AVISO IMPORTANTE

AVISO: Las informaciones contenidas en este blog pueden desentrañar importantes aspectos del argumento, incluso del final de la película en cuestión.

jueves, 3 de marzo de 2011

Amor y otras drogas

Pensé que "Amor y otras drogas" era una comedia romántica para pasar el rato, pero la verdad es que puede ser un punto de partida interesante para reflexionar sobre el amor, las enfermedades neurodegenerativas, como el Parkinson y sobre el marketing farmacéutico. Cada uno de los temas daría para una película pero ésta de Edward Zwick tiene la ventaja que toca los tres.

El amor es una emoción y como tal es algo intenso y que se escapa a nuestro control voluntario. Pero es una emoción secundaria y por lo tanto tarda en aparecer, es decir que requieren de la socialización y de un proceso de maduración de nuestro sistema nervioso para manifestarse. A diferencia de por ejemplo el miedo, emoción primaria, que se presenta prácticamente desde que nacemos, el amor, como la vergüenza, necesita que tengamos consciencia de nosotros mismos como seres diferenciados de los demás para ponerse de manifiesto.



Por lo demás es una sensación sublime que implica pertenencia, entrega y trascendencia, que hace que nos sintamos tremendamente felices o tremendamente desgraciados, en todo caso es una emoción especial que nos mueve como personas y como especie, despertando grandes sentimientos de empatía entre los que la contemplan.

Todo esto lo comprobamos cuando el caradura de Jamie (Jake Gyllenhaal) se queda prendado de de Maggie (Anne Hathaway), una chica divertida y segura de sí misma que no quiere comprometerse. Tiene parkinson precoz y aunque ahora puede hacer vida normal sabe que en el futuro no será así. Sabe que necesitará ayuda, pero no quiere ser una carga para la persona que ame.

Ambos se ven implicados en un juego de sacrificio. Bien es cierto que Jamie no está acostumbrado a que las chicas le rechacen. Su personalidad arrolladora no deja lugar a las negativas, eso, además de hacer de él un vendedor sin competencia, le hace disfrutar de una variada vida sexual. Pero el que Maggie le rechace acrecienta su interés y su persistencia, haciendo que la chica acabe admitiendo una relación basada en sexo sin compromiso (no confundir con el concepto de follamigo).

En teoría está muy bien eso de acostarse sin comprometerse y que cada uno sea libre de hacer su vida. En la práctica no va tan bien. Ese argumento lógico no tiene en cuenta que el amor no lo es y aparece cuando menos uno lo espera, aunque en esta historia estaba cantado.

¿Por qué nos enamoramos?, pues primero porque estamos predispuestos hacia ello. El amor es algo que asegura el mantenimiento y la supervivencia de nuestra especie. Nos lleva a formar parejas y a reproducirnos. Esto, que visto así es algo totalmente carente de romanticismo y efectivamente tiene una motivación puramente práctica, es lo que subyace tras la ternura de nuestros sentimientos.

La evolución es una cosa muy seria y a lo largo de millones de años de historia ha aprendido cuales son las mejores maneras de asegurar la permanencia de cada especie. En los humanos la emoción más intensa, el amor, está ligada al establecimiento de una pareja. Por otra parte, la sensación placentera natural más intensa se produce por el sexo. Entre una cosa y la otra, la reproducción y la crianza de la prole en un entorno estable está asegurado.

De hecho, el matrimonio, fenómeno cultural que normalmente se entiende como consecuencia del amor, es la pieza que nos faltaba para el establecimiento de un núcleo social, la familia, que proporciona la estabilidad necesaria para nuestro desarrollo como persona. Tanto es así que las únicas sociedades humanas que han logrado desarrollarse son las que en un momento dado de su historia, adoptaron semejantes usos culturales. En su mayoría este tipo de procesos no son conscientes, ocurren por el sistema de “ensayo – error” en el que las poblaciones que no daban con la respuesta correcta simplemente se extinguían.



Así que Jamie y Maggie están filogenéticamente condenados a enamorarse y vete tú a saber si a formar también una familia, pero el hecho es que esa sublime sensación de entrega y trascendencia que implica dejar de ser uno mismo para formar parte del otro, acaba rompiendo todas las barreras que la lógica había impuesto.

En su relación hay dos puntos de inflexión. El primero es conferencia sobre el parkinson en Chicago. En ella Maggie siente por primera vez que no es un bicho raro y se siente por fin libre para aceptar el amor de Jamie. Pero al mismo tiempo alguien le abre a él los ojos sobre el futuro que le espera si sigue en su relación. Así que cada uno se mueve hacía la posición del otro, pero sobrepasando el punto de convergencia y situándose en posiciones nuevamente divergentes, aunque de sentido contrario a las que tenían anteriormente.

El segundo y definitivo punto de inflexión ocurre cuando Maggie convence a Jamie de aceptar la realidad de su situación médica y disfrutar el momento, dejando de buscar a toda costa remedios que todavía no existen. En ese momento los dos alcanzan el punto intermedio en el que pueden disfrutar de su amor.

Es una decisión difícil pues implica aceptar la realidad del Parkinson. Actualmente el tratamiento farmacológico permite que los enfermos puedan hacer vida normal durante cada vez más tiempo. En el año en que se sitúa la historia el futuro no era tan halagüeño y la perspectiva de los estadios más avanzados de la enfermedad era bastante preocupante.

El Parkinson se produce por una destrucción progresiva de las neuronas de la sustancia negra del cerebro, sin que se sepa muy bien por qué. Se trata entonces de una enfermedad neurodegenerativa que se va agravando con el tiempo, produciendo una dificultad creciente en el movimiento voluntario, cosa que normalmente se asume como el principal efecto, sino el único de la enfermedad. En realidad también afecta a la función cognitiva y a la emocional de las personas.

A diferencia de lo que ocurre en patologías como el Alzheimer, aquí el sujeto es plenamente consciente de su proceso degradativo, lo que le puede llevar al enfermo de Parkinson a sumirse en un estado de indefensión que puede terminar en una espiral depresiva.

Aunque en estos casos, mucha carga de la enfermedad descansa en los familiares que se hacen cargo del enfermo. Es conocida por todos la presión psicológica que recae en los cuidadores. Maggie es consciente de todo ello y aunque esta en un estadio precoz de la enfermedad, quiere evitar el sufrimiento de Jamie. Ambos ejemplifican los conceptos de sacrificio y entrega inherentes al amor, contribuyendo a aumentar el tono emotivo de la historia.




He mencionado antes que la depresión es frecuente entre los enfermos de Parkinson, pero también lo es en muchas otras circunstancias. La mayoría de los psicofármacos que se fabrican están destinados a combatirla en sus muchas variantes y con sus patologías asociadas. Más del tres por ciento de la población de los países occidentales la padece. En el Tercer Mundo la proporción es bastante menor. No es extraño, tienen otras cosas de qué preocuparse.

Pero aunque en nuestra cultura lo consideremos algo habitual y de vez en cuando todos hayamos confesado que estamos con “la depre”, lo cierto es que se trata de una patología recalcitrante, en la que el enfermo siente que no puede hacer nada para curarse y en muchas ocasiones se culpabiliza de su triste situación.

Aunque detrás de la depresión haya una causa real que podría tratarse psicológicamente, el paciente es incapaz de afrontar la psicoterapia requerida, por lo que en muchas ocasiones conviene comenzar con un tratamiento farmacológico que refuerce el estado de ánimo del sujeto.

El caso es que el deprimido es un cliente importante y la industria farmacéutica pugna por la preponderancia del mercado. “Reclutar” dignamente al médico para que recete tus productos y no los de la competencia es un arte complicado que requiere su estrategia. No creo que se llegue a las manos como en el caso de Jamie, representante del Zoloft de laboratorios Pfizer y Trey, el apuesto representante del Prozac de laboratorios Lilly. Ambos productos son inhibidores de la recaptación de serotonina, un neurotransmisor que se encarga de combatir diversas sensaciones negativas de nuestro organismo, provocando placenteros estados de ánimo. Pero como la mayoría de sustancias naturales que actúan a nivel del sistema nervioso central, la serotonina es de acción insidiosamente fugaz, cosa que se encargan de remediar los inhibidores de su recaptación como la fluoxetina (Prozac) o la sertralina (Zoloft), las sustancias pioneras en el logro de la felicidad artificial. Bueno, sin hablar de la Viagra (sildenafilo) que proporciona otro tipo de “felicidad”, cuyo impacto queda perfectamente retratado en la película.

Por cierto, antes de terminar quería comentar una curiosidad farmacéutica de la que me enteré por la película. Lo de las excursiones a Canadá para comprar medicamentos es algo totalmente cierto y fue una actividad muy popular y necesaria durante unos años para los jubilados estadounidenses y las clases más desfavorecidas. Llama la atención que cosas que aquí tenemos asumidas, como la financiación de los medicamentos por parte de la Seguridad Social, en otros países “más avanzados” sean algo impensable.

Resumiendo “Amor y otras drogas” no es sólo una comedia romántica para pasar el rato. Tiene muchos detalles para meditar y aunque no sea la típica película para hablar de psicología podemos encontrarle bastantes cosas interesantes.

Saludos,



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sábado, 26 de febrero de 2011

Cisne Negro - Liberando pasiones

Si has visto la película y te apetece comentarla te aconsejo que sigas leyendo. Si no la has visto y tienes intención de hacerlo anota la dirección de esta página y vuelve cuando lo hayas hecho. Es mejor que saques antes tus propias conclusiones.

Las películas de Darren Aronofsky son complicadas y esta no lo iba a ser menos. Es un director metódico, que cuida mucho los detalles y al que le encantan los personajes complicados. No hace un cine comercial y sus espectadores no se quedan indiferentes. Se convierten en admiradores o en detractores, sin que haya opción intermedia, de manera similar a como les pasa a Lynch o a Cronenberg. Ninguno hace películas para entretener y antes de entrar en el cine tienes que asumir que buena parte de la interpretación del argumento te corresponde a ti.




Conozco gente que terminó de ver Cisne Negro echando pestes de la película y después de reflexionar sobre ella confiesan que “necesitan” volver a verla.

Estarás de acuerdo conmigo en que no es una película excesivamente complicada, pero hay que estar atento a los detalles, unos detalles que a veces se te pasan porque desde el principio estás contagiado de la tensión que embarga a Nina, la protagonista, brillantemente interpretada por Natalie Portman.

El mundo de la danza clásica, lejos de la delicadeza inherente a sus personajes, puede ser tan despiadado como el que más. Nina lo sufre en sus carnes, no tan sólo por la dureza de los continuos ensayos, ni por la férrea competencia por destacar en la compañía. Además tiene que vérselas con una madre obsesiva, controladora y súper protectora. Erica (Barbara Hershey), antigua bailarina que tuvo que dejar el ballet cuando se quedó embarazada e inconscientemente culpa a Nina de ello, pretendiendo que su hija llegue a donde ella no pudo llegar, creando en casa un ambiente agobiante que ha hecho de ella una chica reprimida que sacrifica todo por triunfar en el baile.

Esa represión le impide lograr con éxito el reto que les plantea Thomas (Vincent Cassel), el director de la compañía. Se trata de encarnar los dos personajes que en “El lago de los cisnes” compiten por el amor del príncipe Sigfrido, Odette, la reina cisne (el Cisne Blanco) y la pérfida Odile, el Cisne Negro.

La dificultad de Nina para dominar este último papel es evidente. Su represión no sólo le impide actuar con la sensualidad necesaria, también imposibilita dejar a un lado el control de su conducta inculcado por la madre.




Son curiosas las tácticas de Thomas para enseñarle lo que espera de ella. Seducirla primero para pedirle luego que sea ella la que seduzca al público o recomendarle que se masturbe para aprender a liberar la energía de su cuerpo.

Desprenderse del control es demasiado difícil para ella y cuando el director nombra como su sustituta a la menos técnica, pero más sensual Lily (Mila Kunis), se siente totalmente amenazada. Si quiere el papel ha de dejar salir al cisne negro que lleva dentro, pero todo su aprendizaje y su control se lo impiden. Nunca lo conseguirá sin derrotar a su propio cisne blanco y eso es lo que personaliza su pelea con Lily, en realidad una pelea con ella misma en la que consigue liberar sus instintos reprimidos, pudiendo así interpretar los dos papeles a la perfección.

Un final simbólico y freudiano en el que convergen la historia de la protagonista y el papel que interpreta.

Bien, hasta ahí muy bonito, pero lo que nos queda por dirimir es si hay algún tipo de trastorno que justifique la conducta de Nina y nos explique por qué llega a ese extremo.

He de decir que en mi opinión no hay ninguno que ofrezca una concordancia total de síntomas. En principio podríamos pensar en un Trastorno de Identidad Disociativo, el típico Trastorno de Personalidad Múltiple, provocado primero por la tensión y el férreo ambiente en el que le ha hecho vivir la madre y segundo por el estrés de conseguir un papel en el que como condición tiene que liberar todo lo que ha estado reprimiendo hasta ahora.




Según el DSM IV, los criterios para el diagnóstico del Trastorno de identidad disociativo son:

A. Presencia de dos o más identidades o estados de personalidad (cada una con un patrón propio y relativamente persistente de percepción, interacción y concepción del entorno y de sí mismo).

B. Al menos dos de estas identidades o estados de personalidad controlan de forma recurrente el comportamiento del individuo.

C. Incapacidad para recordar información personal importante, que es demasiado amplia para ser explicada por el olvido ordinario.

D. El trastorno no es debido a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (p. ej., comportamiento automático o caótico por intoxicación alcohólica) o a una enfermedad médica (p. ej., crisis parciales complejas).

Nota: En los niños los síntomas no deben confundirse con juego fantasiosos o compañeros de juego imaginarios.


Podríamos decir que se cumplen todos los puntos, aunque nos queda la duda de que no exista otra patología asociada. Lo digo porque en la película podemos ver el proceso mediante el que eclosiona la personalidad “negra” y el conflicto que se genera con la “blanca”, pero sabemos que en los casos de múltiples personalidades el control de la conducta pasa de una a otra, pero no se pierde el sentido de la realidad ni se producen alucinaciones. Ambas cosas le ocurren a Nina, por lo que habría que buscar otra opción diagnóstica.

La esquizofrenia podría cuadrar. Nos explicaría la pérdida del sentido de la realidad y las alucinaciones, incluso el que se autoagreda, pero en cambio su origen no quedaría claro, ya que no parecen haber ocurrido episodios anteriores y el estrés que sufre actualmente la protagonista no es causa justificada.

Criterios para el diagnóstico de la Esquizofrenia
A. Síntomas característicos: Dos (o más) de los siguientes, cada uno de ellos presente durante una parte significativa de un período de 1 mes (o menos si ha sido tratado con éxito):

1. ideas delirantes
2. alucinaciones
3. lenguaje desorganizado (p. ej., descarrilamiento frecuente o incoherencia)
4. comportamiento catatónico o gravemente desorganizado
5. síntomas negativos, por ejemplo, aplanamiento afectivo, alogia o abulia

Nota: Sólo se requiere un síntoma del Criterio A si las ideas delirantes son extrañas, o si las ideas delirantes consisten en una voz que comenta continuamente los pensamientos o el comportamiento del sujeto, o si dos o más voces conversan entre ellas.

B. Disfunción social/laboral: Durante una parte singnificativa del tiempo desde el inicio de la alteración, una o más áreas importantes de actividad, como son el trabajo, las relaciones interpersonales o el cuidado de uno mismo, están claramente por debajo del nivel previo al inicio del trastorno (o, cuando el inicio es en la infancia o adolescencia, fracaso en cuanto a alcanzar el nivel esperable de rendimiento interpersonal, académico o laboral).

C. Duración: Persisten signos continuos de la alteración durante al menos 6 meses. Este período de 6 meses debe incluir al menos 1 mes de síntomas que cumplan el Criterio A (o menos si se ha tratado con éxito) y puede incluir los períodos de síntomas prodrómicos y residuales. Durante estos períodos prodrómicos o residuales, los signos de la alteración pueden manifestarse sólo por síntomas negativos o por dos o más síntomas de la lista del Criterio A, presentes de forma atenuada (p. ej., creencias raras, experiencias perceptivas no habituales).

D. Exclusión de los trastornos esquizoafectivo y del estado de ánimo: El trastorno esquizoafectivo y el trastorno del estado de ánimo con síntomas psicóticos se han descartado debido a: 1) no ha habido ningún episodio depresivo mayor, maníaco o mixto concurrente con los síntomas de la fase activa; o 2) si los episodios de alteración anímica han aparecido durante los síntomas de la fase activa, su duración total ha sido breve en relación con la duración de los períodos activo y residual.

E. Exclusión de consumo de sustancias y de enfermedad médica: El trastorno no es debido a los efectos fisiológicos directos de alguna sustancia (p. ej., una droga de abuso, un medicamento) o de una enfermedad médica.

F. Relación con un trastorno generalizado del desarrollo: Si hay historia de trastorno autista o de otro trastorno generalizado del desarrollo, el diagnóstico adicional de esquizofrenia sólo se realizará si las ideas delirantes o las alucinaciones también se mantienen durante al menos 1 mes (o menos si se han tratado con éxito).

Clasificación del curso longitudinal:

- Episódico con síntomas residuales interepisódicos (los episodios están determinados por la reaparición de síntomas psicóticos destacados): especificar también si: con síntomas negativos acusados
- Episódico sin síntomas residuales interepisódicos: Continuo (existencia de claros síntomas psicóticos a lo largo del período de observación): especificar también si: con síntomas negativos acusados
- Episodio único en remisión parcial: especificar también si: con síntomas negativos acusados
- Episodio único en remisión total
- Otro patrón o no especificado
- Menos de 1 año desde el inicio de los primeros síntomas de fase activa


Como ves, los tiempos no concuerdan, aunque cabe la posibilidad de que nos encontremos ante un proceso inicial en edad adulta. De todos modos sabemos que el cine a veces juega a su conveniencia con los síntomas (y signos) de sus protagonistas, lo que dificulta mucho la tarea a la hora de hacer un diagnóstico. Es lógico, el director pretende contar una historia emotiva, no hacer estudios de casos de psicopatología, aunque a veces podamos usar las historias cinematográficas con fines didácticos, por lo menos para discutir lo que es cierto y lo que no.




Aquí nos basta saber que el estrés ha provocado en Nina un brote psicótico que la ha llevado a conseguir su momento de gloria aunque a un precio demasiado alto.

En resumen, una película para ver un par de veces y disfrutar del espectáculo visual que nos ofrece Aronofsky y del auditivo a cargo de Clint Mansell, su compositor habitual de bandas sonoras a quien probablemente recuerdes por la de Réquiem por un Sueño, otra obra maestra de los dos.

Saludos,



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lunes, 7 de febrero de 2011

El discurso del rey

Una historia "real" de tartamudez


Dicen que a la reina Isabel II le gustó mucho esta película. No me extraña, deja muy bien a su padre, el rey Jorge VI, alguien que demostró valor, perseverancia y coraje.

Si miramos su biografía nos dirá que era el segundo hijo varón de Jorge V y que accedió al trono cuando renunció a él su hermano mayor, Eduardo VIII, el “rey que abdicó por amor” para casarse con Wallis Simpson, una norteamericana de clase alta dos veces divorciada. Demasiado para la encorsetada monarquía británica.



Es cierto que en tiempos de crisis se necesita que las figuras clave den ejemplo y él lo hizo, sin ir más lejos cuando durante la Segunda Guerra Mundial él y su familia permanecieron en su residencia de Londres durante la época de la Batalla de Inglaterra, negándose a desplazarse a Canadá como le aconsejaba el gobierno. Este hecho es muy famoso y si bien en las monarquías parlamentarias, “el rey reina pero no gobierna”, por lo menos debe ser un referente y ahí Jorge VI estuvo en su lugar.



Lo que habitualmente no se menciona cuando se habla de él es que era tartamudo. La tartamudez es un defecto del habla que a veces adquiere un matiz peyorativo y la persona que lo padece, el “tartaja”, es frecuentemente etiquetado de tonto o simple. Sólo tienes que repasar el acervo de chistes populares para saber que lo que digo es así, aunque bien es cierto que el humor a veces es cruel y se ceba, entre otras cosas, en todo lo que es minoritario o no es propio de nuestra cultura. Haz lo que te digo, piensa en los chistes que conoces y verás a lo que me refiero.

Actualmente, quizás para evitar ese matiz peyorativo que mencionaba, a la tartamudez se le prefiere llamar “disfemia” y se sabe que es un trastorno del ritmo del habla que no tiene que ver con trastornos de los órganos fonatorios, ni implica incapacidad lingüística, ni por supuesto problemas con la inteligencia.



En la cuarta edición del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM IV) se nos apuntan las siguientes características:

Criterios para el diagnóstico del F98.5 Tartamudeo (307.01)
A. Alteración de la fluidez y la organización temporal normales del habla (adecuadas para la edad del sujeto), caracterizada por ocurrencias frecuentes de uno o más de los siguientes fenómenos:

1. repeticiones de sonidos y sílabas
2. prolongaciones de sonidos
3. interjecciones
4. palabras fragmentadas (p. ej., pausas dentro de una palabra)
5. bloqueos audibles o silenciosos (pausas en el habla)
6. circunloquios (sustituciones de palabras para evitar palabras problemáticas)
7. palabras producidas con un exceso de tensión física
8. repeticiones de palabras monosilábicas (p. ej., "Yo-yo-yo le veo")

B. La alteración de la fluidez interfiere el rendimiento académico o laboral, o la comunicación social.

C. Si hay un déficit sensorial o motor del habla, las deficiencias del habla son superiores a las habitualmente asociadas a estos problemas.

Pero claro, implique alteraciones intelectuales o no, no está bien visto que un monarca tartamudee, da sensación de falta de confianza en sí mismo y le quita credibilidad a lo que dice. Algo totalmente inadecuado y menos para la época que le toco vivir a Jorge VI.



Parece ser que padecía una disfemia mixta, caracterizada por un bloqueo a la hora de iniciar el discurso y por espasmos que ocasionan la repetición de sílabas al inicio o en el medio de la frase.

Aunque en la película se apunta un trauma infantil, en parte ocasionado por las estrictas costumbres de la familia real, como causa del trastorno, en realidad los orígenes de la disfemia son poco claros. Se habla de la importancia del factor hereditario, que quizás interaccione con el temprano proceso de aprendizaje.

También puede extrañar la mayoritaria prevalencia masculina en este trastorno. Tres de cada cuatro afectados son varones, aspecto este que es bastante común en los trastornos del lenguaje. Quizás se deba a que las mujeres tienen distribuidas las funciones del lenguaje en los dos hemisferios cerebrales, pero lo cierto es que padecen muchos menos problemas de lenguaje.

Se habla también de problemas de índole psicológico, aunque nuevamente no existe unanimidad en ello, ni tampoco sobre la posible base subyacente de trastornos neurológicos.

Lo que sí parece demostrado es la relación con los trastornos de lateralidad. Los zurdos, sobre todo los contrariados como el caso de Jorge VI, presentan una mayor proporción de tartamudez.

Al mismo tiempo, en las situaciones estresantes y en las que se incrementa la ansiedad del sujeto se aumenta la intensidad de la disfemia.

Como medidas de prevención y tratamiento se habla de afianzar la confianza del niño siendo paciente con su ritmo verbal, no intentando corregirle ni adivinar lo que quiere decir, sino dejarle que lo haga tomándose su tiempo.

Por otra parte, técnicas como las que aparecen en la película, por ejemplo el ensombrecimiento de la propia voz, la relajación, el control de la respiración, el habla rítmica, el refuerzo positivo o la desensibilización sistemática, son absolutamente adecuadas para el tratamiento de la disfemia. Aunque quizás el principal mérito de su logopeda fue su sentido común, que le llevó a desaconsejar los métodos que le recomendaron los especialistas anteriores, como el "fumar para relajar la laringe". No es cierto que tal efecto se produzca y además probablemente contribuyó a agravar el cáncer de pulmón que en 1952 produjo el fallecimiento del monarca.



Resumiendo, la película dirigida por Tom Hooper tiene muchos méritos y a mi juicio es altamente recomendable. Primero cuenta con un magnífico elenco de actores. Encabezados por Colin Firth y su genial interpretación de Jorge VI, pero sin desmerecer a los demás no quiero dejar de mencionar a Geoffrey Rush (el inolvidable Barbossa) dando vida al terapeuta Lionel Logue. A Michael Gambon (el entrañable Maigret) interpretando a Jorge V. Y a Derek Jacobi (Claudio “el tartamudo”) interpretando a Cosmo Lang, el arzobispo de Canterbury.

También la ambientación y puesta en escena de la película me pareció excelente. Dibuja perfectamente el encorsetado día a día de la monarquía británica de principios del siglo pasado, imagino que similar al resto de las monarquías europeas.



Pero a mi juicio lo principal es el retrato que se hace de la tartamudez, explicando su origen y los perjuicios a los que se ven sometidos los que la padecen, el tratamiento necesariamente dispensado y recibido con perseverancia y paciencia, requisitos indispensables para superar la frustración del disfémico y, no lo olvidemos, de su terapeuta.

Y si de verdad quieres disfrutar "oyendo" la película, te recomiendo verla en inglés aunque tengas que esforzarte un poco más leyendo los subtítulos.

Para más información sobre la disfemia te sugiero que leas el siguiente artículo.

Saludos,



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