viernes, 16 de enero de 2009
Emociones de ciencia ficción (programando humana-mente)
Se trata de una película muy interesante y entretenida, que cuenta cuatro historias que se entrelazan y lo hacen bien, lo que no es fácil de conseguir, así que hay que reconocer el mérito de los guionistas.
Vemos que los personajes experimentan sorpresa, miedo, ira, tristeza y alegría. Sólo les falta el asco, por lo menos yo no me percaté, para tener el paquete completo de emociones de serie con el que nacemos.
Y es que las emociones son eso, unos mecanismos psicológicos de respuesta que nos permiten reaccionar de manera rápida, aunque no demasiado precisa, ante las variaciones del ambiente. Todos sabemos lo que son porque las hemos experimentado, pero a veces nos cuesta encontrar palabras para definirlas.
Estamos tan acostumbrados a vivirlas que a veces nos pasan desapercibidas y no nos damos cuenta de que las tenemos o las están teniendo los demás y eso que nuestros logros personales y sociales mejoran enormemente cuando somos capaces de interpretar nuestras emociones y las de los que nos rodean pudiendo reaccionar adecuadamente ante ellas. Es lo que se conoce como inteligencia emocional.
Entonces cualquier película podría servirnos para hablar de emociones porque todos sus personajes las tienen, pero permitidme que haga el planteamiento al revés y hable de los personajes que no tienen emociones o por lo menos que no esperamos que las tengan. Voy a hablar de robots. Ya sabéis que me interesa la ciencia ficción, pero la creación de máquinas que aprendan por si mismas y puedan desarrollar emociones, es algo que cada vez se acerca más de la fantasía a la realidad. Acordaros que el cognitivismo utilizó un modelo cibernético para explicar el funcionamiento del cerebro y ahora son los informáticos los que estudian el cerebro para diseñar ordenadores más capaces y flexibles.
Mirad la entrevista que le hizo Eduard Punset a Lola Cañamero.
Ahí tenemos dos robotitos que interactúan en un entorno que simula la realidad, en donde hay comida, agua y refugio. El robot blanco tarde o temprano tendrá que salir del entorno seguro homeostáticamente motivado por el hambre o la sed y podrá ser atacado en ese momento por el depredador. Si no se le programa la emoción “miedo” su supervivencia está en peligro.
Que curioso ¿verdad?, de las emociones básicas que comentábamos antes, aquellas que tenemos al nacer, una es positiva (la alegría), otra es neutra (la sorpresa) y las demás (miedo, tristeza, asco e ira) son negativas. Todas las necesitamos para la supervivencia, pero tal parece que nacemos más predispuestos para hacer frente a los eventos negativos, o que los eventos negativos son más peligrosos para nuestra subsistencia y por eso les prestamos más atención. Pero esto es sólo una apariencia, ya que la sensación reconfortante que nos produce la alegría es la más beneficiosa y absolutamente necesaria para la salud de nuestra mente.
El caso es que no podríamos vivir sin emociones, ni nosotros, ni los animales, ni los robots que creásemos, aunque de ésto parece que se tardaron un poco en dar cuenta los cineastas. Por ejemplo Data, el peuliar androide de la serie Star Trek: La Nueva Generación, no entendía demasiado de emociones, no las experimentaba y dificilmente comprendía las reacciones de sus compañeros humanos.
De hecho Data era el equivalente del personaje del mítico señor Spock que aparecía en la serie original. El vulcaniano carente de emociones que sólo empleaba la lógica. Bueno, la verdad es que ambos tenían una cosa en común, manifestaban una única emoción, la sorpresa. Los dos se sorprendían constantemente de las reacciones de los humanos.
Parece que la ciencia ficción cinematográfica desconfía de que se puedan crear robots con emociones. Acordaros del test respuesta emocional de Voight-Kampff que empleaban en la película Blade Runner para detectar a los replicantes.
En cambio los escritores sí habían predicho mucho antes la aparición de robots con emociones. Isaac Asimov definió y dotó a sus robots de un cerebro positrónico, que no sólo les dotaba de inteligencia artificial sino de la capacidad de experimentar emociones.
Andrew, de "El hombre bicentenario" lo tiene.
Y Sunny, de "Yo robot" también.
Y en Battlestar Galactica vamos un paso más allá y los cylon ya no son robots propiamente dichos. Las últimas "versiones" son entidades biológicas, artificiales eso sí, indistinguibles de los humanos, que sienten y padecen como nosotros, teniendo una tremenda curiosidad por saber qué nos diferencia a unos de otros. Pulsad este enlace para ver el diálogo entre un delegado de Las Doce Colonias y la cylon último modelo Número Seis, Cáprica para los amigos:
- ¿Estás vivo?.
- Sí.
- Demuéstralo.
De hecho los cylon no aprecian la diferencia entre estar vivo como un humano o como ellos. Tanto es así que algunos piensan que son humanos. Además tienen creencias místicas y buscan sus dioses, no sus creadores que esos fueron los humanos y son tan imprfectos que deciden eliminarlos. Volvemos otra vez a la rebelión de las máquinas, pero eso es otra historia (y no me refiero a Terminator 3).
Mucho más amable es Wall·E. No sé si el robotito tiene un cerebro positrónico o no, pero a base de estar sólo ha desarrollado características muy humanas, personalidad propia y tremenda curiosidad. Incluso se enamora de Eva, mucho más sofisticada y aparentemente dura, pero bajo su cáscara de huevo encierra también una tremenda ternura.
Los dos robots es evidente que experimentan emociones, entre otras cosas lo vemos por su expresión. Es digno de ver como los animadores han conseguido tanta expresividad jugando solo con los “ojos”, los foquitos de Wall·E y los puntos azules de Eva. Ya quisieran algunos actores poder expresar tanta emotividad.
Bueno, el caso es que como Rodney Brooks le dijo a Eduard Punset en el programa Redes, las emociones muy pronto dejarán de ser algo exclusivo de las personas y los animales. Nuestros ordenadores no sólo podrán aprender por sí mismos, también sentirán y se emocionarán y eso les hará más semejantes a nosotros, con todas las ventajas e inconvenientes que ello supone.
A veces nuestro ordenador se ralentiza y tarda una eternidad en hacer las cosas. Algunos manejan mejor los textos que las imágenes. Frecuentemente se infectan por virus. En ocasiones se bloquean e incluso se reinician sólos. Y cuando ocurre todo eso nos desesperamos porque podemos perder las horas de trabajo que hemos gastado sin saber por qué.
Que distinto sería si la máquina pudiese expresarse y hacernos saber su estado interno, si tuviese una cara que pudiésemos interpretar.
Hasta ahora y como hemos visto, las máquinas pueden expresar su estado interno por convencionalismos matemáticos, mediante listados de autocontrol. Pero para poder interactuar facilmente el ordenador, el robot, se tendrá que expresar emocionalmente, mediante los gestos que todos conocemos y podemos interpretar, tal y como hace el prototipo Kismet, un robot que manifiesta sus emociones.
Pero esto es sólo el primer paso. Cuando los robots, las máquinas o como les queramos llamar, sean capaces de aprender por sí mismos, de tener sentimientos, de manifestar e interpretar emociones...
... ¿en qué se diferenciarán de los seres vivos?, ¿en que no podrán reproducirse?, bueno, dales tiempo, eso será lo primero que harán. ¿En que no tendrán alma?... ehhhhh... cambiemos de tema. El caso es que memoria, pensamientos y conciencia sí que tendrán y con eso ya es suficiente.
¿Te da miedo esta perspectiva?. No te preocupes, si todo esto se cumple, siempre nos queda el consuelo de que tarde o temprano necesitarán un psicólogo.
Saludos.
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sábado, 15 de noviembre de 2008
El Experimento (No es bueno que el hombre esté solo ¿o sí?)
Hasta ahora hemos hablado de muchos aspectos que influyen en la conducta humana, pero no habíamos tocado el propio hecho de relacionarse con otras personas. Somos seres sociales, necesitamos estar con los demás y aceptamos unas normas de convivencia que nos facilitan esa relación. Todos tenemos que ceder un poco en nuestras aspiraciones para no perjudicar las aspiraciones de los demás, pero este pequeño sacrificio tiene su recompensa. Abraham Maslow dijo que después de lo que facilita nuestra supervivencia y la seguridad, la afiliación, el estar con los demás, es lo que más nos motiva.Pero estar con los demás contribuye en ocasiones a modificar nuestra conducta, a veces de manera sorprendente. Para tratar de estos aspectos relacionados con la dinámica de grupos pensé primero en comentaros "El Señor de las Moscas", pero después me decidí por la no menos interesante película alemana “El Experimento”, que nos servirá también para hablar de otros estudios sobre Psicología Social.
Título original: Das experiment
Año: 2001
Duración: 120 min.
País: Alemania.
Director: Oliver Hirschbiegel
Guión: Mario Giordano (Novela "Black Box"), Christoph Darnstädt, Don Bohlinger.
Música: Alexander van Bubenheim
Fotografía: Rainer Klausmann
Reparto:
Moritz Bleibtreu: (Tarek Fahd / prisionero 77) El complejo Baader Meinhof, El destino de Nunik, El elgido, Las partículas elementales, Munich.
Christian Berkel: (Steinhoff / prisionero 38) El otro, El hundimiento.
Justus von Dohnanyi: (Berus)
Andrea Sawatzki: (Doctora Jutta Grimm) El otro, El hundimiento.
Argumento:
Un grupo de veinte hombres, se presentan voluntarios para realizar un experimento sobre la conducta. Estarán en una cárcel simulada, a ocho les asignan el papel de guardia, los otros doce harán de reclusos. Se trata de ver cómo asume cada uno su papel.
La situación, que comienza como un juego, no tarda en degenerar, utilizando los guardias una violencia desproporcionada y escapando al control de los organizadores, que ven que la situación es más interesante cuanto más se complica, pero que no aciertan a ponerle fin a tiempo y cuando lo intentan ya es tarde.
Es muy interesante ver cómo las personas se transforman según el papel que asumen y conforme evoluciona la situación, asistiendo a un duelo de poder entre Tarek, el prisionero 77 y el guardia Berus, un pusilánime al que el mando le viene grande.
Comentarios:
Quizás podríamos pensar que ésta es una de las muchas películas carcelarias de acción que existen, pero en ella es muy interesante comprobar cómo los personajes van experimentando todo un abanico emocional, desde la alegría inical hasta la ira final, pasando por asco, sorpresa, miedo, tristeza y ansiedad, todo lo cual desemboca en tremendo estrés que desencadena la agresividad.
Pero lo más sorprendente de esta historia es que está basada en hechos reales. Bueno, en realidad está basada en la novela Black Box, de Mario Giordano, que a su vez se basa en el conocido Experimento de la Cárcel de Standford.
En 1971 Philip Zimbardo, profesor de la Universidad de Standford, realizó un sorprendente experimento. Quería comprobar cómo personas normales reaccionaban de manera diferente cuando se les sometía a un entorno controlado en el que debían adoptar papeles opuestos.
De veinticuatro estudiantes voluntarios, se asignó al azar a doce de ellos como carceleros y a los otros doce como reclusos, en una prisión simulada que estaba en los sótanos de la Facultad de Psicología.
A los guardias se les dotó de un equipo completo, incluido uniforme, porra y gafas oscuras para impedir el contacto visual. Y a los prisioneros se intentó privarles de todo lo que supusiese un recuerdo con su "vida" anterior. Esta despersonalización incluía llamarse por un número, vestir solamente un camisón y chancletas, etc., exactamente igual que en la película.
El resultado, no sé si sorprendente, fue aterrador. Al poco tiempo de estar en esa situación, una población indistinguible que había sido separada al azar, se convirtió en dos poblaciones absolutamente diferenciadas en su manera de actuar, adoptando papeles autoritarios unos, que trataban con sadismo a los otros.
Hubo motines y actuaciones violentas, que hicieron que el experimento se tuviese que cancelar a los seis días, cuando tenía una duración prevista de dos semanas.
Zimbardo, psicólogo optimista, llega a una conclusión consecuente con su naturaleza: Todos tenemos una parte buena y una mala que nos sirven para reaccionar ante buenas o malas situaciones.
Muy adaptativo, pero escalofriante si pensamos que los que infringieron torturas en Abu Ghraib, Guantánamo o en los campos de exterminio nazi, por citar sólo algunos ejemplos, quizás no eran unos monstruos, sino personas como nosotros pero en una mala situación. Es decir, que lo aterrador es que probablemente cualquiera de nosotros sería un monstruo si se diesen las circunstancias adecuadas.
Mira la entrevista que Eduard Punset hizo al propio Zimbardo en el programa Redes.
El otro trabajo al que se refieren es el sorprendente experimento sobre el comportamiento de la obediencia que hizo Stanley Milgram, un psicólogo de la Universidad de Yale, en el año 1961. Se trataba de estudiar la capacidad de los sujetos para obedecer órdenes, aunque fuesen en contra de sus principios.
En un supuesto estudio sobre el aprendizaje, los sujetos experimentales se distribuían en dos papeles: alumno y profesor. El profesor debería de leer al alumno una lista de pares asociados de palabras (por ejemplo viento - fuerte, casa - hogar, o cosas así). Después de leer la lista completa el profesor iría diciendo sólo uno de los elementos del par, dando tres opciones de respuesta entre las que el alumno debería elegir al correcta. Si fallaba se le debería dar una pequeña descarga eléctrica, aunque de orden creciente, a cada fallo la descarga sería mayor, debiéndolas administrar siempre el profesor.
Os pongo unas escenas de la película francesa "I comme Icare" en las que se escenifica este esperimento con algunas de sus variaciones.
Al principio de la sesión se hace un "sorteo" para asignar aleatoriamente los papeles. Lo que no sabe el sujeto experimental es que el sorteo está amañado y que en todas las papeletas pone "MAESTRO" y que su pareja será en realidad un cómplice de los experimentadores que cuando coge su papeleta dice que le ha tocado "ALUMNO", pero que en realidad no recibirá ninguna de las descargas que administre el maestro. Sólo actuará para dar mayor realismo a la situación, emitiendo quejidos de dolor crecientes a medida que le van aumentando las descargas.
Una vez asignados los papeles se les suministra a los dos una descarga de 45 voltios, para que comprueben lo que van a sentir. Y acto seguido cada uno ocupa su puesto. El alumno sentado tras un panel conectado a sus electrodos. Y el maestro, convencido de su responsabilidad, sentado frente a la consola que gobierna las descargas, con su lista de preguntas y teniendo al lado a un experimentador. El maestro no sabe que él es en verdad el único sujeto experimental y lo que se están estudiando son sus reacciones.
Los experimentadores pensaban que la mayoría de los maestros llegaría a suministrar unos 130 voltios y allí se pararía. Sólo los muy sádicos serían capaces de llegar al máximo de 450 voltios.
En la realidad, al llegar a los 75 voltios, los maestros se ponían nerviosos ante las quejas y súplicas crecientes de los alumnos, pero cuando querían parar, el experimentador que estaba a su lado les decía de manera seria, pero sin subir el tono ni alterarse, cosas como "Es necesario que usted continúe". El proceso se repetía hasta cuatro veces. A la quinta protesta del maestro de no querer seguir, el experimento se detenía.
Bien, el caso es que ningún maestro se detuvo antes de los 300 voltios, cuando ya el alumno casi no daba señales de vida. Y el 65% de ellos llegó a administrar el máximo de 450 voltios. Obteniéndose resultados similares cuando el experimento se realizaba con hombres o con mujeres, aunque éstas referían haber alcanzado un mayor nivel de estrés.
Parece pues que en determinados entornos uno puede acceder a cumplir órdenes que van contra sus propios principios y el negarse a la injusticias no siempre es psicológicamente fácil cuando la orden llega desde una autoridad establecida, pensemos en los casos que se intentan explicar por la Obediencia Debida.
El propio Milgram comprobó esto en una variación que hizo de su experimento, realizándolo en una entidad comercial en vez de en una universidad. En este caso el investigador no parecía estar investido de la misma autoridad y la obediencia decreció a casi el 47%.
Otras variaciones que se hicieron ya las hemos visto en las escenas de "I comme Icare". Cuando hay contacto con la persona a la que se está infringiendo dolor, la obediencia disminuye. Y cuando una tercera persona interviene apoyando al maestro en sus deseos de parar el experimento, también disminuye la obediencia a la autoridad.
En resumen, la situación influye enormemente en nuestra conducta. Y respecto a un grupo, lo que hacen los demás, lo que los demás esperan de nosotros, lo que nosotros pensamos que los demás esperan y nuestra posición respecto al líder del grupo, van a ser factores esenciales para determinar nuestra conducta, con lo que el supuesto "libre albedrío" es algo que queda muy en entredicho.
Esto lo podemos extrapolar a todos los campos. A veces el contexto social puede ayudarnos a sacar lo mejor de nosotros, pero a veces también lo peor. Por eso, antes de criticar un hecho censurable de alguien deberíamos pensar qué hubiésemos hecho nosotros en su situación, aunque probablemente no podríamos conseguir esa abstracción de no experimentar nosotros mismos la situación en sí.
En fin, esto es todo por hoy. Si te interesó "El Experimento" y quieres que te avisen cuando lo emitan por televisión, pulsa este enlace.
Saludos,
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domingo, 26 de octubre de 2008
Hard Candy (Las niñas buenas van al cielo, las malas a todas partes)
Hay muchos factores que influyen en nuestra manera de ser. Es curioso que una persona apacible pueda ser un conductor agresivo, o que un tímido apocado pueda ser un jefe tirano.Para algunos Internet es su trono, aquello que le permite satisfacer deseos ocultos amparados por el más absoluto anonimato. Lo que me lleva a una reflexión: ¿infringiríamos las leyes si supiésemos que nadie iba a ser capaz de descubrirnos?. O afinando más aún: ¿seríamos fieles a los principios que pregonamos si contásemos con un anonimato asegurado?. ¿Qué piensas tú?.
Para reflexionar sobre todo esto he decidido emplear la película “Hard Candy”, un impactante thriller psicológico que profundiza en la relación de dos internatutas bastante atípicos, afortunadamente.
Año: 2005.
Jeff (Patrick Wilson) es un fotógrafo de 31 años que ha conocido en un chat a Hayley (Ellen Page), una estudiante de 14 años.

La joven le explica cómo siguió sus pasos por la red y él se da cuenta cómo de ser acosador, paso a ser acosado.
Jeff tiene en principio explicaciones para todos sus actos, pero tiene que ir confesando sus mentiras ante los irrebatibles argumentos de la perspicaz y sorprendentemente cruel Hayley.
Si no has visto la película y por lo que he contado, igual piensas que todo desemboca en una historia “gore”. Nada más lejos de la realidad. Si aparece alguna mancha de sangre es circunstancial.
Bueno, y por si de verdad no la has visto no te cuento el final, merece la pena que lo veas tu mism@.
Jeff pasa de estar henchido de orgullo a experimentar una impactante sorpresa, a la que le sigue un interesante abanico emocional, ira, miedo, tristeza y desesperación. Ya sabéis que las emociones son adaptativas, pero él poco puede hacer, está atado, y cuando hace algo se equivoca. Hayley tiene el control en todo momento.
Ella ha pasado de actuar de manera ingenua, aunque con cierto desenfado, a ser la que maneja los hilos de la trama con espeluznante frialdad. A esta sensación de seguridad que desprende el personaje, quizás contribuya el hecho de que Ellen Page en realidad tenía diecinueve años cuando se rodó la película.
Como hemos visto, Internet constituye un nuevo marco de relaciones sociales, sentimentales, laborales, académicas, lúdicas...
Lo que voy a comentar seguidamente es este último aspecto, el lúdico, en el que buscamos relacionarnos por el mero hecho de conocer gente o pasar el rato.
Cuando interactuamos con otras personas normalmente tenemos en cuenta ciertas reglas de convivencia. Tratamos a la gente como esperamos que nos traten a nosotros y este respeto mutuo es fundamental para la relación.

Por otra parte, cuando nos relacionamos con las personas siempre estamos presentando una imagen de nosotros mismos, la imagen por la que queremos que los demás nos reconozcan.
Pero en Internet hay un importante factor desestabilizador, el anonimato. Si no queremos, nadie tiene por qué saber quienes somos en realidad. Y además hay una falta notable de censura y control, que es algo que contribuye a hacer muy atractivo al medio. Pero… ¿esto que implica?, pues que si alteramos esas reglas de convivencia no pasa nada, que podemos hacer prácticamente lo que se nos ocurra y que podemos dar la imagen que queramos de nosotros mismos. Acordaros del trono de Les Luthiers. Internet es el trono.
Como psicólogo todo esto me interesó mucho y en 2002 inicié un estudio sobre el tema. Entre cuestionarios y entrevistas “on line” obtuve datos de más de 100 personas, que me suministraron la información de manera anónima y desinteresada.
Mi propósito era publicar mis investigaciones, cosa que aún no he hecho, pero os comento algunas cosas que, por otra parte, sé que no son demasiado originales. Cualquiera que se conecte a un chat de Internet puede comprobarlo.
¿De qué maneras se relaciona la gente en Internet?. Pues fundamentalmente utilizando los siguientes sistemas:
- Mensajería instantánea.
- Chat en sala (hablado, escrito o ambos, con o sin webcam).
- Videoconferencia, comunicación en privado, bis a bis.
Como ya hemos dicho, el anonimato es una característica esencial del tipo de comunicaciones que estamos analizando. Pero ¿en qué afecta el anonimato a estas relaciones?. Pues, junto con la intimidad que normalmente acompaña a este tipo de actividades, hace que la persona sea más desinhibida. Ello puede hacer que:
- La persona se sienta más propensa a abrirse a los desconocidos con los que pueda coincidir, contando cosas que a veces no sabe ni la propia familia.
- En ocasiones la persona no actúa como es, sino como le gustaría ser. Es por ejemplo el caso de los tímidos que en la red son mucho más lanzados.
- En otras ocasiones ocurre a la inversa, en la realidad se oculta la verdadera manera de ser, pero en la red no hace falta esconderse, así que allí es el único sitio en el que la persona se muestra como de verdad es.
Por estas razones muchas veces se dice que a veces es más fácil conocer por Internet cómo es una persona auténticamente. Pero hay que tener mucho cuidado con eso, porque muchas veces ocurre todo lo contrario.
Lo cierto es que todo esto origina una especie de complicidad entre los interlocutores que hace que este tipo de relaciones sean muy intensas, lo que ocasiona una fascinación que mucha gente sea entusiasta de ellas.
Y todo esto, respecto a una faceta tan importante de nuestra conducta como es el sexo, tiene interesantes consecuencias. Sabemos que un gran volumen del tráfico en Internet tiene un origen sexual, pero no voy a hablar de las visitas a páginas eróticas. Quiero referirme al cibersexo, a las relaciones sexuales mantenidas por la red.
En mis entrevistas sobre la conducta virtual les preguntaba a los sujetos si habían hecho por Internet algo que no hubiesen hecho en la realidad. Muchos afirmaron haberse exhibido desnudos y masturbado ante desconocidos, lo que les había resultado una experiencia muy excitante. El anonimato, la intimidad y una webcam son una mezcla explosiva. En todo caso constituyen una curiosa manera de satisfacer las necesidades sexuales sin arriesgar demasiado. Con tal de no mostrar la cara todo vale.
Otros comentaban que en la red pueden expresar tendencias sexuales que no muestran en la realidad cotidiana. Por ejemplo, un hombre que me dijo que tenía 46 años, que estaba casado, con hijos y vivía en un pueblo pequeño en el que era muy conocido, me contó además que también le atraían los hombres, pero en su entorno nadie lo sabía, sólo se atrevía a expresar su faceta homosexual en Internet.
Algunos menos afirmaban que les excitaba tener relaciones sexuales con su pareja, delante de la cámara sabiendo que eran vistos por otras personas.
Bueno, el caso es que si uno se mete en un servidor de chat y echa un vistazo a los directorios, verá que la mayoría de la oferta y las salas más pobladas están en la sección de adultos y concretamente en las dedicadas al sexo.
En el año 2004 hicimos en el Centro Asociado de la UNED en Baleares un curso que se llamaba “Drogas y Salud”, en el que presenté una ponencia sobre los mecanismos de la adicción. Se llamaba “Del tabaco a Internet. Aspectos psicológicos de las adicciones”.
Allí les puse unas imágenes para ilustrar lo que os digo. Me metí en el servidor de chat de Yahoo, que por esa época era ya bastante popular. Entre las zonas de usuarios más pobladas que encontré estaba “Internet y computadoras” que tenía dos salas abiertas con una persona en cada una. Es decir que no podían ni hablar entre sí.


Y al entrar en la primera sala te encuentras al personal alborotado. Una chica tiene su cámara conectada, deja que todos la vean mientras baila insinuándose. No enseña nada, lo que aún les excita más.



Sinceramente no sé cómo acabó la cosa, pero probablemente para la chica fuese una experiencia tan excitante como para sus admiradores, los cuales seguramente se escandalizarían si alguien les preguntase sobre su conducta voyeur.



El caso es que esto es como el juego, vas probando, probando y si tienes suerte algo pillas, lo que te sirve de recompensa. Es un proceso aleatorio en el que aprendes que si persistes, tarde o temprano llega el premio, con lo que puedes llegar a engancharte cada vez por más tiempo.
En fin, estos son sólo algunos ejemplos, pero nos sirven para entender el mecanismo que rige las relaciones por Internet y por qué muchas personas se hacen adictas a esta actividad, sea sexual o meramente social.
Teniendo en cuenta lo que hemos visto hasta ahora, podemos entender por qué la gente se puede hacer adicta al cibersexo, pero también puede haber una adicción a las relaciones por Internet, principalmente al chat.
Nos encontramos en una situación apropiada, anónima e íntima, que favorece una revelación mutua, haciendo que la imaginación complete la falta de información que tenemos sobre la otra persona y la complete normalmente de manera beneficiosa para el interlocutor. Le imaginamos como nos gustaría que fuese. En muchos aspectos le idealizamos. Esto hace que a veces se den casos de auténtico “amor platónico” que sólo dura hasta que se produce el encuentro “real”, del que ya hablaremos.
Si la experiencia persiste se crea un lazo afectivo que desemboca en una necesidad mutua.
¿Estos lazos afectivos implican infidelidad a nuestra pareja “real”?. Volviendo a mi estudio, bastantes de mis entrevistados casados, afirmaban no tener la sensación de haber sido infieles a sus parejas por haber mantenido relaciones fuertemente afectivas, e incluso sexuales, con otras personas sólo por Internet.
La mayoría hablan de “mundos diferentes”, de estar simplemente realizando una fantasía en la que no se transgreden las normas. Aunque en muchas ocasiones, esa fantasía puede hacerse realidad si se concreta un encuentro. Entonces ¿qué pasa?. Pues que la fantasía virtual se puede convertir en adulterio real.
De todas maneras y como ya había comentado, el encuentro “cara a cara” es toda una prueba de fuego. Cotejar la “magia” virtual con la “realidad” personal suele ser bastante complicado. Implica una confirmación del tipo de relación o una tremenda desilusión. El contacto físico es bastante complicado en estas ocasiones, hay falta de costumbre y muchas falsas expectativas creadas. Además es difícil traducir las emociones virtuales a reales.
Este aspecto también me interesó bastante. Inspirado en las experiencias que me contaron escribí un pequeño cuento sobre el tema, se titula Djan.
Para terminar os voy a poner el típico TEST DE ADICCIÓN A INTERNET. Lo podéis encontrar en muchas versiones, pero normalmente es así:
1) ¿Dedica más tiempo del que cree que debería a navegar por la red?
2) ¿Piensa que tendría un problema si redujera el tiempo que pasa en Internet?
3) Se han quejado sus familiares de las horas que dedica al ordenador?
4) ¿Le resulta duro permanecer alejado de la red varios días seguidos?
5) ¿Se resienten sus relaciones al pasar muchas horas conectado al ordenador?
6) ¿Existen áreas o archivos de la red a los que se encuentra difícil resistirse?
7) ¿Tiene problemas para controlar el impulso a adquirir productos y servicios ofertados en la red?
8) ¿Ha intentado, sin éxito, reducir su uso?
9) ¿Extrae gran parte de su placer vital del hecho de estar conectado a la red?
Cada pregunta se contesta con un Sí o un NO y al final se contabilizan las respuestas afirmativas.
Resultados del test
Entre 0 y 3, es un usuario sin problemas
Entre 4 y 6, es un usuario de riesgo
Entre 7 y 9, es un usuario con problemas de adicción
En estos usuarios con problemas, la convivencia “real” normal, incluso la familiar puede verse afectada.
Si tienes tiempo te recomiendo que leas un interesante cuento sobre estos aspectos. Se titula “Ruth” y tranquilo, esta vez no es mío.
Y por último una frasecita que se me ocurrió en su día meditando sobre el tema de las relaciones virtuales y que sirve para refundir la película que hemos visto con todas las reflexiones posteriores que hemos hecho:
“En Internet no creas nada de lo que leas y sólo la mitad de lo que veas”.
Bien, esto es todo por hoy. Cuando publique mi estudio ya os contaré más cosas. Mientras tanto, si quieres que te avisen cuando emitan Hard Candy por televisión, pulsa en este enlace.
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martes, 2 de septiembre de 2008
CRASH (2004) y un cine fórum virtual
Como ya había comentado en mi presentación, el cine a veces tiene la virtud de hacernos vivir situaciones que pueden estar lejos de nuestra vida cotidiana. Ello nos hace plantearnos de una manera consciente sucesos que pueden estar alejados de nuestra experiencia, tanto en espacio como en tiempo.
Todos sabemos que ésta es una de las características que se puede aprovechar al organizar un cine fórum, para “meternos” en estos sucesos y luego tener la oportunidad de meditar y discutir sobre ellos de una manera práctica.
Desde el punto de vista docente, siempre pensé que este tipo de actividades sería muy útil para cualquier asignatura, principalmente las de mi campo, la Psicología, ya que se prestan mucho a la discusión de temas de actualidad. Con lo que además de aprender, podemos comprender qué es lo que ocurre a nuestro alrededor.
Desde el curso 2004 – 2005 venimos organizando en el Centro Asociado de la UNED en Baleares actividades de cine forum, iniciativa muy bien acogida por los alumnos, pero con algunas dificultades logísticas en un centro que tiene el alumnado repartido en tres islas y este tipo de actividades hay que realizarlo por videoconferencia entre las sedes de Mallorca, Menorca e Ibiza.
Para paliar estos inconvenientes es para lo que se ha diseñado esta actividad en “modalidad virtual” que fundamentalmente consiste en proponer una película que los alumnos ven cuando tienen oportunidad y luego los comentarios se hacen en el foro que tienen en internet, sin límite de tiempo. Este sistema proporciona una flexibilidad ideal, pues la actividad puede realizarse auténticamente a distancia y no sólo por los alumnos que acuden al centro o a la tutoría.
Pues eso es lo que os propongo, realizar aquí un cine fórum virtual trabajando sobre esta película:

Estoy seguro que casi todos habréis visto Crash (2004), película que enmarcamos dentro del campo de la Psicología Social y que nos puede servir fundamentalmente para reflexionar sobre los conceptos de IDENTIDAD, PREJUICIO, ESTEREOTIPO y RACISMO, discutiendo sobre ellos y viendo su significación en un entorno ficticio y forzado, pero que es una manera de emular la realidad en tan poco tiempo.
Y aunque ya la conocéis, no me resisto a decir que es una excelente película, dirigida por Paul Haggis, sobre una historia y guión propios, que obtuvo tres oscars. Está protagonizada por Sandra Bullock, Don Cheadle, Matt Dillon, Jennifer Esposito y Brendan Fraser entre muchos otros.
El film está rodado en secuencias cortas y aparentemente independientes, que se van entrelazando poco a poco mostrándonos una historia única en la que los distintos personajes contribuyen a la construcción de un drama de gran contenido humano.
Pues bien, si os parece empecemos por ver la película, si alguien no la tiene, en la barra lateral hay sitios en los que se puede encontrar información... y más cosas.
También podéis echarle un vistazo a este material...
- Información sobre el film según la página oficial y la ficha técnica de la película.
... y reflexionar sobre este cuestionario.
¿Has visto algún ejemplo de...?
-Identidad (de cualquier tipo).
-Estereotipo.
-Utilización política de la problemática social.
-Prejuicio.
-Proyección en otras personas de los propios prejuicios y consecuencias que ello conlleva.
-Profecías que se autocumplen.
-Actitudes racistas.
-Conductas racistas.
-Importancia de la comunicación no verbal.
-Estigma.
-Xenofobia.
-Islamofobia.
-Discriminación, positiva o negativa.
-Identidad desviada.
-Identidad social negativa.
Y más puntos de reflexión...
- Los personajes ¿actúan libremente o están condicionados por sus propios prejuicios?. ¿Por qué lo piensas?.
- Las personas que hemos visto con actitudes y/o conductas racistas ¿son intrínsecamente malas?.
- ¿Qué razones hay detrás de esa manera de actuar?.
- Admitiendo como real el marco social de la ciudad de Los Ángeles que se nos presenta ¿qué medidas se podrían tomar para mejorar la convivencia de los distintos colectivos?.
- ¿Alguna de las medidas tomadas sería satisfactoria para todos?, ¿estarían todos dispuestos a sacrificarse para mejorar la situación de los demás?.
- Los acontecimientos que vemos en la película ¿serían extrapolables a nuestra comunidad o nuestra ciudad?.
- Los ejemplos de prejuicios que vemos ¿son propios de un grupo o los podría tener cualquiera?. Piensa en un ejemplo concreto en el que la respuesta fuese afirmativa y otro en el que fuese negativa.
- En la ficha de la película podemos leer: "Crash sigue la pista del encuentro fugaz entre un grupo de personajes de diferentes razas... “ ¿Crees que el término “razas” está bien empleado?.
- Si tuvieses que cambiar el título del film ¿cuál elegirías para sustituir a Crash?.
- Desde la óptica de la asignatura ¿qué otras preguntas plantearías tú sobre la película y qué otros conceptos no planteados añadirías?.
- ¿Se te ocurre alguna otra película adecuada para ilustrar estos temas?. ¿Cuál?. ¿Por qué?.
Y hasta aquí mi tarea, ahora empieza la vuestra. ¿Alguna idea sobre lo que he propuesto?, ¿algún punto que se me haya pasado?...
No os digo más pero dejo la línea abierta para que podáis vosotros exponer vuestras propias ideas.
Si quieres que te avisen cuando emitan Crash por televisión, pulsa este enlace.
Saludos y... ¡ánimo!
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viernes, 22 de agosto de 2008
2001 Una Odisea en el Espacio
1) Es una película soberbia.
2) No hay quien la entienda.
Lo primero es obvio y de lo segundo hay tanto que decir que faltaría espacio y tiempo. Si te interesa el tema te recomiendo que simplemente leas la novela “2001 Una Odisea Espacial”, Clarke la escribió simultáneamente al rodaje de la película y del tándem Kubrick-Clarke surgieron las que a mi juicio son la mejor película y la mejor novela de ciencia ficción, que a diferencia del film es totalmente clara y diáfana.
No suelo destripar totalmente los argumentos de las películas, pero como sobre ésta hay tantas interpretaciones y tanta confusión, voy a resumir bevemente lo que saqué en claro después de ver la película y leer la novela:
Unos extraterrestres llegan a la tierra cuando en nuestro planeta la especie más inteligente aún son unos primates con pocas perspectivas de futuro, más bien parecen condenados a la extinción.
Dichos extraterrestres deciden realizar un experimento, dar un empujón a la inteligencia de esos primitivos monos y ver cuánto tardan en convertirse en una especie tecnológicamente avanzada.
Para lo primero colocan un monolito cerca de una de las tribus. Este ingenio capta su atención y mediante diversos procedimientos impulsa el potencial intelectual de esos primates, que enseguida se convierten en dominantes y se hacen con los recursos necesarios, asegurando su supervivencia.
Para lo segundo colocan otro monolito enterrado en la luna. Dicho ingenio genera un campo magnético detectable y es sensible a la luz. Es un señuelo. Cuando los primates se convierten en hombres y son capaces de llegar a la Luna, detectan el extraño campo magnético y desentierran el monolito. La primera vez que le da la luz del Sol, el monolito emite una señal que indica a los creadores del experimento que la primera fase ha terminado. Ya se sabe cuánto han tardado aquellos primates en alcanzar una civilización tecnológicamente desarrollada.
La señal emitida desde la Luna va dirigida hacia Júpiter en la película y hacia Japeto en la novela. No parece que los creadores de semejante experimento sean originarios de cualquiera de esos puntos, pero en todo caso merece la pena investigarlo. Se monta una expedición con cinco astronautas en una original nave controlada por un ordenador que acabaría volviéndose loco (si sigues leyendo sabrás por qué) y matando a casi toda la tripulación.
El único superviviente, Dave Bowman, llega al final del viaje y se encuentra con otro monolito, en realidad un repetidor de señales y puerta de un agujero de gusano galáctico, que lo lleva a la fase final del experimento, un entorno que pretende ser familiar, pero en el que Bowman comprende en todas sus dimensiones las consecuencias del experimento.
Su mente madura y entiende que quienes hace más de dos o tres millones de años tenían la capacidad tecnológica de montar semejante experimento, siguieron evolucionando hasta alcanzar la inmortalidad, prescindir de su propio cuerpo y convertirse en pura energía.
Cuando Dave Bowman ha sido capaz de asumir todo eso le convierten en uno de ellos, “el hijo de las estrellas” representado por el feto al final de la película.
Y ya está, ese es el argumento. Si me preguntas por qué en la película no aparece nada de eso, te diré que no lo sé. Creo que Kubrick pretendió básicamente provocar sensaciones basadas en las imágenes y que para él el argumento no era lo más importante, o por lo menos lo dejaba a una interpretación abierta.
Afortunadamente tenemos la novela de Clarke para dar sentido a lo que vemos, o al revés, afortunadamente tenemos la película de Kubrick para poner imágenes a la historia de Clarke.
Reconozco que la interpretación que para mí es obvia no es aceptada por todo el mundo (allá ellos). Recientemente di con una página que está muy bien conseguida: “Kubrick 2001, La odisea del espacio explicada”. Te aconsejo que le eches un vistazo, aunque la explicación que dan no coincide con lo que yo entendí. A mí me gusta más la mía. Mira tú la página y comprueba si coincide con la tuya, luego si quieres vuelves a ver la película o a leer la novela… siempre se pueden sacar cosas nuevas.

Está bien, no me olvido que de lo que tenemos que hablar es de psicología y cine, pues desde este punto de vista podríamos centrarnos en varios aspectos, el cambio de conducta que sufren los primates tras la aparición del monolito, la sensación de aislamiento de Bowman y Pole en la nave espacial, las reacciones de Bowman durante su viaje final…
Pero de lo que voy a hablar es del ordenador HAL 9000 y sus problemas mentales. Es un clásico de la ciencia ficción la idea del robot que quiere ser persona.
Con los futuros avances en inteligencia artificial podrán sentir y pensar, pero lo que no está tan claro es que puedan experimentar emociones como los humanos. Este tema de las emociones es de lo que se han servido los escritores para diferenciar a los robots “casi-humanos” de las personas, pensemos en el test para detectar a los replicantes de “Blade Runner” o en la ausencia del sentido del humor de Data de “Star Trek”.Pero además, si en el robot u ordenador “casi-humano” surge algún problema ¿qué pasará?, ¿se bloqueará? como nuestro Windows, ¿hará cosas raras? que curioso, también como nuestro Windows, ¿o qué?.
HAL 9000 se vuelve “loco” pero no se cuelga sino que empieza a hacer cosas raras, muy raras, pero ¿por qué?. Pues por un defecto en las instrucciones recibidas. HAL es victima de un error humano.
En la nave Discovery viajan cinco personas, tres en estado de hibernación que conocen todos los detalles de la misión y los dos astronautas que se dedican a la supervisión de los sistemas pero que no conocen la naturaleza ni la importancia real de la misión. HAL conoce todos los detalles, pero no se los puede revelar a Bowman y a Pole. En su programación hay instrucciones claras para facilitar todos los datos precisos a los humanos para el desarrollo de la misión y su bienestar, sin embargo a ellos no les puede decir toda la verdad, es como si les estuviese engañando. Esto le genera un conflicto que implica una serie de trastornos psicológicos que le lleva a una espiral de mentiras. La gota que colma el vaso es la supuesta avería del sistema de comunicaciones que en realidad funcionaba perfectamente.
Todo ello hace que los astronautas no se fíen de HAL y decidan desconectarlo. Al enterarse de estos planes y teniendo el convencimiento de que la misión, su objetivo principal, no se puede realizar sin él, decide eliminar a los humanos haciéndolo tal y como todos ya sabemos.
Con lo que no cuenta HAL es con la genialidad de Bowman, para entrar en la nave sin casco. En realidad eso no lo habría podido hacer y es uno de los poquísimos fallos técnicos que tiene la historia, e implica que los humanos ganaron haciendo trampas.
Así que el súper ordenador se volvió neurótico por un fallo en su programación, le pidieron que mintiese como si pudiese hacerlo con la misma facilidad que los humanos, cosa que evidentemente no pudo hacer.
2001 A Space Odyssey - Hal 9000 part 2
Cargado por non-humain
Es curioso sin embargo como sí tiene otras características humanas. Cuando le está desconectando Bowman vemos como van disminuyendo sus habilidades intelectuales y en un momento confiesa tener miedo por lo que le va a pasar. Volvemos al tema de las emociones en la inteligencia artificial.
Espero que todo esto te sirva para reflexionar. Si el tema te interesa y esto te sabe a poco, puedes leer también el comentario sobre 2010.
Si quieres que te avisen cuando pongan 2001 por televisión, pulsa este enlace.
Saludos,
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