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AVISO: Las informaciones contenidas en este blog pueden desentrañar importantes aspectos del argumento, incluso del final de la película en cuestión.

lunes, 24 de mayo de 2010

Un día de furia

Dirigida por Joel Schumacher en 1993, "Un día de furia" es un drama personal al que psicológicamente se le puede sacar más provecho de lo que en un momento parece.

Nos presenta la historia de un personaje aparentemente contradictorio, William Foster (Michael Douglas), un ejecutivo de aspecto tranquilo que nos sorprende con sus violentas reacciones.

A mi juicio la primera escena es muy interesante y parece que va a definir el sentido de la película. Atrapado en medio de un atasco de tráfico, con un calor sofocante que el aire acondicionado del coche no puede paliar, todo el ambiente que rodea a William se vuelve hostil y vemos como su tensión aumenta, augurando la explosión de furia que anuncia el título de la película.

Pero no, tal explosión no se produce. William se harta, decide que no puede aguantar más, así que abandona su automóvil en medio de la autopista y se va caminando, ante el asombro del resto de los conductores.




Su actitud es tranquila. Le dice a otro conductor que deja el coche y se va andando a su casa, pero se lo dice sin ningún asomo de enfado. Incluso actúa de igual manera en el resto de interacciones que mantiene con la gente que se cruza. Él está sereno, calmado y es bastante amable, pero cuando obstaculizan sus propósitos, sobre todo cuando lo hacen de manera abusiva o que él considera injusta, es cuando reacciona de manera violenta.

Aunque es una violencia curiosa, por lo menos a mí me llamó la atención. No se deja llevar por un arrebato de ira en el que reacciona sin pensar y luego se arrepiente de lo que ha hecho. No. Al contrario. Mantiene una postura sosegada, sin alterarse. Parece que la hostilidad no es una opción en su abanico de conductas posibles. Pero nunca retrocede y cuando alguien intenta imponerse injusta o violentamente, reacciona con una contundencia inesperada, utilizando las armas que antes habían empleado contra él.




William parece que toma el papel de súper héroe de “a pie”. Un ciudadano justiciero y hasta vengativo que no tiene piedad con la publicidad engañosa, ni con los chicos que le asaltan en el parque, ni con el comerciante que le pide un precio abusivo por un refresco. Eso le costara que le destroce la tienda, pero que antes de irse le abone el precio que consideraba “justo”.

Cuando la estaba viendo, pensé que la película podía reflejar adecuadamente el fenómeno que Zillman había definido como “transferencia de la activación”. Según esto, una persona que se viese sometida a una experiencia activadora (estresante) podría no manifestar en ese momento la descarga emocional que sería de esperar, pero podría quedarse lo suficientemente excitada para que luego un segundo estímulo, aparentemente insignificante incluso, desencadenase una reacción desmedida, que sería evidentemente más la respuesta a la primera experiencia que a la segunda. Entonces, sólo podremos comprender esa reacción si conocemos la historia previa.

La película nos muestra todas esas historias previas. Vemos como William acumula tensión en el momento del atasco, pero entonces no reacciona. Se va con su tensión acumulada hasta que se topa con el comerciante coreano, que recibe su descarga de ira cuando no le da el cambio que necesita y le pide un precio abusivo por la bebida. Y lo mismo en toda la película.




Está separado de su mujer. Es el cumpleaños de su hijita y sólo quiere verla ese día para llevarle un regalo. Pero su mujer no quiere saber nada de él y parece que todas las circunstancias se han puesto en contra de esa visita. Se siente frustrado y cada episodio que vive incrementa más su excitación, aumentando la violencia de sus reacciones. Así en la genial escena de la hamburguesería, los empleados se quedan perplejos cuando William la emprende a tiros por que la hamburguesa que le dan no es como la de la foto.




Esas explosiones de ira serían lo lógico y esperable después de las experiencias que vive el protagonista. Pero hay algo que no cuadra en las escenas violentas. La ira implica una respuesta emocional, no meditada, en la que es nuestro sistema límbico y no la corteza cerebral el que regula nuestras acciones y da rienda suelta a nuestra energía.

Aunque no lo parezca, la ira, como todas las emociones, es una respuesta adaptativa y muy útil para nuestra supervivencia. Proporciona una alta activación que dota a nuestras acciones de una elevada energía que da contundencia a nuestra respuesta. Además el rostro adopta una expresión facial característica que avisa a todo el mundo del estado emocional en el que nos encontramos y es una señal para que no se interpongan en nuestro camino. Pero lo característico es que todo eso ocurre rápidamente, a veces demasiado. Es como un acto reflejo en el que se actúa sin pensar, sin evaluar las consecuencias y en muchas ocasiones “metiendo la pata”.




Pero eso no pasa aquí, William no se deja llevar por la ira. Reacciona violentamente pero nunca pierde la compostura, ni el control. Su rostro no se altera. Sus acciones son medidas, hace lo que quiere hacer porque considera que debe de dar su merecido a alguien. Pero la furia en su acepción más conocida brilla por su ausencia.

Creo que el título original en inglés Falling Down (Cayendo) refleja muy bien esa sensación de huida hacia delante que vive el protagonista. El título que le han puesto en español “Un día de furia” es poco meditado y nos lleva a pensar en un irascible personaje que en principio no existe (luego te comentaré por qué pongo “en principio”).

Pero entonces ¿que le pasa a William?. Pues es una persona psicótica, antisocial que parece sufrir un trastorno de control de impulsos. Aunque no se deja llevar por la ira y tampoco pierda su aspecto de meticuloso oficinista, sus violentas reacciones son desproporcionadas e inadmisibles en el marco de la convivencia social. Probablemente todos hubiésemos deseado reaccionar como él en más de una ocasión, aunque normalmente no lo hacemos. Las reglas de la convivencia nos lo impiden.

Pero sí hay una escena en la que vemos a William perder los estribos. ¿Sabes cuál es?. La secuencia de la película que ve en el vídeo de la casa de su mujer. Cuando su hija no hace lo que él quiere y eso le provoca una irritación exagerada. Tal escena no parece ser un episodio aislado y sus frecuentes e impredecibles repeticiones son lo que han provocado la separación de su mujer. Es el único momento en el que vemos al personaje irascible que antes había comentado que “en principio” no existía.

El trastorno de control de impulsos del que hablaba antes parece entonces que se manifiesta como un trastorno explosivo intermitente, que sería el auténtico problema de William. Pero te sugiero que vuelvas a ver la película, compares les escenas violentas y veas la diferencia entre los episodios que le suceden a lo largo de la historia y el que está grabado en la cinta de vídeo. Comprobarás lo que es furia y lo que no lo es.

Ese trastorno explosivo intermitente se caracteriza según el DSM IV por:

A. Varios episodios aislados de dificultad para controlar los impulsos agresivos, que dan lugar a violencia o a destrucción de la propiedad.

B. El grado de agresividad durante los episodios es desproporcionado con respecto a la intensidad de cualquier estresante psicosocial precipitante.

C. Los episodios agresivos no se explican mejor por la presencia de otro trastorno mental (p. ej., trastorno antisocial de la personalidad, trastorno límite de la personalidad, trastorno psicótico, episodio maníaco, trastorno disocial o trastorno por déficit de atención con hiperactividad) y no son debidos a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (p. ej., drogas, medicamentos) o a una enfermedad médica (p. ej., traumatismo craneal, enfermedad de Alzheimer).

A falta de conocer mejor el historial de William y de poder realizarle otras pruebas, creo que con los datos que nos da la película se pueden descartar otros trastornos de personalidad. Pero con lo que hemos visto y deducido ya tenemos una explicación bastante coherente de lo que pasa. A saber: que el título de la película nos ha confundido y que el cine a veces se equivoca al manejar los trastornos psicológicos o, en todo caso, no lo hace con la rigurosidad requerida.

En resumen, si William padece un trastorno explosivo intermitente no es normal que actúe con tanta sangre fría durante toda la película. Y si no lo padece, no es normal que pierda los estribos de esa manera en la escena con su hija. ¿O sí?. ¿A ti qué te parece?.



Otro personaje que nos puede pasar desapercibido en medio de tanta violencia es el de Amanda Prendergast (Tuesday Weld), la mujer del detective Pendergast (Robert Duvall). Seriamante afectada por la muerte de su pequeña hija, parece sumida en un estado depresivo, agravado por un miedo obsesivo de que a su marido le pueda pasar algo.

Se refugia constantemente en su esposo, agobiándole con sus imaginarios males que pueden hacer incluso pensar que Amanda pueda padecer el Síndrome de Münchausen, sufriendo enfermedades ficticias para reclamar constantemente las atenciones del marido.

Tal situación es la que provoca que el detective pida la jubilación anticipada para aliviar a su mujer del miedo que le produce su trabajo de policía y también para poder prestarle las atenciones que requiere. Es una decisión que sus compañeros no comprenden, va en contra de sus principios y de su vocación de policía, pero está dispuesto a realizar ese sacrificio por amor.

La decisión del sensato detective es a todas luces equivocada, ya que lo único que haría es reforzar la conducta de su mujer, que probablemente se fuese incrementando en lo que a solicitud de atenciones se refiere. Afortunadamente, el final feliz de la película pasa porque Pendergast se replantee su decisión de pedir la jubilación y siga “disfrutando” de su trabajo, que es lo que de verdad le gusta.

Saludos,




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6 comentarios:

  1. Un trabajo interesantísimo en torno a esta película, enhorabuena. Aunque hay tecnicismos que no domino, creo que he aprendido mucho sobre detalles en los que no había caído. Un compañero, profesor de Economía, me dijo que utilizaba la secuencia del comerciante coreano para explicar la pujanza de las tiendas de 24 Horas, a pesar de sus abusivos precios...

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  2. Espero que regreses con nuevos analisis de películas¡¡¡

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  3. Cuando puedas tienes que ver y analizar "temple grandin" gran película sobre la vida de una gran persona.

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  4. Estoy de viaje, un poco largo, pero en cuanto regrese a España retomaré mis actividades e intentaré conseguir esa película, que no conocía.
    Gracias por tus comentarios.

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  5. Muy buen critico de cine, estoy flipando con el nivel de blogs en este país, siempre creí que el problema de España estaba en que no se busca el talento, después de un par de días viendo diferentes blogs estoy convencido. Un saludo y enhorabuena por tus entradas tan bien trabajadas

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  6. Excelente análisis psicológico. Tengo una hipótesis para lo que sufre William Foster y es la siguiente:

    Posiblemente padece trastorno explosivo intermitente y es conciente de ello (quizá debido a la experiencia que le dejó el divorcio) y trata de contenerse, a fin de que no repita exactamente sus actos pasados.

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