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AVISO: Las informaciones contenidas en este blog pueden desentrañar importantes aspectos del argumento, incluso del final de la película en cuestión.
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jueves, 13 de octubre de 2011

El Castor

Ya lo he comentado varias veces. El que una película te guste o no depende en muchas ocasiones de las expectativas previas que tengas sobre ella.

Empecé a ver "El castor" (The beaver, Mi otro yo o La doble vida de Walter, dependiendo de dónde la veas tú) sin demasiado entusiasmo. La crítica no la había tratado muy bien, pero el hecho de que tuviese a Jodie Foster por directora y protagonista me animó bastante. Me gusta mucho el trabajo cinematográfico que ha hecho y encuentro que se lleva muy bien con la cámara, incluso dirigiéndola desde atrás.

Mel Gibson en cambio no me emociona demasiado, la película suya que más me había gustado fue "El año que vivimos peligrosamente", aunque reconozco que quizás me dejé llevar emocionalmente por la música de Vangelis.



Pensé que últimamente Gibson estaba de capa caída, pero he de admitir que en "El castor" hace una buena interpretación y eso que el de Walter es un papel difícil.

Se trata de un ejecutivo que ha caído en una profunda depresión. Nada le motiva. Su negocio se encamina hacia el desastre y su familia también. Un día de borrachera se intenta suicidar, pero como va siendo habitual en su vida, le sale mal y no lo consigue. Lo único positivo de este episodio es que la marioneta de un castor que encontró en la basura, toma las riendas de su vida y, representando su propia conciencia, se propone sacarle del pozo en el que ha caído.

Animado así por el castor empieza una etapa de ferviente actividad en la que vuelve a tomar la rienda de sus negocios y su familia. Se inicia así una fase de manía que nos hace pensar que Walter pueda padecer un Trastorno Bipolar difícil de clasificar con los datos que nos ofrece la película.

El hecho de que la personalidad de Walter se vea totalmente arrollada por la de "el castor" podría hacer pensar también en un Trastorno de Identidad Disociativo (TID) en el que dos personalidades acaban compitiendo por el control del sujeto, desencadenando una lucha que a mí me recordó a la de Sméagol y Gollum en El Señor de los Anillos y que además en este caso tiene el inquietante trasfondo del ventrílocuo que se ve superado por la personalidad de su marioneta.


El TID es algo que queda muy bien en el cine pero evidentemente no es lo que le pasa a Walter, así que dejando a parte tan interesantes recursos dramáticos, pienso que lo que le ocurre a nuestro protagonista se debe a que al final de su periodo de manía desarrolla un brote psicótico cercano a la esquizofrenia, que le lleva a cortarse el brazo antes de que el castor se adueñe totalmente de su vida.

Evidentemente, en ese momento Walter había perdido el sentido de la realidad y su recuperación física y psíquica parece más complicada que la que nos presenta el final feliz de la historia.



Pero en el aspecto psicológico también conviene que te fijes en el personaje de Porter (Anton Yelchin), el hijo adolescente que ha pasado de tener a su padre como modelo a horrorizarse ante cualquier similitud con él, llegando a obsesionarse con la idea de que en algún momento podría llegar a seguir sus mismos pasos.

La figura de Porter es quizás una exageración de un proceso que se puede observar en bastantes adolescentes, el hecho de que sus padres pasen de ser héroes y fuentes de inspiración a seres extraños con los que no tienen nada en común. No nos extrañemos, es el resultado de un proceso normal en el que el muchacho pasa de ser niño a adulto y se tiene que adaptar a los cambios físicos y psicológicos que sufre. Se tiene que volver a descubrir a sí mismo y redefinir su mundo. Para ello no le queda más remedio que poner en cuestión todo lo que le rodea, incluidos o mejor dicho, sobre todo sus padres.

Pero Porter no sólo llama la atención por su rebeldía adolescente. Tiene además la capacidad de conocer a sus compañeros en ocasiones mejor que ellos mismos. Empatiza con ellos y eso le sirve para ganarse un dinero escribiendoles trabajos como si fuesen ellos mismos. Bueno, mejor que ellos mismos, pues es capaz de de introducir el tono emocional de una manera que los interesados serían incapaces de hacer.

Así fue capaz de llegar al interior de Norah (Jennifer Lawrence), la popular animadora que reprimía cualquier cosa que le recordase a su hermano muerto por sobredosis y por quien aún sigue sintiendo un profundo cariño y añoranza.

Henry (Riley Thomas Stewart), el hijo pequeño, en el seno de esta familia desestructurada se acaba volviendo un inadaptado, solitario y melancólico, que en el fondo lo que quiere es llamar la atención de sus padres. Él es el primero de la familia en conocer al castor y se siente entusiasmado por el cambio de actitud hacia él de su padre y su juguete.

Meredith (Jodie Foster), la mujer de Walter, intenta mantener la coexistencia de la familia, pero acaba arrojando la toalla y refugiándose en su trabajo.

Como ves es una historia de personajes complicados, pero a los que desde el punto de vista psicológico se le puede sacar bastante partido. Es una película no convencional que se merece el tiempo que le dediques a verla y a reflexionar sobre ella.

Saludos,



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lunes, 13 de junio de 2011

Diario de un escándalo

Hace unos días María Belén, una seguidora de Psicología y Cine en Facebook, hizo una alusión a esta película. Le prometí que cuando tuviese tiempo la comentaría y aquí estoy.

Lo primero que quiero destacar de "Diario de un escándalo" es la estupenda interpretación de sus protagonistas Judi Dench (la odiosa Barbara) y Cate Blanchett (la frágil Sheba), evidentemente bien dirigidas por Richard Eyre que supo mantener el ritmo de la historia sin recurrir a efectos espectaculares.

El personaje de Barbara se cree, o necesita creerse, superior a sus compañeros, lo que probablemente se deba a la ocultación de un complejo de inferioridad porque ellos tienen una vida llena de relaciones que ella no tiene. Eso le genera una envidia que le hace despreciarles, criticándoles maliciosamente en su único medio de desahogo, su diario.

También se cree superior al director del colegio a quien desprecia por sus ideas innovadoras, ya que ella no confía en que el sistema educativo sea capaz de sacar algo útil de la mediocridad de los alumnos, sin que se sepa si eso ha sido una constante en su carrera o es el efecto de un Burnout.

En ese entorno aparece Sheba, la profesora nueva. Su fragilidad acrecienta su belleza. Ambas cosas despiertan el interés de algunos de sus compañeros del claustro y obviamente la envidia de Barbara, que inmediatamente comienza a explotar esa debilidad como una ventaja táctica para demostrar su superioridad respecto a Sheba y de paso ganarse su favor en un retorcido proceso mental.



Por otra parte, la familia de Sheba (tiene un marido veinte años mayor que ella, una hija adolescente y un hijo con síndrome de Down) le ha exigido una dedicación casi total y ahora que tiene un poco más de tiempo ansía poder realizarse. El trabajo es un medio y también las nuevas relaciones que establecerá.

Esta avidez la deja en una posición vulnerable que le lleva por una parte a establecer una relación sentimental con un alumno de quince años y por otra a depender en exceso de Barbara.

La relación con Steven, el alumno, se me antoja poco creíble. Todos sabemos que las cosas del amor y del deseo no son lógicas, pero el concepto de una relación entre ambos no me cuadra, aunque Andrew Simpson, el actor que encarna al muchacho, tuviese en la época del rodaje diecisiete años, cosa que contribuye a dar una mayor imagen de madurez.

También he de reconocer que esa incredibilidad sea quizás fruto de un perjuicio sexista. Me refiero a que a la inversa, la idea de un hombre maduro que se sienta atraído por una chica de quince años, quizás no me hubiese extrañado tanto. Es evidente que por lo general las chicas de esa edad son más maduras que sus compañeros varones y a ninguno nos extrañó cómo Sue Lyon hizo perder los estribos a James Mason en Lolita.

Si aceptamos entonces que la buena de Sheba se deja llevar por sus hormonas y por sus emociones hacia una experiencia nueva, que la hace rejuvenecer y “flipar” olvidando en esos momentos sus responsabilidades de esposa y madre, podremos aceptar su “canita al aire” como algo factible.



La relación con Barbara la vemos como algo más normal. La veterana profesora le presta el apoyo que necesita para superar las vicisitudes de un ambiente laboral estresante. Lo que Sheba desconoce es que Barbara hace favores para crear relaciones de dependencia que luego se cobra en un chantaje emocional y el mayor favor que le debe es que no haya divulgado la relación de la profesora con su alumno.

El mensaje de Barbara que Sheba no supo interpretar era sin embargo claro: “no digo lo de tu alumno y ese secreto nos convierte en amigas íntimas, me lo debes, siempre me lo deberás”.

Más tarde sabremos que no es la primera vez que Barbara actúa así. Su escasez de habilidades sociales le hace utilizar este tipo de relaciones de dependencia para crear lazos con otras personas, todas ellas mujeres según la historia. Lo que no me queda claro es si ello se debe a una tendencia homosexual o a que simplemente encuentre que las mujeres puedan ser más vulnerables a sus enredos.

Llegados a este punto hay que preguntarse qué le pasa a Barbara y si tiene alguna patología digna de mención. Si analizamos lo que de ella se nos cuenta en la película llegaremos a la conclusión de que simplemente es una “mala persona” sin que ni siquiera tenga una justificación patológica para ello. Está amargada por su soledad y sabiéndose superior a los demás no puede dejar de sentir envidia de los “mezquinos” logros de los demás, que sin embargo les hacen ser felices. No está claro si esa envidia es un antecedente o un consecuente de su sentimiento de superioridad, aunque probablemente se trate de procesos concomitantes, que unidos son extremadamente peligrosos para ella y para las personas que la rodean.

Además ya sabemos que su carencia de relaciones le hace comunicarse con la única persona digna de compartir sus pensamientos, es decir, con ella misma a través de sus diarios. Y estos pensamientos autorreferentes le hacen fabular con una lógica distorsionada sobre las reacciones de los demás a sus propios movimientos.

Estas fabulaciones le llevan a realizar interpretaciones equivocadas sobre las respuestas de los otros, llegando a obsesionarse con las personas vulnerables a sus enredos que, según ella piensa, no tendrán más remedio que darle y al mismo tiempo recibir su cariño. Pero cuando se da cuenta de que eso no es así reacciona con procesos de calculada venganza.

Aunque ya he comentado que no se trata de eso, esta descripción te puede hacer pensar en un trasfondo patológico. Vuelvo a decir que no es así y si te paras a pensar comprobarás que lo que le pasa a Barbara es algo bastante común, aunque habitualmente se da jóvenes adolescentes que están adquiriendo su madurez emocional, mediante procesos de ensayo-error, en las relaciones con sus semejantes y así aprenden a interpretar sus respuestas, a controlar sus acciones y a manejar sus emociones. Proceso problemático este de la adolescencia en el que probablemente Barbara se estancó, quedando sumida en la inmadurez emocional, contribuyendo a todos los problemas de relación posteriores.

Puede que todo esto te parezcan elucubraciones mías, pero si te fijas hay una escena que me llamó la atención y es cuando Barbara deja claro que sigue empleando recursos de adolescente. Me refiero al momento en el que le comenta a Sheba que cuando era pequeña y ella o alguna de sus compañeras del colegio tenían alguna preocupación se acariciaban y eso era muy relajante. Aunque la invitación no era explícitamente sexual a Sheba se le ponen los pelos de punta.



Y por fin, no menos interesante es la cuestión que María Belén comentaba en el Facebook “¿podría hablarse de perversión en un doble sentido, primero respecto a la relación de la profesora con un menor y segundo respecto a la manipulación de las circunstancias, tratando a la persona como un objeto, para así alcanzar su objetivo?”.

Bien, teniendo en cuenta que el concepto de perversión se refiere a conductas sexuales desviadas podríamos considerar la relación con el menor como algo pervertido, aunque aquí el planteamiento es algo distinto. Ha de quedar bien claro que no estamos hablando de pedofilia ni tan siquiera de parafilia. No es la profesora la que seduce o abusa al alumno, en este caso es el alumno el que se aprovecha de la debilidad emocional de la profesora. Conste que no quiero justificar la actitud de ninguno, principalmente porque todos sabemos que es habitual que los alumnos de determinadas edades intenten explotar las debilidades de sus profesores, siendo precisamente tarea de estos el mantener la relación docente-discente en su justa medida.

Evidentemente Sheba tenía que haber visto venir a Steven y haber evitado llegar a esa situación. Ahora bien, aceptando los hechos tal y como se nos presentan y sabiendo que no se debería haber llegado a eso, cuando se llega ¿se puede considerar perversión?. Bajo mi punto de vista no. Aunque el chico no es inocente, la profesora ha cometido una falta moral, sobre todo teniendo en cuenta su posición y estatus, pero nadie ha pervertido a nadie, ni ha cometido conductas de ese tipo.

Por otra parte, la conducta de Barbara tiene sin embargo un matiz más complicado, aunque en principio no tenga carácter sexual. Ella emplea todos sus recursos para adquirir una posición de poder respecto a Sheba y desde allí obligarla a que se pliegue a sus deseos, algo que empezaría por “¡quiereme!” y terminaría por “eres mía”.

No podemos dejar de ver algo obsceno y perverso en la conducta de Barbara, porque si Sheba cede ella habrá conseguido lo que más ansía, demostrar su superioridad frente a alguien que sabe que es mejor que ella y disponer de esa persona a su antojo.

Tampoco debemos rasgarnos las vestiduras en exceso ante esta postura. Tenemos que tener en cuenta que nos ha costado miles de años de evolución adquirir una consciencia de respeto hacia los demás, sobre todo cuando ese "respeto" va en contra de nuestros propios intereses. Me refiero a que a veces actuamos de manera civilizada porque no tenemos más remedio, porque no hacerlo significa contravenir unas leyes y unas normas, lo que podría tener consecuencias negativas para nosotros.

Pero imaginemos por un momento que nuestros actos no nos acarreasen esas consecuencias negativas ¿seríamos igual de respetuosos?. No te escandalices, ya sé que tú sí y yo también, pero no pondría la mano en el fuego por los demás.

Pues Barbara se encuentra en esa tesitura. Está en posición de poder abusar de Sheba sin miedo a las consecuencias, porque la única que podría denunciar este acoso es la que precisamente más tiene que perder si el asunto sale a la luz. Es una clara situación de perversión y abuso moral.

El final de la película pretende ser en parte feliz y en parte inquietante. Barbara lleva a cabo su venganza porque Sheba no es capaz de renunciar a la relación con Steven, pero aunque el escándalo sale a la luz su condena es leve y el marido al final la perdona. Barbara tiene que renunciar a Sheba, pero no tardará en encontrar un nuevo objetivo. Por si te interesa, te prevengo que el final del libro es menos optimista, pero quizás más real.

Saludos,



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lunes, 17 de enero de 2011

Gracias por fumar - Reflexiones sobre la Ley Antitabaco

Ya tenía ganas de que entrase en vigor en España la dichosa Ley Antitabaco. Aunque no soy fumador, normalmente no me molesta en exceso que fumen a mi lado y no soy de los que señalan a los fumadores con el dedo. Ahora bien, sí me molesta el humo cuando estoy comiendo y no me deja saborear los platos por los que a veces pagas un dineral. También me molesta cuando entras en un taxi o en un local en el que han fumado intensamente y huele a humo rancio. Ya digo que soy respetuoso con los derechos de los fumadores, si quieren hacerlo allá ellos. Procuraba no entrar en los locales que anunciaban que se permitía fumar, pero me molestaba que en los bares que tenían ambientes separados, estos no estuviesen tan separados y el humo te llegaba de todas maneras.

Siento el desembolso que tuvieron que hacer los propietarios de establecimientos de hostelería y restauración para adecuarse a las anteriores normas, pero en muchísimos casos esa “adecuación” fallaba por todas partes. Mi simpatía está con los que de verdad consiguieron ambientes auténticamente separados y ahora toda la inversión no sirve para nada. Creo que a ellos se les debería de indemnizar.

Pero sinceramente pienso que dentro de unos meses nos acostumbraremos a no fumar en locales públicos y dejaremos de hablar de esto, igual que tampoco hablamos ya de los controladores. Temas más acuciantes, como la crisis, ocuparán nuestra atención curiosamente distraída por la actualidad de… ¡caramba! por lo de los controladores y lo del tabaco ¿será coincidencia?.

El caso es que con todo este lío, me han venido a la mente muchísimas cosas, entre ellas la película “Gracias por fumar”, quizás también porque la última que comenté (Up in the air) era del mismo director, Jason Reitman. Pero a mí me gusta me gusta más ésta, la encuentro una comedia muy divertida e inteligente.



Al igual que en Up in the air, Reitman nos presenta un hombre apegado a su trabajo, un trabajo duro y desagradecido, pero que el protagonista lleva con tremenda dignidad. De hecho, estoy seguro de que muchos aquí darían cualquier cosa porque apareciese un Nick Naylor (Aaron Eckhart) desempeñando tan fabulosamente bien como en la película el papel de Defensor de los Derechos de los Fumadores, porque sí, a eso se dedica el avispado señor Naylor, un ejecutivo perspicaz y rápido de reflejos intelectuales, capaz de dar la vuelta a una audiencia en contra en un programa de debate, de volver contra sí los argumentos de cualquier político o de conseguir que un enfermo terminal de cáncer acepte un chantaje que en principio le habría tirado a la cara.

A pesar de representar un peligro para la salud pública, es inevitable que este ejecutivo tabacalero nos caiga bien. Su personaje rebosa de habilidades sociales y destaca por su inteligencia emocional. Sabe calar a su interlocutor, adivinar lo que piensa y lo que siente y conseguir que parezca que en el fondo están de acuerdo. Además es un personaje creíble y todo gracias a la interpretación de Aaron Eckhart. El guión parece hecho a su medida y con su aspecto desenfadado y de cara dura al límite de la legalidad, nos hace pasar un rato muy agradable en medio de una historia que podría ser bastante dramática.

Además la película está plagada de momentos cumbre, con frases dignas de ser enmarcadas, algunas de las cuales las puedes encontrar en las secuencias que he seleccionado.



Y es que lo del fumar es una cosa muy seria. Cuando hablamos de drogas, a veces no me resisto a introducir una pregunta, aparentemente inocente, en la conversación: “¿Y tú cuál crees que es la droga más peligrosa?”. Independientemente de cuál sea la respuesta, el dato al quiero llegar es que en España la sustancia que más muertes directas causa es el tabaco y la que más problemas sociales genera es el alcohol. Las dos drogas legales que curiosamente forman parte de nuestra cultura.

Al igual que se dice en la película, todos asumimos que el tabaco es algo malo y que mata lentamente. Por eso mismo le hemos perdido el miedo, confiamos en que las consecuencias negativas tarden en llegar y mientras tanto nos vamos arriesgando con la esperanza de que el peligro pase de largo. Sabemos que el tabaco mata, pero nos resignamos pensando que “de algo hay que morir”.

Sorprendentemente no siempre tenemos una actitud tan sumisa ante los peligros del consumo. Haz un ejercicio de memoria, sitúate hace unos quince años en el tiempo. ¿Te acuerdas de la Encefalopatía Espongiforme Bovina?. Bueno, igual eras muy joven, pero si te hablo de la “Enfermedad de las Vacas Locas” igual te suena más. ¿A qué viene esto?. Pues es un ejemplo para que veas lo complicadas que somos las personas. En aquella época tuvo mucho eco en la prensa esta enfermedad de origen animal y cuyo contagio se asociaba probablemente al consumo de carne de animales infectados. Este posible origen no confirmado (hubo personas a las que se les diagnosticó la enfermedad y que eran vegetarianos estrictos) originó un acusado descenso en el consumo de carne de vaca. En cambio la asociación, no probable sino segura, entre el consumo de tabaco y el cáncer de pulmón no provoca una disminución del consumo. ¿Por qué ocurre esto?, pues porque el fumar conlleva un riesgo inherente que tenemos asumido y admitido, en cambio comerse un entrecot no suponía demasiado peligro… hasta entonces.

Date cuenta que según esto, el que el tabaco nos prepare una muerte dolorosa no nos asusta demasiado, lo aceptamos y de poco o de nada sirve que en las cajetillas nos avisen de que es peligroso o nos pongan fotos de pulmones deshechos. El fumar es un gesto automático y ni miramos la cajetilla.

Pero si todo eso ya lo saben y siguen consumiendo ¿de qué se quejan entonces los fumadores que demandan a las tabacaleras?. Pues de que la industria manipula directamente la composición de los cigarrillos para que sean más adictivos, efecto que se consigue tratando, por ejemplo, las labores del tabaco con amoniaco sin que se avise al consumidor de sus “efectos secundarios”. Ésta y otras sustancias, cuya composición no figura en las cajetillas, consiguen que la nicotina llegue mejor al torrente sanguíneo, que el humo irrite menos y cosas así. Consecuencia: el individuo se engancha mucho más fácilmente aunque el cigarrillo sea bajo en nicotina.



Y tenemos que tener en cuenta que la adicción al tabaco es una de las más difíciles de abandonar. Como ocurre en la mayoría de los casos, por una parte tiene un componente físico, que se debe a que nuestro organismo se ha acostumbrado a la nicotina y la necesita para funcionar. Por otra tiene un componente psicológico, debido a que hemos asociado el fumar a muchos momentos de nuestra vida cotidiana. El primer cigarrillo de la mañana suele ser el más apetecible precisamente porque nuestro cuerpo está prácticamente en síndrome de abstinencia, pero no se disfrutan menos el de la cervecita con los amigos o el del cafetito de después de comer, por ejemplo. Éstas y otras muchas situaciones no serían lo mismo si les quitásemos el cigarrito y eso se debe a que, a fuerza de repetirlo, hemos realizado un aprendizaje que nos indica que ambos sucesos ocurren juntos y no disfrutamos de lo uno si falta el otro. A diferencia de otras drogas cuyo consumo es menos frecuente, el tabaco está asociado a multitud de momentos de nuestra vida y en cada uno de ellos nuestro cerebro nos indicará que es hora de fumar, esa es la verdadera dificultad de abandonar esta adicción.

A veces puede sorprender que la dependencia física, la que se produce por falta de nicotina, desaparece después de poco más de una semana de haber dejado de fumar. Pero la dependencia psicológica, la debida al aprendizaje, es muchísimo más duradera. No es por nada, pero si estás intentando dejar de fumar, más que gastarte el dinero en parches de nicotina deberías ir al psicólogo. A veces piensas que si deseas fumar es porque tu cuerpo necesita nicotina y lo que ocurre es que simplemente tu cerebro te está recordando lo que habías aprendido, que en la situación en la que estás lo que toca es un cigarrito.

Para terminar una cosa curiosa, la historia del Hombre Marlboro que nos cuentan en la película está basada en la realidad. La compañía Philip Morris lanzó en los años veinte unos cigarrillos con filtro destinados al público femenino y el reclamo era precisamente la suavidad que les proporcionaba semejante complemento.



Pero vender cigarrillos sólo para mujeres no era suficiente negocio, así que años más tarde los anuncios del vaquero de Marlboro intentaban recuperar el aire viril de los cigarrillos con filtro. La campaña fue un éxito y se ha mantenido con distintas variaciones hasta hace poco, siendo varios actores los que la protagonizaron. El primero fue William Thourlby, pero entre los que se siguieron estaban Wayne McLaren y David McLean. Los dos murieron de cáncer de pulmón después de fumar habitualmente “Marlboro Reds”. McLaren en los últimos años de su vida apoyó activamente la Ley Antitabaco en Estados Unidos y, al igual que en la película, la compañía intentó negar que participase en sus anuncios. En el último que protagonizó se superponían las imágenes del anuncio original, a caballo, con las de la cama del hospital entubado.



Cuando la publicidad te quiere vender algo, te lo vende y emplea métodos igual de contundentes tanto para convencerte de una idea como de la contraria. Así que como les explicaba Naylor a los niños, lo mejor es no dejar que nos convenzan de lo que tenemos que pensar y tener nuestras propias ideas, pero... ¿podremos?



Saludos,



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martes, 13 de abril de 2010

Twin Peaks - Veinte años de misterio...

...o cómo utilizar la imaginación, de los demás, para crear un mito.


Con Twin Peaks me pasa lo contrario que con 2001. En la película de Kubrick muchos ven aspectos místicos y yo veo una clara explicación lógica que no necesita recurrir a explicaciones más o menos espirituales.

Con la serie de Lynch me esfuerzo en encontrarle una explicación lógica (psicológica) y una vez tras otra me voy topando con los muros de simbología esotérica que encierran el asesinato de Laura Palmer (Sheryl Lee) y los hechos que lo rodearon.

He de decir que Twin Peaks me enganchó como no lo había hecho ninguna otra serie hasta entonces. Todo contribuía a ello. La misteriosa historia. El encanto de una sociedad rural, aparentemente idílica, en la que luego todos los personajes ocultan algo. El propio retrato de los personajes, cada uno más original que el otro. Las microhistorias que se entrelazaban en ese entorno. La fotografía de Frank Byers y la banda sonora de Angelo Badalamenti, que me encanta.




También tengo que confesar que me preocupé cuando vi el cariz descabellado que tomaban los acontecimientos en los últimos capítulos, pero en mi inocencia esperaba que todo se resolviese al final. Y, como la mayoría, en el último capítulo llegué a la conclusión de que la historia se le había ido a Lynch de las manos y no había sabido cómo terminarla.




Después me enteré de que la productora había decidido unilateralmente la finalización prematura de la serie ante la caída de audiencia en Estados Unidos y Lynch, para estupefacción de todos, concluyó la historia dejando al agente Cooper (Kyle MacLachlan) poseído por el espíritu maligno de "Bob".

Cuando en 1992 Lynch dirigió “Twin Peaks: Fuego camina conmigo” muchos confiamos en encontrar la explicación a la serie que tan abruptamente concluyó un año antes. Error. La película resultó ser una “precuela” en la que nos cuentan los últimos días de la vida de Laura Palmer. Nos sirve para aclarar algunos aspectos, pero en otros crea más confusión todavía.




En fin, de todo eso hace ya casi veinte años y desde entonces la curiosidad me ha llevado a retomar el tema recurrentemente, para ver si encontraba alguna explicación que me convenciese. Al final me rendí ante la evidencia de que Twin Peaks, más que un thriller policiaco o psicológico, es una historia fantástica sobre la lucha del bien y el mal, amparada en leyendas locales. Como tal historia fantástica, el final depende de lo que estés dispuesto a creer.

Pero si eres tan cabezota como yo, podrás reconocer algunas cosas que quedan claras. El padre de Laura, Leland Palmer (Ray Wise), abusó sexualmente de ella desde que tenía doce años. Eso lo plasma la muchacha en su diario, refriéndose a su violador como “Bob”, negando así la evidencia de que es su propio padre, quien por otra parte, busca también la compañía de otras chicas que le recuerdan a su hija.

Así Leland encuentra a Teresa Banks, una joven a la que mata iniciando el rito de introducir una pequeña letra bajo la uña del dedo anular de su mano, comenzando de esa manera su carrera de asesino psicópata.

Leland mata a su hija porque no puede soportar su actitud promiscua en los sórdidos ambientes en los que la chica ha desembocado.

Es difícil especificar qué trastorno de personalidad padece el padre, si es que padece alguno, y si él mismo es consciente de los actos que ha cometido o los olvida. Parece que en su "vida normal" actúa como si hubiese olvidado los episodios de abuso que ha cometido, pero cuando su lado de psicópata toma las riendas sí que es consciente de ello. Recuerda cuando Leland lee el diario de Laura y se sorprende de que la muchacha haya descubierto que el que la viola es su padre.




Podría pensarse en una posible esquizofrenia de Leland, que implicase procesos de alteración de su personalidad en los que actuase movido por los imperativos de la enfermedad. Pero no parece haber episodios alucinatorios ni fuerzas externas que le impulsen a cometer esos actos malignos. Recuerda que él no se ve como "Bob", es Laura la que lo ve así. La adjudicación de sus actos a una especie de espíritu demoníaco es fruto de la imaginación de la chica y no de la del padre.

Yo lo de esquizofrenia lo descartaría. Puede ser incluso algo más complejo. Probablemente lo que padece Leland como problema base sea un trastorno de la conducta sexual. Algún tipo de parafilia que le lleva a actuar compulsivamente, abusando de su hija y de jóvenes parecidas a ella, sinténdose recompensado por la sensación de poder que experimenta ante sus víctimas y la sumisión de estas, llegando en ocasiones al asesinato.

Como muchos asesinos en serie, Leland lleva una vida absolutamente normal y parece incluso un padre ejemplar. Para compaginar ambos tipos de conducta y por lo que he comentado anteriormente, la mente de Leland olvida selectiva y temporalmente esos sucesos. Probablemente, no hay pruebas para asegurarlo, padezca además un trastorno secundario, un tipo de amnesia disociativa en el que él mismo se niega los actos que comete, sufriendo un gran estado de shock cuando llega asumirlos, volviéndosele, por ejemplo, el pelo blanco.

La familia no es todo lo modélica que aparenta. Sarah, su mujer, bebe y fuma en exceso y le cuesta mantener las apariencias ante los cambios de estado de su marido. Laura sobrelleva como puede todos los acontecimientos. Es la típica hija de una familia desestructurada, pero que nadie, ni ella, lo asume. Adicta a la cocaína, sexualmente promiscua, coquetea en ambientes sórdidos, llegando a practicar conductas de riesgo, incluida la prostitución.



Probablemente lo haga por experimentar la sensación de tener control sobre sus actos y su propio cuerpo, pero evidentemente lo que consigue es lo contrario.

Teniendo en cuenta todo esto, quizás es más complicado diagnosticar el estado psicológico de la propia Laura. Traumatizada por los repetidos abusos, se esfuerza en separar la figura del padre protector de la del padre violador y sólo se da cuenta de la coincidencia de ambas cuando ve salir a su padre de casa momentos después de que “Bob” la haya violado en ella.

Laura recuerda los hechos pero no identifica a quien abusa de ella. Sufre con angustia lo ocurrido, revive ciertos episodios, los ve, los plasma en su diario... Todo menos la identidad del agresor. En lugar de ello se refiere a él como ese espíritu maligno encarnado por la figura de "Bob".

En otros tiempos la pobre Laura podría haberse considerado víctima de una posesión demoníaca, incluso habérsele practicado un exorcismo. Ahora sabemos que puede padecer estrés postraumático, quizás algún tipo de amnesia selectiva y evidentemente negación. Y si pongo tantos condicionales es porque para aseverar todo ello necesitaríamos más datos y menos enmascarados que los que Lynch nos presenta.




Date cuenta del esfuerzo que hago buceando en las distintas escenas de la película para encontrar esa explicación lógica (psicológica) a la que antes aludía, porque según se va desarrollando la historia, la posibilidad de derivar hacia un lado místico, con una posesión diabólica y el exorcismo consecuente no parecen tan descabelladas, sobre todo teniendo en cuenta que además se nos presenta toda una parafernalia de simbología esotérica más propia de los géneros de terror, fantasía e incluso ciencia ficción.

- Bob que encarna el espíritu del mal que habita ancestralmente en los bosques.

- El gráfico de la roca que indica el momento (en la conjunción de Júpiter y Saturno) y el lugar (el círculo de los doce sicomoros en el bosque) en el que se puede acceder a la “Logia Negra”, el lugar en el que se encuentra el poder del mal y que el agente Cooper ha visto en sueños.

- “El gigante” y “el enano” que ayudan y dan pistas al agente desde esos sueños.

- “El manco” que se libró de la posesión de “Bob” cortándose el brazo. Recuerda que en “Fuego, camina conmigo” nos dicen que Teresa Banks tuvo una insensibilidad del brazo antes de morir. Y en los últimos capítulos de “Twin Peaks” varios personajes, incluido el agente Cooper, tienen momentos en los que la mano les tiembla incontroladamente.

- La investigación “Libro Azul” de las Fuerzas Aéreas en las que el mayor Briggs, (Don Davis, el entrañable general Hammond de Stargate SG1), se esfuerza en resolver las incógnitas que relacionan los sucesos acontecidos con fuerzas ocultas de diversa índole, para lo que incluso llegan a estudiar diversas transmisiones procedentes de un origen desconocido en el espacio.

- La posesión final del agente Cooper. El mal que vence al bien y se instaura en un órgano de poder como el FBI. ¿Qué implicaciones puede tener eso en el futuro?.




Bueno, si sigues mirando seguro que encuentras más, pero ya lo dejo a tu curiosidad.

El que todo eso constituya una historia única, junto con la del asesinato de Laura, o no. Y el que puedan contribuir al esclarecimiento del misterio, o no, es algo que probablemente sólo Lynch lo sabe y tampoco estoy seguro de ello, pero en todo caso no parece que tenga intención de revelarlo ¿o sí?.




Bueno, mientras tanto, eres tú el que tiene que ir sacando tus propias conclusiones.

Saludos,



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viernes, 8 de mayo de 2009

Los límites del silencio

¿Quién cuida del terapeuta?



Siempre os tengo que agradecer a los lectores de este blog vuestros comentarios y sugerencias. Lejos de considerarme un experto en la materia, creo que soy un aficionado más que ha tenido la osadía de hacer públicas sus reflexiones. Vuestras aportaciones son para mí un motivo de aprendizaje, a veces porque me hacéis pensar en puntos que no se me habían ocurrido, a veces porque me preguntáis sobre alguna película que no he visto.

Eso me pasó recientemente con una estudiante de psicología que había llegado hasta esta página buscando información sobre “Los límites del silencio”, película que aparece en “Las listas de los lectores” porque vosotros la pusisteis, pero que yo no había visto.

El caso es que este correo y otros comentarios que había oído me animaron a verla y cual no sería mi sorpresa cuando me di cuenta de que sí que la había visto pero no lo recordaba, por lo menos no asociaba el título con la historia y es que la verdad, en su momento no me convenció demasiado.

Es una película del año 2001, dirigida por Tom McLoughlin y protagonizada por Andy Garcia, pero la historia no me pareció creíble, sobre todo su personaje, el psicólogo Michael Hunter, que creo que intenta impresionar más al público en general que dar una imagen veraz de lo que es un psicoterapeuta.

Como hace bastante tiempo que se estrenó, me permito comentar algunos aspectos que pueden destrozar un poco la "intriga argumental". Si no la has visto o te pasa como a mí y no la recuerdas, no sigas leyendo. Si ya sabes de qué va, continúa por favor y mira si estás de acuerdo con mis conclusiones.

Para comenzar me gustaría comentar dos cosas que llaman la atención. Por una parte, la cantidad de aspectos psicológicos que están implícitos en esta película. No entiendo cómo la primera vez que la vi se me pasó por alto. Puede dar muchísimo juego ya que la mayor parte de los personajes necesitarían algo de… “ayuda”. De eso es de lo que hablaremos más adelante.

Por otra parte la música y la ambientación del entorno, creo que están muy bien conseguidas ambas. La acción trascurre en Kansas, aunque las escenas fueron rodadas en Canadá. Los amplios planos abiertos del inicio nos sitúan de lleno en el medio oeste americano.


Precisamente esa amplitud contribuye a empequeñecer al espectador, haciéndole partícipe de una sensación de soledad un tanto inquietante, que le prepara emocionalmente para el golpe dramático que le espera, el suicidio del hijo del protagonista.

Este tipo de efectos es bastante común en el cine norteamericano. Incrementa notablemente el tono emotivo y se gana incondicionalmente al espectador. Si piensas incluso en las películas de dibujos animados de Walt Disney, en las que se muere el padre o la madre del protagonista, en circunstancias dramáticas y al inicio de la historia, ya sabrás a lo que me refiero.

Odio este tipo de recursos, que me predisponen ya negativamente al resto de la historia, aunque en este caso el fin no es meramente dramático, ni pretende solamente ilustrar el cambio emocional y situacional en la vida del protagonista. A pesar de que todavía no lo sabemos, las causas de dicho suicidio serán una parte fundamental de la trama de la película.

Centrándonos ya en el argumento de la película, además del clima emotivo que nos han dibujado, hemos de prestar atención a las características psicológicas de los tres personajes principales. El psicólogo Michael Hunter (Andy Garcia), su hijo Kyle (Trevor Blumas) y el joven Tommy (Vincent Kartheiser).


Respecto al señor Hunter, analizándolo por partes, es comprensible que todo padre quede afectado por el suicidio de su hijo, máxime cuando él mismo se echa parte de la culpa de lo sucedido, cosa que comprendemos en toda su dimensión a lo largo de la historia.

Una antigua alumna, la psicóloga Barbara Lonigan (Teri Polo) le pide que le ayude en la valoración de un caso sobre el que tiene dudas, el de Tommy, un joven que está pendiente de su dictamen para poder salir de una residencia de acogida.


Me habían hablado de Hunter como modelo de actuación de un psicólogo. Yo pienso, y creo que el argumento me da la razón, que alguien en su situación no debería de dispensar terapia, debería recibirla. En todo caso no debería comprometerse en un caso en el que cada vez se implica más personalmente.

Es cierto que se ha retirado de la terapia y que accede a “ver” el caso como favor personal. Pero previamente nos lo han presentado como un prestigioso profesional, que nos sorprende con un agudo análisis hecho a una espectadora de una de sus conferencias, después de un brevísimo ejemplo de asociación de palabras.

Con eso simplemente ya nos han dado la información necesaria sobre su valía profesional como psicólogo. Pero sorprendentemente, después de ello le vemos aceptar el caso del adolescente en cuestión por motivos puramente personales. Si antes comentaba que en su situación no debería ejercer como terapeuta, aunque sea asesorando a una compañera, menos aún debería haberse implicado en ese caso.

No menos sorprendente es que alguien de su valía se deje manipular por el joven adolescente. Bien es cierto que ese joven lleva años tratando con psicólogos y está de vuelta de muchas cosas. Tiene mucha experiencia y aún aceptando que ha obtenido muchos datos de la hija de Michael, por lo que juega con ventaja, el psicólogo no debería de haber entrado en ese juego, aunque a estas alturas sabemos que si lo hace es porque, consciente o inconscientemente, lo que está arreglando es su propio problema, más que el del chico, cosa que no se puede dejar de valorar desde el punto de vista deontológico. El hecho podría ser comprensible en un psicólogo con poca experiencia, pero no en él. Quizás el mensaje que nos viene de decir la película es que todos somos humanos, pero ¿aceptaríamos eso como excusa si el caso nos afectase a nosotros?.


Y último un detalle que también me llamó la atención respecto a Hunter. Sabemos que en muchos casos de depresión es mejor iniciar el tratamiento con una terapia farmacológica que ayude a recibir posteriormente la psicológica, ya que sin ese paso previo el sujeto no aceptaría esta última. Me sorprendió que eso, que es algo normalmente admitido, fuese rechazado por Michael y contribuyese posteriormente a acrecentar su sentimiento de culpa.

Por cierto que esos sentimientos de culpa son prácticamente el nexo de unión de algunos de los personajes. Ya sabemos que los tiene Michael y por qué. Los tiene su hija Shelly (Linda Cardellini) porque considera que prestó poca atención a los problemas de su hermano. Los tenía y con razón, Harry Quinlan (Mike O'Brien), el psicólogo que abusó de Kyle. Y más adelante veremos que también los tiene el propio Tommy.

Sin embargo no los tiene Penny (Chelsea Field), la esposa de Michael. Le echa la culpa del suicidio de Kyle a su marido, pero tendemos a olvidar que el joven se ayudó con una buena dosis de Valium de su madre.

Respecto a Tommy, nos dicen que está a punto de cumplir los dieciocho años. El episodio de la muerte de su madre ocurrió hace cuatro años, eso le adjudicaría una edad de trece a punto de cumplir los catorce. Hago hincapié en este punto porque el niño que presentan en la película en ese momento no parece tener más de diez años, como mucho, y eso sería importante para concretar la relación madre-hijo. A modo de curiosidad, he estado buscando detalles sobre la biografía de Max Peters, el actor que encarna al joven Tommy, para ver qué edad tenía cuando se rodó "Los límites del silencio", pero sólo encuentro las películas en las que participó, sin ningún detalle personal.

Sea cual fuere la apariencia del muchacho, el episodio que nos ocupa ¿fue abuso sexual por parte de la madre o una relación incestuosa consentida por ambos?, porque quizás podríamos estar frente a algo relacionado con el Complejo de Edipo. El caso es que jurídicamente está claro que la madre es culpable de corrupción de un menor, con el agravante de que es su hijo. Pero psicológicamente la situación no es la misma y ni las consecuencias ni el daño, tampoco son lo son.
Es cierto que a raíz de ese tipo de relación y su final violento, Tommy tiene un serio problema sin solucionar porque se lo ha ido ocultando a base de una fuerte represión. Se considera culpable de la muerte de su madre y como consecuencia rechaza violentamente cualquier tipo de contacto íntimo en el que él no lleve la iniciativa, aunque las consecuencias vuelven a ser reprimidas y olvidadas, fruto de una amnesia disociativa originada por el estrés postraumático.

Menos mal, que después de todo, el problema de Tommy sale a la luz y así quizás pueda ser solucionado, aunque el historial psicológico y delictivo que se plantea al final de la película es mucho más complicado que el que teníamos al inicio.



Y de momento no quiero comentar ya más cosas, aunque me permito dejaros en el aire dos cuestiones, quizás menores, pero que pueden dar mucho de sí a la hora de discutir sobre ellas.

La primera es la decisión de Michael Hunter de contar a su compañera Barbara, la confesión confidencial que le hizo el padre de Tommy sobre las circunstancias del asesinato. Es cierto que es una información crucial para resolver el caso del chico, pero no menos cierto es que el padre lleva años ocultándolo para no perjudicar a su hijo. ¿Qué habría que hacer en ese caso?. O citando el titulo de la película ¿cuáles son los límites del silencio del terapeuta?.

La segunda cuestión es la reacción de la madre de Tommy al ser sorprendida por el marido. También es cierto que en una circunstancia así a veces eres incapaz de reaccionar. Pero me cuesta pensar que estando con su propio hijo no pensase de antemano alguna explicación para emplear en "casos de emergencia". Además, creo que en esas circunstancias, a la mujer se le podría haber ocurrido cualquier excusa que justificase la presencia del hijo, menor, en la habitación. Otra cosa sería si les hubiesen sorprendido “in fraganti” en la cama, pero como sabemos, no fue el caso.

Aunque el problema entonces, es que la historia resultante no habría dado pie a una película ¿no?. Así por lo menos hemos tenido algo en lo que pensar.

Saludos,



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martes, 14 de abril de 2009

La clase - Entre les murs

Adolescencia, multiculturalidad y educación

Imagina un instituto en un barrio de las afueras de París. Tienes que enseñar lengua a chicos de de 14 años. La mayoría son hijos de inmigrantes y son de todos los orígenes, los hay magrebíes, subsaharianos, antillanos, asiáticos… Algunos no conocen bien el idioma. Pocos se sienten identificados y menos aún integrados en la cultura de acogida. ¿Cómo te plantearías las clases?.

Probablemente con muy buenas intenciones, como los profesores de esta película. Pero la docencia es una profesión difícil, les envidiamos por las vacaciones, pero pocas veces pensamos que llevar bien una clase de chicos no conflictivos es bastante difícil. Si lo son, puedes comenzar a plantearte que lo de las vacaciones igual no es suficiente. Piensa además que los chicos de la película no son excesivamente problemáticos y que la situación planteada no es del todo ficticia. En cualquier colegio público de nuestro país te encuentras con una diversidad semejante.



Trailer de "La clase"


Y de eso pensé que iba a ir la película, de la problemática generada por la diversidad, del afrontamiento de la multiculturalidad. Pero no, esos son aspectos que componen el escenario pero no son parte del problema. Los principales conflictos los genera la actitud de algunos chicos, “pasotas” y descarados a partes iguales, que no cesan de poner en tela de juicio los métodos y la autoridad de los profesores. Ello hace cundir el desánimo en algunos docentes y la aparición de ansiedad y estrés, junto con claros síntomas de “burnout”, cosa que es bastante frecuente en las profesiones vocacionales, sobre todo cuando los desengaños del trabajo diario frustran el entusiasmo inicial.

Todo ello se nos cuenta en un docudrama sobre la novela “Entre les murs”, de François Bégaudeau, que encarna a François, el profesor de lengua protagonista de la película. El libro está basado en las propias experiencias de Bégaudeau y el hecho de que él mismo protagonice la película es algo que contribuye a dar mayor credibilidad a lo que estamos viendo.

Las escenas transcurren totalmente en el instituto y casi siempre en la propia clase, pero contrariamente a lo que pueda parecer en un principio, ello no hace que la película sea monótona. De hecho el ambiente interior es tan intenso que no echas de menos escenas de la vida de los protagonistas fuera de las aulas. El instituto es el mundo en el que ocurre todo.

Y lo que ocurre está cargado de tensión, pero no porque haya problemas de racismo en un entorno tan variado. Como apuntaba antes, la multiculturalidad es algo que todos tienen asumido y ojo, que digo multiculturalidad y no interculturalidad, porque se admite y se convive con las peculiaridades culturales de los demás sin que ello genere especiales problemas, pero no hay transvase cultural de unos a otros, no hay un espacio común ni un aprovechamiento de las experiencias y vivencias de los demás. Ni siquiera un intento de integración en la cultura de acogida, que es criticada por unos y otros, en una especie de xenofobia contraria.

Así en el retrato de los personajes no nos encontramos el “moro”, el “negro”, el “chino”, etc., sino el “listillo”, el “chulito”, el “pasota”, el “raro”... es decir como en cualquier colegio. En ese ambiente entonces la tensión viene por factores asociados a la adolescencia, así que son inherentes a la edad que tienen los alumnos y a la etapa por la que están pasando, no a su distinta procedencia racial o cultural.

Ya hemos hablado en ocasiones de la adolescencia y de la función evolutiva que cumple. El adolescente ha de encontrar su propio espacio vital y delimitarlo a costa del espacio de los demás, así es normal que surjan problemas entre los propios muchachos y por supuesto también con los profesores.

Por todo ello, la adolescencia puede ser considerada como un factor de riesgo que facilita la realización de determinadas conductas problemáticas, pero no debemos olvidar que también es un paso obligado para la formación de la personalidad del adulto y que como consecuencia de ese paso podremos adquirir las experiencias y valores necesarios para afrontar el futuro con éxito. Por lo que también es conveniente que consideremos esa adolescencia como un factor de protección.



Montaje de fotos


Además, de todo conflicto se pueden y se deben sacar consecuencias positivas. Huir del conflicto implica negar problemas que tarde o temprano habrá que resolver, así que es mejor enfrentarse a la situación y resolverla.

Algo así debe pensar el propio François que incluso aprovecha los agrios debates verbales que se desatan en la clase para analizar cómo expresa cada uno sus ideas y si sus frases coinciden con lo que en realidad quieren decir, aprovechando así las discusiones para que los chavales aprenda algo.

Y es que es un profesor curioso, que no rehúye el debate ni cuando los alumnos se meten con él directamente, ni cuando cuestionan sus decisiones, a veces de manera maleducada y poco respetuosa. Sin embargo, monta el cólera cuando en medio de una discusión Souleymane le tutea. No sé, llámalo transferencia de la ira, la gota que colmó el vaso o lo que quieras.


Bueno, ya sabes de qué va la película. Pretende no ser una más de las muchas que hay de ambiente estudiantil. Es un buen intento de reflejar la situación que se vive en las aulas de países como el nuestro, aunque siempre encontraremos que le falta algo para ser real. Ese algo variará en función de nuestra propia experiencia en los ambientes educativos. Pero tenemos que reconocerle la buena intención de hacernos pensar y poner en tela de juicio nuestras propias ideas sobre la educación, la adolescencia y el magisterio como vocación.

Si quieres leer más información sobre "La clase" pulsa en este enlace o en este otro para acceder a una entrevista con François Bégaudeau.

Saludos,



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martes, 24 de febrero de 2009

Gymkhana virtual contra las drogas

Bueno, esta vez tampoco os voy a hablar de cine, aunque prometo que la próxima vez sí lo haré.

Ya sabéis que el tema de las drogas y en general la prevención de las adicciones, es algo que me interesa bastante, así que aprovecho para comentaros una actividad que organiza la FAD (Fundación de Ayuda contra la Drogadicción) en colaboración con la Obra Social Caixa de Catalunya.

Se trata de una gymkhana virtual dirigida a estudiantes de 1º y 2º de ESO. Se llama SALTA PLANETAS y va dirigida a concienciar a los jóvenes sobre los problemas que puede conllevar el consumo de alcohol. Parece ser divertida, lo que siempre es necesario para motivar a los participantes, sobre todo a estas edades.

Si os interesa más información podéis consultar este folleto y para inscribiros hay que ir a este enlace.

Saludos.

jueves, 5 de febrero de 2009

XXY (¿niño o niña?)

XXY nos narra la historia de Alex, una adolescente de quince años un tanto conflictiva, pero es que además de los problemas propios de las chicas de su edad Alex tiene una alteración genética que hace que su identidad sexual no esté clara. Eso ha hecho de ella una chica extraña. Continuas revisiones médicas, tratamientos, el temor de sus padres que no saben qué camino tienen que seguir… han hecho que su infancia sea difícil. Ahora está en la edad en la que todos definen su identidad, su manera de ser, su personalidad… Una edad en la que tiene que dejar claro su espacio a costa del de los demás. Pero si este proceso es difícil para todos, para ella lo es mucho más, muchísimo más. Tiene más cosas que definir. Y si todos los padres asisten un tanto perplejos a los cambios que se desarrollan en sus hijos, los padres de Alex están mucho más despistados. Tienen muchas decisiones que tomar y ninguna opción buena para elegir.

La muchacha tiene apariencia femenina, pero para poder desarrollarse como mujer tiene que seguir un tratamiento. Su aparato genital correspondería al de un pseudo-hermafrodita o intersexual, con presencia de pene y vagina, lo que no implica que sea hermafrodita auténtica, ya que esta característica no se da en humanos.


Siendo una chica muy inteligente, es totalmente consciente de su particularidad y si a todos los adolescentes les cuesta encontrar su sitio, a ella mucho más. Eso la ha hecho retraída y bastante arisca. No se lleva bien con la gente, sobre todo teniendo en cuenta que si los demás supiesen cómo es, la mirarían como a un monstruo.

No quiere ser objeto de curiosidad ni fuente de lástima, pero al mismo tiempo necesita relacionarse con los demás, pues hay experiencias que quiere vivir y el sexo es una de ellas.



Con esta tesitura se nos plantea la trama, su resolución la dejo pendiente para que podáis ver la película con el interés que se merece. Lo que sí quiero es aprovechar lo que ya sabemos para comentar algunas cosas de la historia.

Lo primero es sobre el polimorfismo sexual que está implícito en la protagonista.

Por una parte el título de la película nos hace suponer que Alex padece una alteración genética, el llamado síndrome de Klinefelter que se produce cuando el sujeto posee una secuencia cromosómica del tipo XXY en lugar de las normales XX, que caracterizan a las mujeres o XY que es propia de los hombres.

Pero al contrario de lo que vemos en pantalla, los sujetos XXY son hombres, por lo general de gran tamaño, coeficiente intelectual bajo, testículos pequeños y con presencia de algunos caracteres femeninos, como el pecho desarrollado. El aspecto en su nacimiento es masculino normal y todos estos problemas se empiezan a presentar en la pubertad.

Esto no parece concordar con lo que se nos cuenta de la protagonista, una chica inteligente con un aparato genito-urinario que presenta características masculinas y femeninas.

Más parecería deberse a una alteración hormonal, concretamente el llamado síndrome adrenogenital o hiperplasia suprarrenal congénita. Imaginemos el feto de una futura niña. En la cadena de procesos que llevan a la diferenciación sexual, se produciría un fallo en la glándula adrenal que ocasionaría la excesiva liberación de andrógenos, lo que originaría la masculinización del aparato genital con el aumento exagerado del clítoris para formar un pene falso. El sujeto sería genéticamente femenino, XX, con un aparato genital con cierta apariencia masculina, con un pene preponderante sobre la vagina, pero con ovarios y hormonas femeninas. Lo que se llama comúnmente un pseudo-hermafrodita. Un hermafrodita auténtico sería capaz de producir óvulos y espermatozoides indistintamente, cosa que como hemos dicho no ocurre en humanos.

Normalmente pensamos que el sexo tiene dos categorías, hombre y mujer, pero si tenemos en cuenta que en la diferenciación sexual intervienen procesos a nivel genético, hormonal y neurológico y que en estos procesos puede haber infinidad de combinaciones, la variedad sexual con la que nos podemos encontrar es también prácticamente infinita.

Es cierto que en la mayoría de los casos, estos procesos ocurren de la manera esperada y nuestros hijos al final son niños o niñas sin la menor duda. Pero de vez en cuando ocurre alguna de estas infinitas posibilidades, de probabilidad baja pero no nula, y nos vemos sorprendidos con casos que con mayor o menor intensidad se asemejarían a al de Alex.

El qué hacer en estos casos es complicado. En ocasiones nos podremos encontrar con niños ligeramente feminizados o niñas ligeramente masculinizadas y en estos casos la decisión es fácil pues el sexo es claro. Tratamiento farmacológico o cirugía correctora según la situación pueden ser las opciones más adecuadas.

Pero hay casos en los que la decisión es mucho más complicada. No se sabe cuál será el sexo preponderante ni las preferencias que tendrá el sujeto en el futuro. Podemos ver cómo evoluciona y aplazar la decisión, pero el tiempo juega en contra y cuando llega la pubertad deberíamos tener las cosas claras.

La cirugía es una opción drástica, pero la educación también. Podemos cortar lo que sobra y educar al sujeto para que viva de una determinada manera. Pero las probabilidades de equivocarnos son lo suficientemente altas como para que la decisión nunca sea fácil.

Hay quien dice que la identidad sexual es puramente social, que uno es cómo se educa. Si fuese cierto sería muy fácil, con rodear al sujeto del ambiente socioeducativo adecuado habríamos solucionado el problema. Pero no es así. La identidad sexual ha de tener una consonancia fisiológica y psicológica. Con la educación lo que podemos hacer es ayudar a que las dos concuerden, pero no deberíamos poner una en contra de la otra. Mira lo que dicen en el siguiente documental de Redes.


Sería algo similar a lo que ocurre cuando hablamos de sexo y género, que no son conceptos sinónimos, pues es sexo se refiere a unas características fisiológicas, mientras que el género se refiere a unas características sociológicas, al papel o rol, masculino o femenino, que una persona desempeña. Lo normal es que sexo y género sean concordantes, pero podría ocurrir que no, sobre todo si la asignación de uno u otro se hace de manera “artificial” como en los casos que estamos estudiando.

La otra cosa que quería comentar es la adolescencia que le espera a Alex, y a sus padres. Si este periodo es complicado de por sí para cualquier chico o chica, en este caso las complicaciones se multiplican considerablemente. Cuando llega la pubertad se producen una serie de cambios hormonales que hace que el cuerpo de los niños evolucione al de adultos, con las consecuentes trasformaciones de los caracteres sexuales primarios y secundarios. En esta época se produce la primera eyaculación en los niños y la primera menstruación en las niñas. Se inicia el descubrimiento y la exploración de la propia sexualidad, junto con los primeros escarceos amorosos.

Creo que todos recordamos esa época con cierta nostalgia, cuando nuestro cuerpo y nuestra mente se abría a un universo de sensaciones y emociones nuevas.

Pero Alex y sobre todo sus padres, están aterrados ante la perspectiva que les espera. Más teniendo en cuenta que a estos cambios fisiológicos se asocian una serie de cambios psicológicos que son los que constituyen la adolescencia. Si durante la pubertad se forma el cuerpo de adulto, ahora se forma la personalidad del adulto. Al igual que cuando hablábamos de sexo y género, estos dos conceptos están asociados aunque no duran lo mismo ni concluyen al mismo tiempo.

La adolescencia es una fase que puede llegar a ser conflictiva. Hay quien dice que es ese periodo en el que nuestro querido hijo se transforma en una especie de “alien” que pasa de ser alguien que te idolatra a alguien que te lleva la contraria por sistema. En el fondo es simple, como decía antes tienen que definir su espacio a costa del tuyo, así que el conflicto está asegurado.

Si estos cambios son normalmente problemáticos, imaginémoslos en un caso en el que la identidad sexual no está definida. Probablemente todo sería más sencillo si no tuviésemos vergüenza del “qué dirán” los demás, es decir si el suceso fuese aceptado con normalidad por todo el mundo y no tuviésemos miedo de que nuestro hijo fuese foco de la morbosa curiosidad de los que le rodean, que con su trato diferenciado contribuirían a que se socializase de manera distinta.

Encuentro que este aspecto está muy bien reflejado en la película, por una parte los padres aceptan a Alex como es y ella misma también lo hace, pero al mismo tiempo saben que eso es imposible pues el resto de la sociedad no lo hará y tarde o temprano tendrán que tomar una decisión.

¿Cuál?.

Si quieres saber si emitirán XXY por televisión pulsa este enlace, pero si no quieres esperar igual la puedes encontrar en MEGAVIDEO.

Saludos,




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