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miércoles, 30 de septiembre de 2009

Gente corriente

Si os digo la verdad, de no haber sido con el ciclo de Psiquiatría y Cine, del que ya os hablé y que se está celebrando en CaixaForum de Palma de Mallorca bajo el título de “Almas de cristal”, no se me habría ocurrido comentar aquí esta película. La había visto hace tiempo, pero la recordaba triste y lenta, que lo es. La verdad es que no me gustó y aún me sigue sorprendiendo que ganase cuatro oscar en su momento y más aún compitiendo con “El hombre elefante” y “Toro salvaje”.

Pero en el ciclo volví a verla, aunque esta vez en versión original subtitulada y con los comentarios de Juan Bellido, psiquiatra psicoanalista que dirige las sesiones y moderó el coloquio. Entre una cosa y otra aprecié matices que se me habían pasado por alto la primera vez.

Mi apreciación entonces ha cambiado. Gente corriente es una película lenta, pero no aburrida y está repleta de simbología que, aunque sea subconscientemente, te hace dibujar con exactitud las características de los personajes y la situación que viven.

Parte de una historia un tanto fácil y quizás empalagosa. En una idílica familia americana el hijo mayor muere en un accidente del que se salva el pequeño. Esto despierta en el adolescente (que edad más mala) un sentimiento de culpabilidad que se agrava por el hecho de que el hijo fallecido era el “preferido” de la madre. Agobiado por la situación joven intenta suicidarse y es internado en un psiquiátrico a consecuencia de ello. Tras recibir el alta el chico se reincorpora a la familia que intenta recuperar la normalidad, aunque todo es simple apariencia.

Es en este punto en el que Robert Redford nos empieza a contar la historia. Siendo su primera película como director, cuida mucho los detalles y se preocupa por retratar nítidamente los personajes.

Destaca Mary Tyler Moore, Beth, la madre. Fuerte y fría hasta el punto de hacerse odiosa. Es de destacar su interpretación dramática, sobre todo teniendo en cuenta que hasta entonces era mucho más conocida por su aparición en comedias.

Beth ha asumido la tarea de sacar adelante la familia. Afirma querer a su hijo, pero es intolerante con sus manifestaciones de rebeldía y no entiende que él realice esfuerzos por reclamar su cariño.




Donald Sutherland, Calvin, el padre, aparentemente bastante más débil que la madre, en realidad es el único que se da cuenta que tienen un problema y que parte importante de ello es la madre. Al final resulta que el fuerte es él.

Timothy Hutton, Conrad, el hijo. Adolescente inadaptado. Víctima de las circunstancias y de sus propios recuerdos. Se siente el principal obstáculo para que la familia recupere la normalidad. Al final acaba entendiendo que tienen un problema de fondo, pero que la culpa no es suya.

Judd Hirsch, el doctor Tyron Berger, el psiquiatra. Con sus preguntas y sus silencios va haciendo que Conrad reflexione sobre la situación que vive y consiga entenderla de verdad. Ese proceso de comprensión se extiende a Calvin y más tarde, evidentemente demasiado, a Beth.

Me gusta la actuación de este terapeuta, aunque desde diversos sectores profesionales se le critique porque acaba estableciendo una relación personal con su cliente. Tiene las ideas claras desde el principio y sabe emplear a su favor la hostilidad inicial del adolescente.

No he podido dejar de comparar su actuación con la de Andy García en “Los límites del silencio” en la que es completamente manipulado por un adolescente y va siempre detrás de él.

Otra cosa que me hace reflexionar sobre ambos terapeutas es su adscripción profesional. De Andy García se nos dice que es psicólogo, de Judd Hirsch que es psiquiatra, pero a juzgar por su actuación ¿podríamos establecer esa diferencia?.

Saludos,



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