AVISO IMPORTANTE

AVISO: Las informaciones contenidas en este blog pueden desentrañar importantes aspectos del argumento, incluso del final de la película en cuestión.
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martes, 25 de enero de 2011

World Builder - El constructor de mundos

Recientemente estábamos discutiendo en otro de mis blogs sobre los mundos virtuales y la visión que en el cine se ha dado de ellos. Si me permitís, os recomiendo que le echéis un vistazo al tema pulsando este enlace. Creo que os será interesante pues los entornos virtuales permiten desarrollos psicológicos interesantes, así que en el fondo todo está relacionado.

El caso es que Cheque Falta, un personaje virtual que por cierto a mí me conoce como Rheim Runner, mi alter ego digital, me sugirió que viese un corto. Se llama “World Builder” (El constructor de mundos), es del año 2007 y su guión y dirección corren a cargo de Bruce Branit, quien se ha encargado de los efectos visuales de algunas películas como “El motorista fantasma” (The Ghost Rider) o algunos episodios de la serie “Perdidos” (Lost). Está interpretado por Brian Paulette (el constructor) y Erin McGrane (la mujer).

Ellos son los encargados de hacernos vivir en poco más de nueve minutos una emotiva historia de amor.

Quien conozca el mundo virtual de Second Life y haya intentado construir algo en él seguro que envidia la técnica y la facilidad con las que “el constructor” se desenvuelve en esta película, pero al mismo tiempo sé que estas escenas les serán terriblemente familiares. Eso fue lo primero que me llamó la atención de esta historia, pero evidentemente no es de eso de lo que quiero hablar aquí. Es de otra cosa pero ahora, antes de seguir leyendo, te invito a que veas la película.


Bueno, ya sé que a estas alturas has visto mucho cine y que la pulsera y el camisón de la chica te hacían temer lo peor, pero de todas maneras no quería estropear la "sorpresa" final.

No soy dado a las historias melifluas, pero esta me ha emocionado. Más que nada porque apunta a una posibilidad que ya comentaba en el artículo que te mencioné antes sobre los mundos virtuales en el cine. Si entonces decía que estos “metaversos” podrían ser un arma, o por lo menos un consuelo terapéutico, para determinados pacientes, ahora estoy mucho más convencido de ello.

La tecnología que se emplea puede parecer de ciencia ficción, pero la verdad es que está ya a la vuelta de la esquina y para sacarle partido sólo se necesita un poco de imaginación y quizás también de valor. Estamos abriendo un nuevo camino, la Psicología Virtual está llamando a nuestra puerta ¿seremos capaces de abrir?.

Saludos,




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martes, 14 de diciembre de 2010

Up in the air - Psicología del trabajo en tiempos de crisis

El otro día una amiga me preguntó por “Up in the air”. Hacía como un año que la había visto y la verdad es que no me llamó demasiado la atención.

Lo que más recordaba es la aparente seguridad del protagonista y cómo la pierde cuando su trabajo, lo único que en realidad tiene, está a punto de cambiar.

El caso es que su consulta me picó la curiosidad, la acabo de volver a ver y mira… creo que esta vez le he sacado más jugo.

Dirigida por Jason Reitman, el argumento de la película se centra en el trabajo de Ryan Bingham, interpretado por George Clooney. Se trata de un personaje que, como ya he dicho, llama la atención por su seguridad y su meticulosidad. Su trabajo le hace viajar muchísimo. Va constantemente de acá para allá y prácticamente vive en los aviones, las salas VIP de los aeropuertos y los buenos hoteles en los que pernocta ocasionalmente en las ciudades en las que va a despedir gente, su trabajo.

Bueno, en realidad todo eso constituye su vida. Y su seguridad se la dan los conocimientos que tiene para manejarla, desde los trucos para elegir la cola adecuada para facturar en los aeropuertos, hasta la manera que tiene para elegir el mensaje adecuado que le da a la gente que despide.

Ryan se nos presenta como un hombre libre, sin ataduras, que realiza su trabajo con eficiencia y disfruta tanto viviendo en hoteles y aeropuertos, que el auténtico suplicio es volver a su casa.




La verdad es que viajar en primera y poder esperar tu vuelo en la sala VIP es bastante agradable, vamos, sin comparación a cuando lo haces en turista como un simple “peregrino”. Pero así y todo la vida de Ryan es absolutamente vacía y su máxima aspiración es simplemente viajar diez millones de kilómetros para conseguir una tarjeta de privilegiada en una compañía aérea.

Alex (Vera Farmiga), una mujer que viaja tanto como él, su alma gemela con la que inevitablemente entabla una relación sentimental, es la que le sacará de su paraíso itinerante y le obligará a poner los pies en la tierra. Ryan descubre que Alex sí, viaja tanto como él, disfruta de los hoteles y restaurantes que conoce, colecciona tarjetas de usuario privilegiado como él, pero a diferencia de él, ella tiene una casa a la que regresar y una familia que la espera.




Alex tiene una vida real cuya intimidad preserva celosamente y Ryan es sólo un "paréntesis" en ella, una relación que está a nivel distinto del real, sexo sin compromiso, sin problemas, una persona agradable con la que compartir las escalas de su viaje y nada más. Pero para Ryan la cosa es bien distinta, puesto que su vida es el viaje, pero se acaba de dar cuenta que no tiene ningún sitio a dónde ir.

Dirás que no tiene nada que ver, pero la escena en la que todo esto pasa me recordó muchísimo a diversas conversaciones que he mantenido sobre las relaciones personales en internet. En los chats y en los mundos virtuales, uno se mete en una realidad distinta a la suya cotidiana, su personalidad es diferente y su anonimato está garantizado. Uno se tiende a comportar como no lo hace realmente y las relaciones personales-sentimentales se establecen sin las ataduras e inhibiciones de la “vida normal”. Una de las cosas que más me llamó la atención cuando estudié este tema es que la inmensa mayoría de la gente que llegaba a tener “ciberamantes” no tenía sensación de infidelidad respecto a su pareja “real”. Eran relaciones distintas en mundos distintos y todo va bien mientras los dos conozcan y respeten las reglas.

Ryan y Alex no se mueven en un mundo virtual como pueda ser Second Life, pero cuando llegan a un aeropuerto el avión les transporta a una realidad en un plano diferente. Una cosa es lo que ocurra en el viaje y otra muy distinta lo que pasa en su casa. Toda va bien si los dos juegan a lo mismo. El problema de Ryan es que no sabe que Alex está “jugando”.




Entevista con Vera Farmiga



Y hablando de relaciones virtuales, el sistema que intenta implantar Natalie (Anna Kendrick) para despedir a la gente por videoconferencia también tiene unas connotaciones psicológicas importantes. Cuando interaccionamos sin tener delante físicamente a nuestro interlocutor actuamos de manera distinta a cuando estamos literalmente con él. Solemos tener bastante menos en cuenta los convencionalismos sociales. Podría decirse que somos más lanzados e incluso menos educados. Es lógico. Piensa que estás cómodamente en tu casa, en la intimidad de tu habitación, en un entorno que dominas y solo, delante de la pantalla de tu ordenador. En ese momento, alguien con el que estás hablando te dice o escribe algo que consideras inconveniente. Si estuvieses sentado al lado suyo en la misma habitación, probablemente tu educación convencional te llevaría a mostrarte en desacuerdo pero evitando el conflicto: “mira, pienso que eso no es así”. En cambio, estando en la seguridad de tu casa y a kilómetros de la otra persona la probabilidad de contestar: “no digas estupideces” es muchísimo mayor y a partir de ahí ya comienzan las “hostialidades”.




Entrevista con Anna Kendrick



Este, entre otros factores, hace que las relaciones virtuales sean mucho más intensas para lo bueno y para lo malo. Si queremos implementar laboralmente un sistema por internet, ya sea de teletrabajo o para despedir a la gente por videoconferencia, como nos cuentan en la película, tendremos que tener en cuenta el aspecto psicológico distintivo que implican las relaciones virtuales. Mi regla de oro para estos casos es bien sencilla: “no decir o escribir nada que no le diríamos cara a cara a la otra persona”. Parece una tontería, pero ni te imagimas la de problemas que se evitarían si todo el mundo hiciese caso de ello.

Respecto a los aspectos que te interesan, es evidente que el protagonista tiene grandes conocimientos de psicología aplicada, pues la usa constantemente, aunque no se hable de ello en la película. Lo vemos en su dominio del entorno en el que se mueve, los aeropuertos y en su comportamiento en el desempeño de su trabajo.

Precisamente la Psicología del Trabajo se ocupa de estudiar el entorno en el que interrelaccionan el trabajador y la empresa. Sus intereses son temas tales como la ergonomía o la selección de personal y todo con una finalidad fundamentalmente económica. Cuanto más adecuada sea la persona para su puesto y cuanto más cómoda esté en éste, tanto mejor será su productividad, aunque a veces nos intenten "vender" el aspecto contrario, el del bienestar de los trabajadores.

Basándose precisamente en ese aspecto y en estos tiempos de crisis, la empresa de Ryan está en auge. Hay montones de gente a la que despedir y él lo sabe hacer con dignidad, intentando dar esperanzas a la persona que de repente se ve en la calle. El sistema no es nuevo y se trata de decir al trabajador “tengo que prescindir de ti pero te voy a ayudar a conseguir otro empleo, incluso mejor que este”.



La actividad laboral es quizás el principal elemento organizador de la vida de la persona. Perderlo no significa sólo quedarte sin ingresos, significa quedarte sin saber qué hacer después de tener tu vida organizada durante años. Esta nueva situación puede ser altamente destructiva para la persona y es lo que en muchas ocasiones pasa en la jubilación.

Ryan les ayuda a superar esa situación, ese “limbo” según sus propias palabras. Con aparente frialdad y sin ningún atisbo de compasión, su estudiada actitud pretende indicar que el cambio no tiene por qué implicar una situación desesperada y que no es necesario dramatizar, sino planificar el futuro.

Pero por muy bien que haga Ryan su trabajo, eso no significa que las noticias que lleva sean bien recibidas por los afectados y hay que destacar aquí las apariciones de los "despedidos" en la película. Son breves pero intensas. Cada frase que dicen es un problema de la vida real y creo que todos nos hemos sentido identificados con ellos pensando en nuestras propias reacciones si nos pasara algo semejante.




Entrevista con Jason Reitman



Y también Ryan es un gran conferenciante, aunque el mensaje que transmite es bastante deprimente. Con su simbólica mochila nos hace ver que todas nuestras “posesiones”, todas nuestras relaciones y compromisos pesan, nos atan y en el fondo nos impiden movernos. Como cualquier excursionista sabe, iríamos mucho más deprisa, nos cansaríamos menos y seríamos mucho más libres si vaciásemos esa mochila. Bien, es cierto y tiene su lógica, pero a veces necesitas llevar cosas en la mochila, aunque pesen, para poder sobrevivir. Sólo al final se da cuenta Ryan de que su mensaje es equivocado y que precisamente esas cargas de la mochila son lo que hace felices a las personas.

Así, la vida de Ryan da un vuelco importante. Consigue conservar su trabajo tal y como él quería, pero sus viajes ya no serán su objetivo de vida y además, trabajo por trabajo y por muy bien que lo haga, él, más que la gente que despide, es el que tiene uno desagradable y desagradecido, aunque tarde toda la película en darse cuenta de ello.

Saludos,



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miércoles, 3 de febrero de 2010

Ben X

Ben X me llamó la atención porque pensé que podía servir para ilustrar el tema de la adicción a Internet, más concretamente a la realidad virtual de los juegos online. De hecho la comentamos en una reunión que realizamos en nuestra sede de Second Life los miembros del grupo Psicología Virtual, ya que muestra claramente la transformación que sufrimos cuando nos conectamos a Internet y cambiamos nuestra personalidad real por la virtual.

La película es una producción de Bélgica y Holanda, siendo el primer largometraje del director Nic Baltazhar, que también es el autor de la historia, una novela para adolescentes basada en hechos reales, los que llevaron al suicidio a un joven autista atormentado por el acoso de sus “compañeros”. La novela fue adaptada para el teatro por el propio Baltazhar, que después la dirigiría en el cine. Y también se habla de la posibilidad de que se haga un “remake” en Estados Unidos.


La verdad es que todo esto lo desconocía la primera vez que vi la película. Está claro que la historia del protagonista es muy apropiada para estudiar los aspectos de la adicción a los videojuegos, pero evidentemente sus aspectos psicológicos pueden dar mucho más de sí.

Ya sabéis que me interesa mucho el tema de la conducta virtual y la proyección que en ocasiones se hace de la personalidad real en la personalidad virtual que hemos adoptado y viceversa.

Sin tener ningún tipo de trastorno psicológico, hay mucha gente que se siente muy identificada con su personalidad virtual, considerándola incluso más real que la suya propia, la física. Personas que se sienten más desinhibidas en los entornos virtuales, en los que se atreven a mostrarse como de verdad son sin vergüenza al "qué dirán" o en los que se atreven a mostrarse no como son, sino como les gustaría ser, que en el fondo es lo mismo. Esta situación puede ser muy satisfactoria para el individuo, que por unos momentos se siente liberado de las ataduras y corsés del mundo real. Argumento este que ya de por sí justifica en muchas ocasiones la aparición de la adicción.

De todo eso ya hemos hablado en muchas ocasiones y es evidentemente lo que le pasa a Ben (Greg Timmermans), el protagonista de la historia. Un chico con muchas dificultades para relacionarse y que no entiende por qué los demás son tan complicados.

Es incapaz de conectar con la gente, incluyendo a sus propios familiares que no le entienden, aunque lo verdaderamente problemático son sus compañeros, que le tienen como objeto de burlas y crueles bromas, que filman y luego cuelgan en Internet.

La atormentada existencia de Ben nos sobrecoge, fundamentalmente porque sabemos que estos casos de acoso escolar (bullying) son muy frecuentes y reales, hasta en el hecho de colgar después los vídeos en la red, para mayor escarnio y humillación de la víctima.

Pero el chico tiene un entorno en el que es feliz, en el que puede demostrar sus habilidades y en el que es admirado por todos, incluso por alguno de los que le hostigan en el colegio sin saber que se trata de la misma persona.

Ese entorno es ArchLord, un juego online al que se conecta todos los días a la misma hora, durante el mismo tiempo y en el que ha sido capaz de alcanzar un nivel 80, muy alto, siendo en ese entorno un héroe al que respetan por su pericia. Entre sus admiradores se encuentra Scarlite (Laura Verlinden), sanadora en el juego, amiga suya en realidad, aunque no se conocen en persona.



Las líneas que ahora siguen son un esbozo de los trastornos psicológicos de Ben. Para ello no tengo más remedio que comentar algunas escenas y desvelar parte del argumento, incluida la sorpresa final. Si no has visto la película, no sigas, es mejor que cada uno saque sus propias conclusiones. De lo contrario sigue leyendo y ya me dirás si estás de acuerdo conmigo.

Ben no es tonto, sabemos que tiene muchas habilidades que demuestra diariamente en el juego, pero tiene muchos problemas con las personas. El contacto con los demás le pone nervioso, lo que sí carece es de habilidades sociales, fundamentalmente porque no entiende las emociones (evidentemente no tiene inteligencia emocional), le cuesta expresar sus sentimientos y no sabe mentir. Eso le hace retraído, rehuyendo el contacto con la gente.

Su propia descripción en las escenas iniciales nos indica que es autista, más concretamente asperger, punto que más adelante se nos confirma. Sorprendentemente han tardado mucho en diagnosticarlo. De haberlo hecho con anterioridad quizás podría haber recibido la atención requerida y sus padres el apoyo necesario, pero los pobres están bastante despistados y no saben qué es lo que le pasa a su hijo.

También parecen ignorarlo en el colegio. Sus profesores no saben cómo tratarle y sus compañeros le han tomado por el objetivo fácil de sus burlas. Nadie parece consciente de su autismo.

Lo que tardamos más en descubrir es que Ben también sufre un trastorno de tipo esquizofrénico. La verdad es que faltan datos para confirmar tal aseveración, pero a mí me parece la explicación más probable. Y de hecho, en este caso, dicho trastorno ejerce una influencia beneficiosa en el estado general del muchacho.

Después de un encuentro fallido con Sacarlite, lo que realmente ocurrió, la chica acude en su ayuda, lo que ya es una alucinación, y desde entonces no se separa de él, quitándole las ideas suicidas que le rondaban la cabeza y animándole a tomar las riendas de su propia existencia, para dar así una inolvidable lección a los que le atormentaban.



La revelación de que su relación con Scarlite es alucinatoria constituye la sorpresa final a la que antes aludía, aunque la verdad es que nos dan bastantes pistas para que lo intuyamos con antelación. La chica va siempre vestida igual. Cuando están en un bar ella no tiene bebida. Nadie más que él le habla. Nadie se sorprende de que el solitario Ben tenga ahora una amiga inseparable…

Respecto a la evolución psicológica del muchacho, tenemos un aparente final feliz. Parece que por fin esta recibiendo la atención adecuada y que sus padres tienen el apoyo necesario. Le vemos en una sesión de equinoterapia con la que Ben está aprendiendo a canalizar y expresar sus sentimientos (puede acariciar a los caballos sin sentir la presión de tener que hablarles, aspecto este que suele ir muy bien en la terapia con autistas), incluso él mismo dice: “Nunca he sido lo que ellos llaman feliz, pero nunca he sido tan feliz como ahora”.

Ya sabemos que parte de esa felicidad y de su mejoría se debe a su amistad con Scarlite, pero… ¿qué pasará cuando le traten su esquizofrenia?.

Interesante dilema ¿verdad?. Tomar aquí una decisión acertada no es sencillo. En todo caso es un aragumento para debatir. Si te apetece ver más cosas sobre el autismo puedes ir a "Crazy in love" y si también te interesa la esquizofrenia no dejes de ver "Spider".

Saludos,



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jueves, 26 de febrero de 2009

Confidencias muy íntimas

Confusión + Incomunicación = Confesión

Empecé a verla sabiendo vagamente de qué iba, pero creyendo que se trataba de una comedia, algo parecido a “Una terapia peligrosa” pero con acento francés.

“Pues va a ser que no” pensé cuando llevaba tres minutos, pero igualmente me interesó.

Anna (Sandrine Bonnaire), una mujer hermosa, elegante y bastante nerviosa, se dispone a asistir a la primera consulta con su psiquiatra. Se confunde de puerta y acaba en el gabinete de William (Fabrice Luchini), un asesor fiscal un tanto "gris" que, por una serie de circunstancias casuales, la recibe pensando que es una nueva clienta.

Anna, visiblemente afectada, le empieza acontar sus problemas personales y William, un tanto perplejo, la escucha pensando que esos problemas se deben a una causa financiera que seguidamente le aclarará.

El asesor, evidentemente sorprendido y con un expectante silencio, escucha las revelaciones de la mujer, que interpreta la actitud de William como una invitación a que siga hablando, cosa que hace sin que el pobre hombre sepa cómo cortarla.

El caso es que Anna sale del despacho sin que William casi no haya podido pronunciar palabra. Ella misma se confirma una cita para la semana siguiente y el perplejo gestor se queda con el firme propósito de deshacer el malentendido en cuanto la vuelva a ver.

Pero el buen hombre no está acostumbrado a tratar con gente con problemas de ese tipo y el encuentro con Anna es un interesante hito que pone un poco de aliciente en su monótona vida. Además, en la siguiente cita tampoco consigue hacerse oír. Más adelante será Anna la que descubra su equivocación, pero para entonces los dos están enganchados a sus “conversaciones”. Ya la revelación es mutua y cada uno descubre y soluciona sus carencias mediante las experiencias del otro.

Y hasta aquí lo que te voy a contar de "Confidencias muy íntimas". Si quieres saber cómo se desarrolla y termina la historia te sugiero que busques si aún la ponen en los cines o esperes a que alguna cadena de televisión la programe. Aunque mejor aún puede ser ir a ver la versión teatral.

A mí me pareció interesante. Tiene el sabor y el intimismo de muchas películas francesas, pero como os podréis imaginar lo que más me interesa es la relación que se establece entre la “cliente” y el “terapeuta”. Entrecomillo las palabras porque ninguno de los dos es lo que parece.

Un profesional de la psiquiatría o la psicología habría sabido mantener la distancia emocional con su cliente. Pero William no lo es y se implica en la relación, de hecho se confiesa enamorado de Anna, aunque lo que en verdad les atrae a los dos es la revelación mutua y sin “compromiso” que pueden realizarse ya que los dos saben detalles íntimos del otro, pero en el fondo no se conocen, no saben quien son y ese desconocimiento les da libertad para confesarse detalles que no podrían hacer a personas de su entorno.

Esta característica les lleva a un tipo de relación especial que a mí me recordó bastante a las confesiones mutuas que la gente acaba haciéndose al poco de conocerse en los chats de Internet. En estos casos la ecuación inicial se transforma de la siguiente manera:



Anonimato + Incomunicación = Confesión



Ya hablé algo de ello y de los estudios que hice en su día, cuando comenté la película Hard Candy.

En un momento de la película un psiquiatra verdadero señala que mucha gente acude a su consulta simplemente para contar cosas que no pueden contar a otras personas. La misma Anna al principio le dice a William que ha acudido a su “consulta” porque necesita contar lo que le pasa y no tiene a quién hacerlo. Argumentos ambos que frecuentemente me expusieron cuando realizaba mi mencionado estudio de la conducta virtual.





Es curioso que en esta época que podemos estar comunicados con cualquiera en cualquier parte del mundo, haya gente que no tenga a quién contarle lo que le pasa.

En fin, de algo tenemos que vivir los psicólogos.

Saludos,

viernes, 6 de febrero de 2009

Visiones del futuro. Inteligencia, la revolución informática

Dichosa manía la mía de echar una cabezada en el sofá, delante de la televisión, después de comer. Pero en la tele no han de poner cualquier cosa, tiene que ser algo relajado y sin gritos (nada de noticias ni culebrones), a ser posible sin altibajos sonoros, lo ideal son los documentales y los mejores son los marinos, de exploración polar, o los del espacio. Los reality shows documentales tipo Desafío bajo cero, American Chopper o Pesca Radical los odio, no me dejan conciliar el sueño.

Esta tarde estaba yo dispuesto a cumplir mi relajante ritual diario y elegí para ello un documental de la BBC que prometía se llamaba “Visiones del futuro. Inteligencia, la revolución informática” y se emitía por el canal Odisea.

Arrebujado debajo de mi colchita en un primer momento me dormí, pero después mi subconsciente me devolvió a la realidad. Lo que estaban contando por la tele me interesaba y mucho. Inteligencia artificial, emociones, robots, realidad virtual, ciber-redes sociales, implantes cerebrales… Teníais que haberme visto, con los ojos como platos estaba yo.

A tomar por … la siesta. Me tragué todo el documental y cuando terminó me fui directo al ordenata para ver si lo encontraba por Internet. Y… ¡sí!, estaba y además se podía insertar en un blog, así que aquí os lo dejo porque estoy seguro de que también os gustará y lo podréis ver cuando queráis, no como yo que ahora tecleando esto me caigo de sueño.


Una de las muchas cosas que me llamó la atención fue lo de los implantes cerebrales para curar la depresión. ¿Habéis leído “El hombre terminal” de Michael Crichton?. Creo que fue la primera novela que escribió con su nombre, antes utilizaba el pseudónimo de John Lange. Estaba descatalogada pero la han vuelto a editar. Quizás hayáis visto la película de 1974 protagonizada por George Segal. Ahí emplean un recurso notablemente parecido para tratar a un epiléptico muy violento. Aunque la novela a mi juicio no está bien resuelta, como siempre se ve que Chrichton se había documentado bien.
Bueno, os dejo con el documental. ¿Qué sería de nosotros sin Internet?.

Saludos.

domingo, 26 de octubre de 2008

Hard Candy (Las niñas buenas van al cielo, las malas a todas partes)

Hay muchos factores que influyen en nuestra manera de ser. Es curioso que una persona apacible pueda ser un conductor agresivo, o que un tímido apocado pueda ser un jefe tirano.

Internet es uno de esos factores y la conducta en la red es una de las cosas que más me interesan, por lo menos me llama mucho la atención. Es notable el cambio que algunos experimentan cuando se conectan a Internet para mantener algún tipo de relaciones sociales. Cuando hablo de estos asuntos siempre me acuerdo de “El Rey enamorado”, un tema de Les Luthiers, los geniales cómicos argentinos. Resumiendo, el rey de la historia se enamora de María, una plebeya. Quiere casarse con ella, pero si lo hace tendrá que renunciar al trono. En sus tribulaciones hace una interesante reflexión: “¿El trono o María?, al fin y al cabo, el trono lo quiero para posarme sobre él, y satisfacer mis deseos, los mas sublimes y los mas perversos, en cambio a María la quiero para .... caramba, ¡qué coincidencia!”.

Para algunos Internet es su trono, aquello que le permite satisfacer deseos ocultos amparados por el más absoluto anonimato. Lo que me lleva a una reflexión: ¿infringiríamos las leyes si supiésemos que nadie iba a ser capaz de descubrirnos?. O afinando más aún: ¿seríamos fieles a los principios que pregonamos si contásemos con un anonimato asegurado?. ¿Qué piensas tú?.

Para reflexionar sobre todo esto he decidido emplear la película “Hard Candy”, un impactante thriller psicológico que profundiza en la relación de dos internatutas bastante atípicos, afortunadamente.




Ficha técnica:

Dirección: David Slade. Fue su primer largometraje, posteriormente ha hecho 30 días de oscuridad.

País: USA.

Año: 2005.

Duración: 103 min.

Género: Thriller psicológico.

Interpretación:



Guión: Brian Nelson.

Producción: David Higgins, Richard Hutton y Michael Caldwell.

Música: Molly Nyman y Harry Escott.

Fotografía: Jo Willems.

Montaje: Art Jones.

Diseño de producción: Jeremy Reed.

Dirección artística: Felicity Nove.

Estreno: en USA, 14 Abril 2006. En España, 12 Mayo 2006.

Premios:

Mejor Película, Mejor Guión, y Premio del Público en la edición de 2005 del Festival Internacional de Cine de Cataluña, Sitges.


Argumento:

Jeff (Patrick Wilson) es un fotógrafo de 31 años que ha conocido en un chat a Hayley (Ellen Page), una estudiante de 14 años.



Jeff confiesa estar sorprendido por la madurez de la niña, aunque también está convencido de que su porte de adulto mundano, fotógrafo de modelos conocidas, tiene impresionada a Hayley. Está orgulloso de la admiración que por él siente su joven amiga y no se sorprende cuando ella le pide que le haga unas fotos, aceptando ir a casa de él sin ningún temor y sin avisar a nadie de su familia de lo que iba a hacer.


Allí Jeff le ofrece un refresco, pero Hayley quiere algo más fuerte y prepara ella misma unos combinados. A partir de ahí, el fotógrafo, que estaba sorprendido por la madurez de la niña, se sorprende de muchas cosas más. Cuando se despierta atado descubre que ella le ha drogado y piensa que está jugando con él. Pronto se da cuenta de que no es un juego, sino una venganza. Hayley le acusa de ser un pedófilo, de buscar niñas por Internet para luego abusar de ellas. Siendo el responsable de la desaparición de una de sus amigas.


La joven le explica cómo siguió sus pasos por la red y él se da cuenta cómo de ser acosador, paso a ser acosado.

Jeff tiene en principio explicaciones para todos sus actos, pero tiene que ir confesando sus mentiras ante los irrebatibles argumentos de la perspicaz y sorprendentemente cruel Hayley.



Crueldad que parece que llega a su límite cuando la niña decide, armada de un libro de cirugía y con una bolsa de hielo como toda anestesia, castrar al fotógrafo, que a estas alturas ya se cree todo de su antes angelical interlocutora. Incluso no se sorprende cuando ella le enseña los testículos en sendos vasitos y luego los echa al triturador de basura que los digiere con un terrible sonido.



Pero esta muestra de crueldad no es la única. Los sofisticados planes de la niñita van bastante más lejos y poco a poco los va ejecutando con fría precisión ante los atónitos ojos de Jeff y los del propio espectador.

Si no has visto la película y por lo que he contado, igual piensas que todo desemboca en una historia “gore”. Nada más lejos de la realidad. Si aparece alguna mancha de sangre es circunstancial.

Bueno, y por si de verdad no la has visto no te cuento el final, merece la pena que lo veas tu mism@.


Curiosidades:

Según cuenta David Higgins, el productor: "La idea original surgió de un artículo que leí sobre chicas adolescentes en Japón que estaban entablando relaciones con hombres mayores que ellas a través de Internet; cuando el hombre mayor queda con la joven, ésta y varias amigas suyas le están esperando para asaltarle y darle una paliza. Pensé que sería una toma interesante donde quedaría palpable el papel del depredador y el de la presa. Después pensé que sería más interesante si se tratara de una única chica haciendo eso, una chica persiguiendo a tipos que cazan jovencitas a través de Internet".

Comentarios:

Para mí, lo importante en este film es la evolución en la actitud de los personajes. Está fenomenalmente retratada. Cómo el apuesto y seguro fotógrafo pasa a ser un pelele en manos de una niña que cada vez va adquiriendo más fuerza.

Jeff pasa de estar henchido de orgullo a experimentar una impactante sorpresa, a la que le sigue un interesante abanico emocional, ira, miedo, tristeza y desesperación. Ya sabéis que las emociones son adaptativas, pero él poco puede hacer, está atado, y cuando hace algo se equivoca. Hayley tiene el control en todo momento.

Ella ha pasado de actuar de manera ingenua, aunque con cierto desenfado, a ser la que maneja los hilos de la trama con espeluznante frialdad. A esta sensación de seguridad que desprende el personaje, quizás contribuya el hecho de que Ellen Page en realidad tenía diecinueve años cuando se rodó la película.

Pero como os decía antes, independientemente del interesante estudio psicológico que se puede hacer de los personajes, quiero aprovechar también la trama para tratar el tema de las relaciones virtuales.

Como hemos visto, Internet constituye un nuevo marco de relaciones sociales, sentimentales, laborales, académicas, lúdicas...

Lo que voy a comentar seguidamente es este último aspecto, el lúdico, en el que buscamos relacionarnos por el mero hecho de conocer gente o pasar el rato.

Cuando interactuamos con otras personas normalmente tenemos en cuenta ciertas reglas de convivencia. Tratamos a la gente como esperamos que nos traten a nosotros y este respeto mutuo es fundamental para la relación.



Por otra parte, cuando nos relacionamos con las personas siempre estamos presentando una imagen de nosotros mismos, la imagen por la que queremos que los demás nos reconozcan.

Pero en Internet hay un importante factor desestabilizador, el anonimato. Si no queremos, nadie tiene por qué saber quienes somos en realidad. Y además hay una falta notable de censura y control, que es algo que contribuye a hacer muy atractivo al medio. Pero… ¿esto que implica?, pues que si alteramos esas reglas de convivencia no pasa nada, que podemos hacer prácticamente lo que se nos ocurra y que podemos dar la imagen que queramos de nosotros mismos. Acordaros del trono de Les Luthiers. Internet es el trono.

Como psicólogo todo esto me interesó mucho y en 2002 inicié un estudio sobre el tema. Entre cuestionarios y entrevistas “on line” obtuve datos de más de 100 personas, que me suministraron la información de manera anónima y desinteresada.

Mi propósito era publicar mis investigaciones, cosa que aún no he hecho, pero os comento algunas cosas que, por otra parte, sé que no son demasiado originales. Cualquiera que se conecte a un chat de Internet puede comprobarlo.

¿De qué maneras se relaciona la gente en Internet?. Pues fundamentalmente utilizando los siguientes sistemas:

- Mensajería instantánea.
- Chat en sala (hablado, escrito o ambos, con o sin webcam).
- Videoconferencia, comunicación en privado, bis a bis.

Como ya hemos dicho, el anonimato es una característica esencial del tipo de comunicaciones que estamos analizando. Pero ¿en qué afecta el anonimato a estas relaciones?. Pues, junto con la intimidad que normalmente acompaña a este tipo de actividades, hace que la persona sea más desinhibida. Ello puede hacer que:

- La persona se sienta más propensa a abrirse a los desconocidos con los que pueda coincidir, contando cosas que a veces no sabe ni la propia familia.

- En ocasiones la persona no actúa como es, sino como le gustaría ser. Es por ejemplo el caso de los tímidos que en la red son mucho más lanzados.

- En otras ocasiones ocurre a la inversa, en la realidad se oculta la verdadera manera de ser, pero en la red no hace falta esconderse, así que allí es el único sitio en el que la persona se muestra como de verdad es.

Por estas razones muchas veces se dice que a veces es más fácil conocer por Internet cómo es una persona auténticamente. Pero hay que tener mucho cuidado con eso, porque muchas veces ocurre todo lo contrario.

Lo cierto es que todo esto origina una especie de complicidad entre los interlocutores que hace que este tipo de relaciones sean muy intensas, lo que ocasiona una fascinación que mucha gente sea entusiasta de ellas.

Y todo esto, respecto a una faceta tan importante de nuestra conducta como es el sexo, tiene interesantes consecuencias. Sabemos que un gran volumen del tráfico en Internet tiene un origen sexual, pero no voy a hablar de las visitas a páginas eróticas. Quiero referirme al cibersexo, a las relaciones sexuales mantenidas por la red.

En mis entrevistas sobre la conducta virtual les preguntaba a los sujetos si habían hecho por Internet algo que no hubiesen hecho en la realidad. Muchos afirmaron haberse exhibido desnudos y masturbado ante desconocidos, lo que les había resultado una experiencia muy excitante. El anonimato, la intimidad y una webcam son una mezcla explosiva. En todo caso constituyen una curiosa manera de satisfacer las necesidades sexuales sin arriesgar demasiado. Con tal de no mostrar la cara todo vale.

Otros comentaban que en la red pueden expresar tendencias sexuales que no muestran en la realidad cotidiana. Por ejemplo, un hombre que me dijo que tenía 46 años, que estaba casado, con hijos y vivía en un pueblo pequeño en el que era muy conocido, me contó además que también le atraían los hombres, pero en su entorno nadie lo sabía, sólo se atrevía a expresar su faceta homosexual en Internet.

Algunos menos afirmaban que les excitaba tener relaciones sexuales con su pareja, delante de la cámara sabiendo que eran vistos por otras personas.

Confieso que es tan amplio el abanico de posibilidades con el que me encontré, que en muchas ocasiones tenía dudas sobre si se trataban de fantasías legítimas o de parafilias.

Bueno, el caso es que si uno se mete en un servidor de chat y echa un vistazo a los directorios, verá que la mayoría de la oferta y las salas más pobladas están en la sección de adultos y concretamente en las dedicadas al sexo.

En el año 2004 hicimos en el Centro Asociado de la UNED en Baleares un curso que se llamaba “Drogas y Salud”, en el que presenté una ponencia sobre los mecanismos de la adicción. Se llamaba “Del tabaco a Internet. Aspectos psicológicos de las adicciones”.

Allí les puse unas imágenes para ilustrar lo que os digo. Me metí en el servidor de chat de Yahoo, que por esa época era ya bastante popular. Entre las zonas de usuarios más pobladas que encontré estaba “Internet y computadoras” que tenía dos salas abiertas con una persona en cada una. Es decir que no podían ni hablar entre sí.


En el resto el ambiente era parecido. Excepto en la zona de adultos que estaba lleno de salas y con muchas de ellas completas. Sus nombres no dejan nada a la imaginación. Mirad la imagen que saqué entonces.


Y al entrar en la primera sala te encuentras al personal alborotado. Una chica tiene su cámara conectada, deja que todos la vean mientras baila insinuándose. No enseña nada, lo que aún les excita más.


Sinceramente no sé cómo acabó la cosa, pero probablemente para la chica fuese una experiencia tan excitante como para sus admiradores, los cuales seguramente se escandalizarían si alguien les preguntase sobre su conducta voyeur.


El caso es que esto es como el juego, vas probando, probando y si tienes suerte algo pillas, lo que te sirve de recompensa. Es un proceso aleatorio en el que aprendes que si persistes, tarde o temprano llega el premio, con lo que puedes llegar a engancharte cada vez por más tiempo.

En fin, estos son sólo algunos ejemplos, pero nos sirven para entender el mecanismo que rige las relaciones por Internet y por qué muchas personas se hacen adictas a esta actividad, sea sexual o meramente social.

Teniendo en cuenta lo que hemos visto hasta ahora, podemos entender por qué la gente se puede hacer adicta al cibersexo, pero también puede haber una adicción a las relaciones por Internet, principalmente al chat.

Nos encontramos en una situación apropiada, anónima e íntima, que favorece una revelación mutua, haciendo que la imaginación complete la falta de información que tenemos sobre la otra persona y la complete normalmente de manera beneficiosa para el interlocutor. Le imaginamos como nos gustaría que fuese. En muchos aspectos le idealizamos. Esto hace que a veces se den casos de auténtico “amor platónico” que sólo dura hasta que se produce el encuentro “real”, del que ya hablaremos.

Si la experiencia persiste se crea un lazo afectivo que desemboca en una necesidad mutua.

¿Estos lazos afectivos implican infidelidad a nuestra pareja “real”?. Volviendo a mi estudio, bastantes de mis entrevistados casados, afirmaban no tener la sensación de haber sido infieles a sus parejas por haber mantenido relaciones fuertemente afectivas, e incluso sexuales, con otras personas sólo por Internet.

La mayoría hablan de “mundos diferentes”, de estar simplemente realizando una fantasía en la que no se transgreden las normas. Aunque en muchas ocasiones, esa fantasía puede hacerse realidad si se concreta un encuentro. Entonces ¿qué pasa?. Pues que la fantasía virtual se puede convertir en adulterio real.

De todas maneras y como ya había comentado, el encuentro “cara a cara” es toda una prueba de fuego. Cotejar la “magia” virtual con la “realidad” personal suele ser bastante complicado. Implica una confirmación del tipo de relación o una tremenda desilusión. El contacto físico es bastante complicado en estas ocasiones, hay falta de costumbre y muchas falsas expectativas creadas. Además es difícil traducir las emociones virtuales a reales.

Este aspecto también me interesó bastante. Inspirado en las experiencias que me contaron escribí un pequeño cuento sobre el tema, se titula Djan.

Para terminar os voy a poner el típico TEST DE ADICCIÓN A INTERNET. Lo podéis encontrar en muchas versiones, pero normalmente es así:

1) ¿Dedica más tiempo del que cree que debería a navegar por la red?
2) ¿Piensa que tendría un problema si redujera el tiempo que pasa en Internet?
3) Se han quejado sus familiares de las horas que dedica al ordenador?
4) ¿Le resulta duro permanecer alejado de la red varios días seguidos?
5) ¿Se resienten sus relaciones al pasar muchas horas conectado al ordenador?
6) ¿Existen áreas o archivos de la red a los que se encuentra difícil resistirse?
7) ¿Tiene problemas para controlar el impulso a adquirir productos y servicios ofertados en la red?
8) ¿Ha intentado, sin éxito, reducir su uso?
9) ¿Extrae gran parte de su placer vital del hecho de estar conectado a la red?


Cada pregunta se contesta con un Sí o un NO y al final se contabilizan las respuestas afirmativas.

Resultados del test

Entre 0 y 3, es un usuario sin problemas

Entre 4 y 6, es un usuario de riesgo

Entre 7 y 9, es un usuario con problemas de adicción


En estos usuarios con problemas, la convivencia “real” normal, incluso la familiar puede verse afectada.

Si tienes tiempo te recomiendo que leas un interesante cuento sobre estos aspectos. Se titula “Ruth” y tranquilo, esta vez no es mío.


Y por último una frasecita que se me ocurrió en su día meditando sobre el tema de las relaciones virtuales y que sirve para refundir la película que hemos visto con todas las reflexiones posteriores que hemos hecho:

En Internet no creas nada de lo que leas y sólo la mitad de lo que veas”.

Bien, esto es todo por hoy. Cuando publique mi estudio ya os contaré más cosas. Mientras tanto, si quieres que te avisen cuando emitan Hard Candy por televisión, pulsa en este enlace.

Saludos.



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