Recientemente estábamos discutiendo en otro de mis blogs sobre los mundos virtuales y la visión que en el cine se ha dado de ellos. Si me permitís, os recomiendo que le echéis un vistazo al tema pulsando este enlace. Creo que os será interesante pues los entornos virtuales permiten desarrollos psicológicos interesantes, así que en el fondo todo está relacionado.
El caso es que Cheque Falta, un personaje virtual que por cierto a mí me conoce como Rheim Runner, mi alter ego digital, me sugirió que viese un corto. Se llama “World Builder” (El constructor de mundos), es del año 2007 y su guión y dirección corren a cargo de Bruce Branit, quien se ha encargado de los efectos visuales de algunas películas como “El motorista fantasma” (The Ghost Rider) o algunos episodios de la serie “Perdidos” (Lost). Está interpretado por Brian Paulette (el constructor) y Erin McGrane (la mujer).
Ellos son los encargados de hacernos vivir en poco más de nueve minutos una emotiva historia de amor.
Quien conozca el mundo virtual de Second Life y haya intentado construir algo en él seguro que envidia la técnica y la facilidad con las que “el constructor” se desenvuelve en esta película, pero al mismo tiempo sé que estas escenas les serán terriblemente familiares. Eso fue lo primero que me llamó la atención de esta historia, pero evidentemente no es de eso de lo que quiero hablar aquí. Es de otra cosa pero ahora, antes de seguir leyendo, te invito a que veas la película.
Bueno, ya sé que a estas alturas has visto mucho cine y que la pulsera y el camisón de la chica te hacían temer lo peor, pero de todas maneras no quería estropear la "sorpresa" final.
No soy dado a las historias melifluas, pero esta me ha emocionado. Más que nada porque apunta a una posibilidad que ya comentaba en el artículo que te mencioné antes sobre los mundos virtuales en el cine. Si entonces decía que estos “metaversos” podrían ser un arma, o por lo menos un consuelo terapéutico, para determinados pacientes, ahora estoy mucho más convencido de ello.
La tecnología que se emplea puede parecer de ciencia ficción, pero la verdad es que está ya a la vuelta de la esquina y para sacarle partido sólo se necesita un poco de imaginación y quizás también de valor. Estamos abriendo un nuevo camino, la Psicología Virtual está llamando a nuestra puerta ¿seremos capaces de abrir?.
Ya tenía ganas de que entrase en vigor en España la dichosa Ley Antitabaco. Aunque no soy fumador, normalmente no me molesta en exceso que fumen a mi lado y no soy de los que señalan a los fumadores con el dedo. Ahora bien, sí me molesta el humo cuando estoy comiendo y no me deja saborear los platos por los que a veces pagas un dineral. También me molesta cuando entras en un taxi o en un local en el que han fumado intensamente y huele a humo rancio. Ya digo que soy respetuoso con los derechos de los fumadores, si quieren hacerlo allá ellos. Procuraba no entrar en los locales que anunciaban que se permitía fumar, pero me molestaba que en los bares que tenían ambientes separados, estos no estuviesen tan separados y el humo te llegaba de todas maneras.
Siento el desembolso que tuvieron que hacer los propietarios de establecimientos de hostelería y restauración para adecuarse a las anteriores normas, pero en muchísimos casos esa “adecuación” fallaba por todas partes. Mi simpatía está con los que de verdad consiguieron ambientes auténticamente separados y ahora toda la inversión no sirve para nada. Creo que a ellos se les debería de indemnizar.
Pero sinceramente pienso que dentro de unos meses nos acostumbraremos a no fumar en locales públicos y dejaremos de hablar de esto, igual que tampoco hablamos ya de los controladores. Temas más acuciantes, como la crisis, ocuparán nuestra atención curiosamente distraída por la actualidad de… ¡caramba! por lo de los controladores y lo del tabaco ¿será coincidencia?.
El caso es que con todo este lío, me han venido a la mente muchísimas cosas, entre ellas la película “Gracias por fumar”, quizás también porque la última que comenté (Up in the air) era del mismo director, Jason Reitman. Pero a mí me gusta me gusta más ésta, la encuentro una comedia muy divertida e inteligente.
Al igual que en Up in the air, Reitman nos presenta un hombre apegado a su trabajo, un trabajo duro y desagradecido, pero que el protagonista lleva con tremenda dignidad. De hecho, estoy seguro de que muchos aquí darían cualquier cosa porque apareciese un Nick Naylor (Aaron Eckhart) desempeñando tan fabulosamente bien como en la película el papel de Defensor de los Derechos de los Fumadores, porque sí, a eso se dedica el avispado señor Naylor, un ejecutivo perspicaz y rápido de reflejos intelectuales, capaz de dar la vuelta a una audiencia en contra en un programa de debate, de volver contra sí los argumentos de cualquier político o de conseguir que un enfermo terminal de cáncer acepte un chantaje que en principio le habría tirado a la cara.
A pesar de representar un peligro para la salud pública, es inevitable que este ejecutivo tabacalero nos caiga bien. Su personaje rebosa de habilidades sociales y destaca por su inteligencia emocional. Sabe calar a su interlocutor, adivinar lo que piensa y lo que siente y conseguir que parezca que en el fondo están de acuerdo. Además es un personaje creíble y todo gracias a la interpretación de Aaron Eckhart. El guión parece hecho a su medida y con su aspecto desenfadado y de cara dura al límite de la legalidad, nos hace pasar un rato muy agradable en medio de una historia que podría ser bastante dramática.
Además la película está plagada de momentos cumbre, con frases dignas de ser enmarcadas, algunas de las cuales las puedes encontrar en las secuencias que he seleccionado.
Y es que lo del fumar es una cosa muy seria. Cuando hablamos de drogas, a veces no me resisto a introducir una pregunta, aparentemente inocente, en la conversación: “¿Y tú cuál crees que es la droga más peligrosa?”. Independientemente de cuál sea la respuesta, el dato al quiero llegar es que en España la sustancia que más muertes directas causa es el tabaco y la que más problemas sociales genera es el alcohol. Las dos drogas legales que curiosamente forman parte de nuestra cultura.
Al igual que se dice en la película, todos asumimos que el tabaco es algo malo y que mata lentamente. Por eso mismo le hemos perdido el miedo, confiamos en que las consecuencias negativas tarden en llegar y mientras tanto nos vamos arriesgando con la esperanza de que el peligro pase de largo. Sabemos que el tabaco mata, pero nos resignamos pensando que “de algo hay que morir”.
Sorprendentemente no siempre tenemos una actitud tan sumisa ante los peligros del consumo. Haz un ejercicio de memoria, sitúate hace unos quince años en el tiempo. ¿Te acuerdas de la Encefalopatía Espongiforme Bovina?. Bueno, igual eras muy joven, pero si te hablo de la “Enfermedad de las Vacas Locas” igual te suena más. ¿A qué viene esto?. Pues es un ejemplo para que veas lo complicadas que somos las personas. En aquella época tuvo mucho eco en la prensa esta enfermedad de origen animal y cuyo contagio se asociaba probablemente al consumo de carne de animales infectados. Este posible origen no confirmado (hubo personas a las que se les diagnosticó la enfermedad y que eran vegetarianos estrictos) originó un acusado descenso en el consumo de carne de vaca. En cambio la asociación, no probable sino segura, entre el consumo de tabaco y el cáncer de pulmón no provoca una disminución del consumo. ¿Por qué ocurre esto?, pues porque el fumar conlleva un riesgo inherente que tenemos asumido y admitido, en cambio comerse un entrecot no suponía demasiado peligro… hasta entonces.
Date cuenta que según esto, el que el tabaco nos prepare una muerte dolorosa no nos asusta demasiado, lo aceptamos y de poco o de nada sirve que en las cajetillas nos avisen de que es peligroso o nos pongan fotos de pulmones deshechos. El fumar es un gesto automático y ni miramos la cajetilla.
Pero si todo eso ya lo saben y siguen consumiendo ¿de qué se quejan entonces los fumadores que demandan a las tabacaleras?. Pues de que la industria manipula directamente la composición de los cigarrillos para que sean más adictivos, efecto que se consigue tratando, por ejemplo, las labores del tabaco con amoniaco sin que se avise al consumidor de sus “efectos secundarios”. Ésta y otras sustancias, cuya composición no figura en las cajetillas, consiguen que la nicotina llegue mejor al torrente sanguíneo, que el humo irrite menos y cosas así. Consecuencia: el individuo se engancha mucho más fácilmente aunque el cigarrillo sea bajo en nicotina.
Y tenemos que tener en cuenta que la adicción al tabaco es una de las más difíciles de abandonar. Como ocurre en la mayoría de los casos, por una parte tiene un componente físico, que se debe a que nuestro organismo se ha acostumbrado a la nicotina y la necesita para funcionar. Por otra tiene un componente psicológico, debido a que hemos asociado el fumar a muchos momentos de nuestra vida cotidiana. El primer cigarrillo de la mañana suele ser el más apetecible precisamente porque nuestro cuerpo está prácticamente en síndrome de abstinencia, pero no se disfrutan menos el de la cervecita con los amigos o el del cafetito de después de comer, por ejemplo. Éstas y otras muchas situaciones no serían lo mismo si les quitásemos el cigarrito y eso se debe a que, a fuerza de repetirlo, hemos realizado un aprendizaje que nos indica que ambos sucesos ocurren juntos y no disfrutamos de lo uno si falta el otro. A diferencia de otras drogas cuyo consumo es menos frecuente, el tabaco está asociado a multitud de momentos de nuestra vida y en cada uno de ellos nuestro cerebro nos indicará que es hora de fumar, esa es la verdadera dificultad de abandonar esta adicción.
A veces puede sorprender que la dependencia física, la que se produce por falta de nicotina, desaparece después de poco más de una semana de haber dejado de fumar. Pero la dependencia psicológica, la debida al aprendizaje, es muchísimo más duradera. No es por nada, pero si estás intentando dejar de fumar, más que gastarte el dinero en parches de nicotina deberías ir al psicólogo. A veces piensas que si deseas fumar es porque tu cuerpo necesita nicotina y lo que ocurre es que simplemente tu cerebro te está recordando lo que habías aprendido, que en la situación en la que estás lo que toca es un cigarrito.
Para terminar una cosa curiosa, la historia del Hombre Marlboro que nos cuentan en la película está basada en la realidad. La compañía Philip Morris lanzó en los años veinte unos cigarrillos con filtro destinados al público femenino y el reclamo era precisamente la suavidad que les proporcionaba semejante complemento.
Pero vender cigarrillos sólo para mujeres no era suficiente negocio, así que años más tarde los anuncios del vaquero de Marlboro intentaban recuperar el aire viril de los cigarrillos con filtro. La campaña fue un éxito y se ha mantenido con distintas variaciones hasta hace poco, siendo varios actores los que la protagonizaron. El primero fue William Thourlby, pero entre los que se siguieron estaban Wayne McLaren y David McLean. Los dos murieron de cáncer de pulmón después de fumar habitualmente “Marlboro Reds”. McLaren en los últimos años de su vida apoyó activamente la Ley Antitabaco en Estados Unidos y, al igual que en la película, la compañía intentó negar que participase en sus anuncios. En el último que protagonizó se superponían las imágenes del anuncio original, a caballo, con las de la cama del hospital entubado.
Cuando la publicidad te quiere vender algo, te lo vende y emplea métodos igual de contundentes tanto para convencerte de una idea como de la contraria. Así que como les explicaba Naylor a los niños, lo mejor es no dejar que nos convenzan de lo que tenemos que pensar y tener nuestras propias ideas, pero... ¿podremos?
El otro día una amiga me preguntó por “Up in the air”. Hacía como un año que la había visto y la verdad es que no me llamó demasiado la atención.
Lo que más recordaba es la aparente seguridad del protagonista y cómo la pierde cuando su trabajo, lo único que en realidad tiene, está a punto de cambiar.
El caso es que su consulta me picó la curiosidad, la acabo de volver a ver y mira… creo que esta vez le he sacado más jugo.
Dirigida por Jason Reitman, el argumento de la película se centra en el trabajo de Ryan Bingham, interpretado por George Clooney. Se trata de un personaje que, como ya he dicho, llama la atención por su seguridad y su meticulosidad. Su trabajo le hace viajar muchísimo. Va constantemente de acá para allá y prácticamente vive en los aviones, las salas VIP de los aeropuertos y los buenos hoteles en los que pernocta ocasionalmente en las ciudades en las que va a despedir gente, su trabajo.
Bueno, en realidad todo eso constituye su vida. Y su seguridad se la dan los conocimientos que tiene para manejarla, desde los trucos para elegir la cola adecuada para facturar en los aeropuertos, hasta la manera que tiene para elegir el mensaje adecuado que le da a la gente que despide.
Ryan se nos presenta como un hombre libre, sin ataduras, que realiza su trabajo con eficiencia y disfruta tanto viviendo en hoteles y aeropuertos, que el auténtico suplicio es volver a su casa.
La verdad es que viajar en primera y poder esperar tu vuelo en la sala VIP es bastante agradable, vamos, sin comparación a cuando lo haces en turista como un simple “peregrino”. Pero así y todo la vida de Ryan es absolutamente vacía y su máxima aspiración es simplemente viajar diez millones de kilómetros para conseguir una tarjeta de privilegiada en una compañía aérea.
Alex (Vera Farmiga), una mujer que viaja tanto como él, su alma gemela con la que inevitablemente entabla una relación sentimental, es la que le sacará de su paraíso itinerante y le obligará a poner los pies en la tierra. Ryan descubre que Alex sí, viaja tanto como él, disfruta de los hoteles y restaurantes que conoce, colecciona tarjetas de usuario privilegiado como él, pero a diferencia de él, ella tiene una casa a la que regresar y una familia que la espera.
Alex tiene una vida real cuya intimidad preserva celosamente y Ryan es sólo un "paréntesis" en ella, una relación que está a nivel distinto del real, sexo sin compromiso, sin problemas, una persona agradable con la que compartir las escalas de su viaje y nada más. Pero para Ryan la cosa es bien distinta, puesto que su vida es el viaje, pero se acaba de dar cuenta que no tiene ningún sitio a dónde ir.
Dirás que no tiene nada que ver, pero la escena en la que todo esto pasa me recordó muchísimo a diversas conversaciones que he mantenido sobre las relaciones personales en internet. En los chats y en los mundos virtuales, uno se mete en una realidad distinta a la suya cotidiana, su personalidad es diferente y su anonimato está garantizado. Uno se tiende a comportar como no lo hace realmente y las relaciones personales-sentimentales se establecen sin las ataduras e inhibiciones de la “vida normal”. Una de las cosas que más me llamó la atención cuando estudié este tema es que la inmensa mayoría de la gente que llegaba a tener “ciberamantes” no tenía sensación de infidelidad respecto a su pareja “real”. Eran relaciones distintas en mundos distintos y todo va bien mientras los dos conozcan y respeten las reglas.
Ryan y Alex no se mueven en un mundo virtual como pueda ser Second Life, pero cuando llegan a un aeropuerto el avión les transporta a una realidad en un plano diferente. Una cosa es lo que ocurra en el viaje y otra muy distinta lo que pasa en su casa. Toda va bien si los dos juegan a lo mismo. El problema de Ryan es que no sabe que Alex está “jugando”.
Entevista con Vera Farmiga
Y hablando de relaciones virtuales, el sistema que intenta implantar Natalie (Anna Kendrick) para despedir a la gente por videoconferencia también tiene unas connotaciones psicológicas importantes. Cuando interaccionamos sin tener delante físicamente a nuestro interlocutor actuamos de manera distinta a cuando estamos literalmente con él. Solemos tener bastante menos en cuenta los convencionalismos sociales. Podría decirse que somos más lanzados e incluso menos educados. Es lógico. Piensa que estás cómodamente en tu casa, en la intimidad de tu habitación, en un entorno que dominas y solo, delante de la pantalla de tu ordenador. En ese momento, alguien con el que estás hablando te dice o escribe algo que consideras inconveniente. Si estuvieses sentado al lado suyo en la misma habitación, probablemente tu educación convencional te llevaría a mostrarte en desacuerdo pero evitando el conflicto: “mira, pienso que eso no es así”. En cambio, estando en la seguridad de tu casa y a kilómetros de la otra persona la probabilidad de contestar: “no digas estupideces” es muchísimo mayor y a partir de ahí ya comienzan las “hostialidades”.
Entrevista con Anna Kendrick
Este, entre otros factores, hace que las relaciones virtuales sean mucho más intensas para lo bueno y para lo malo. Si queremos implementar laboralmente un sistema por internet, ya sea de teletrabajo o para despedir a la gente por videoconferencia, como nos cuentan en la película, tendremos que tener en cuenta el aspecto psicológico distintivo que implican las relaciones virtuales. Mi regla de oro para estos casos es bien sencilla: “no decir o escribir nada que no le diríamos cara a cara a la otra persona”. Parece una tontería, pero ni te imagimas la de problemas que se evitarían si todo el mundo hiciese caso de ello.
Respecto a los aspectos que te interesan, es evidente que el protagonista tiene grandes conocimientos de psicología aplicada, pues la usa constantemente, aunque no se hable de ello en la película. Lo vemos en su dominio del entorno en el que se mueve, los aeropuertos y en su comportamiento en el desempeño de su trabajo.
Precisamente la Psicología del Trabajo se ocupa de estudiar el entorno en el que interrelaccionan el trabajador y la empresa. Sus intereses son temas tales como la ergonomía o la selección de personal y todo con una finalidad fundamentalmente económica. Cuanto más adecuada sea la persona para su puesto y cuanto más cómoda esté en éste, tanto mejor será su productividad, aunque a veces nos intenten "vender" el aspecto contrario, el del bienestar de los trabajadores.
Basándose precisamente en ese aspecto y en estos tiempos de crisis, la empresa de Ryan está en auge. Hay montones de gente a la que despedir y él lo sabe hacer con dignidad, intentando dar esperanzas a la persona que de repente se ve en la calle. El sistema no es nuevo y se trata de decir al trabajador “tengo que prescindir de ti pero te voy a ayudar a conseguir otro empleo, incluso mejor que este”.
La actividad laboral es quizás el principal elemento organizador de la vida de la persona. Perderlo no significa sólo quedarte sin ingresos, significa quedarte sin saber qué hacer después de tener tu vida organizada durante años. Esta nueva situación puede ser altamente destructiva para la persona y es lo que en muchas ocasiones pasa en la jubilación.
Ryan les ayuda a superar esa situación, ese “limbo” según sus propias palabras. Con aparente frialdad y sin ningún atisbo de compasión, su estudiada actitud pretende indicar que el cambio no tiene por qué implicar una situación desesperada y que no es necesario dramatizar, sino planificar el futuro.
Pero por muy bien que haga Ryan su trabajo, eso no significa que las noticias que lleva sean bien recibidas por los afectados y hay que destacar aquí las apariciones de los "despedidos" en la película. Son breves pero intensas. Cada frase que dicen es un problema de la vida real y creo que todos nos hemos sentido identificados con ellos pensando en nuestras propias reacciones si nos pasara algo semejante.
Entrevista con Jason Reitman
Y también Ryan es un gran conferenciante, aunque el mensaje que transmite es bastante deprimente. Con su simbólica mochila nos hace ver que todas nuestras “posesiones”, todas nuestras relaciones y compromisos pesan, nos atan y en el fondo nos impiden movernos. Como cualquier excursionista sabe, iríamos mucho más deprisa, nos cansaríamos menos y seríamos mucho más libres si vaciásemos esa mochila. Bien, es cierto y tiene su lógica, pero a veces necesitas llevar cosas en la mochila, aunque pesen, para poder sobrevivir. Sólo al final se da cuenta Ryan de que su mensaje es equivocado y que precisamente esas cargas de la mochila son lo que hace felices a las personas.
Así, la vida de Ryan da un vuelco importante. Consigue conservar su trabajo tal y como él quería, pero sus viajes ya no serán su objetivo de vida y además, trabajo por trabajo y por muy bien que lo haga, él, más que la gente que despide, es el que tiene uno desagradable y desagradecido, aunque tarde toda la película en darse cuenta de ello.