AVISO IMPORTANTE

AVISO: Las informaciones contenidas en este blog pueden desentrañar importantes aspectos del argumento, incluso del final de la película en cuestión.
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sábado, 26 de febrero de 2011

Cisne Negro - Liberando pasiones

Si has visto la película y te apetece comentarla te aconsejo que sigas leyendo. Si no la has visto y tienes intención de hacerlo anota la dirección de esta página y vuelve cuando lo hayas hecho. Es mejor que saques antes tus propias conclusiones.

Las películas de Darren Aronofsky son complicadas y esta no lo iba a ser menos. Es un director metódico, que cuida mucho los detalles y al que le encantan los personajes complicados. No hace un cine comercial y sus espectadores no se quedan indiferentes. Se convierten en admiradores o en detractores, sin que haya opción intermedia, de manera similar a como les pasa a Lynch o a Cronenberg. Ninguno hace películas para entretener y antes de entrar en el cine tienes que asumir que buena parte de la interpretación del argumento te corresponde a ti.




Conozco gente que terminó de ver Cisne Negro echando pestes de la película y después de reflexionar sobre ella confiesan que “necesitan” volver a verla.

Estarás de acuerdo conmigo en que no es una película excesivamente complicada, pero hay que estar atento a los detalles, unos detalles que a veces se te pasan porque desde el principio estás contagiado de la tensión que embarga a Nina, la protagonista, brillantemente interpretada por Natalie Portman.

El mundo de la danza clásica, lejos de la delicadeza inherente a sus personajes, puede ser tan despiadado como el que más. Nina lo sufre en sus carnes, no tan sólo por la dureza de los continuos ensayos, ni por la férrea competencia por destacar en la compañía. Además tiene que vérselas con una madre obsesiva, controladora y súper protectora. Erica (Barbara Hershey), antigua bailarina que tuvo que dejar el ballet cuando se quedó embarazada e inconscientemente culpa a Nina de ello, pretendiendo que su hija llegue a donde ella no pudo llegar, creando en casa un ambiente agobiante que ha hecho de ella una chica reprimida que sacrifica todo por triunfar en el baile.

Esa represión le impide lograr con éxito el reto que les plantea Thomas (Vincent Cassel), el director de la compañía. Se trata de encarnar los dos personajes que en “El lago de los cisnes” compiten por el amor del príncipe Sigfrido, Odette, la reina cisne (el Cisne Blanco) y la pérfida Odile, el Cisne Negro.

La dificultad de Nina para dominar este último papel es evidente. Su represión no sólo le impide actuar con la sensualidad necesaria, también imposibilita dejar a un lado el control de su conducta inculcado por la madre.




Son curiosas las tácticas de Thomas para enseñarle lo que espera de ella. Seducirla primero para pedirle luego que sea ella la que seduzca al público o recomendarle que se masturbe para aprender a liberar la energía de su cuerpo.

Desprenderse del control es demasiado difícil para ella y cuando el director nombra como su sustituta a la menos técnica, pero más sensual Lily (Mila Kunis), se siente totalmente amenazada. Si quiere el papel ha de dejar salir al cisne negro que lleva dentro, pero todo su aprendizaje y su control se lo impiden. Nunca lo conseguirá sin derrotar a su propio cisne blanco y eso es lo que personaliza su pelea con Lily, en realidad una pelea con ella misma en la que consigue liberar sus instintos reprimidos, pudiendo así interpretar los dos papeles a la perfección.

Un final simbólico y freudiano en el que convergen la historia de la protagonista y el papel que interpreta.

Bien, hasta ahí muy bonito, pero lo que nos queda por dirimir es si hay algún tipo de trastorno que justifique la conducta de Nina y nos explique por qué llega a ese extremo.

He de decir que en mi opinión no hay ninguno que ofrezca una concordancia total de síntomas. En principio podríamos pensar en un Trastorno de Identidad Disociativo, el típico Trastorno de Personalidad Múltiple, provocado primero por la tensión y el férreo ambiente en el que le ha hecho vivir la madre y segundo por el estrés de conseguir un papel en el que como condición tiene que liberar todo lo que ha estado reprimiendo hasta ahora.




Según el DSM IV, los criterios para el diagnóstico del Trastorno de identidad disociativo son:

A. Presencia de dos o más identidades o estados de personalidad (cada una con un patrón propio y relativamente persistente de percepción, interacción y concepción del entorno y de sí mismo).

B. Al menos dos de estas identidades o estados de personalidad controlan de forma recurrente el comportamiento del individuo.

C. Incapacidad para recordar información personal importante, que es demasiado amplia para ser explicada por el olvido ordinario.

D. El trastorno no es debido a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (p. ej., comportamiento automático o caótico por intoxicación alcohólica) o a una enfermedad médica (p. ej., crisis parciales complejas).

Nota: En los niños los síntomas no deben confundirse con juego fantasiosos o compañeros de juego imaginarios.


Podríamos decir que se cumplen todos los puntos, aunque nos queda la duda de que no exista otra patología asociada. Lo digo porque en la película podemos ver el proceso mediante el que eclosiona la personalidad “negra” y el conflicto que se genera con la “blanca”, pero sabemos que en los casos de múltiples personalidades el control de la conducta pasa de una a otra, pero no se pierde el sentido de la realidad ni se producen alucinaciones. Ambas cosas le ocurren a Nina, por lo que habría que buscar otra opción diagnóstica.

La esquizofrenia podría cuadrar. Nos explicaría la pérdida del sentido de la realidad y las alucinaciones, incluso el que se autoagreda, pero en cambio su origen no quedaría claro, ya que no parecen haber ocurrido episodios anteriores y el estrés que sufre actualmente la protagonista no es causa justificada.

Criterios para el diagnóstico de la Esquizofrenia
A. Síntomas característicos: Dos (o más) de los siguientes, cada uno de ellos presente durante una parte significativa de un período de 1 mes (o menos si ha sido tratado con éxito):

1. ideas delirantes
2. alucinaciones
3. lenguaje desorganizado (p. ej., descarrilamiento frecuente o incoherencia)
4. comportamiento catatónico o gravemente desorganizado
5. síntomas negativos, por ejemplo, aplanamiento afectivo, alogia o abulia

Nota: Sólo se requiere un síntoma del Criterio A si las ideas delirantes son extrañas, o si las ideas delirantes consisten en una voz que comenta continuamente los pensamientos o el comportamiento del sujeto, o si dos o más voces conversan entre ellas.

B. Disfunción social/laboral: Durante una parte singnificativa del tiempo desde el inicio de la alteración, una o más áreas importantes de actividad, como son el trabajo, las relaciones interpersonales o el cuidado de uno mismo, están claramente por debajo del nivel previo al inicio del trastorno (o, cuando el inicio es en la infancia o adolescencia, fracaso en cuanto a alcanzar el nivel esperable de rendimiento interpersonal, académico o laboral).

C. Duración: Persisten signos continuos de la alteración durante al menos 6 meses. Este período de 6 meses debe incluir al menos 1 mes de síntomas que cumplan el Criterio A (o menos si se ha tratado con éxito) y puede incluir los períodos de síntomas prodrómicos y residuales. Durante estos períodos prodrómicos o residuales, los signos de la alteración pueden manifestarse sólo por síntomas negativos o por dos o más síntomas de la lista del Criterio A, presentes de forma atenuada (p. ej., creencias raras, experiencias perceptivas no habituales).

D. Exclusión de los trastornos esquizoafectivo y del estado de ánimo: El trastorno esquizoafectivo y el trastorno del estado de ánimo con síntomas psicóticos se han descartado debido a: 1) no ha habido ningún episodio depresivo mayor, maníaco o mixto concurrente con los síntomas de la fase activa; o 2) si los episodios de alteración anímica han aparecido durante los síntomas de la fase activa, su duración total ha sido breve en relación con la duración de los períodos activo y residual.

E. Exclusión de consumo de sustancias y de enfermedad médica: El trastorno no es debido a los efectos fisiológicos directos de alguna sustancia (p. ej., una droga de abuso, un medicamento) o de una enfermedad médica.

F. Relación con un trastorno generalizado del desarrollo: Si hay historia de trastorno autista o de otro trastorno generalizado del desarrollo, el diagnóstico adicional de esquizofrenia sólo se realizará si las ideas delirantes o las alucinaciones también se mantienen durante al menos 1 mes (o menos si se han tratado con éxito).

Clasificación del curso longitudinal:

- Episódico con síntomas residuales interepisódicos (los episodios están determinados por la reaparición de síntomas psicóticos destacados): especificar también si: con síntomas negativos acusados
- Episódico sin síntomas residuales interepisódicos: Continuo (existencia de claros síntomas psicóticos a lo largo del período de observación): especificar también si: con síntomas negativos acusados
- Episodio único en remisión parcial: especificar también si: con síntomas negativos acusados
- Episodio único en remisión total
- Otro patrón o no especificado
- Menos de 1 año desde el inicio de los primeros síntomas de fase activa


Como ves, los tiempos no concuerdan, aunque cabe la posibilidad de que nos encontremos ante un proceso inicial en edad adulta. De todos modos sabemos que el cine a veces juega a su conveniencia con los síntomas (y signos) de sus protagonistas, lo que dificulta mucho la tarea a la hora de hacer un diagnóstico. Es lógico, el director pretende contar una historia emotiva, no hacer estudios de casos de psicopatología, aunque a veces podamos usar las historias cinematográficas con fines didácticos, por lo menos para discutir lo que es cierto y lo que no.




Aquí nos basta saber que el estrés ha provocado en Nina un brote psicótico que la ha llevado a conseguir su momento de gloria aunque a un precio demasiado alto.

En resumen, una película para ver un par de veces y disfrutar del espectáculo visual que nos ofrece Aronofsky y del auditivo a cargo de Clint Mansell, su compositor habitual de bandas sonoras a quien probablemente recuerdes por la de Réquiem por un Sueño, otra obra maestra de los dos.

Saludos,



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lunes, 7 de febrero de 2011

El discurso del rey

Una historia "real" de tartamudez


Dicen que a la reina Isabel II le gustó mucho esta película. No me extraña, deja muy bien a su padre, el rey Jorge VI, alguien que demostró valor, perseverancia y coraje.

Si miramos su biografía nos dirá que era el segundo hijo varón de Jorge V y que accedió al trono cuando renunció a él su hermano mayor, Eduardo VIII, el “rey que abdicó por amor” para casarse con Wallis Simpson, una norteamericana de clase alta dos veces divorciada. Demasiado para la encorsetada monarquía británica.



Es cierto que en tiempos de crisis se necesita que las figuras clave den ejemplo y él lo hizo, sin ir más lejos cuando durante la Segunda Guerra Mundial él y su familia permanecieron en su residencia de Londres durante la época de la Batalla de Inglaterra, negándose a desplazarse a Canadá como le aconsejaba el gobierno. Este hecho es muy famoso y si bien en las monarquías parlamentarias, “el rey reina pero no gobierna”, por lo menos debe ser un referente y ahí Jorge VI estuvo en su lugar.



Lo que habitualmente no se menciona cuando se habla de él es que era tartamudo. La tartamudez es un defecto del habla que a veces adquiere un matiz peyorativo y la persona que lo padece, el “tartaja”, es frecuentemente etiquetado de tonto o simple. Sólo tienes que repasar el acervo de chistes populares para saber que lo que digo es así, aunque bien es cierto que el humor a veces es cruel y se ceba, entre otras cosas, en todo lo que es minoritario o no es propio de nuestra cultura. Haz lo que te digo, piensa en los chistes que conoces y verás a lo que me refiero.

Actualmente, quizás para evitar ese matiz peyorativo que mencionaba, a la tartamudez se le prefiere llamar “disfemia” y se sabe que es un trastorno del ritmo del habla que no tiene que ver con trastornos de los órganos fonatorios, ni implica incapacidad lingüística, ni por supuesto problemas con la inteligencia.



En la cuarta edición del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM IV) se nos apuntan las siguientes características:

Criterios para el diagnóstico del F98.5 Tartamudeo (307.01)
A. Alteración de la fluidez y la organización temporal normales del habla (adecuadas para la edad del sujeto), caracterizada por ocurrencias frecuentes de uno o más de los siguientes fenómenos:

1. repeticiones de sonidos y sílabas
2. prolongaciones de sonidos
3. interjecciones
4. palabras fragmentadas (p. ej., pausas dentro de una palabra)
5. bloqueos audibles o silenciosos (pausas en el habla)
6. circunloquios (sustituciones de palabras para evitar palabras problemáticas)
7. palabras producidas con un exceso de tensión física
8. repeticiones de palabras monosilábicas (p. ej., "Yo-yo-yo le veo")

B. La alteración de la fluidez interfiere el rendimiento académico o laboral, o la comunicación social.

C. Si hay un déficit sensorial o motor del habla, las deficiencias del habla son superiores a las habitualmente asociadas a estos problemas.

Pero claro, implique alteraciones intelectuales o no, no está bien visto que un monarca tartamudee, da sensación de falta de confianza en sí mismo y le quita credibilidad a lo que dice. Algo totalmente inadecuado y menos para la época que le toco vivir a Jorge VI.



Parece ser que padecía una disfemia mixta, caracterizada por un bloqueo a la hora de iniciar el discurso y por espasmos que ocasionan la repetición de sílabas al inicio o en el medio de la frase.

Aunque en la película se apunta un trauma infantil, en parte ocasionado por las estrictas costumbres de la familia real, como causa del trastorno, en realidad los orígenes de la disfemia son poco claros. Se habla de la importancia del factor hereditario, que quizás interaccione con el temprano proceso de aprendizaje.

También puede extrañar la mayoritaria prevalencia masculina en este trastorno. Tres de cada cuatro afectados son varones, aspecto este que es bastante común en los trastornos del lenguaje. Quizás se deba a que las mujeres tienen distribuidas las funciones del lenguaje en los dos hemisferios cerebrales, pero lo cierto es que padecen muchos menos problemas de lenguaje.

Se habla también de problemas de índole psicológico, aunque nuevamente no existe unanimidad en ello, ni tampoco sobre la posible base subyacente de trastornos neurológicos.

Lo que sí parece demostrado es la relación con los trastornos de lateralidad. Los zurdos, sobre todo los contrariados como el caso de Jorge VI, presentan una mayor proporción de tartamudez.

Al mismo tiempo, en las situaciones estresantes y en las que se incrementa la ansiedad del sujeto se aumenta la intensidad de la disfemia.

Como medidas de prevención y tratamiento se habla de afianzar la confianza del niño siendo paciente con su ritmo verbal, no intentando corregirle ni adivinar lo que quiere decir, sino dejarle que lo haga tomándose su tiempo.

Por otra parte, técnicas como las que aparecen en la película, por ejemplo el ensombrecimiento de la propia voz, la relajación, el control de la respiración, el habla rítmica, el refuerzo positivo o la desensibilización sistemática, son absolutamente adecuadas para el tratamiento de la disfemia. Aunque quizás el principal mérito de su logopeda fue su sentido común, que le llevó a desaconsejar los métodos que le recomendaron los especialistas anteriores, como el "fumar para relajar la laringe". No es cierto que tal efecto se produzca y además probablemente contribuyó a agravar el cáncer de pulmón que en 1952 produjo el fallecimiento del monarca.



Resumiendo, la película dirigida por Tom Hooper tiene muchos méritos y a mi juicio es altamente recomendable. Primero cuenta con un magnífico elenco de actores. Encabezados por Colin Firth y su genial interpretación de Jorge VI, pero sin desmerecer a los demás no quiero dejar de mencionar a Geoffrey Rush (el inolvidable Barbossa) dando vida al terapeuta Lionel Logue. A Michael Gambon (el entrañable Maigret) interpretando a Jorge V. Y a Derek Jacobi (Claudio “el tartamudo”) interpretando a Cosmo Lang, el arzobispo de Canterbury.

También la ambientación y puesta en escena de la película me pareció excelente. Dibuja perfectamente el encorsetado día a día de la monarquía británica de principios del siglo pasado, imagino que similar al resto de las monarquías europeas.



Pero a mi juicio lo principal es el retrato que se hace de la tartamudez, explicando su origen y los perjuicios a los que se ven sometidos los que la padecen, el tratamiento necesariamente dispensado y recibido con perseverancia y paciencia, requisitos indispensables para superar la frustración del disfémico y, no lo olvidemos, de su terapeuta.

Y si de verdad quieres disfrutar "oyendo" la película, te recomiendo verla en inglés aunque tengas que esforzarte un poco más leyendo los subtítulos.

Para más información sobre la disfemia te sugiero que leas el siguiente artículo.

Saludos,



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martes, 25 de enero de 2011

World Builder - El constructor de mundos

Recientemente estábamos discutiendo en otro de mis blogs sobre los mundos virtuales y la visión que en el cine se ha dado de ellos. Si me permitís, os recomiendo que le echéis un vistazo al tema pulsando este enlace. Creo que os será interesante pues los entornos virtuales permiten desarrollos psicológicos interesantes, así que en el fondo todo está relacionado.

El caso es que Cheque Falta, un personaje virtual que por cierto a mí me conoce como Rheim Runner, mi alter ego digital, me sugirió que viese un corto. Se llama “World Builder” (El constructor de mundos), es del año 2007 y su guión y dirección corren a cargo de Bruce Branit, quien se ha encargado de los efectos visuales de algunas películas como “El motorista fantasma” (The Ghost Rider) o algunos episodios de la serie “Perdidos” (Lost). Está interpretado por Brian Paulette (el constructor) y Erin McGrane (la mujer).

Ellos son los encargados de hacernos vivir en poco más de nueve minutos una emotiva historia de amor.

Quien conozca el mundo virtual de Second Life y haya intentado construir algo en él seguro que envidia la técnica y la facilidad con las que “el constructor” se desenvuelve en esta película, pero al mismo tiempo sé que estas escenas les serán terriblemente familiares. Eso fue lo primero que me llamó la atención de esta historia, pero evidentemente no es de eso de lo que quiero hablar aquí. Es de otra cosa pero ahora, antes de seguir leyendo, te invito a que veas la película.


Bueno, ya sé que a estas alturas has visto mucho cine y que la pulsera y el camisón de la chica te hacían temer lo peor, pero de todas maneras no quería estropear la "sorpresa" final.

No soy dado a las historias melifluas, pero esta me ha emocionado. Más que nada porque apunta a una posibilidad que ya comentaba en el artículo que te mencioné antes sobre los mundos virtuales en el cine. Si entonces decía que estos “metaversos” podrían ser un arma, o por lo menos un consuelo terapéutico, para determinados pacientes, ahora estoy mucho más convencido de ello.

La tecnología que se emplea puede parecer de ciencia ficción, pero la verdad es que está ya a la vuelta de la esquina y para sacarle partido sólo se necesita un poco de imaginación y quizás también de valor. Estamos abriendo un nuevo camino, la Psicología Virtual está llamando a nuestra puerta ¿seremos capaces de abrir?.

Saludos,




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lunes, 17 de enero de 2011

Gracias por fumar - Reflexiones sobre la Ley Antitabaco

Ya tenía ganas de que entrase en vigor en España la dichosa Ley Antitabaco. Aunque no soy fumador, normalmente no me molesta en exceso que fumen a mi lado y no soy de los que señalan a los fumadores con el dedo. Ahora bien, sí me molesta el humo cuando estoy comiendo y no me deja saborear los platos por los que a veces pagas un dineral. También me molesta cuando entras en un taxi o en un local en el que han fumado intensamente y huele a humo rancio. Ya digo que soy respetuoso con los derechos de los fumadores, si quieren hacerlo allá ellos. Procuraba no entrar en los locales que anunciaban que se permitía fumar, pero me molestaba que en los bares que tenían ambientes separados, estos no estuviesen tan separados y el humo te llegaba de todas maneras.

Siento el desembolso que tuvieron que hacer los propietarios de establecimientos de hostelería y restauración para adecuarse a las anteriores normas, pero en muchísimos casos esa “adecuación” fallaba por todas partes. Mi simpatía está con los que de verdad consiguieron ambientes auténticamente separados y ahora toda la inversión no sirve para nada. Creo que a ellos se les debería de indemnizar.

Pero sinceramente pienso que dentro de unos meses nos acostumbraremos a no fumar en locales públicos y dejaremos de hablar de esto, igual que tampoco hablamos ya de los controladores. Temas más acuciantes, como la crisis, ocuparán nuestra atención curiosamente distraída por la actualidad de… ¡caramba! por lo de los controladores y lo del tabaco ¿será coincidencia?.

El caso es que con todo este lío, me han venido a la mente muchísimas cosas, entre ellas la película “Gracias por fumar”, quizás también porque la última que comenté (Up in the air) era del mismo director, Jason Reitman. Pero a mí me gusta me gusta más ésta, la encuentro una comedia muy divertida e inteligente.



Al igual que en Up in the air, Reitman nos presenta un hombre apegado a su trabajo, un trabajo duro y desagradecido, pero que el protagonista lleva con tremenda dignidad. De hecho, estoy seguro de que muchos aquí darían cualquier cosa porque apareciese un Nick Naylor (Aaron Eckhart) desempeñando tan fabulosamente bien como en la película el papel de Defensor de los Derechos de los Fumadores, porque sí, a eso se dedica el avispado señor Naylor, un ejecutivo perspicaz y rápido de reflejos intelectuales, capaz de dar la vuelta a una audiencia en contra en un programa de debate, de volver contra sí los argumentos de cualquier político o de conseguir que un enfermo terminal de cáncer acepte un chantaje que en principio le habría tirado a la cara.

A pesar de representar un peligro para la salud pública, es inevitable que este ejecutivo tabacalero nos caiga bien. Su personaje rebosa de habilidades sociales y destaca por su inteligencia emocional. Sabe calar a su interlocutor, adivinar lo que piensa y lo que siente y conseguir que parezca que en el fondo están de acuerdo. Además es un personaje creíble y todo gracias a la interpretación de Aaron Eckhart. El guión parece hecho a su medida y con su aspecto desenfadado y de cara dura al límite de la legalidad, nos hace pasar un rato muy agradable en medio de una historia que podría ser bastante dramática.

Además la película está plagada de momentos cumbre, con frases dignas de ser enmarcadas, algunas de las cuales las puedes encontrar en las secuencias que he seleccionado.



Y es que lo del fumar es una cosa muy seria. Cuando hablamos de drogas, a veces no me resisto a introducir una pregunta, aparentemente inocente, en la conversación: “¿Y tú cuál crees que es la droga más peligrosa?”. Independientemente de cuál sea la respuesta, el dato al quiero llegar es que en España la sustancia que más muertes directas causa es el tabaco y la que más problemas sociales genera es el alcohol. Las dos drogas legales que curiosamente forman parte de nuestra cultura.

Al igual que se dice en la película, todos asumimos que el tabaco es algo malo y que mata lentamente. Por eso mismo le hemos perdido el miedo, confiamos en que las consecuencias negativas tarden en llegar y mientras tanto nos vamos arriesgando con la esperanza de que el peligro pase de largo. Sabemos que el tabaco mata, pero nos resignamos pensando que “de algo hay que morir”.

Sorprendentemente no siempre tenemos una actitud tan sumisa ante los peligros del consumo. Haz un ejercicio de memoria, sitúate hace unos quince años en el tiempo. ¿Te acuerdas de la Encefalopatía Espongiforme Bovina?. Bueno, igual eras muy joven, pero si te hablo de la “Enfermedad de las Vacas Locas” igual te suena más. ¿A qué viene esto?. Pues es un ejemplo para que veas lo complicadas que somos las personas. En aquella época tuvo mucho eco en la prensa esta enfermedad de origen animal y cuyo contagio se asociaba probablemente al consumo de carne de animales infectados. Este posible origen no confirmado (hubo personas a las que se les diagnosticó la enfermedad y que eran vegetarianos estrictos) originó un acusado descenso en el consumo de carne de vaca. En cambio la asociación, no probable sino segura, entre el consumo de tabaco y el cáncer de pulmón no provoca una disminución del consumo. ¿Por qué ocurre esto?, pues porque el fumar conlleva un riesgo inherente que tenemos asumido y admitido, en cambio comerse un entrecot no suponía demasiado peligro… hasta entonces.

Date cuenta que según esto, el que el tabaco nos prepare una muerte dolorosa no nos asusta demasiado, lo aceptamos y de poco o de nada sirve que en las cajetillas nos avisen de que es peligroso o nos pongan fotos de pulmones deshechos. El fumar es un gesto automático y ni miramos la cajetilla.

Pero si todo eso ya lo saben y siguen consumiendo ¿de qué se quejan entonces los fumadores que demandan a las tabacaleras?. Pues de que la industria manipula directamente la composición de los cigarrillos para que sean más adictivos, efecto que se consigue tratando, por ejemplo, las labores del tabaco con amoniaco sin que se avise al consumidor de sus “efectos secundarios”. Ésta y otras sustancias, cuya composición no figura en las cajetillas, consiguen que la nicotina llegue mejor al torrente sanguíneo, que el humo irrite menos y cosas así. Consecuencia: el individuo se engancha mucho más fácilmente aunque el cigarrillo sea bajo en nicotina.



Y tenemos que tener en cuenta que la adicción al tabaco es una de las más difíciles de abandonar. Como ocurre en la mayoría de los casos, por una parte tiene un componente físico, que se debe a que nuestro organismo se ha acostumbrado a la nicotina y la necesita para funcionar. Por otra tiene un componente psicológico, debido a que hemos asociado el fumar a muchos momentos de nuestra vida cotidiana. El primer cigarrillo de la mañana suele ser el más apetecible precisamente porque nuestro cuerpo está prácticamente en síndrome de abstinencia, pero no se disfrutan menos el de la cervecita con los amigos o el del cafetito de después de comer, por ejemplo. Éstas y otras muchas situaciones no serían lo mismo si les quitásemos el cigarrito y eso se debe a que, a fuerza de repetirlo, hemos realizado un aprendizaje que nos indica que ambos sucesos ocurren juntos y no disfrutamos de lo uno si falta el otro. A diferencia de otras drogas cuyo consumo es menos frecuente, el tabaco está asociado a multitud de momentos de nuestra vida y en cada uno de ellos nuestro cerebro nos indicará que es hora de fumar, esa es la verdadera dificultad de abandonar esta adicción.

A veces puede sorprender que la dependencia física, la que se produce por falta de nicotina, desaparece después de poco más de una semana de haber dejado de fumar. Pero la dependencia psicológica, la debida al aprendizaje, es muchísimo más duradera. No es por nada, pero si estás intentando dejar de fumar, más que gastarte el dinero en parches de nicotina deberías ir al psicólogo. A veces piensas que si deseas fumar es porque tu cuerpo necesita nicotina y lo que ocurre es que simplemente tu cerebro te está recordando lo que habías aprendido, que en la situación en la que estás lo que toca es un cigarrito.

Para terminar una cosa curiosa, la historia del Hombre Marlboro que nos cuentan en la película está basada en la realidad. La compañía Philip Morris lanzó en los años veinte unos cigarrillos con filtro destinados al público femenino y el reclamo era precisamente la suavidad que les proporcionaba semejante complemento.



Pero vender cigarrillos sólo para mujeres no era suficiente negocio, así que años más tarde los anuncios del vaquero de Marlboro intentaban recuperar el aire viril de los cigarrillos con filtro. La campaña fue un éxito y se ha mantenido con distintas variaciones hasta hace poco, siendo varios actores los que la protagonizaron. El primero fue William Thourlby, pero entre los que se siguieron estaban Wayne McLaren y David McLean. Los dos murieron de cáncer de pulmón después de fumar habitualmente “Marlboro Reds”. McLaren en los últimos años de su vida apoyó activamente la Ley Antitabaco en Estados Unidos y, al igual que en la película, la compañía intentó negar que participase en sus anuncios. En el último que protagonizó se superponían las imágenes del anuncio original, a caballo, con las de la cama del hospital entubado.



Cuando la publicidad te quiere vender algo, te lo vende y emplea métodos igual de contundentes tanto para convencerte de una idea como de la contraria. Así que como les explicaba Naylor a los niños, lo mejor es no dejar que nos convenzan de lo que tenemos que pensar y tener nuestras propias ideas, pero... ¿podremos?



Saludos,



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lunes, 24 de mayo de 2010

Un día de furia

Dirigida por Joel Schumacher en 1993, "Un día de furia" es un drama personal al que psicológicamente se le puede sacar más provecho de lo que en un momento parece.

Nos presenta la historia de un personaje aparentemente contradictorio, William Foster (Michael Douglas), un ejecutivo de aspecto tranquilo que nos sorprende con sus violentas reacciones.

A mi juicio la primera escena es muy interesante y parece que va a definir el sentido de la película. Atrapado en medio de un atasco de tráfico, con un calor sofocante que el aire acondicionado del coche no puede paliar, todo el ambiente que rodea a William se vuelve hostil y vemos como su tensión aumenta, augurando la explosión de furia que anuncia el título de la película.

Pero no, tal explosión no se produce. William se harta, decide que no puede aguantar más, así que abandona su automóvil en medio de la autopista y se va caminando, ante el asombro del resto de los conductores.




Su actitud es tranquila. Le dice a otro conductor que deja el coche y se va andando a su casa, pero se lo dice sin ningún asomo de enfado. Incluso actúa de igual manera en el resto de interacciones que mantiene con la gente que se cruza. Él está sereno, calmado y es bastante amable, pero cuando obstaculizan sus propósitos, sobre todo cuando lo hacen de manera abusiva o que él considera injusta, es cuando reacciona de manera violenta.

Aunque es una violencia curiosa, por lo menos a mí me llamó la atención. No se deja llevar por un arrebato de ira en el que reacciona sin pensar y luego se arrepiente de lo que ha hecho. No. Al contrario. Mantiene una postura sosegada, sin alterarse. Parece que la hostilidad no es una opción en su abanico de conductas posibles. Pero nunca retrocede y cuando alguien intenta imponerse injusta o violentamente, reacciona con una contundencia inesperada, utilizando las armas que antes habían empleado contra él.




William parece que toma el papel de súper héroe de “a pie”. Un ciudadano justiciero y hasta vengativo que no tiene piedad con la publicidad engañosa, ni con los chicos que le asaltan en el parque, ni con el comerciante que le pide un precio abusivo por un refresco. Eso le costara que le destroce la tienda, pero que antes de irse le abone el precio que consideraba “justo”.

Cuando la estaba viendo, pensé que la película podía reflejar adecuadamente el fenómeno que Zillman había definido como “transferencia de la activación”. Según esto, una persona que se viese sometida a una experiencia activadora (estresante) podría no manifestar en ese momento la descarga emocional que sería de esperar, pero podría quedarse lo suficientemente excitada para que luego un segundo estímulo, aparentemente insignificante incluso, desencadenase una reacción desmedida, que sería evidentemente más la respuesta a la primera experiencia que a la segunda. Entonces, sólo podremos comprender esa reacción si conocemos la historia previa.

La película nos muestra todas esas historias previas. Vemos como William acumula tensión en el momento del atasco, pero entonces no reacciona. Se va con su tensión acumulada hasta que se topa con el comerciante coreano, que recibe su descarga de ira cuando no le da el cambio que necesita y le pide un precio abusivo por la bebida. Y lo mismo en toda la película.




Está separado de su mujer. Es el cumpleaños de su hijita y sólo quiere verla ese día para llevarle un regalo. Pero su mujer no quiere saber nada de él y parece que todas las circunstancias se han puesto en contra de esa visita. Se siente frustrado y cada episodio que vive incrementa más su excitación, aumentando la violencia de sus reacciones. Así en la genial escena de la hamburguesería, los empleados se quedan perplejos cuando William la emprende a tiros por que la hamburguesa que le dan no es como la de la foto.




Esas explosiones de ira serían lo lógico y esperable después de las experiencias que vive el protagonista. Pero hay algo que no cuadra en las escenas violentas. La ira implica una respuesta emocional, no meditada, en la que es nuestro sistema límbico y no la corteza cerebral el que regula nuestras acciones y da rienda suelta a nuestra energía.

Aunque no lo parezca, la ira, como todas las emociones, es una respuesta adaptativa y muy útil para nuestra supervivencia. Proporciona una alta activación que dota a nuestras acciones de una elevada energía que da contundencia a nuestra respuesta. Además el rostro adopta una expresión facial característica que avisa a todo el mundo del estado emocional en el que nos encontramos y es una señal para que no se interpongan en nuestro camino. Pero lo característico es que todo eso ocurre rápidamente, a veces demasiado. Es como un acto reflejo en el que se actúa sin pensar, sin evaluar las consecuencias y en muchas ocasiones “metiendo la pata”.




Pero eso no pasa aquí, William no se deja llevar por la ira. Reacciona violentamente pero nunca pierde la compostura, ni el control. Su rostro no se altera. Sus acciones son medidas, hace lo que quiere hacer porque considera que debe de dar su merecido a alguien. Pero la furia en su acepción más conocida brilla por su ausencia.

Creo que el título original en inglés Falling Down (Cayendo) refleja muy bien esa sensación de huida hacia delante que vive el protagonista. El título que le han puesto en español “Un día de furia” es poco meditado y nos lleva a pensar en un irascible personaje que en principio no existe (luego te comentaré por qué pongo “en principio”).

Pero entonces ¿que le pasa a William?. Pues es una persona psicótica, antisocial que parece sufrir un trastorno de control de impulsos. Aunque no se deja llevar por la ira y tampoco pierda su aspecto de meticuloso oficinista, sus violentas reacciones son desproporcionadas e inadmisibles en el marco de la convivencia social. Probablemente todos hubiésemos deseado reaccionar como él en más de una ocasión, aunque normalmente no lo hacemos. Las reglas de la convivencia nos lo impiden.

Pero sí hay una escena en la que vemos a William perder los estribos. ¿Sabes cuál es?. La secuencia de la película que ve en el vídeo de la casa de su mujer. Cuando su hija no hace lo que él quiere y eso le provoca una irritación exagerada. Tal escena no parece ser un episodio aislado y sus frecuentes e impredecibles repeticiones son lo que han provocado la separación de su mujer. Es el único momento en el que vemos al personaje irascible que antes había comentado que “en principio” no existía.

El trastorno de control de impulsos del que hablaba antes parece entonces que se manifiesta como un trastorno explosivo intermitente, que sería el auténtico problema de William. Pero te sugiero que vuelvas a ver la película, compares les escenas violentas y veas la diferencia entre los episodios que le suceden a lo largo de la historia y el que está grabado en la cinta de vídeo. Comprobarás lo que es furia y lo que no lo es.

Ese trastorno explosivo intermitente se caracteriza según el DSM IV por:

A. Varios episodios aislados de dificultad para controlar los impulsos agresivos, que dan lugar a violencia o a destrucción de la propiedad.

B. El grado de agresividad durante los episodios es desproporcionado con respecto a la intensidad de cualquier estresante psicosocial precipitante.

C. Los episodios agresivos no se explican mejor por la presencia de otro trastorno mental (p. ej., trastorno antisocial de la personalidad, trastorno límite de la personalidad, trastorno psicótico, episodio maníaco, trastorno disocial o trastorno por déficit de atención con hiperactividad) y no son debidos a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (p. ej., drogas, medicamentos) o a una enfermedad médica (p. ej., traumatismo craneal, enfermedad de Alzheimer).

A falta de conocer mejor el historial de William y de poder realizarle otras pruebas, creo que con los datos que nos da la película se pueden descartar otros trastornos de personalidad. Pero con lo que hemos visto y deducido ya tenemos una explicación bastante coherente de lo que pasa. A saber: que el título de la película nos ha confundido y que el cine a veces se equivoca al manejar los trastornos psicológicos o, en todo caso, no lo hace con la rigurosidad requerida.

En resumen, si William padece un trastorno explosivo intermitente no es normal que actúe con tanta sangre fría durante toda la película. Y si no lo padece, no es normal que pierda los estribos de esa manera en la escena con su hija. ¿O sí?. ¿A ti qué te parece?.



Otro personaje que nos puede pasar desapercibido en medio de tanta violencia es el de Amanda Prendergast (Tuesday Weld), la mujer del detective Pendergast (Robert Duvall). Seriamante afectada por la muerte de su pequeña hija, parece sumida en un estado depresivo, agravado por un miedo obsesivo de que a su marido le pueda pasar algo.

Se refugia constantemente en su esposo, agobiándole con sus imaginarios males que pueden hacer incluso pensar que Amanda pueda padecer el Síndrome de Münchausen, sufriendo enfermedades ficticias para reclamar constantemente las atenciones del marido.

Tal situación es la que provoca que el detective pida la jubilación anticipada para aliviar a su mujer del miedo que le produce su trabajo de policía y también para poder prestarle las atenciones que requiere. Es una decisión que sus compañeros no comprenden, va en contra de sus principios y de su vocación de policía, pero está dispuesto a realizar ese sacrificio por amor.

La decisión del sensato detective es a todas luces equivocada, ya que lo único que haría es reforzar la conducta de su mujer, que probablemente se fuese incrementando en lo que a solicitud de atenciones se refiere. Afortunadamente, el final feliz de la película pasa porque Pendergast se replantee su decisión de pedir la jubilación y siga “disfrutando” de su trabajo, que es lo que de verdad le gusta.

Saludos,




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