AVISO IMPORTANTE

AVISO: Las informaciones contenidas en este blog pueden desentrañar importantes aspectos del argumento, incluso del final de la película en cuestión.
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jueves, 13 de octubre de 2011

El Castor

Ya lo he comentado varias veces. El que una película te guste o no depende en muchas ocasiones de las expectativas previas que tengas sobre ella.

Empecé a ver "El castor" (The beaver, Mi otro yo o La doble vida de Walter, dependiendo de dónde la veas tú) sin demasiado entusiasmo. La crítica no la había tratado muy bien, pero el hecho de que tuviese a Jodie Foster por directora y protagonista me animó bastante. Me gusta mucho el trabajo cinematográfico que ha hecho y encuentro que se lleva muy bien con la cámara, incluso dirigiéndola desde atrás.

Mel Gibson en cambio no me emociona demasiado, la película suya que más me había gustado fue "El año que vivimos peligrosamente", aunque reconozco que quizás me dejé llevar emocionalmente por la música de Vangelis.



Pensé que últimamente Gibson estaba de capa caída, pero he de admitir que en "El castor" hace una buena interpretación y eso que el de Walter es un papel difícil.

Se trata de un ejecutivo que ha caído en una profunda depresión. Nada le motiva. Su negocio se encamina hacia el desastre y su familia también. Un día de borrachera se intenta suicidar, pero como va siendo habitual en su vida, le sale mal y no lo consigue. Lo único positivo de este episodio es que la marioneta de un castor que encontró en la basura, toma las riendas de su vida y, representando su propia conciencia, se propone sacarle del pozo en el que ha caído.

Animado así por el castor empieza una etapa de ferviente actividad en la que vuelve a tomar la rienda de sus negocios y su familia. Se inicia así una fase de manía que nos hace pensar que Walter pueda padecer un Trastorno Bipolar difícil de clasificar con los datos que nos ofrece la película.

El hecho de que la personalidad de Walter se vea totalmente arrollada por la de "el castor" podría hacer pensar también en un Trastorno de Identidad Disociativo (TID) en el que dos personalidades acaban compitiendo por el control del sujeto, desencadenando una lucha que a mí me recordó a la de Sméagol y Gollum en El Señor de los Anillos y que además en este caso tiene el inquietante trasfondo del ventrílocuo que se ve superado por la personalidad de su marioneta.


El TID es algo que queda muy bien en el cine pero evidentemente no es lo que le pasa a Walter, así que dejando a parte tan interesantes recursos dramáticos, pienso que lo que le ocurre a nuestro protagonista se debe a que al final de su periodo de manía desarrolla un brote psicótico cercano a la esquizofrenia, que le lleva a cortarse el brazo antes de que el castor se adueñe totalmente de su vida.

Evidentemente, en ese momento Walter había perdido el sentido de la realidad y su recuperación física y psíquica parece más complicada que la que nos presenta el final feliz de la historia.



Pero en el aspecto psicológico también conviene que te fijes en el personaje de Porter (Anton Yelchin), el hijo adolescente que ha pasado de tener a su padre como modelo a horrorizarse ante cualquier similitud con él, llegando a obsesionarse con la idea de que en algún momento podría llegar a seguir sus mismos pasos.

La figura de Porter es quizás una exageración de un proceso que se puede observar en bastantes adolescentes, el hecho de que sus padres pasen de ser héroes y fuentes de inspiración a seres extraños con los que no tienen nada en común. No nos extrañemos, es el resultado de un proceso normal en el que el muchacho pasa de ser niño a adulto y se tiene que adaptar a los cambios físicos y psicológicos que sufre. Se tiene que volver a descubrir a sí mismo y redefinir su mundo. Para ello no le queda más remedio que poner en cuestión todo lo que le rodea, incluidos o mejor dicho, sobre todo sus padres.

Pero Porter no sólo llama la atención por su rebeldía adolescente. Tiene además la capacidad de conocer a sus compañeros en ocasiones mejor que ellos mismos. Empatiza con ellos y eso le sirve para ganarse un dinero escribiendoles trabajos como si fuesen ellos mismos. Bueno, mejor que ellos mismos, pues es capaz de de introducir el tono emocional de una manera que los interesados serían incapaces de hacer.

Así fue capaz de llegar al interior de Norah (Jennifer Lawrence), la popular animadora que reprimía cualquier cosa que le recordase a su hermano muerto por sobredosis y por quien aún sigue sintiendo un profundo cariño y añoranza.

Henry (Riley Thomas Stewart), el hijo pequeño, en el seno de esta familia desestructurada se acaba volviendo un inadaptado, solitario y melancólico, que en el fondo lo que quiere es llamar la atención de sus padres. Él es el primero de la familia en conocer al castor y se siente entusiasmado por el cambio de actitud hacia él de su padre y su juguete.

Meredith (Jodie Foster), la mujer de Walter, intenta mantener la coexistencia de la familia, pero acaba arrojando la toalla y refugiándose en su trabajo.

Como ves es una historia de personajes complicados, pero a los que desde el punto de vista psicológico se le puede sacar bastante partido. Es una película no convencional que se merece el tiempo que le dediques a verla y a reflexionar sobre ella.

Saludos,



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viernes, 5 de marzo de 2010

Celda 211

Vi Celda 211 después de la entrega de los Goya de este año. Craso error y lo sabía. Después del rotundo éxito de la película en dicho certamen tienes las expectativas muy altas. Pero afortunadamente no me decepcionó. La historia está muy bien planteada, la interpretación por lo general me pareció estupenda, igual que la narración, la ambientación, el ritmo y todo lo demás. En definitiva, una muy buena película de Daniel Monzón.




Desde el punto de vista psicológico, es evidente que la historia de una revuelta en una cárcel nos dibuja un marco ideal para estudiar situaciones límite y la respuesta humana ante ellas. Aspectos como el liderazgo, la autoridad, la sumisión, las emociones, la ansiedad, el estrés y la necesidad de adaptación a una situación que cambia rápidamente es algo que nos queda tremendamente claro viendo la película.




La verdad es que estaba tentado a tratar de todo ello en esta entrada, pero es algo que ya comenté hablando de “El Experimento” (recordad la respuesta que Philip Zimbardo daba a la pregunta de ¿por qué las personas buenas hacen en ocasiones cosas malas?), “La Ola” e incluso "La Naranja Mecánica".

Por ello, en el aspecto de la Psicología en general y de la Psicología Social en particular, Celda 211 no nos sirve para abrir ningún debate nuevo, sino para ponerla en relación con las películas anteriormente comentadas. Por mi parte, intentar otra cosa sería repetitivo.

En cuanto a la historia ya he dicho que me parece excelente, y que retrata fenomenalmente el ambiente carcelario. En el marco de la UNED he asistido varias veces al Centro Penitenciario de Palma de Mallorca (nada que ver con el que aparece en la película) y sí, hay una cosa que te llama la atención, sobre todo la primera vez que entras. Es cuando en los sucesivos controles vas dejando tus efectos personales (documentación, móvil, llaves...) y vas viendo (sintiendo) cómo se cierran las puertas tras de ti. Inconscientemente no puedes evitar preguntarte si luego se volverán a abrir.

Algunos de los reclusos con los que traté tenían bastante semblanza con los de la película, incluso con "Malamadre" (Luis Tosar), duros que en el fondo son ingénuos. Otros sorprendían por su cultura y educación y no sabías bien qué es lo que hacían allí.



Pero volviendo a la trama de la película, no puedo evitar comentar dos puntos que no dejan de chirriarme.

El primero es la historia de Elena (Marta Etura), la encantadora mujer embarazada de Juan "Calzones" (Alberto Ammann). Lo siento por ella, pero en cuanto te la presentan ya te imaginas cómo va a acabar. Ese final de su historia me parece un recurso fácil para emocionar al espectador y que sobraba por previsible.




El segundo es la actuación del súper duro Utrilla (Antonio Resines). Entiendo su papel de malo en la historia. Es el responsable de la seguridad del centro penitenciario. Ya le vale que se pase en los interrogatorios, pero francamente ¿qué necesidad tenía él de coger un casco y una porra y salir a la calle?, ¿a qué?, ¿no había más malos para hacer eso?, ¿tiene él la exclusiva para hacer todas las maldades en esa cárcel?. Es cierto que de no ser así el desenlace de la película no sería el mismo, pero me parece que ahí han forzado un poco el guión.

Quitando estos dos puntos, sobre los que he plateado mi opinión estrictamente personal y que no tiene por qué coincidir con la tuya, he de decir que Celda 211 me parece una excelente película que además de verla por el placer de contemplar algo bien hecho, nos puede servir para reflexionar ampliamente sobre la Psicología de sus complejos personajes.

Saludos y que la disfrutes,



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jueves, 1 de octubre de 2009

Spider

Cronenberg es un director… inquietante. Y quizás el calificativo sea demasiado suave. Yo siempre me he preguntado qué debe pasar por la mente de una persona que expresa una obra así. Lo intuyo, pero no me atrevo a afirmarlo y menos en público.

En cierto modo me recuerda a Giger, el dibujante, quizás mas conocido su contribución a la criatura de “Alien” y los decorados de la película. Bueno, es sólo una apreciación personal.

Spider es una película introspectiva. El argumento dice que trata de la historia de un paciente esquizofrénico. Según empiezas a verla lo dudas, hay algo que no cuadra en la sintomatología. Hasta que descubres que no es una descripción “desde afuera” de lo que le pasa al protagonista. La historia está narrada desde dentro y lo que estamos viendo es fruto de su imaginación. Está viviendo una alucinación y nos la está contando.



Ya en los créditos podemos percibir que vamos a ver una obra intimista y elaborada. Tanto la música de Howard Shore como la secuencia en la que aparecen imágenes semejantes a las figuras del Test de Rorschach, nos predisponen emocionalmente para la historia que sigue.

La estupenda interpretación de Ralph Fiennes, junto con la cuidada dirección de Cronenberg, te hacen meterte en el personaje, vivir su experiencia y tardas en darte cuenta de que todo lo que ocurre, desde que se baja del tren, hasta que lo recogen en un coche para volver a llevarlo al manicomio, es fruto de su imaginación. Es la alucinación confusa en la que él recuerda las cosas como piensa que sucedieron. Por eso se ve a sí mismo como testigo de las secuencias claves que evidentemente él no vio en realidad.



Entrevista de Eduard Punset con David Cronenberg en el programa Redes.

Quizás en una raíz edípica, Cronenberg es admirador de Freud, transforma a su amorosa madre en una prostituta cuando percibe que también tiene actividad sexual con su padre. Esa prostituta, descarada, lasciva y un tanto tiránica, amenaza su existencia y piensa que le persigue, transformándose incluso en la cuidadora de la residencia en la que vive. Tambien es digna de admiración la interpretación de Miranda Richardson en los tres papeles.

En cierto modo Sipder me recuerda a Memento. Allí Christopher Nolan nos hacía vivir la experiencia existencial de un amnésico. Aquí, con el universo agobiante, desestructurado y amenazador que dibuja, Cronenberg nos muestra desde dentro cómo siente un esquizofrénico y como piensa su mente, desorganizada y compartimentada, al igual que su bloc de notas.



Sabemos que la esquizofrenia es una patología importante y complicada, pero que los pacientes actuales pueden llevar una calidad de vida bastante mejor que que lo que aquí se nos presenta. Siempre necesitarán un tratamiento, pero en muchos casos pueden llevar lo que comúnmente calificamos como “vida normal”. Pero ya os he dicho que Cronenberg es un director inquietante y esa no podría ser la historia que nos contase.

Saludos,



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martes, 14 de abril de 2009

La clase - Entre les murs

Adolescencia, multiculturalidad y educación

Imagina un instituto en un barrio de las afueras de París. Tienes que enseñar lengua a chicos de de 14 años. La mayoría son hijos de inmigrantes y son de todos los orígenes, los hay magrebíes, subsaharianos, antillanos, asiáticos… Algunos no conocen bien el idioma. Pocos se sienten identificados y menos aún integrados en la cultura de acogida. ¿Cómo te plantearías las clases?.

Probablemente con muy buenas intenciones, como los profesores de esta película. Pero la docencia es una profesión difícil, les envidiamos por las vacaciones, pero pocas veces pensamos que llevar bien una clase de chicos no conflictivos es bastante difícil. Si lo son, puedes comenzar a plantearte que lo de las vacaciones igual no es suficiente. Piensa además que los chicos de la película no son excesivamente problemáticos y que la situación planteada no es del todo ficticia. En cualquier colegio público de nuestro país te encuentras con una diversidad semejante.



Trailer de "La clase"


Y de eso pensé que iba a ir la película, de la problemática generada por la diversidad, del afrontamiento de la multiculturalidad. Pero no, esos son aspectos que componen el escenario pero no son parte del problema. Los principales conflictos los genera la actitud de algunos chicos, “pasotas” y descarados a partes iguales, que no cesan de poner en tela de juicio los métodos y la autoridad de los profesores. Ello hace cundir el desánimo en algunos docentes y la aparición de ansiedad y estrés, junto con claros síntomas de “burnout”, cosa que es bastante frecuente en las profesiones vocacionales, sobre todo cuando los desengaños del trabajo diario frustran el entusiasmo inicial.

Todo ello se nos cuenta en un docudrama sobre la novela “Entre les murs”, de François Bégaudeau, que encarna a François, el profesor de lengua protagonista de la película. El libro está basado en las propias experiencias de Bégaudeau y el hecho de que él mismo protagonice la película es algo que contribuye a dar mayor credibilidad a lo que estamos viendo.

Las escenas transcurren totalmente en el instituto y casi siempre en la propia clase, pero contrariamente a lo que pueda parecer en un principio, ello no hace que la película sea monótona. De hecho el ambiente interior es tan intenso que no echas de menos escenas de la vida de los protagonistas fuera de las aulas. El instituto es el mundo en el que ocurre todo.

Y lo que ocurre está cargado de tensión, pero no porque haya problemas de racismo en un entorno tan variado. Como apuntaba antes, la multiculturalidad es algo que todos tienen asumido y ojo, que digo multiculturalidad y no interculturalidad, porque se admite y se convive con las peculiaridades culturales de los demás sin que ello genere especiales problemas, pero no hay transvase cultural de unos a otros, no hay un espacio común ni un aprovechamiento de las experiencias y vivencias de los demás. Ni siquiera un intento de integración en la cultura de acogida, que es criticada por unos y otros, en una especie de xenofobia contraria.

Así en el retrato de los personajes no nos encontramos el “moro”, el “negro”, el “chino”, etc., sino el “listillo”, el “chulito”, el “pasota”, el “raro”... es decir como en cualquier colegio. En ese ambiente entonces la tensión viene por factores asociados a la adolescencia, así que son inherentes a la edad que tienen los alumnos y a la etapa por la que están pasando, no a su distinta procedencia racial o cultural.

Ya hemos hablado en ocasiones de la adolescencia y de la función evolutiva que cumple. El adolescente ha de encontrar su propio espacio vital y delimitarlo a costa del espacio de los demás, así es normal que surjan problemas entre los propios muchachos y por supuesto también con los profesores.

Por todo ello, la adolescencia puede ser considerada como un factor de riesgo que facilita la realización de determinadas conductas problemáticas, pero no debemos olvidar que también es un paso obligado para la formación de la personalidad del adulto y que como consecuencia de ese paso podremos adquirir las experiencias y valores necesarios para afrontar el futuro con éxito. Por lo que también es conveniente que consideremos esa adolescencia como un factor de protección.



Montaje de fotos


Además, de todo conflicto se pueden y se deben sacar consecuencias positivas. Huir del conflicto implica negar problemas que tarde o temprano habrá que resolver, así que es mejor enfrentarse a la situación y resolverla.

Algo así debe pensar el propio François que incluso aprovecha los agrios debates verbales que se desatan en la clase para analizar cómo expresa cada uno sus ideas y si sus frases coinciden con lo que en realidad quieren decir, aprovechando así las discusiones para que los chavales aprenda algo.

Y es que es un profesor curioso, que no rehúye el debate ni cuando los alumnos se meten con él directamente, ni cuando cuestionan sus decisiones, a veces de manera maleducada y poco respetuosa. Sin embargo, monta el cólera cuando en medio de una discusión Souleymane le tutea. No sé, llámalo transferencia de la ira, la gota que colmó el vaso o lo que quieras.


Bueno, ya sabes de qué va la película. Pretende no ser una más de las muchas que hay de ambiente estudiantil. Es un buen intento de reflejar la situación que se vive en las aulas de países como el nuestro, aunque siempre encontraremos que le falta algo para ser real. Ese algo variará en función de nuestra propia experiencia en los ambientes educativos. Pero tenemos que reconocerle la buena intención de hacernos pensar y poner en tela de juicio nuestras propias ideas sobre la educación, la adolescencia y el magisterio como vocación.

Si quieres leer más información sobre "La clase" pulsa en este enlace o en este otro para acceder a una entrevista con François Bégaudeau.

Saludos,



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jueves, 5 de marzo de 2009

La Ola

Añade la levadura y trabaja un poco la masa.
Déjala reposar. Fermentará sola.

Me lo dijo un panadero y nunca pensé emplearlo para hablar de psicología, pero ya ves... todo tiene relación. Mira "La Ola" y compruébalo.

Rainer Wenger (Jürgen Vogel) no es el típico profesor de instituto, es el profesor que a todos nos hubiese gustado tener. Carismático, imaginativo... motivador. Sus clases pueden ser cualquier cosa, pero no aburridas.

Él querría haber dado el curso sobre Anarquía, va con su manera de ser, hasta fue "okupa" en el pasado. Pero precisamente por su carácter desorganizado alguien se le adelanta y le toca explicar la Autarquía, algo que no concuerda con sus principios.

El referente más cercano que tienen los estudiantes es el del Imperio de la Gran Alemania, pero los chicos están hartos de que les hablen del Tercer Reich y les hagan sentirse culpables de las consecuencias del nazismo. Es algo que ya está superado y purgado, no se volverá a repetir, así que no merece la pena perder más tiempo en ello.

Rainer, sus alumnos le llaman así, no está de acuerdo y les propone una actividad práctica. Eligirán un líder que señalará las directrices a seguir. Los chicos aceptan con cierto escepticismo y le eligen a él. Poco a poco van viendo las ventajas que supone pertenecer a un un grupo cohesionado.




El "señor Wenger", ahora hay que tratarle con respeto, va introduciendo modificaciones que acrecientan la identidad de ese grupo social. Y los componentes de la clase, que hasta entonces tenían bastante poco en común, comienzan a funcionar como una unidad, adoptando una vestimenta distintiva, un saludo característico, un nombre y un símbolo. Sabiéndose mejores que los demás, defienden a los de su grupo de los extraños y no les dejan participar a estos en sus actividades.

Ahora La Ola tiene vida propia y lo que su creador no sabe es que ya no puede controlarla. Los estudiantes que intentan advertir del peligro son
segregados y marginados. Incluso Karo (Jennifer Ulrich), una chica popular y apreciada por sus compañeros, es mal vista cuando se niega a adoptar las normas que la clase sigue ahora con entusiasmo desmedido. Siempre ha sido el centro de atención y ahora se ve discriminada por pensar de manera diferente.

Es un golpe duro para la muchacha, pero otros compañeros, como Tim (Frederick Lau), están entusiasmados porque siempre se han esforzado por sentirse aceptados por el grupo y ahora, por primera vez se siente parte integrante de él.

¿Cómo terminará todo esto?. Es mejor que veas tú la película, lo compruebes y saques tus propias conclusiones.

Bajo mi punto de vista el proceso es poco creíble, aunque haya pasado de verdad. Me refiero a que las trasformaciones que sufre la clase para convertirse en "La Ola" funcionan demasiado bien. Pero es interesante prestar atención a la cadena de acontecimientos que provocan el cambio en el grupo. Sin darse cuenta sus componentes están experimentando la formación de un nuevo marco de referencia, de nuevos valores.

La identidad grupal tiene un carácter relacional:



  • Los demás son diferentes porque no son como nosotros.


  • Si nosotros tenemos los valores correctos y válidos, los de los demás no lo son.


  • Si alguien pertenece a mi grupo me identificaré con él frente a los demás.


  • Si tengo que tener un trato preferente lo haré con los de mi grupo.


  • Si alguien ha de salir perjudicado serán los otros.


¿Se os ocurre algo más?. La verdad es que se podría seguir hasta el infinito.



Estaríamos hablando de preferencias del endogrupo respecto al exogrupo. En concreto de etnocentrismo. Pero no nos asustemos. ¿Es algo malo?. Obviamente no. Preferir lo propio es algo legítimo y psicológicamente necesario para nuestro desenvolvimiento como personas sociales. Entonces ¿por qué pensamos que tiene connotaciones negativas?. Pues las tiene y muchas, cuando esa preferencia por lo propio se convierte en un desprecio y denigración de lo ajeno. Pero entonces estaríamos hablando de otras cosas. De xenofobia y de discriminación principalmente.

¿Se puede ser etnocentricamente positivo y no caer en los aspectos negativos?. Evidentemente sí, cuando al mismo tiempo de preferir lo nuestro sabemos apreciar lo ajeno, o por lo menos intentamos comprenderlo. Es fácil de conseguir si adoptamos una postura medianamente relativista.

Cada cultura que ha logrado consolidarse en cualquier parte del mundo, lo ha hecho porque ha sabido adoptar unos usos y costumbres que la han servido para sobrevivir y desarrollarse. El ambiente les ha moldeado hasta conseguirlo y si no lo hubiesen hecho no estarían aquí en la actualidad. Sus usos y costumbres han sido las mejores soluciones para adaptarse al entorno. Tan buenos y válidos como los nuestros, así que tendremos que saber darle el mérito que les corresponde y no extrañarnos de ello. Sobre todo teniendo en cuenta que en su lugar nosotros habríamos hecho lo mismo.

En cuanto a las causas de la transformación de los estudiantes, si quitamos las económicas, son prácticamente las mismas que ellos apuntan para la aparición de un régimen autoritario.



  • Insatisfacción con la situación actual.


  • Inseguridad.


  • Desempleo.


  • Crisis económica.


  • Necesidad de nuevos valores.


  • Aparición de un líder carismático.

Vaya, ya se me podía haber ocurrido todo esto cuando hablaba del 23-F.

Fuera de bromas, a veces nos es más cómodo dejarnos llevar y sentir que empezamos a formar parte de algo importante, trascendente... Si se dan las situaciones adecuadas podríamos sorprendernos en las filas de cualquier organización o secta.

¿Que no?, ¿que tú no?.

¿Nunca te has sorprendido haciendo algo que pensabas que no eras capaz, arropado por el resto de la gente que estaba en una fiesta, los espectadores de un concierto o la multitud de una manifestación?.


Ya, no es lo mismo. Pero a veces parece como que esa fiesta sea continua o que la manifestación va a durar siempre. Nuestro entusiasmo se retroalimenta con el de los demás y al final... "¡caramba!, ¿cómo empezó todo esto?". Volvemos al relativismo. Piensa que no eres tan diferente de los demás.

Una postura igualmente escéptica debieron tener los alumnos de Ron Jones, un profesor de historia en la Cubberley High School, de Palo Alto, California. Los estudiantes, sobre todo los que no eran de minorías raciales, no comprendían como era posible que en Alemania se hubiese permitido llegar al poder a un partido con la ideología nazi y luego les dejasen cometer, sin protestar, todas las atrocidades que ahora conocemos. ¿Cómo se podía apoyar entusiasticamente un partido tan nefasto?.

Era el año 1967 cuando el profesor Jones quiso demostrárselo de manera práctica. Fue introduciendo suaves cambios en la clase, su disposición física, objetivos y valores, medidas de disciplina… Constituyeron un grupo que se denominó “La Tercera Ola”, ya que según parece, la ola que hace el número tres es la mas fuerte. Con este símil marino se acabó de crear un grupo cohesionado que fue adquiriendo vida propia rápida e intensamente y alumnos de toda la escuela quisieron unirse a él.

Los miembros, convencidos de la importancia de su propósito final, se empezaron a espiar unos a otros para vigilar el cumplimiento de las normas, adoptando formas coercitivas y violentas.

En definitiva la experiencia tuvo éxito, los estudiantes entendieron y vivieron lo que es el fascismo y cómo surge. Pero empezaron a actuar por su cuenta y se descontrolaron. La experiencia se volvió peligrosa y Jones tuvo que detenerla a los pocos días. Aquellos jóvenes estudiantes californianos estaban recreando un entorno totalitario, en la capitalista California de los años 60. ¿Os imagináis la mezcla?. La música de Beach Boys, los hippies, la revolución psicodélica, la revuelta estudiantil y… un movimiento neofascista. Pues pasó.




Aquí vemos al propio Ron Jones hablando sobre su experiencia (in english, sorry), pero hasta hace bien poco ha sido siempre reacio a hablar del tema, incluso lo han sido los alumnos participantes. Más adelante Morton Rhue (Todd Strasser) escribió la novela “La Ola” que Dennis Gansel adaptó en la película que hemos comentado hoy.

Si me aceptas un consejo, merece la pena verla. Y si me aceptas dos, aprovecha también para repasar las experiencias de Philip Zimbardo en La Cárcel de Stanford. Igualmente dieron pie a una interesante película de origen gérmano, “El Experimento”, que en su momento comentamos aquí.

En estas dos ocasiones han sido los alemanes los que le han sacado partido cinematográfico a las experiencias de psicología social de los americanos. Es curioso ¿verdad?. ¿Será que están más concienciados?.

Saludos,





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lunes, 9 de febrero de 2009

Chuecatown (la homosexualidad y el hipotálamo)

En Internet una cosa te lleva a la otra y a veces acabas en sitios que no esperabas. Algo parecido me pasó el otro día cuando estaba buscando materiales para ilustrar el comentario de la película XXY. Encontré unos interesantes fragmentos del programa Redes que hablaban sobre el cerebro y la diferenciación sexual. Pensé entonces que serían un interesante complemento para alguna película que hablase sobre la homosexualidad, pero ¿cuál elegir?.

La mayoría de las que se me ocurrían o eran muy dramáticas (Brokeback Mountain) o muy histriónicas (Las aventuras de Priscilla, reina del desierto) o hablaban más del SIDA (Philadelphia, Los testigos o incluso Gia). Vaya, me temo que las películas que he visto sobre el tema son un tanto melodramáticas, tendré que actualizar mi filmografía.

Al final me acordé de Chuecatown, una divertida comedia española que podría emplear para hablar de la homosexualidad de una manera más desenfadada.

La historia de la película se centra en el madrileño barrio de Chueca, una castiza zona en la que ahora hay una notable presencia gay, algo que en cierta forma ha cambiado la fisonomía y las costumbres del lugar.

Un promotor inmobiliario está empeñado en transformar la zona en un sitio de lujo para homosexuales. Para ello quiere comprar y reformar las viviendas que ocupan una serie de ancianas. Cuando alguna se resiste simplemente la asesina.

Una de las asesinadas ha dejado la casa en herencia a un gay, ello comienza a ocasionar una serie de problemas en los que se ven envueltos el joven, su novio, su madre, una inspectora de policía (que por cierto nos podría servir para hacer otro estudio por la gran cantidad de fobias que padece), el hijo de ésta y el promotor inmobiliario.

Este entramado nos ofrece una sucesión de escenas divertidas e intrascendentes que nos hacen pasar un rato agradable, además como podréis ver en la ficha de la película, el reparto es bastante bueno, así que ahí lo dejo por si os interesa verla.




Pero ahora bien, la pregunta es ¿qué hace que una persona sea homosexual?. Es decir, la mayoría de los hombres se sienten atraídos por mujeres y viceversa, entonces ¿cuál es la razón de que un hombre o una mujer prefieran a las personas de su mismo sexo?, ¿es algo puramente social o intervienen factores biológicos?. La psicóloga Melissa Hines piensa que la causa tiene su origen en un proceso hormonal que ocurre antes del nacimiento, cosa que no solo sucede en humanos.




Y de resultas de esos procesos, los cerebros masculinos y femeninos quedarían conformados con unas características distintas. Generalmente hablando, los hombres obtienen mejores resultados que las mujeres en algunas tareas, mientras que en otras son las mujeres las que aventajan a los hombres. La cuestión es que investigadores como el profesor Qazi Rahman han demostrado que los hombres gays tienen mayor similitud en sus cerebros con las mujeres y las mujeres lesbianas mayores similitudes con los hombres.




¡Que curioso esto de los hermanos mayores y la teoría de la inmunidad maternal! ¿verdad?.

Así que en definitiva hombres y mujeres tenemos diferencias en algunas zonas de nuestro cerebro, como el hipotálamo, lo que hace que el cerebro masculino sea distinto del femenino y que el de los gays sea más parecido al femenino, mientras que el de las lesbianas se parece más al masculino.




En estas variaciones pueden haber distintas intensidades, al igual que también las hay en la orientación sexual. Los homosexuales son personas que se sienten atraídas por otras de su mismo sexo. Los transexuales son personas que sienten que viven en un cuerpo con el sexo equivocado. Se hayan operado quirurgicamente o no, se sienten del sexo contrario. Son matices que a veces pasamos por alto pero que están ahí, como Beatriz, una transexual y el profesor Swaab nos explican en el siguiente reportaje.




Por último, aunque ya os lo puse cuando comentaba XXY, os vuelvo a añadir otro segmento de la entrevista con el profesor Swaab. Prestad especial atención a la historia de Bruce Reimer, un niño canadiense que siendo bebé perdió su pene por un error médico mientras le practicaban la circuncisión. El consejo médico a los padres fue que lo educasen como a una niña. Como era un bebé, si desde el principio se socializaba en femenino no tendría ningún problema.




Evidentemente el doctor John Money se equivocaba y la vida de ese niño educado en contra de sus genes y su cerebro fue un completo desastre. Si quieres leer la historia entera pulsa en este enlace, merece la pena.

Bien, como todo lo que tiene que ver con la mente humana, estamos ante fenómenos muy complejos y multicausales. En pocas ocasiones podemos presumir de conocer la verdad absoluta sobre algo. Sobre la orientación sexual se ha escrito mucho y se seguirá escribiendo, pero nos equivocaremos siempre que busquemos una explicación única y simple.

Las personas somos hombres y mujeres. A los hombres nos gustan las mujeres y a las mujeres los hombres, pero hay hombres que en mayor o menor grado se sienten atraídos por otros hombres y mujeres que en mayor o menor grado también se sienten atraídas por otras mujeres. Hay hombres que se sienten mujeres dentro de un cuerpo masculino y mujeres que se sienten hombres dentro de un cuerpo femenino. ¿Creéis que todo esto se puede explicar sólo por una causa, sea la genética, la endocrinología, la sociología o la educación?. Yo tampoco.


Si quieres que te avisen cuando pongan Chuecatown en televisión pulsa este enlace, si tienes más prisa pulsa este otro.

Saludos,


jueves, 5 de febrero de 2009

XXY (¿niño o niña?)

XXY nos narra la historia de Alex, una adolescente de quince años un tanto conflictiva, pero es que además de los problemas propios de las chicas de su edad Alex tiene una alteración genética que hace que su identidad sexual no esté clara. Eso ha hecho de ella una chica extraña. Continuas revisiones médicas, tratamientos, el temor de sus padres que no saben qué camino tienen que seguir… han hecho que su infancia sea difícil. Ahora está en la edad en la que todos definen su identidad, su manera de ser, su personalidad… Una edad en la que tiene que dejar claro su espacio a costa del de los demás. Pero si este proceso es difícil para todos, para ella lo es mucho más, muchísimo más. Tiene más cosas que definir. Y si todos los padres asisten un tanto perplejos a los cambios que se desarrollan en sus hijos, los padres de Alex están mucho más despistados. Tienen muchas decisiones que tomar y ninguna opción buena para elegir.

La muchacha tiene apariencia femenina, pero para poder desarrollarse como mujer tiene que seguir un tratamiento. Su aparato genital correspondería al de un pseudo-hermafrodita o intersexual, con presencia de pene y vagina, lo que no implica que sea hermafrodita auténtica, ya que esta característica no se da en humanos.


Siendo una chica muy inteligente, es totalmente consciente de su particularidad y si a todos los adolescentes les cuesta encontrar su sitio, a ella mucho más. Eso la ha hecho retraída y bastante arisca. No se lleva bien con la gente, sobre todo teniendo en cuenta que si los demás supiesen cómo es, la mirarían como a un monstruo.

No quiere ser objeto de curiosidad ni fuente de lástima, pero al mismo tiempo necesita relacionarse con los demás, pues hay experiencias que quiere vivir y el sexo es una de ellas.



Con esta tesitura se nos plantea la trama, su resolución la dejo pendiente para que podáis ver la película con el interés que se merece. Lo que sí quiero es aprovechar lo que ya sabemos para comentar algunas cosas de la historia.

Lo primero es sobre el polimorfismo sexual que está implícito en la protagonista.

Por una parte el título de la película nos hace suponer que Alex padece una alteración genética, el llamado síndrome de Klinefelter que se produce cuando el sujeto posee una secuencia cromosómica del tipo XXY en lugar de las normales XX, que caracterizan a las mujeres o XY que es propia de los hombres.

Pero al contrario de lo que vemos en pantalla, los sujetos XXY son hombres, por lo general de gran tamaño, coeficiente intelectual bajo, testículos pequeños y con presencia de algunos caracteres femeninos, como el pecho desarrollado. El aspecto en su nacimiento es masculino normal y todos estos problemas se empiezan a presentar en la pubertad.

Esto no parece concordar con lo que se nos cuenta de la protagonista, una chica inteligente con un aparato genito-urinario que presenta características masculinas y femeninas.

Más parecería deberse a una alteración hormonal, concretamente el llamado síndrome adrenogenital o hiperplasia suprarrenal congénita. Imaginemos el feto de una futura niña. En la cadena de procesos que llevan a la diferenciación sexual, se produciría un fallo en la glándula adrenal que ocasionaría la excesiva liberación de andrógenos, lo que originaría la masculinización del aparato genital con el aumento exagerado del clítoris para formar un pene falso. El sujeto sería genéticamente femenino, XX, con un aparato genital con cierta apariencia masculina, con un pene preponderante sobre la vagina, pero con ovarios y hormonas femeninas. Lo que se llama comúnmente un pseudo-hermafrodita. Un hermafrodita auténtico sería capaz de producir óvulos y espermatozoides indistintamente, cosa que como hemos dicho no ocurre en humanos.

Normalmente pensamos que el sexo tiene dos categorías, hombre y mujer, pero si tenemos en cuenta que en la diferenciación sexual intervienen procesos a nivel genético, hormonal y neurológico y que en estos procesos puede haber infinidad de combinaciones, la variedad sexual con la que nos podemos encontrar es también prácticamente infinita.

Es cierto que en la mayoría de los casos, estos procesos ocurren de la manera esperada y nuestros hijos al final son niños o niñas sin la menor duda. Pero de vez en cuando ocurre alguna de estas infinitas posibilidades, de probabilidad baja pero no nula, y nos vemos sorprendidos con casos que con mayor o menor intensidad se asemejarían a al de Alex.

El qué hacer en estos casos es complicado. En ocasiones nos podremos encontrar con niños ligeramente feminizados o niñas ligeramente masculinizadas y en estos casos la decisión es fácil pues el sexo es claro. Tratamiento farmacológico o cirugía correctora según la situación pueden ser las opciones más adecuadas.

Pero hay casos en los que la decisión es mucho más complicada. No se sabe cuál será el sexo preponderante ni las preferencias que tendrá el sujeto en el futuro. Podemos ver cómo evoluciona y aplazar la decisión, pero el tiempo juega en contra y cuando llega la pubertad deberíamos tener las cosas claras.

La cirugía es una opción drástica, pero la educación también. Podemos cortar lo que sobra y educar al sujeto para que viva de una determinada manera. Pero las probabilidades de equivocarnos son lo suficientemente altas como para que la decisión nunca sea fácil.

Hay quien dice que la identidad sexual es puramente social, que uno es cómo se educa. Si fuese cierto sería muy fácil, con rodear al sujeto del ambiente socioeducativo adecuado habríamos solucionado el problema. Pero no es así. La identidad sexual ha de tener una consonancia fisiológica y psicológica. Con la educación lo que podemos hacer es ayudar a que las dos concuerden, pero no deberíamos poner una en contra de la otra. Mira lo que dicen en el siguiente documental de Redes.


Sería algo similar a lo que ocurre cuando hablamos de sexo y género, que no son conceptos sinónimos, pues es sexo se refiere a unas características fisiológicas, mientras que el género se refiere a unas características sociológicas, al papel o rol, masculino o femenino, que una persona desempeña. Lo normal es que sexo y género sean concordantes, pero podría ocurrir que no, sobre todo si la asignación de uno u otro se hace de manera “artificial” como en los casos que estamos estudiando.

La otra cosa que quería comentar es la adolescencia que le espera a Alex, y a sus padres. Si este periodo es complicado de por sí para cualquier chico o chica, en este caso las complicaciones se multiplican considerablemente. Cuando llega la pubertad se producen una serie de cambios hormonales que hace que el cuerpo de los niños evolucione al de adultos, con las consecuentes trasformaciones de los caracteres sexuales primarios y secundarios. En esta época se produce la primera eyaculación en los niños y la primera menstruación en las niñas. Se inicia el descubrimiento y la exploración de la propia sexualidad, junto con los primeros escarceos amorosos.

Creo que todos recordamos esa época con cierta nostalgia, cuando nuestro cuerpo y nuestra mente se abría a un universo de sensaciones y emociones nuevas.

Pero Alex y sobre todo sus padres, están aterrados ante la perspectiva que les espera. Más teniendo en cuenta que a estos cambios fisiológicos se asocian una serie de cambios psicológicos que son los que constituyen la adolescencia. Si durante la pubertad se forma el cuerpo de adulto, ahora se forma la personalidad del adulto. Al igual que cuando hablábamos de sexo y género, estos dos conceptos están asociados aunque no duran lo mismo ni concluyen al mismo tiempo.

La adolescencia es una fase que puede llegar a ser conflictiva. Hay quien dice que es ese periodo en el que nuestro querido hijo se transforma en una especie de “alien” que pasa de ser alguien que te idolatra a alguien que te lleva la contraria por sistema. En el fondo es simple, como decía antes tienen que definir su espacio a costa del tuyo, así que el conflicto está asegurado.

Si estos cambios son normalmente problemáticos, imaginémoslos en un caso en el que la identidad sexual no está definida. Probablemente todo sería más sencillo si no tuviésemos vergüenza del “qué dirán” los demás, es decir si el suceso fuese aceptado con normalidad por todo el mundo y no tuviésemos miedo de que nuestro hijo fuese foco de la morbosa curiosidad de los que le rodean, que con su trato diferenciado contribuirían a que se socializase de manera distinta.

Encuentro que este aspecto está muy bien reflejado en la película, por una parte los padres aceptan a Alex como es y ella misma también lo hace, pero al mismo tiempo saben que eso es imposible pues el resto de la sociedad no lo hará y tarde o temprano tendrán que tomar una decisión.

¿Cuál?.

Si quieres saber si emitirán XXY por televisión pulsa este enlace, pero si no quieres esperar igual la puedes encontrar en MEGAVIDEO.

Saludos,




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jueves, 22 de enero de 2009

El mensajero del miedo (detergente cerebral, busque, compare y si encuentra algo mejor... ¡cómprelo!)

Somos personas porque tenemos capacidad de razonar y además gozamos de libre albedrío, por lo menos eso sería lo ideal. Así, en situación de libertad, podremos hacer lo que se nos antoje siempre y cuando nuestras capacidades y nuestra moral nos lo permita.

En ocasiones nuestra libertad está restringida y nos vemos obligados a hacer lo que otras personas desean. Esto nos crea un malestar, una disonancia, porque a nosotros no nos gusta que nos impongan voluntades ajenas. Queremos ver, leer, hacer, comprar, vestir, aparentar, estudiar... lo que nos apetece y si lo conseguimos somos felices.

Pero... ¿funcionaría la sociedad si de verdad pudiésemos hacer lo que queremos?. Claro que no, pero entendedme, no me refiero a la anarquía carente de leyes. Me refiero a una situación justa, en la que pudiésemos hacer lo que deseamos sin perjudicar a los demás. La respuesta volvería a ser NO. La sociedad necesita que todos nos movamos por unos determinados cauces. El truco para conseguirlo y que sigamos siendo felices, es que nosotros estemos convencidos de que nos movemos así sin que nadie nos obligue, que lo hacemos por propia voluntad, sin manipulaciones externas. Así tendremos sensación de autonomía y estaremos contentos. Haremos lo que otras personas han planeado, pero como no nos enteramos seremos felices.

A mi juicio la sociedad tiene tres grandes herramientas para mover las masas. Por orden de antigüedad me refiero a: la religión, la política y la publicidad. En las tres nos encontramos con variedades agresivas y con variedades sutiles, pero en definitiva consiguen que queramos ver, leer, hacer, comprar, vestir, aparentar, estudiar... lo que a otros les apetece. Así gana la mayoría y el individuo también está contento. Todos bien. Situación idílica de felicidad asegurada y compartida. ¿Se nota que aún me dura el efecto de las navidades?.

Todas estas manipulaciones las consideramos normales y en general las aceptamos. Nos dejamos llevar. Intentamos explicar a nuestros hijos que no todo lo que dicen los anuncios es cierto, ni lo que prometen los candidatos, ni lo que piden los curas. Con eso y con cosas parecidas nos damos por satisfechos y nuestra rebeldía contra el sistema está a salvo. "Yo no me dejo convencer tan fácilmente".

Pero eso sí, nos escandalizamos cuando nos hablan de sectas que captan adolescentes separándolos de sus familias, de iluminados, políticos o religiosos, que les convencen para que se sacrifiquen por una causa, la que a ellos les interesa. Y desde los kamikazes hasta los terroristas suicidas (perdón por este enlace, pero es que me parece que me estaba poniendo muy serio) puedes escoger el ejemplo que más te guste.

¿Pero cómo es posible que les convenzan para hacer algo así?. Alguien dirá "les lavan el cerebro". Pues parece ciencia ficción pero es verdad. En el fondo las ligeras manipulaciones a las que nos someten los medios de comunicación al servicio de los susodichos intereses políticos, religiosos o publicitarios, son también lavados de cerebro, así que no nos escandalicemos. Si recuerdas la película "1984", basada en la novela homónima de George Orwell, sabrás a lo que me refiero, aunque en este caso las manipulaciones no eran tan ligeras y ocurrían en una sociedad totalitaria.


Lo que pasa es que la expresión "lavado de cerebro", así de repente parece muy fuerte. Lo asociamos con tortura y esa podría ser la idea original. Una tortura que anula la voluntad y creencias del individuo para conseguir que asuma la de sus torturadores. Se acuñó en Estados Unidos, después de la Guerra de Corea, cuando se vio que algunos soldados que habían sido hechos prisioneros durante el conflicto, a su regreso hablaban maravillas del comunismo en lugar de echar pestes de él. El proceso no se debía a lo que ahora llamaríamos Síndrome de Estocolmo, sino a un adoctrinamiento que combinaba procedimientos psicológicos y psiquiátricos, junto con el empleo de fármacos y técnicas de aislamiento, privación de sueño y alimentos. Como decía antes, toda una tortura destinada a anular la voluntad y las creencias del individuo para implantarle otras nuevas.

En "El mensajero del miedo", la película de 1962 de John Frankenheimer, se nos relata todo esto. Es un interesante thriller, protagonizado por Frank Sinatra y Laurence Harvey, en el que se nos describe de una manera efectista el proceso al que fueron sometidos los prisioneros y el perverso fin que se pretende alcanzar.

Una de las escenas más impactantes quizás es cuando los científicos, supuestamente chinos, les demuestran a sus colegas, supuestamente rusos, los resultados conseguidos.


En 2004 se hizo un remake de El mensajero del miedo. Dirigido por Jonathan Demme y protagonizado por Denzel Washington y Liev Schreiber, es un film que mantiene la trama original aunque con ligeros cambios. La historia adquiere mayor ritmo y está más adaptada al gusto actual. Y aunque la acción bélica transcurre en los días previos a la Guerra del Golfo, los malos no son los iraquíes, sino los miembros de una corporación financiera que a toda costa quiere colocar a su candidato en la presidencia, aunque no sé cómo pretendían hacer pasar a alguien tan robotizado.

Destaca aquí el malvado papel que interpreta Meryl Streep, mucho más intrigante que el equivalente que hizo la perspicaz Angela Lansbury en 1962.


Si os fijáis, estos procedimientos recuerdan a las técnicas de modificación de conducta que empleamos con notable éxito los psicólogos. Constituyen un excelente recurso en procesos de terapia y también de enseñanza, lo que no obsta para de vez en cuando los veamos empleados malintencionadamente por lo impactantes que pueden llegar a ser. Acordaros del "tratamiento Ludovico" que mencionamos al hablar de "La Naranja Mecánica". Esos ejemplos quedan en la memoria del grán público de manera mucho más intensa que cualquier otro ejemplo normal de terapia que podamos citar. Somos así, nos quedamos con lo que más impresiona y lo normal no suele ser impactante.

Pero el caso es que los ejemplos de lavado de cerebro pueden ser mucho más habituales de lo que llegamos a pensar. Que nos encontramos con ellos constantemente. Vivir en una democracia no nos libra de ellos. Aunque suelen ser ejemplos más sutiles, "asumibles" y no les damos mayor importancia. Los aceptamos porque en el fondo es más cómodo vivir con ellos que rechazarlos. "La moda no incomoda" decía mi peluquero cuando yo llevaba el pelo largo.

Y si los ejemplos cinematográficos que hemos visto hasta ahora no te han hecho recapacitar suficiente, échale un vistazo al reportaje que se emitió en abril de 2006 en Redes. Se titulaba ¿Cómo podemos defendernos del lavado de cerebro?.


Si te interesa puedes verlo entero en este enlace.

Por cierto ¿qué opinas de que se cite aquí la educación como una forma de lavado de cerebro?. Si la enseñanza constituye un lavado de cerebro no será educación, pues ésta es la única que nos puede ayudar a defendernos de tamaña agresión.

Esto es todo. Si quieres que te avisen cuando emitan "El mensajero del miedo" por televisión pulsa aquí para la versión de 1962 y aquí para la de 2004.

Saludos.



domingo, 5 de octubre de 2008

Viaje alucinante al fondo de la mente (tres hurras por el traductor)

Hay investigadores que hacen similitudes entre el cerebro y el universo. Salvando las distancias, la complejidad de ambos es inmensa y dicen que el porcentaje de lo que conocemos de ellos es prácticamente el mismo, apenas hemos empezado a aventurarnos por nuestro entorno más inmediato.

Lógicamente, ese desconocimiento ha provocado siempre fascinación y es un fenómeno común en las culturas el buscar vías para trascender y encontrar explicaciones para los grandes enigmas de nuestra existencia, quienes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos. Siento que caigo en un tópico, pero es que es así.

Hechiceros, chamanes, brujos, sacerdotes y también científicos han recurrido a todo tipo de mecanismos e instrumentos para profundizar en su conocimiento. Y cuando lo que se investiga es la mente, la consciencia, lo que nos encontramos es sorprendente.

Para reflexionar sobre todo ello, podemos ver la película que en España se estrenó como: “Viaje alucinante al fondo de la mente” (Altered states). Por cierto, me vuelvo a reafirmar en la expresión que encabeza este artículo. ¡Ole! ¡ole! y ¡ole! por el traductor, “¿para qué conservar el insulso título original si a mí se me ha ocurrido uno mejor?”, debió pensar el buen hombre.

FICHA TÉCNICA

Título original: Altered states

País y Año: USA, 1980, se estrenó el día de navidad.

Director: Ken Russel (Tommy, La pasión de China Blue, Gothic, Mahler La sombra en el pasado, La pasión de vivir, El cerebro de un billón de dólares…).

Protagonistas:

- William Hurt (El increíble Hulk, En el punto de mira, El buen pastor, Una historia de violencia, El manantial de la eterna juventud, Dune…).

- Blair Brown (quizás nos suene más por su aparición en algunas series de TV, últimamente Fringey, Ley y Orden, Urgencias y Smallville, aunque también la hemos visto en otras películas como La fuerza de vivir, La sombra de la sospecha, Space Cowboys…).

- Bob Balaban (Sin reservas, Hasta que el cura nos separe, La joven del agua, Ellos y ellas, Truman Capote…).

- Charles Haid (rostro habitual de muchas series de TV como, Nip/Tuk, Mentes criminales, Turno de guardia, Policías de Nueva York o Se ha escrito un crimen).

Música: John Corigliano


Fotografía: Jordan Cronenweth


Premios:

- Oscar: Nominación en 1981 a la mejor música y sonido.

- Saturno (premios de la Academia de Ciencia Ficción y Fantasía): Gana en 1981 el premio a la mejor puesta en escena.

- Globo de Oro: En 1981, William Hurt nominado como artista del año.

Argumento:

Está basado en la novela de Sidney Aron Chayefsky del mismo título (Altered States) y nos cuenta las peripecias de un investigador para profundizar en el estudio de la consciencia. Se trata de Eddie Jessup, catedrático de Fisiología en la Facultad de Medicina de la Universidad de Cornell.

El profesor Jessup es una persona complicada, hasta los dieciséis años era creyente cristiano, siendo frecuentes en él las visiones místicas. A partir de esa edad, a raíz de la muerte de su padre, pierde la fe y desaparecen las visiones.

Tiene la teoría de que en el fondo de nuestra mente se encuentra no sólo nuestro propio inconsciente, sino el de toda la raza. Si somos capaces de profundizar lo suficiente podremos acceder a los recuerdos de nuestros más remotos antepasados.

Parten del estudio de la esquizofrenia y las alucinaciones que padecen los pacientes. Prueban sustancias como la dimetiltriptamina (DMT), que se encuentra de forma natural en el cerebro como neurotransmisor y se puede extraer de diversas plantas usadas habitualmente en ritos místico religiosos. Tiene potentes efectos psicodélicos y se le atribuye la capacidad de dotar de imágenes a los sueños.


Comienzan a experimentar con cámaras de aislamiento sensorial, primero con estudiantes, pero luego es el propio Jessup el que se empeña en probar en sí mismo lo que se siente. En estas cámaras se empiezan a presentar alucinaciones despues de permanecer algún tiempo en ellas.

Luego Jessup participa en ceremonias chamánicas en las que en una tribu de México, los indios Hinchi, le dan a probar a un brebaje hecho a base de amanita muscaria y otros hongos autóctonos. Se suponía que su alma regresaría a la primera alma, pero sólo tiene unas raras visiones, de las que no sale muy convencido, aunque consigue que le den una muestra de la sustancia para analizarla y sintetizarla y poder seguir experimentando con ella en su laboratorio.


Empleando esa sustancia en el entorno controlado del tanque de aislamiento de su laboratorio, las alucinaciones se van haciendo cada vez más interesantes y profundas. Jessup siente que su consciencia retrocede en el tiempo y quiere experimentar hasta dónde es capaz de llegar.

La investigación se convierte en su obsesión y siente que la regresión no sólo es mental, si no también genética y física. Según sus propias palabras “He dejado de ser un simple observador, me convierto en uno de ellos”.

A partir de aquí nos adentramos en una especie de historia de Jekyll y Hyde, el profesor Jessup y el homínido en el que se convierte. Algo que no queda claro si es una realidad o si es un mal “viaje” del que cuesta salir. Es un aspecto que no me interesa demasiado y dejo el tema a la interpretación de cada uno. En todo caso ya sabéis que en estas páginas tenéis espacio para exponer vuestros propios comentarios.


Lo que fundamentalmente me interesa es reflexionar sobre los recursos que se emplean en el film, las cámaras de aislamiento sensorial y las drogas alucinógenas, como sistemas para estudiar la mente. Ya sé que ambas cosas se investigaron profusamente en los años sesenta y ahora ya no están en uso, pero como experiencia es interesante.

Los tanques de flotación (los que vemos en la película) son muy relajantes y hasta terapéuticos. Otros tipos que implican el aislamiento sensorial total son más inquietantes y se han utilizado incluso como sistema de tortura en interrogatorios. Todo depende del tiempo que te tengan en esa situación y la posibilidad que tengas de salir de ella cuando lo desees.

En ambos casos, el cerebro compensa la falta de estímulos creando vívidas alucinaciones. Por mi parte a veces me he preguntado qué se sentiría en una situación así, incluso me atreví a plasmarlo en un cuento al que, si tienes curiosidad, puedes acceder pulsando sobre el título: "Un momento de ironía". Aunque me temo que si de verdad quiero experimentarlo, me tendré que apuntar a Total Isolation, algo parecido a un reality show que organizó la BBC, sometiendo a un grupo de voluntarios a cuarenta y ocho horas de aislamiento en las instalaciones de un bunker nuclear abandonado. Un "Gran Hermano" un tanto soso, me temo.

El empleo de sustancias para alterar la consciencia es algo que parece estar más a nuestro alcance. Para abundar en ello permitidme que use algunas imágenes del documental "Los pioneros psicodélicos", que emitió el Canal Historia y que narra las experincias de un grupo de investigadores del Hospital Saskatchewan, Canadá. Es un excelente contrapunto a la película.


Como apuntaba antes, muchas culturas las han empleado con fines místicos y religiosos. En la película se nos habla de la amanita muscaria y se nos presenta una región donde está muy extendido el uso del peyote. Pero no hace falta rebuscar mucho para encontrar recursos alucinatorios, cosas que se encuentran habitualmente en nuestra despensa, como la lechuga, la nuez moscada o algunas variedades de salvia lo son. Y si queremos apurar más el tema hay que apuntar que mediante el ayuno y la meditación también se puede llegar a experiencias alucinatorias, como ya descubrieron nuestros místicos.


Pero de lo que quiero hablar ahora es del LSD. Recuerdo que a finales de los 60 si alguien te hablaba de drogas se estaba refiriendo fundamentalmente al LSD. Era la época de la revolución cultural hippy y la psicodelia estaba de moda. Por cierto, esta palabreja, “psicodelia”, se le ocurrió al psiquiatra británico Humphrey Osmond que allá por el año 1956 mantenía correspondencia con el escritor visionario Aldous Huxley. El escritor le había propuesto algunas palabras para definir las experiencias de la mente tras la ingestión de distintas sustancias. A Osmond le gustó la idea, pero propuso una nueva denominación que se basaba en las palabras griegas psique (ψυχη), mente y delein (δηλειν), revelar o manifestar. Así, las sustancias psicodélicas son las que revelan o ponen de manifiesto la mente.


Huxley había escrito en 1932 una novela (Un mundo feliz) que, igual que Orwell, nos presentaba un futuro inquietante en el que, entre otras cosas, la felicidad se lograba mediante la ingestión de una sustancia, sin efectos secundarios, que se llamaba “soma”.

Conoció las investigaciones de Osmond sobre sustancias alucinógenas y en un encuentro que tuvieron en 1952 el psiquiatra le facilitó mescalina, que provocó en el escritor una experiencia inolvidable, fruto de la cual surgió el conocido ensayo “Las puertas de la percepción” y Huxley se convirtió en un convencido defensor de este tipo de sustancias. Recomendaba sobre todo su uso a personas con convicción absoluta en sus ideas, para que comprobasen por sí mismos que existían otras realidades alternativas que quizás merecía la pena explorar.

Como el profesor Jessup de la película, Osmond tenía la teoría de que los esquizofrénicos generaban de manera incontrolada en su cerebro sustancias alucinógenas que les producían la enfermedad. Para estudiar sus efectos y entender lo que pasaba en la mente de los pacientes, empezó a recolectar y estudiar todo tipo de sustancias naturales con esos efectos.

En el Hospital Saskatchewan de Weyburg, Canadá (parece ser que en otros países no estaban dispuestos a admitir sus teorías) formó equipo con otro psiquiatra, el canadiense Abram Hoffer. Juntos iniciaron una línea de investigación que llamó la atención de todo el mundo.


Estudiando cerebros de esquizofrénicos identificaron el adrenocromo, una sustancia procedente de la oxidación de la adrenalina, que tenía los efectos que buscaban, pero que era muy inestable y difícil de manejar en el laboratorio, por lo que siguieron experimentando con sustancias naturales. Y lo hacían sobre ellos mismos, pues era la mejor manera de entender lo que pasaba en la mente de sus pacientes.


Más adelante empezaron a experimentar también con LSD, una sustancia que hacía más de diez años que había sintetizado un químico suizo, el recientemente fallecido Albert Hofmann, trabajando para los laboratorios de Sandoz en Basilea y que era un fármaco poco empleado y altamente potente.


Cuenta el propio Hofmann que estando un día trabajando en su laboratorio se encontró indispuesto y se tuvo que ir a su casa. Se sentía mareado y tremendamente agitado. Cuando se acostó tenía la sensación de estar en un estado de embriaguez, aunque no era desagradable. Lo que le llamó la atención era la fuerza y la viveza de las cosas que imaginaba, en un estado de ensoñación en el que, con los ojos cerrados, podía percibir una corriente sin fin de imágenes fantásticas, pero muy nítidas, como las que se ven en un caleidoscopio. Y en este estado estuvo Hofmann por lo menos dos horas.

Le achacó los efectos a la sustancia que estaba manejando, el preparado 25 de ergot semi sintético a base de dietilamida del ácido lisérgico (LSD-25), producto que en muy pequeñas cantidades produce el "Claviceps purpurea" un hongo que parasita el centeno y que por su forma recibe el nombre de cornezuelo. Es altamente tóxico y en la Edad Media había provocado muchísimas muertes, algunas asociadas a alucinaciones y locura.

Hofmann pensó que si ni siquiera había ingerido la sustancia y le había provocado esos efectos, es que debería ser muy potente. Así que puso en práctica su teoría ingiriendo 0,25 miligramos de LSD, una cantidad que sería bastante pequeña para cualquier otra droga pero que a nuestro avispado químico le produjo catorce horas de alucinaciones.

Sus compañeros de Sandoz casi no creían lo que Hofmann les contaba así que lo probaron también, con idénticos resultados.

Hoffer y Osmond empezaron a trabajar con LSD en 1952, primero empleándolo ellos mismos (parece algo recurrente esto de que los investigadores de sustancias alucinógenas las empleen ellos mismos ¿por qué será?) y después en sujetos sanos, con el conocido objetivo de saber qué pasa en la mente de un esquizofrénico. Se probaron también distintos tratamientos para paliar estos efectos en los sujetos experimentales, pensando que si se tenía éxito también se podrían aplicar a los pacientes verdaderos.


Declaraciones de Abram Hoffer


Sus investigaciones llamaron la atención de mucha gente, entre ellas el conocido psicólogo estadounidense Duncan Blewett.

En 1954 empezaron a trabajar con alcohólicos. La idea era que el LSD les podría hacer experimentar, antes de que ocurriera definitivamente, la psicosis que les esperaba si seguían consumiendo. Los resultados que obtuvieron fueron sorprendentes y contrarios a las predicciones. Los alcohólicos tuvieron trascendentes experiencias positivas en las que comprendieron sus motivaciones hacia la bebida y en las que experimentaron por sí mismos que existen alternativas diferentes, que están al alcance de cualquiera y que para ser feliz no es necesario huir de la realidad en la que se vive y mucho menos emborracharse.

De los tres mil alcohólicos severos con los que trabajaron se recuperaron aproximadamente la mitad, todo un éxito sobre todo teniendo en cuenta que Alcohólicos Anónimos recuperaba la quinta parte.

Parecía que se abrían las puertas de la terapia psicodélica con perspectivas esperanzadoras. En 1959 el psicólogo Blewett y el médico Chwelos publicaron el "Manual Terapéutico para el uso de la Dietilamida del Ácido Lisérgico-25", la obra más completa que existe todavía sobre el tema.

En los años 60 la revolución contracultural hippy popularizó el uso del LSD, habiendo gran cantidad de personajes populares y de prestigio favorables a su uso. Como el psicólogo Timothy Leary, profesor de la Universidad de Harvard, que más que favorable, era entusiasta acérrimo.


El problema es que el LSD es una sustancia peligrosa y que no se puede emplear de manera general y sin un cuidadoso control. Pero cuando algo es muy popular es también muy difícil de controlar. Empezó fabricarse de manera clandestina, con todos los problemas que ello conlleva respecto a la pureza y riqueza de un producto de semejantes características.

En la prensa se empezaron a airear casos de malas experiencias con LSD, psicosis permanentes e incluso suicidios. La controversia afectó a las investigaciones y al mismo tiempo que se disminuía el acceso a la droga legal, aumentaba la facilidad con la que se conseguía el producto clandestino, siendo muy popular entre los universitarios norteamericanos.

Su uso clínico se prohibió en 1962, quedando como sustancia experimental, con la que se puede investigar pero no usar terapéuticamente ni mucho menos comercializar.


El gobierno de Estados Unidos dictaminó en 1966 que la tenencia de LSD era delito y en 1967 lo hizo el de Canadá. Los trabajos del Saskatchewan quedaron suspendidos.

En España, actualmente su uso es clandestino, estando penalizado su fabricación, tráfico y tenencia en cantidades mayores que las del consumo propio.

Y hasta aquí estas reflexiones sobre la experimentación con sustancias alucinógenas. Si te interesó la película y quieres que te avisen cuando la emitan por televisión, pulsa este enlace.

Si te interesa saber más sobre las experiencias del hospital Saskatchewan te recomiendo que busques el documental “Los pioneros psicodélicos”, lo emitió el Canal Historia.

Si quieres leer algo sobre drogas en general puedes consultar el libro “Drogas y Cerebro”, Solomon H. Synder, Prensa Científica, Barcelona 1992.

Y no se te olvide visitar la página de Antonio Escohotado sobre la Historia General de las Drogas.

Saludos,



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