que ha tenido otras adaptaciones cinematográficas también complicadas, como Desafío Total (Total Recall, Paul Verhoeven, 1990) también ligeramente inspirada en su cuento “We Can Remember It For You Wholesale” (Oferta: Podemos recordarlo para ti). En ambas yo diría que el parecido de la película con la historia literaria es bastante escaso.

De Blade Runner existen muchas versiones, yo conozco cuatro:


- La original, dirigida por Ridley Scott en 1982, con su voz en off y final romántico.

- “El Montaje del Director” de 1992, bastante polémico.

- La edición remasterizada para coleccionistas, de 2002, que al final creo que no salió a la venta

- Y “El Montaje Final”, de 2007, que es la que se está emitiendo últimamente.


Todas cuentan con una banda sonora excepcional creada por Vangelis.

A mí el tema de la voz en off me gusta bastante, creo que quedaba muy bien, le daba un aire de novela negra y ayudaba a la comprensión de la película, pero parece que el propio Harrinson Ford opinaba que si una voz iba contando lo que pasaba, él como detective quedaba bastante mal, opinaba que era mejor introducir elementos adicionales en el guión para que los propios espectadores se enterasen de lo que ocurría viendo la escena, sin necesidad de que nadie lo contase.

La novela original nos presenta una sociedad un tanto paranoica, en las que los animales casi se han extinguido y poseer uno real es un lujo al alcance de muy pocos.

Ridley Scott nos presenta también una sociedad agobiante y decadente, en la que la contaminación de la ciudad no deja ver la luz del sol y en la que la felicidad se consigue por el consumo.

Es interesante el escenario social que se nos plantea, totalmente multicultural, en el que se habla un lenguaje común: “interlingua”, que en realidad fue una idea de Edward James Olmos (el actor que interpretó a Gaff , que ahora es el Almirante Adama de Galactica y que quizás recordemos como el Teninente Castillo de Corrupción en Miami). Pues bien, él se inventó el lenguaje, se lo propuso a Scott que lo aceptó enseguida y se pasaba el rodaje bromeando con los actores en su jerga.

Por cierto, para que sea inteligible por el público, en cada idioma en que se proyecta la película, interlingua tiene palabras de ese idioma y de otros similares. Por ejemplo, nos extrañaríamos si viésemos la versión rusa del film.

En fin, en la película original se redujeron, aunque no suprimieron, las intervenciones de la voz en off, Rick Deckard es el auténtico Blade Runner y tiene un final esperanzador.

En las otras versiones no hay voz en off, nos enteramos, por culpa de un unicornio, de que Deckard es en realidad un pellejudo replicante, aunque él no lo sabe, y que el verdadero Blade Runner es Gaff.

Resulta curioso que una máquina no sepa que lo es, a Rachael le pasa lo mismo y en su memoria han insertado recuerdos de la vida de otro.

De hecho, dado que los replicantes son iguales que las personas, para detectarlos hay que recurrir al test de Voight-Kampff que mide las respuestas emocionales. Nuevamente parece que el tema de las emociones es clave para detectar la inteligencia artificial, o por lo menos así nos lo presentan.

En 1950 Alan Turing diseñó una prueba algo parecida en la que se sometía a una batería de preguntas a alguien que no se veía y que podía ser una persona o una máquina, el objetivo era comprobar cuál de los dos era.

El caso es que la escena en la que Holden somete al test a Leon está muy bien conseguida, me encanta el artilugio para medir la activación fisiológica de los sujetos.


Observa la diferencia entre las reacciones de Leon y las de Rachael cuando también le pasan es test. Ella es más inteligente, pero además es que no sabe que es un androide. Y de hecho se enamora de Deckard, siendo correspondida. ¡Que bonito es el amor entre robots!. Lástima que en las últimas versiones no les dejen ser felices… (lo que ya sería rizar el rizo emocional).

De todas maneras, la escena más humana y emotiva de la protagoniza el líder de los fugitivos, Roy Batty, cuando muere embargado por la tristeza y la resignación pronunciando las palabras más célebres de la película y que denotan que ha desarrollado la capacidad de sentir como nosotros:



Yo he visto cosas que vosotros no podríais creer,
naves de ataque ardiendo más allá de Orión,
rayos C brillando más allá de la Puerta de Tannhäuser…
Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia.
Es hora de morir
.”


Para mí y de momento, esto hace de Batty el androide más humano de la historia del cine.

Si quieres que te avisen cuando pongan Blade Runner por televisión, pulsa este enlace.

Saludos,



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viernes, 22 de agosto de 2008

2001 Una Odisea en el Espacio

Se ha escrito mucho sobre 2001, creo que principalmente por dos razones:

1) Es una película soberbia.

2) No hay quien la entienda.


Lo primero es obvio y de lo segundo hay tanto que decir que faltaría espacio y tiempo. Si te interesa el tema te recomiendo que simplemente leas la novela “2001 Una Odisea Espacial”, Clarke la escribió simultáneamente al rodaje de la película y del tándem Kubrick-Clarke surgieron las que a mi juicio son la mejor película y la mejor novela de ciencia ficción, que a diferencia del film es totalmente clara y diáfana.


No suelo destripar totalmente los argumentos de las películas, pero como sobre ésta hay tantas interpretaciones y tanta confusión, voy a resumir bevemente lo que saqué en claro después de ver la película y leer la novela:

Unos extraterrestres llegan a la tierra cuando en nuestro planeta la especie más inteligente aún son unos primates con pocas perspectivas de futuro, más bien parecen condenados a la extinción.

Dichos extraterrestres deciden realizar un experimento, dar un empujón a la inteligencia de esos primitivos monos y ver cuánto tardan en convertirse en una especie tecnológicamente avanzada.

Para lo primero colocan un monolito cerca de una de las tribus. Este ingenio capta su atención y mediante diversos procedimientos impulsa el potencial intelectual de esos primates, que enseguida se convierten en dominantes y se hacen con los recursos necesarios, asegurando su supervivencia.

Para lo segundo colocan otro monolito enterrado en la luna. Dicho ingenio genera un campo magnético detectable y es sensible a la luz. Es un señuelo. Cuando los primates se convierten en hombres y son capaces de llegar a la Luna, detectan el extraño campo magnético y desentierran el monolito. La primera vez que le da la luz del Sol, el monolito emite una señal que indica a los creadores del experimento que la primera fase ha terminado. Ya se sabe cuánto han tardado aquellos primates en alcanzar una civilización tecnológicamente desarrollada.

La señal emitida desde la Luna va dirigida hacia Júpiter en la película y hacia Japeto en la novela. No parece que los creadores de semejante experimento sean originarios de cualquiera de esos puntos, pero en todo caso merece la pena investigarlo. Se monta una expedición con cinco astronautas en una original nave controlada por un ordenador que acabaría volviéndose loco (si sigues leyendo sabrás por qué) y matando a casi toda la tripulación.




El único superviviente, Dave Bowman, llega al final del viaje y se encuentra con otro monolito, en realidad un repetidor de señales y puerta de un agujero de gusano galáctico, que lo lleva a la fase final del experimento, un entorno que pretende ser familiar, pero en el que Bowman comprende en todas sus dimensiones las consecuencias del experimento.

Su mente madura y entiende que quienes hace más de dos o tres millones de años tenían la capacidad tecnológica de montar semejante experimento, siguieron evolucionando hasta alcanzar la inmortalidad, prescindir de su propio cuerpo y convertirse en pura energía.

Cuando Dave Bowman ha sido capaz de asumir todo eso le convierten en uno de ellos, “el hijo de las estrellas” representado por el feto al final de la película.

Y ya está, ese es el argumento. Si me preguntas por qué en la película no aparece nada de eso, te diré que no lo sé. Creo que Kubrick pretendió básicamente provocar sensaciones basadas en las imágenes y que para él el argumento no era lo más importante, o por lo menos lo dejaba a una interpretación abierta.


Afortunadamente tenemos la novela de Clarke para dar sentido a lo que vemos, o al revés, afortunadamente tenemos la película de Kubrick para poner imágenes a la historia de Clarke.

Reconozco que la interpretación que para mí es obvia no es aceptada por todo el mundo (allá ellos). Recientemente di con una página que está muy bien conseguida: “
Kubrick 2001, La odisea del espacio explicada”. Te aconsejo que le eches un vistazo, aunque la explicación que dan no coincide con lo que yo entendí. A mí me gusta más la mía. Mira tú la página y comprueba si coincide con la tuya, luego si quieres vuelves a ver la película o a leer la novela… siempre se pueden sacar cosas nuevas.

Está bien, no me olvido que de lo que tenemos que hablar es de psicología y cine, pues desde este punto de vista podríamos centrarnos en varios aspectos, el cambio de conducta que sufren los primates tras la aparición del monolito, la sensación de aislamiento de
Bowman y Pole en la nave espacial, las reacciones de Bowman durante su viaje final…

Pero de lo que voy a hablar es del ordenador
HAL 9000 y sus problemas mentales. Es un clásico de la ciencia ficción la idea del robot que quiere ser persona. Con los futuros avances en inteligencia artificial podrán sentir y pensar, pero lo que no está tan claro es que puedan experimentar emociones como los humanos. Este tema de las emociones es de lo que se han servido los escritores para diferenciar a los robots “casi-humanos” de las personas, pensemos en el test para detectar a los replicantes de “Blade Runner” o en la ausencia del sentido del humor de Data de “Star Trek”.

Pero además, si en el robot u ordenador “casi-humano” surge algún problema ¿qué pasará?, ¿se bloqueará? como nuestro Windows, ¿hará cosas raras? que curioso, también como nuestro Windows, ¿o qué?.

HAL 9000 se vuelve “loco” pero no se cuelga sino que empieza a hacer cosas raras, muy raras, pero ¿por qué?. Pues por un defecto en las instrucciones recibidas. HAL es victima de un error humano.

En la nave Discovery viajan cinco personas, tres en estado de hibernación que conocen todos los detalles de la misión y los dos astronautas que se dedican a la supervisión de los sistemas pero que no conocen la naturaleza ni la importancia real de la misión. HAL conoce todos los detalles, pero no se los puede revelar a Bowman y a Pole. En su programación hay instrucciones claras para facilitar todos los datos precisos a los humanos para el desarrollo de la misión y su bienestar, sin embargo a ellos no les puede decir toda la verdad, es como si les estuviese engañando. Esto le genera un conflicto que implica una serie de trastornos psicológicos que le lleva a una espiral de mentiras. La gota que colma el vaso es la supuesta avería del sistema de comunicaciones que en realidad funcionaba perfectamente.




Todo ello hace que los astronautas no se fíen de HAL y decidan desconectarlo. Al enterarse de estos planes y teniendo el convencimiento de que la misión, su objetivo principal, no se puede realizar sin él, decide eliminar a los humanos haciéndolo tal y como todos ya sabemos.

Con lo que no cuenta HAL es con la genialidad de Bowman, para entrar en la nave sin casco. En realidad eso no lo habría podido hacer y es uno de los poquísimos fallos técnicos que tiene la historia, e implica que los humanos ganaron haciendo trampas.

Así que el súper ordenador se volvió
neurótico por un fallo en su programación, le pidieron que mintiese como si pudiese hacerlo con la misma facilidad que los humanos, cosa que evidentemente no pudo hacer.


2001 A Space Odyssey - Hal 9000 part 2
Cargado por non-humain


Es curioso sin embargo como sí tiene otras características humanas. Cuando le está desconectando Bowman vemos como van disminuyendo sus habilidades intelectuales y en un momento confiesa tener miedo por lo que le va a pasar. Volvemos al tema de las emociones en la inteligencia artificial.

Espero que todo esto te sirva para reflexionar. Si el tema te interesa y esto te sabe a poco, puedes leer también el comentario sobre 2010.

Si quieres que te avisen cuando pongan 2001 por televisión, pulsa este
enlace.

Saludos,




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