AVISO IMPORTANTE

AVISO: Las informaciones contenidas en este blog pueden desentrañar importantes aspectos del argumento, incluso del final de la película en cuestión.

lunes, 30 de noviembre de 2009

Sólo te tengo a ti

Todas las películas se pueden estudiar desde una vertiente psicológica, pero la verdad es que pensé que ésta tendría poco que aportar al tema. Da la impresión de ser una comedia rosa sin trascendencia, adornada por un cierto aire intimista, típicamente francés.

Reconocerás conmigo que en ocasiones es muy útil ir al cine con bajas expectativas. Si se cumplen, ya te lo esperabas así que no has perdido nada. Pero si la película logra sorprenderte, así el impacto es mucho mayor.

Con “Sólo te tengo a tiLaetitia Colombani intenta sorprender… y lo consigue. Fue su primer largometraje como directora, anteriormente la habíamos podido ver como actriz y actualmente combina las dos facetas.

Nos plantea una almibarada historia en la que Angélique (Audrey Tautou), una joven estudiante está enamorada de Loïc (Samuel Le Bihan), un conocido cardiólogo que ya está casado y aunque eso no parece ser obstáculo para la decidida joven, pronto comprobamos que hay algo que no va bien. Pero el problema es que lo que no va bien no es lo que nosotros esperábamos.

Laetitia Colombani podrá ser novata, pero además es responsable del guión y conoce muy bien el manejo del lenguaje cinematográfico. A mitad de la película nos demuestra que formamos juicios demasiado apresuradamente y a menudo basándonos en hechos circunstanciales. Nos da una lección, que al final descubrimos no haber aprendido y nos hace caer en los mismos errores otra vez.

Ya. No te estás enterando de nada. Eso pretendo, porque sería una lástima contarte el argumento, es mejor que lo veas tú si no lo has hecho aún y ya me dirás si tengo razón.



Sólo puedo decir que la película nos retrata un claro caso de “erotomanía”, una patología conocida también como Síndrome de Clerembault, por ser prácticamente el que la dio a conocer en 1921, aunque otros autores ya habían descrito casos anteriormente, como Jacques Ferrand que hablaba de “melancolía erótica” en 1610, o Esquirol que mencionaba la “locura del amor casto” en 1838.

Anteriormente tendía a confundirse con una variante de la ninfomanía femenina, aunque sin la típica connotación sexual que la caracteriza. Si se daba en hombres se denominaba satiriasis, conceptos que actualmente se engloban en el de hipersexualidad y que comunmente se entienden como adicción al sexo.

Pero la erotomanía tiene poco de sexual. Según el DSM IV se trata de la creencia delirante de que alguien, normalmente de mayor estatus, está enamorado de la persona que la padece. El sujeto tergiversa o malinterpreta la realidad encontrando siempre argumentos que corroboran su creencia. Incluso puede llegar a tener alucinaciones al respecto y a lo largo de la historia se han dado casos de personas religiosas convencidas de tener los favores del amor divino. En este sentido tradicionalmente se pensaba en el celibato como un factor común de la erotomanía, aunque actualmente se sabe que el no tener pareja sexual, bien por convicción religiosa, timidez o la causa que sea, no siempre se da en los erotomaníacos.

Clerembault la describe en tres fases consecutivas: esperanza, despecho y rencor, cosa que podemos pensar que es lógica, pero que no es exactamente lo que ocurre en la película.

Lo que es cierto es que es un delirio muy persistente que puede complicar tremendamente la vida de ambas personas, el enfermo y su supuesto enamorado.

En el cine podemos ver distintos acercamientos al tema, pero creo que ninguno tan certero como el que ha hecho Colombani.

Por ejemplo podríamos citar…


Hable con ella




Misery




Atracción Fatal




Acoso




Obsesionada




Anna M.



¿Qué te parecen?, ¿crees que se podrían encuadrar dentro de lo que es erotomanía?...

Bueno, ya sabes que tienes la posibilidad de insertar los comentarios que creas, pero me parece que por hoy ya está bien de amor no correspondido ¿no?.

Saludos,



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jueves, 1 de octubre de 2009

Spider

Cronenberg es un director… inquietante. Y quizás el calificativo sea demasiado suave. Yo siempre me he preguntado qué debe pasar por la mente de una persona que expresa una obra así. Lo intuyo, pero no me atrevo a afirmarlo y menos en público.

En cierto modo me recuerda a Giger, el dibujante, quizás mas conocido su contribución a la criatura de “Alien” y los decorados de la película. Bueno, es sólo una apreciación personal.

Spider es una película introspectiva. El argumento dice que trata de la historia de un paciente esquizofrénico. Según empiezas a verla lo dudas, hay algo que no cuadra en la sintomatología. Hasta que descubres que no es una descripción “desde afuera” de lo que le pasa al protagonista. La historia está narrada desde dentro y lo que estamos viendo es fruto de su imaginación. Está viviendo una alucinación y nos la está contando.



Ya en los créditos podemos percibir que vamos a ver una obra intimista y elaborada. Tanto la música de Howard Shore como la secuencia en la que aparecen imágenes semejantes a las figuras del Test de Rorschach, nos predisponen emocionalmente para la historia que sigue.

La estupenda interpretación de Ralph Fiennes, junto con la cuidada dirección de Cronenberg, te hacen meterte en el personaje, vivir su experiencia y tardas en darte cuenta de que todo lo que ocurre, desde que se baja del tren, hasta que lo recogen en un coche para volver a llevarlo al manicomio, es fruto de su imaginación. Es la alucinación confusa en la que él recuerda las cosas como piensa que sucedieron. Por eso se ve a sí mismo como testigo de las secuencias claves que evidentemente él no vio en realidad.



Entrevista de Eduard Punset con David Cronenberg en el programa Redes.

Quizás en una raíz edípica, Cronenberg es admirador de Freud, transforma a su amorosa madre en una prostituta cuando percibe que también tiene actividad sexual con su padre. Esa prostituta, descarada, lasciva y un tanto tiránica, amenaza su existencia y piensa que le persigue, transformándose incluso en la cuidadora de la residencia en la que vive. Tambien es digna de admiración la interpretación de Miranda Richardson en los tres papeles.

En cierto modo Sipder me recuerda a Memento. Allí Christopher Nolan nos hacía vivir la experiencia existencial de un amnésico. Aquí, con el universo agobiante, desestructurado y amenazador que dibuja, Cronenberg nos muestra desde dentro cómo siente un esquizofrénico y como piensa su mente, desorganizada y compartimentada, al igual que su bloc de notas.



Sabemos que la esquizofrenia es una patología importante y complicada, pero que los pacientes actuales pueden llevar una calidad de vida bastante mejor que que lo que aquí se nos presenta. Siempre necesitarán un tratamiento, pero en muchos casos pueden llevar lo que comúnmente calificamos como “vida normal”. Pero ya os he dicho que Cronenberg es un director inquietante y esa no podría ser la historia que nos contase.

Saludos,



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miércoles, 30 de septiembre de 2009

Gente corriente

Si os digo la verdad, de no haber sido con el ciclo de Psiquiatría y Cine, del que ya os hablé y que se está celebrando en CaixaForum de Palma de Mallorca bajo el título de “Almas de cristal”, no se me habría ocurrido comentar aquí esta película. La había visto hace tiempo, pero la recordaba triste y lenta, que lo es. La verdad es que no me gustó y aún me sigue sorprendiendo que ganase cuatro oscar en su momento y más aún compitiendo con “El hombre elefante” y “Toro salvaje”.

Pero en el ciclo volví a verla, aunque esta vez en versión original subtitulada y con los comentarios de Juan Bellido, psiquiatra psicoanalista que dirige las sesiones y moderó el coloquio. Entre una cosa y otra aprecié matices que se me habían pasado por alto la primera vez.

Mi apreciación entonces ha cambiado. Gente corriente es una película lenta, pero no aburrida y está repleta de simbología que, aunque sea subconscientemente, te hace dibujar con exactitud las características de los personajes y la situación que viven.

Parte de una historia un tanto fácil y quizás empalagosa. En una idílica familia americana el hijo mayor muere en un accidente del que se salva el pequeño. Esto despierta en el adolescente (que edad más mala) un sentimiento de culpabilidad que se agrava por el hecho de que el hijo fallecido era el “preferido” de la madre. Agobiado por la situación joven intenta suicidarse y es internado en un psiquiátrico a consecuencia de ello. Tras recibir el alta el chico se reincorpora a la familia que intenta recuperar la normalidad, aunque todo es simple apariencia.

Es en este punto en el que Robert Redford nos empieza a contar la historia. Siendo su primera película como director, cuida mucho los detalles y se preocupa por retratar nítidamente los personajes.

Destaca Mary Tyler Moore, Beth, la madre. Fuerte y fría hasta el punto de hacerse odiosa. Es de destacar su interpretación dramática, sobre todo teniendo en cuenta que hasta entonces era mucho más conocida por su aparición en comedias.

Beth ha asumido la tarea de sacar adelante la familia. Afirma querer a su hijo, pero es intolerante con sus manifestaciones de rebeldía y no entiende que él realice esfuerzos por reclamar su cariño.




Donald Sutherland, Calvin, el padre, aparentemente bastante más débil que la madre, en realidad es el único que se da cuenta que tienen un problema y que parte importante de ello es la madre. Al final resulta que el fuerte es él.

Timothy Hutton, Conrad, el hijo. Adolescente inadaptado. Víctima de las circunstancias y de sus propios recuerdos. Se siente el principal obstáculo para que la familia recupere la normalidad. Al final acaba entendiendo que tienen un problema de fondo, pero que la culpa no es suya.

Judd Hirsch, el doctor Tyron Berger, el psiquiatra. Con sus preguntas y sus silencios va haciendo que Conrad reflexione sobre la situación que vive y consiga entenderla de verdad. Ese proceso de comprensión se extiende a Calvin y más tarde, evidentemente demasiado, a Beth.

Me gusta la actuación de este terapeuta, aunque desde diversos sectores profesionales se le critique porque acaba estableciendo una relación personal con su cliente. Tiene las ideas claras desde el principio y sabe emplear a su favor la hostilidad inicial del adolescente.

No he podido dejar de comparar su actuación con la de Andy García en “Los límites del silencio” en la que es completamente manipulado por un adolescente y va siempre detrás de él.

Otra cosa que me hace reflexionar sobre ambos terapeutas es su adscripción profesional. De Andy García se nos dice que es psicólogo, de Judd Hirsch que es psiquiatra, pero a juzgar por su actuación ¿podríamos establecer esa diferencia?.

Saludos,



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