Como dice la portada de este blog “La relación entre Psicología y Cine es total. Las películas reflejan y evocan emociones y sentimientos que nos impactan e incluso nos marcan considerablemente. Además no sólo nos permiten ver, sino también vivir de manera emocionalmente muy cercana situaciones concretas y problemáticas de todo tipo, pero que afortunadamente no ocurren con frecuencia, ni a nuestro alrededor”. Ello representa una considerable ventaja para todos los que nos interesamos por la psicología y es que podemos ver fácilmente multitud de casos muy interesantes que normalmente no estarían a nuestro alcance.
Pero, siempre hay un pero, tiene el inconveniente de que los autores de los guiones o los directores que los ponen en escena, en algunas ocasiones tienen conocimientos de psicología bastante intuitivos o simplemente quieren contar una historia de manera atrayente sin ser necesariamente escrupulosos con los detalles “técnicos” relativos a las características “mentales” de los personajes. Esto, lejos de desanimarnos, puede ser un acicate para nosotros. El ver una película jugando a descubrir qué detalles están bien plasmados y cuáles no, es una diversión añadida que puede dar mucho de sí al comentarlo entre amigos, como por ejemplo cuando alguien te pregunta seriamente por el trastorno que sufre la protagonista de “50 primeras citas”.
El caso es que en el cine te encuentras patologías que están muy bien reflejadas y otras que no tanto. Como ejemplo de las primeras podríamos citar “Memento” en la que, con licencias asumibles, Chistopher Nolan no sólo nos expone un caso de amnesia anterógrada, sino que nos la hace sentir. Como ejemplo de las segundas quizás te extrañe que cite la mítica “Psicosis”, pero es que no comparto la explicación oficial que se nos da al final. Como ya he comentado, no creo que Norman tuviese un trastorno de personalidad múltiple, sino que es un caso de esquizofrenia. Por cierto que el cine confunde bastante estos dos trastornos, quizás sea porque a Hollywood le encanta lo de la “doble personalidad” ya que es tremendamente espectacular. Si quieres más información sobre este aspecto en concreto te sugiero que leas la entrada sobre “Las tres caras de Eva”.
Pero si decimos que las patologías algunas están bien reflejadas y otras no tanto, tenemos que admitir que la figura del psicólogo en sí deja bastante que desear. Para el cine su labor profesional se reduce a hablar y sobre todo escuchar, lo que no deja de ser cierto, pero pocas veces le vemos hacer una evaluación del caso o emplear algún instrumento que no sea el Test de Rorscharch, quizás el más popular de los que aparecen en las películas, pero que es complicado de interpretar y en el imaginario del espectador siempre parece que el terapeuta puede desnudar con él el subconsciente del paciente.
Las manchas de tinta son unas formas abstractas ante las que se nos pide una interpretación concreta, ¿pero qué pasaría si el sujeto también nos proporcionase respuestas abstractas?. Vala, en la serie Stargate SG-1 parece que dio con la solución.
En “Charly” vemos otro ejemplo curioso. El terapeuta pasa al sujeto un test que no he podido identificar, pero que en parte recuerda al TAT (Test de Apercepción Temática). A diferencia de la película, en la novela (Flores para Algernon) emplean el ya mencionado Test de Rorschach y resulta enternecedor cómo Charly (que según los datos que nos facilitan tiene un coeficiente de inteligencia de 59, verbal 69 y general 70, lo que según el DSM IV nos indicaría que padece un retraso mental leve) se enfrenta a él:
"(…) Bueno a dicho Burt (el terapeuta) que bes tu en esa carta. Yo beia tinta y e tenido miedo aunqe llebaba mi pata de conejo en mi bolsiyo porqe cuando era peqeño me eqibocaba en todos los tests de la escuela y tanbien derrame tinta. Le dige a Burt veo tinta derramada sobre una carta blanca. Burt digo si y sonrio y eso me tranqiliso. El continuo bolbiendo mas cartas y yo le dige que algien abia derramado tinta negra y tinta roga sobre todas las cartas. (…)
(…) Burt es mui amable y abla lentamente como aze miss Kinnian en su clase para adultos retasados donde boi a aprender a leer. El me a esplicado que eso era un test de ro chac. Dise que ai gente que be cosas en la tinta. Le pedi que me mostara donde. No me lo mosto pero me digo piensa imagina que ai algo en la carta. Yo le dige yo pienso en una mancha de tinta y el sacudio la cabeza y digo dime en que te ase pensar esa mancha. Imagina que bes algo. Piensa que podria ser. Yo serre los ojos un buen rato para imaginar y dige imagino una boteya de tinta derramada sobre una carta blanca. En aqel momento la punta de su lapis se ronpio y nos lebantamos y salimos. Pienso que no e pasado el test de ro chac.”
Yo lo que pienso es que Charly estuvo genial.
Fijaros en cómo están escritos los párrafos que os acabo de transcribir. La novela está redactada en forma de diario que escribe el propio sujeto y va anotando lo que le pasa y cómo ve él sus progresos. El texto, torpemente escrito al principio, se va puliendo en calidad, estilo y profundidad a medida que la terapia progresa, cosa que así “vemos” de manera incluso más gráfica que en la película.
Con su estilo, cada vez menos ingenuo, Charly nos va explicando su propia madurez, cómo se da cuenta de la simplicidad de su existencia anterior, de la mala fe de la actuación de sus “amigos” de la panadería en la que trabajaba, del despertar de sus sentimientos hacia la señorita Kinian (su psicóloga), con la que empieza a tener sueños eróticos. Sueños, estos y otros, que interpreta por el método de asociación de ideas que le explicaron sus terapeutas.
En un momento dado, mes y medio después del novedoso tratamiento para mejorar su inteligencia, le vuelven a pasar el test, pero ya lo interpreta y lo cuenta de otra manera:
“Volví al laboratorio con Burt y emprendimos de nuevo el Rorschach. Examinamos lentamente las cartas. Esta vez mis respuestas eran distintas. "Veía" cosas en las manchas de tinta. Un par de murciélagos que se agarraban mutuamente. Dos hombres que hacían esgrima. Imaginaba todo tipo de cosas. Pero, pese a todo, me di cuenta de que todavía no tenía plena confianza en Burt. Continuaba girando y dando vuelta a las cartas para mirar la parte de atrás y ver si había algo oculto allí. Eché una ojeada a las notas que estaba escribiendo. Pero todas ellas estaban escritas en código, y se leían más o menos así:
WF + A DdF - Ad orig. WF - A SF + obj.
El test seguía sin tener sentido. Creo que cualquiera puede contar mentiras acerca de imágenes aunque no las haya visto realmente. ¿Cómo pueden saber que no me burlo de ellos diciéndoles cosas que ni siquiera he pensado?”.
Nuevamente genial Charly, parece que Vala te pilló la idea y es que esta pícara alienígena se documentó mucho antes de pasar su evaluación psicológica, como podemos ver en esta nueva secuencia de Stargate con un impresionante guiño al Test de Voight-Kampff para detectar replicantes que vemos en Blade Runner.
En “Kinsey” la película sobre el pionero de los estudios científicos del comportamiento sexual humano, además de llamarnos la atención su metodología de investigación, encontramos muy buenos ejemplos de cómo realizar un cuestionario de recogida de datos intentando sacar la máxima información de los sujetos. Sus consejos nos pueden ser bastante útiles, aunque ninguno de los miembros del equipo era psicólogo.
Pero quitando estos ejemplos y como he dicho antes, en la mayoría de las películas el psicólogo se limita a hablar, escuchar y observar y con eso ya sabe qué le pasa a su cliente y cómo orientarle.
En “Los límites del silencio” Michael Hunter es un psicólogo que ha dejado la práctica profesional pero que acepta un caso porque el sujeto le recuerda a su hijo recientemente fallecido (mal empezamos). Su valía y su experiencia queda clara en esta escena:
Pero después de estos datos no podemos comprender como el señor Hunter cae en los mismos errores que cometería una persona normal que, sin formación como psicoterapeuta, accediese a aconsejar a ese chico, quien por cierto tiene muchísima experiencia en entrevistas de evaluación y en un momento dado parece que es él el que lleva el peso de la relación terapeuta-cliente.
Esta relación es algo complicado. El terapeuta acaba siendo depositario de conocimientos íntimos cosa que genera, por lo menos en el cine, una relación de dependencia por parte del paciente. Estas relaciones, que pueden llegar a ser incluso sentimentales, dan mucho juego en la gran pantalla y explotan los sentimientos morbosos que se producen en el espectador.
En “Confidencias muy íntimas” una señora accede por equivocación al despacho de un asesor fiscal pensando que era el de un psiquiatra. Ella empieza a contar su problema de pareja y él escucha pensando que ese problema será la causa del tema económico que quiere tratar. Pero a medida que la información personal fluye, el asesor se queda cada vez más estupefacto y la señora interpreta su expresión y su silencio como una invitación a que siga contando, cosa que hace, demostrando así una larga experiencia con terapeutas que le lleva incluso a concretar ella misma la próxima cita.
Por si no la has visto te diré que la película es una comedia romántica en la que al final el que queda enganchado por la relación es el asesor fiscal, que seguro que en su trabajo está acostumbrado a recibir revelaciones personales por parte de sus clientes, pero no de esta índole.
No quiero terminar esta reflexión sin mencionar al doctor Berger, el psiquiatra de “Gente corriente”. Todos los que hacen psicoterapia saben de la importancia de la primera visita. Cómo el paciente suele llegar con un guión aprendido que le ayudará a decir lo que quiere y a ocultar y muchas ocasiones lo verdaderamente importante. Berger es quizás un terapeuta poco ortodoxo, pero consigue distraer y “desarmar” a Conrad, su paciente, que poco a poco irá sacando a la luz su verdadero problema.
Por cierto que sabemos que el doctor Berger es psiquiatra, pero su actuación se diferencia muy poco de la que podría tener un psicólogo y es que en el cine muchas veces esos papeles se confunden, de hecho son indistinguibles, cosa que en la realidad no ocurre, por lo menos aquí en España. En nuestro contexto los psiquiatras suelen seguir un modelo médico, mientras que en los psicólogos es típico por ejemplo el modelo cognitivo-conductual. En el cine el modelo habitual que siguen ambos es el psicodinámico y es que a los terapeutas de la gran pantalla les encanta el psicoanálisis y cómo no, los divanes, los sueños y la hipnosis, cosas que normalmente aquí no empleamos, pero con las cuales nos identifican todos los espectadores, tanto a psicólogos como a psiquiatras.
Hace tiempo, en una entrevista me preguntaban por esta cuestión “en qué se diferencia la psicología de la psiquiatría o en qué se diferencia un psicólogo de un psiquiatra”. Ante estas cuestiones a mí me gusta responder utilizando un símil informático que todo el mundo suele entender. Si comparamos el cerebro con un ordenador el psicólogo sería el que se encargaría de la programación, es decir del software, mientras que el psiquiatra se ocuparía de los problemas físicos del ordenador en sí, es decir del hardware, pero como acabo de decir, esto tampoco queda claro en el cine.
En fin, tenemos que admitir que tanto las patologías presentadas como la figura del psicólogo y su actuación profesional a veces requeriría de algunas precisiones, por lo que tendremos que seguir viendo las películas de psicología jugando a lo que os proponía al principio, ver qué aspectos están bien reflejados y cuáles no, intentar diagnosticar las patologías que a veces se nos presentan de manera confusa, comprobar si las explicaciones que se nos plantean tienen otras alternativas… En definitiva lo que te propongo es dejar de ver las películas de forma pasiva, aceptando el argumento tal como se nos presenta y empezar a interactuar con sus historias. Así formarás también parte de ellas y créeme, es mucho más divertido.
Si has visto la película y te apetece comentarla te aconsejo que sigas leyendo. Si no la has visto y tienes intención de hacerlo anota la dirección de esta página y vuelve cuando lo hayas hecho. Es mejor que saques antes tus propias conclusiones.
Las películas de Darren Aronofsky son complicadas y esta no lo iba a ser menos. Es un director metódico, que cuida mucho los detalles y al que le encantan los personajes complicados. No hace un cine comercial y sus espectadores no se quedan indiferentes. Se convierten en admiradores o en detractores, sin que haya opción intermedia, de manera similar a como les pasa a Lynch o a Cronenberg. Ninguno hace películas para entretener y antes de entrar en el cine tienes que asumir que buena parte de la interpretación del argumento te corresponde a ti.
Conozco gente que terminó de ver Cisne Negro echando pestes de la película y después de reflexionar sobre ella confiesan que “necesitan” volver a verla.
Estarás de acuerdo conmigo en que no es una película excesivamente complicada, pero hay que estar atento a los detalles, unos detalles que a veces se te pasan porque desde el principio estás contagiado de la tensión que embarga a Nina, la protagonista, brillantemente interpretada por Natalie Portman.
El mundo de la danza clásica, lejos de la delicadeza inherente a sus personajes, puede ser tan despiadado como el que más. Nina lo sufre en sus carnes, no tan sólo por la dureza de los continuos ensayos, ni por la férrea competencia por destacar en la compañía. Además tiene que vérselas con una madre obsesiva, controladora y súper protectora. Erica (Barbara Hershey), antigua bailarina que tuvo que dejar el ballet cuando se quedó embarazada e inconscientemente culpa a Nina de ello, pretendiendo que su hija llegue a donde ella no pudo llegar, creando en casa un ambiente agobiante que ha hecho de ella una chica reprimida que sacrifica todo por triunfar en el baile.
Esa represión le impide lograr con éxito el reto que les plantea Thomas (Vincent Cassel), el director de la compañía. Se trata de encarnar los dos personajes que en “El lago de los cisnes” compiten por el amor del príncipe Sigfrido, Odette, la reina cisne (el Cisne Blanco) y la pérfida Odile, el Cisne Negro.
La dificultad de Nina para dominar este último papel es evidente. Su represión no sólo le impide actuar con la sensualidad necesaria, también imposibilita dejar a un lado el control de su conducta inculcado por la madre.
Son curiosas las tácticas de Thomas para enseñarle lo que espera de ella. Seducirla primero para pedirle luego que sea ella la que seduzca al público o recomendarle que se masturbe para aprender a liberar la energía de su cuerpo.
Desprenderse del control es demasiado difícil para ella y cuando el director nombra como su sustituta a la menos técnica, pero más sensual Lily (Mila Kunis), se siente totalmente amenazada. Si quiere el papel ha de dejar salir al cisne negro que lleva dentro, pero todo su aprendizaje y su control se lo impiden. Nunca lo conseguirá sin derrotar a su propio cisne blanco y eso es lo que personaliza su pelea con Lily, en realidad una pelea con ella misma en la que consigue liberar sus instintos reprimidos, pudiendo así interpretar los dos papeles a la perfección.
Un final simbólico y freudiano en el que convergen la historia de la protagonista y el papel que interpreta.
Bien, hasta ahí muy bonito, pero lo que nos queda por dirimir es si hay algún tipo de trastorno que justifique la conducta de Nina y nos explique por qué llega a ese extremo.
He de decir que en mi opinión no hay ninguno que ofrezca una concordancia total de síntomas. En principio podríamos pensar en un Trastorno de Identidad Disociativo, el típico Trastorno de Personalidad Múltiple, provocado primero por la tensión y el férreo ambiente en el que le ha hecho vivir la madre y segundo por el estrés de conseguir un papel en el que como condición tiene que liberar todo lo que ha estado reprimiendo hasta ahora.
A. Presencia de dos o más identidades o estados de personalidad (cada una con un patrón propio y relativamente persistente de percepción, interacción y concepción del entorno y de sí mismo).
B. Al menos dos de estas identidades o estados de personalidad controlan de forma recurrente el comportamiento del individuo.
C. Incapacidad para recordar información personal importante, que es demasiado amplia para ser explicada por el olvido ordinario.
D. El trastorno no es debido a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (p. ej., comportamiento automático o caótico por intoxicación alcohólica) o a una enfermedad médica (p. ej., crisis parciales complejas).
Nota: En los niños los síntomas no deben confundirse con juego fantasiosos o compañeros de juego imaginarios.
Podríamos decir que se cumplen todos los puntos, aunque nos queda la duda de que no exista otra patología asociada. Lo digo porque en la película podemos ver el proceso mediante el que eclosiona la personalidad “negra” y el conflicto que se genera con la “blanca”, pero sabemos que en los casos de múltiples personalidades el control de la conducta pasa de una a otra, pero no se pierde el sentido de la realidad ni se producen alucinaciones. Ambas cosas le ocurren a Nina, por lo que habría que buscar otra opción diagnóstica.
La esquizofrenia podría cuadrar. Nos explicaría la pérdida del sentido de la realidad y las alucinaciones, incluso el que se autoagreda, pero en cambio su origen no quedaría claro, ya que no parecen haber ocurrido episodios anteriores y el estrés que sufre actualmente la protagonista no es causa justificada.
Criterios para el diagnóstico de la Esquizofrenia A. Síntomas característicos: Dos (o más) de los siguientes, cada uno de ellos presente durante una parte significativa de un período de 1 mes (o menos si ha sido tratado con éxito):
1. ideas delirantes 2. alucinaciones 3. lenguaje desorganizado (p. ej., descarrilamiento frecuente o incoherencia) 4. comportamiento catatónico o gravemente desorganizado 5. síntomas negativos, por ejemplo, aplanamiento afectivo, alogia o abulia
Nota: Sólo se requiere un síntoma del Criterio A si las ideas delirantes son extrañas, o si las ideas delirantes consisten en una voz que comenta continuamente los pensamientos o el comportamiento del sujeto, o si dos o más voces conversan entre ellas.
B. Disfunción social/laboral: Durante una parte singnificativa del tiempo desde el inicio de la alteración, una o más áreas importantes de actividad, como son el trabajo, las relaciones interpersonales o el cuidado de uno mismo, están claramente por debajo del nivel previo al inicio del trastorno (o, cuando el inicio es en la infancia o adolescencia, fracaso en cuanto a alcanzar el nivel esperable de rendimiento interpersonal, académico o laboral).
C. Duración: Persisten signos continuos de la alteración durante al menos 6 meses. Este período de 6 meses debe incluir al menos 1 mes de síntomas que cumplan el Criterio A (o menos si se ha tratado con éxito) y puede incluir los períodos de síntomas prodrómicos y residuales. Durante estos períodos prodrómicos o residuales, los signos de la alteración pueden manifestarse sólo por síntomas negativos o por dos o más síntomas de la lista del Criterio A, presentes de forma atenuada (p. ej., creencias raras, experiencias perceptivas no habituales).
D. Exclusión de los trastornos esquizoafectivo y del estado de ánimo: El trastorno esquizoafectivo y el trastorno del estado de ánimo con síntomas psicóticos se han descartado debido a: 1) no ha habido ningún episodio depresivo mayor, maníaco o mixto concurrente con los síntomas de la fase activa; o 2) si los episodios de alteración anímica han aparecido durante los síntomas de la fase activa, su duración total ha sido breve en relación con la duración de los períodos activo y residual.
E. Exclusión de consumo de sustancias y de enfermedad médica: El trastorno no es debido a los efectos fisiológicos directos de alguna sustancia (p. ej., una droga de abuso, un medicamento) o de una enfermedad médica.
F. Relación con un trastorno generalizado del desarrollo: Si hay historia de trastorno autista o de otro trastorno generalizado del desarrollo, el diagnóstico adicional de esquizofrenia sólo se realizará si las ideas delirantes o las alucinaciones también se mantienen durante al menos 1 mes (o menos si se han tratado con éxito).
Clasificación del curso longitudinal:
- Episódico con síntomas residuales interepisódicos (los episodios están determinados por la reaparición de síntomas psicóticos destacados): especificar también si: con síntomas negativos acusados - Episódico sin síntomas residuales interepisódicos: Continuo (existencia de claros síntomas psicóticos a lo largo del período de observación): especificar también si: con síntomas negativos acusados - Episodio único en remisión parcial: especificar también si: con síntomas negativos acusados - Episodio único en remisión total - Otro patrón o no especificado - Menos de 1 año desde el inicio de los primeros síntomas de fase activa
Como ves, los tiempos no concuerdan, aunque cabe la posibilidad de que nos encontremos ante un proceso inicial en edad adulta. De todos modos sabemos que el cine a veces juega a su conveniencia con los síntomas (y signos) de sus protagonistas, lo que dificulta mucho la tarea a la hora de hacer un diagnóstico. Es lógico, el director pretende contar una historia emotiva, no hacer estudios de casos de psicopatología, aunque a veces podamos usar las historias cinematográficas con fines didácticos, por lo menos para discutir lo que es cierto y lo que no.
Aquí nos basta saber que el estrés ha provocado en Nina un brote psicótico que la ha llevado a conseguir su momento de gloria aunque a un precio demasiado alto.
En resumen, una película para ver un par de veces y disfrutar del espectáculo visual que nos ofrece Aronofsky y del auditivo a cargo de Clint Mansell, su compositor habitual de bandas sonoras a quien probablemente recuerdes por la de Réquiem por un Sueño, otra obra maestra de los dos.
Cuando pensamos en películas que estén relacionadas con la psicología, una de las que primero acuden a la mente de la mayoría suele ser “Psicosis”. Calificada como obra maestra del genial Hitchcock, particularmente debo decir que, de las suyas, es una de las que menos me gustan.
Si tuviese que elegir algo de entre su filmografía para expresar la unión que existe entre Psicología y Cine, invariablemente me quedaría con Recuerda, aunque si lo piensas bien, nos podría servir cualquiera de las que dirigió Sir Alfred. Casi todas tienen un componente psicológico importantísimo.
Pero resulta que este año se han cumplido 50 del estreno de Psicosis y el comentario en una web como esta parece obligado. La idea era hacerlo antes del 16 de junio, la fecha del estreno en Estados Unidos o en todo caso antes del 2 de abril del 2011, cuando se cumplirían cincuenta años del estreno en España. Aunque el borrador lo empecé a escribir en junio, al final el tiempo se me ha echado encima y aquí estoy, entre una fecha y otra.
Mi problema al afrontar este comentario es que de Psicosis se ha escrito mucho y como no quiero repetir me voy a centrar en los dos aspectos que a mi juicio impiden que esta película sea una obra maestra. Conste que no pretendo dar lecciones a Hitchcock, pero es que con lo que ha avanzado la psicología en cincuenta años es fácil encontrar explicaciones alternativas a las que se encontraron a mediados del siglo pasado.
El primero de los aspectos a los que me refería es el "macguffin", esa distracción argumental con la que Hitchcok pretende despistar al espectador para después sorprenderlo. No lo recordaba así y de hecho no me gustó nada. No sé si es que el tiempo no pasa en balde, pero no es creíble.
Fíjate en el personaje de Marion. Creo que está mal construido. No sé por qué Hitchcock lleva a Janet Leigh a sobreactuar, haciendo que su papel resulte falso. Es cierto que después de haber robado el dinero la pueden los nervios, se arrepiente y se le ve en la cara, pero es que es tal la expresión de culpa que tiene que uno no entiende cómo el policía no la detiene desde el principio. Afortunadamente cuando llega al motel de Norman se tranquiliza y su personaje vuelve a ser más aceptable. Lástima que ya le quede poco papel.
El segundo aspecto que quería comentar es la explicación que se da al final sobre el trastorno que padece Norman.
El psiquiatra nos viene a decir que sufre un trastorno de personalidad múltiple. Que mató a su madre y que desde entonces, para aliviar la culpa, adopta periódicamente su personalidad la cual de hecho dirige su vida y ahora es la dominante.
Al cine le gusta mucho el TID, Trastorno de Identidad Disociativo, que es como se conoce ahora a la personalidad múltiple. De hecho, si repasas la entrada sobre "Las tres caras de Eva", comprobarás que esta patología le debe muchísimo al cine, aunque a pesar de ese cariño que se tienen mutuamente, a veces el trastorno es retratado con notorios errores.
Tal es el caso de Psicosis, con el agravante de que aquí la confusión es más chocante puesto que nos viene servida de boca de un especialista que en lugar de aclararnos lo que pasaba, nos termina liando.
Bien es cierto que para el argumento de la película igual da que sea un trastorno que otro, pero a nosotros eso sí nos importa.
Sabemos que en Norman "aparece" con frecuencia la personalidad de su madre, pero sin que desaparezca la suya propia. La madre es dominante e intenta dirigirle, ocasionando sonoras discusiones en las que Norman pone las dos voces. Y cuando no consigue "convencerle" toma el control del cuerpo del hijo que, vestido como su madre, actúa como si ella misma fuese. Así asesinó a varias chicas por las que se interesó el muchacho, siendo Marion sólo la última.
Bien, veamos lo que nos dice el DSM IV sobre el TID, la explicación oficial del trastorno de Norman:
A. Presencia de dos o más identidades o estados de personalidad (cada una con un patrón propio y relativamente persistente de percepción, interacción y concepción del entorno y de sí mismo).
B. Al menos dos de estas identidades o estados de personalidad controlan de forma recurrente el comportamiento del individuo.
C. Incapacidad para recordar información personal importante, que es demasiado amplia para ser explicada por el olvido ordinario.
D. El trastorno no es debido a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (p. ej., comportamiento automático o caótico por intoxicación alcohólica) o a una enfermedad médica (p. ej., crisis parciales complejas).
Nota: En los niños los síntomas no deben confundirse con juegos fantasiosos o compañeros de juego imaginarios.
Bien, tenemos al menos dos personalidades que controlan alternativamente al sujeto, pudiendo alguna de ellas ser consciente de lo que hacen las otras. Existe una personalidad dominante que tiene más fuerza que las otras, pero todas son algo interno y respectivamente, cada una de ellas constituye en su momento el "yo" del sujeto.
Esto no concuerda con lo que le pasa a Norman. Él ve a la madre como algo diferente de sí mismo, coexiste con él e incluso discuten. El hecho de que tenga el cadáver de la madre disecado es algo que le sirve a Hitchcock para que de vez en cuando aparezca en pantalla y afianzar en el espectador la sensación de que el personaje es real.
Pero ahora sabemos que no lo es y si tampoco es una personalidad alternativa del protagonista... ¿qué es?.
Pues una alucinación de Norman y como tal él la percibe como algo externo que aparece en su vida e intenta controlarla. No sólo la percibe visualmente, sino que también la oye y de hecho le pone voz cuando discute con ella.
¿Dónde podemos ver algo así?, pues en la esquizofrenia. Veamos otra vez lo que nos dice el DSM IV:
A. Síntomas característicos: Dos (o más) de los siguientes, cada uno de ellos presente durante una parte significativa de un período de 1 mes (o menos si ha sido tratado con éxito):
1. ideas delirantes 2. alucinaciones 3. lenguaje desorganizado (p. ej., descarrilamiento frecuente o incoherencia) 4. comportamiento catatónico o gravemente desorganizado 5. síntomas negativos, por ejemplo, aplanamiento afectivo, alogia o abulia
Nota: Sólo se requiere un síntoma del Criterio A si las ideas delirantes son extrañas, o si las ideas delirantes consisten en una voz que comenta continuamente los pensamientos o el comportamiento del sujeto, o si dos o más voces conversan entre ellas.
B. Disfunción social/laboral: Durante una parte significativa del tiempo desde el inicio de la alteración, una o más áreas importantes de actividad, como son el trabajo, las relaciones interpersonales o el cuidado de uno mismo, están claramente por debajo del nivel previo al inicio del trastorno (o, cuando el inicio es en la infancia o adolescencia, fracaso en cuanto a alcanzar el nivel esperable de rendimiento interpersonal, académico o laboral).
C. Duración: Persisten signos continuos de la alteración durante al menos 6 meses. Este período de 6 meses debe incluir al menos 1 mes de síntomas que cumplan el Criterio A (o menos si se ha tratado con éxito) y puede incluir los períodos de síntomas prodrómicos y residuales. Durante estos períodos prodrómicos o residuales, los signos de la alteración pueden manifestarse sólo por síntomas negativos o por dos o más síntomas de la lista del Criterio A, presentes de forma atenuada (p. ej., creencias raras, experiencias perceptivas no habituales).
D. Exclusión de los trastornos esquizoafectivo y del estado de ánimo: El trastorno esquizoafectivo y el trastorno del estado de ánimo con síntomas psicóticos se han descartado debido a: 1) no ha habido ningún episodio depresivo mayor, maníaco o mixto concurrente con los síntomas de la fase activa; o 2) si los episodios de alteración anímica han aparecido durante los síntomas de la fase activa, su duración total ha sido breve en relación con la duración de los períodos activo y residual.
E. Exclusión de consumo de sustancias y de enfermedad médica: El trastorno no es debido a los efectos fisiológicos directos de alguna sustancia (p. ej., una droga de abuso, un medicamento) o de una enfermedad médica.
F. Relación con un trastorno generalizado del desarrollo: Si hay historia de trastorno autista o de otro trastorno generalizado del desarrollo, el diagnóstico adicional de esquizofrenia sólo se realizará si las ideas delirantes o las alucinaciones también se mantienen durante al menos 1 mes (o menos si se han tratado con éxito).
Bueno, aquí encontramos más coincidencia, aunque no esperes demasiada exactitud, como me dijo una profesora hace años "Julio, la psicología no es una ciencia, es un arte". A lo que se refería es que no es una ciencia "exacta" y que requiere grandes dosis de interpretación. Por ello cabe la posibilidad de que mi interpretación no sea la correcta, tú verás si la aceptas o no, pero tal parece que Norman es esquizofrénico, probablemente mató a sus padres bajo la influencia de su enfermedad y desde entonces sus alucinaciones tomaron la forma de la madre, que pasó a dirigir su vida.
Habrás observado que para el cine es un recurso muy impactante y efectivo el emplear sujetos con personalidad múltiple en la que le coges cariño a la buena y luego te sorprende con que el malo malísimo de la historia es él mismo pero con otra personalidad. O también la historia del chico bueno, que bajo la influencia irresistible de sus alucinaciones esquizofrénicas comete los peores crímenes. Ambos son recursos cinematográficos que han demonizado estas enfermedades, aunque actualmente y con el tratamiento adecuado, los sujetos que las padecen pueden llevar una vida prácticamente normal, pero claro, eso no es noticia ni da para un guión cinematográfico.
En fin, hasta aquí mi análisis sobre Psicosis, aunque repito que puedo estar perfectamente equivocado, por lo que te recomiendo que desarrolles tu propio criterio y efectúes tu propio análisis. Si necesitas más información puedes consultar las entradas sobre "Las tres caras de Eva" para profuncizar más sobre el Trastorno de Identidad Disociativo y mirar también las de "Spider" y "Carretera perdida" para saber más sobre la Esquizofrenia.
Después, si quieres, nos das tu opinión al respecto.
Un bucle en el que el reto es averiguar si hay historia o no la hay.
Si en la anterior entrada hablaba de la irresolubilidad del misterio de Twin Peaks, ahora quiero afrontar otro reto de similares proporciones. Permíteme que siga con el cine de David Lynch y comente ahora Carretera Perdida.
Para muchos se trata de una obra de arte, para otros es una locura, para bastantes es una tomadura de pelo. Lo cierto es que no es una película que te deje indiferente y acaba posicionando al espectador entre los acérrimos de Lynch, bien sea entre los admiradores o entre los detractores.
Si no la has visto aún, yo mismo lo hice hace relativamente poco, te aviso que para entenderla en su totalidad, si ello es posible, hay que verla varias veces. La primera es la prueba de fuego. Muchos no la resisten y abandonan a mitad de la historia, aunque esta pérdida de espectadores queda compensada por los que la hemos visto varias veces.
Después de una profunda reflexión, este ejercicio repetitivo te hace contemplar la película con placer, cosa que en un principio puede parecer imposible. Pero es que el hecho de haber comprendido la historia te produce una sensación de superación semejante a la que puedes obtener por ejemplo al resolver un complicado crucigrama.
Y es que Lynch, en medio de un galimatías aparentemente descabellado, nos va proporcionando una serie de símbolos y pistas sutiles que al final nos ayudan a dar sentido a lo que hemos visto.
Te advierto que, como la película viene sin libro de instrucciones, a la hora de encontrar e interpretar esas pistas cada uno demuestra muy distintas habilidades, en ocasiones con exceso de celo. Es decir, que creo que mucha gente se pasa a la hora de adjudicar un valor simbólico a las imágenes. Por ello, el abanico de interpretaciones “correctas” que se pueden obtener de la película es tremendamente variopinto.
Espero que eso no te arredre a la hora de dar rienda suelta a las capacidades especulativas de tu imaginación. Entre otras cosas estoy convencido de que es lo que Lynch pretende y cualquier interpretación a la que tú hayas llegado, por original que sea, es tan válida como las demás.
El argumento de la película se centra en la historia de Fred Madison (Bill Pullman), un músico de jazz casado con Renee (Patricia Arquette), con quien su vida sexual no funciona del todo bien. Ambos se muestran fríos y distantes. Fred está celoso de su esposa y desconfía de ella, de hecho la única manera en la que parece descargar su pasión es tocando el saxo.
Un día empiezan a recibir unas misteriosas cintas de vídeo en las que se les ve a ellos dentro de casa, incluso en una de ellas se ve a Renee muerta y a Fred a su lado. Esta escena parece cumplirse y Fred es apresado y condenado por el asesinato de su mujer. Pero estando en la cárcel desaparece misteriosamente de la celda, apareciendo en su lugar otra persona, Pete (Balthazar Getty), que no recuerda cómo ha llegado allí y tampoco nadie se lo explica.
Aparentemente a partir de aquí la cosa se empieza a liar bastante. Digo aparentemente porque la cosa ya estaba bastante liada pero no lo sabíamos.
Lo que sigue a continuación es mi interpretación de la historia, una de las tantas que podrás encontrar en internet, pero probablemente la única correcta (es broma). He descuidado conscientemente aspectos como la excelente banda sonora y la sorprendente construcción de los personajes, típica de toda la filmografía de Lynch. Sobre eso ya hay mucho material publicado. Yo me he centrado exclusivamente en el aspecto psicológico, intentando desenmarañar un poco el contenido y aclarar algunos conceptos.
Si no has visto aún la película no sigas leyendo. Es conveniente que la veas y saques tus propias conclusiones. Intentar la interpretación de "Carretera perdida" es un ejercicio intelectual altamente recomendable.
Si queremos sacar algo en claro de la película tenemos que partir de la base de que la historia está contada en primera persona. Lo que contemplamos es la perspectiva de Fred, pero lo que se nos va revelando poco a poco es que su visión de la realidad está alterada y precisamente esa visión es la que Lynch nos traspasa, creando en nosotros una confusión semejante a la que vive su protagonista.
No nos lo han dicho pero por sus síntomas deducimos que Fred padece esquizofrenia (ver criterios diagnósticos según el DSM IV) y de una manera similar a lo que comentamos de Cronenberg en Spider, Lynch nos hace vivir la historia como la experimenta su protagonista.
Si contemplando la película te has sentido desorientado por no entender lo que pasa, frustrado por no poder remediarlo, molesto o quizás enfadado porque te están ocultando los datos que necesitas para comprenderlo todo, si has querido levantarte y salir del cine para escapar a esa vivencia que te oprime… ¡enhorabuena! ya sabes lo que es la esquizofrenia y felicidades señor Lynch, ha conseguido lo que pretendía.
¿Y qué es lo que pretendía?, pues ya metido en la marea especulativa, creo que es obvio que no se trataba de explicar una historia en concreto, si fuese así hubiese empleado otros recursos narrativos o nos hubiese proporcionado más pistas, más claras. Creo que Lynch sabía que sólo una minoría de los espectadores iban a conseguir aproximarse a alguna de las posibles explicaciones válidas, pero que eso no le importaba. Él sabía que pocos iban a entender su historia pero que prácticamente todos iban a experimentar las sensaciones que pretendía trasmitir. Ese es el verdadero mensaje de la película.
Intentando poner las cosas en claro hemos de admitir que Pete es el "álter ego" de Fred y que Alice representa el oscuro pasado de Renee en el que mantuvo una turbia relación con el mafioso Mr. Eddy - Dick Laurent (Robert Loggia) y con el amigo de ambos, Andy (Michael Massee).
Pero la historia que hemos visto no es real, es fruto de la imaginación de Fred, que no mató a Renee. Es una fantasía o mejor dicho una alucinación. Los celos le hacen jugar con la idea de matar a su esposa y mediante su alter ego, Pete, matar también a Andy, culpable de que su mujer se descarriase, y sobre todo al amante de ella, Mr. Eddy, no sin antes haberse vengado de él, poniendole los cuernos como Dick Laurent se los había puesto a él.
Así, ni los asesinatos, ni su encarcelamiento son ciertos, son fruto de la mente de Fred, un recurso para llevar a cabo una venganza que él vive como real, castigándose para aliviar su complejo de culpa.
Los vídeos evidentemente tampoco son reales. Es la manera en que su mente le muestra una serie de mensajes con el fin de dirigir su conducta y que se complementan con las apariciones del misterioso señor pálido (Robert Blake), nuevamente fruto de su imaginación y también elemento director de sus acciones.
Pero hay gente que opina que no todo es una alucinación, que los asesinatos ocurrieron de verdad y que lo que hemos visto es la justificación de los mismos elaborada por la mente de un loco. Yo persisto en mi idea y creo que lo que la película nos presenta es un sueño vívido. Un bucle de la mente de Fred que ocurre entre el principio y el final de la historia. Cuando recibe una llamada en el telefonillo de la puerta diciendo que "Dick Laurent ha muerto" y cuando, perseguido por la policía, se para ante su puerta para decirse a sí mismo ese mensaje.
El hecho de que la historia se inicie y termine en el mismo momento ya te indica que la secuencia temporal es imaginada.
Claro está que se puede discrepar de mi interpretación y hay que tener en cuenta que Lynch no tiene por qué haber sido escrupulosamente estricto reflejando la sintomatología del personaje, por lo que efectuar un análisis psicológico de Carretera perdida es algo tremendamente complicado y obviamente intuitivo.
Cualquier interpretación alternativa será bien recibida como comentario, pero ten en cuenta que David Lynch es como un pintor impresionista, que en su obra juega con las sensaciones que produce y más que plasmar una realidad, intenta sugerir unas ideas que cada espectador es libre de interpretar en función de su conocimiento, sus creencias y su estado de ánimo.
Intentar encontrar la explicación de sus películas en muchas ocasiones es una tarea vana y que debe de despertar la hilaridad del propio Lynch. No tienen explicación o, mejor dicho, no tienen una única explicación. Si tú se la encuentras y te satisface, esa es la explicación correcta, para ti, pero puede que para nadie más. Si no le encuentras ninguna, pero has experimentado sensaciones al verlas, también se han cumplido los propósitos del director y más aún si luego te animas a discutir sobre ello.
¡Felicidades señor Lynch!. A la vista está que a pesar de los años, todos sus objetivos se siguen cumpliendo.
...o cómo utilizar la imaginación, de los demás, para crear un mito.
Con Twin Peaks me pasa lo contrario que con 2001. En la película de Kubrick muchos ven aspectos místicos y yo veo una clara explicación lógica que no necesita recurrir a explicaciones más o menos espirituales.
Con la serie de Lynch me esfuerzo en encontrarle una explicación lógica (psicológica) y una vez tras otra me voy topando con los muros de simbología esotérica que encierran el asesinato de Laura Palmer (Sheryl Lee) y los hechos que lo rodearon.
He de decir que Twin Peaks me enganchó como no lo había hecho ninguna otra serie hasta entonces. Todo contribuía a ello. La misteriosa historia. El encanto de una sociedad rural, aparentemente idílica, en la que luego todos los personajes ocultan algo. El propio retrato de los personajes, cada uno más original que el otro. Las microhistorias que se entrelazaban en ese entorno. La fotografía de Frank Byers y la banda sonora de Angelo Badalamenti, que me encanta.
También tengo que confesar que me preocupé cuando vi el cariz descabellado que tomaban los acontecimientos en los últimos capítulos, pero en mi inocencia esperaba que todo se resolviese al final. Y, como la mayoría, en el último capítulo llegué a la conclusión de que la historia se le había ido a Lynch de las manos y no había sabido cómo terminarla.
Después me enteré de que la productora había decidido unilateralmente la finalización prematura de la serie ante la caída de audiencia en Estados Unidos y Lynch, para estupefacción de todos, concluyó la historia dejando al agente Cooper (Kyle MacLachlan) poseído por el espíritu maligno de "Bob".
Cuando en 1992 Lynch dirigió “Twin Peaks: Fuego camina conmigo” muchos confiamos en encontrar la explicación a la serie que tan abruptamente concluyó un año antes. Error. La película resultó ser una “precuela” en la que nos cuentan los últimos días de la vida de Laura Palmer. Nos sirve para aclarar algunos aspectos, pero en otros crea más confusión todavía.
En fin, de todo eso hace ya casi veinte años y desde entonces la curiosidad me ha llevado a retomar el tema recurrentemente, para ver si encontraba alguna explicación que me convenciese. Al final me rendí ante la evidencia de que Twin Peaks, más que un thriller policiaco o psicológico, es una historia fantástica sobre la lucha del bien y el mal, amparada en leyendas locales. Como tal historia fantástica, el final depende de lo que estés dispuesto a creer.
Pero si eres tan cabezota como yo, podrás reconocer algunas cosas que quedan claras. El padre de Laura, Leland Palmer (Ray Wise), abusó sexualmente de ella desde que tenía doce años. Eso lo plasma la muchacha en su diario, refriéndose a su violador como “Bob”, negando así la evidencia de que es su propio padre, quien por otra parte, busca también la compañía de otras chicas que le recuerdan a su hija.
Así Leland encuentra a Teresa Banks, una joven a la que mata iniciando el rito de introducir una pequeña letra bajo la uña del dedo anular de su mano, comenzando de esa manera su carrera de asesino psicópata.
Leland mata a su hija porque no puede soportar su actitud promiscua en los sórdidos ambientes en los que la chica ha desembocado.
Es difícil especificar qué trastorno de personalidad padece el padre, si es que padece alguno, y si él mismo es consciente de los actos que ha cometido o los olvida. Parece que en su "vida normal" actúa como si hubiese olvidado los episodios de abuso que ha cometido, pero cuando su lado de psicópata toma las riendas sí que es consciente de ello. Recuerda cuando Leland lee el diario de Laura y se sorprende de que la muchacha haya descubierto que el que la viola es su padre.
Podría pensarse en una posible esquizofrenia de Leland, que implicase procesos de alteración de su personalidad en los que actuase movido por los imperativos de la enfermedad. Pero no parece haber episodios alucinatorios ni fuerzas externas que le impulsen a cometer esos actos malignos. Recuerda que él no se ve como "Bob", es Laura la que lo ve así. La adjudicación de sus actos a una especie de espíritu demoníaco es fruto de la imaginación de la chica y no de la del padre.
Yo lo de esquizofrenia lo descartaría. Puede ser incluso algo más complejo. Probablemente lo que padece Leland como problema base sea un trastorno de la conducta sexual. Algún tipo de parafilia que le lleva a actuar compulsivamente, abusando de su hija y de jóvenes parecidas a ella, sinténdose recompensado por la sensación de poder que experimenta ante sus víctimas y la sumisión de estas, llegando en ocasiones al asesinato.
Como muchos asesinos en serie, Leland lleva una vida absolutamente normal y parece incluso un padre ejemplar. Para compaginar ambos tipos de conducta y por lo que he comentado anteriormente, la mente de Leland olvida selectiva y temporalmente esos sucesos. Probablemente, no hay pruebas para asegurarlo, padezca además un trastorno secundario, un tipo de amnesia disociativa en el que él mismo se niega los actos que comete, sufriendo un gran estado de shock cuando llega asumirlos, volviéndosele, por ejemplo, el pelo blanco.
La familia no es todo lo modélica que aparenta. Sarah, su mujer, bebe y fuma en exceso y le cuesta mantener las apariencias ante los cambios de estado de su marido. Laura sobrelleva como puede todos los acontecimientos. Es la típica hija de una familia desestructurada, pero que nadie, ni ella, lo asume. Adicta a la cocaína, sexualmente promiscua, coquetea en ambientes sórdidos, llegando a practicar conductas de riesgo, incluida la prostitución.
Probablemente lo haga por experimentar la sensación de tener control sobre sus actos y su propio cuerpo, pero evidentemente lo que consigue es lo contrario.
Teniendo en cuenta todo esto, quizás es más complicado diagnosticar el estado psicológico de la propia Laura. Traumatizada por los repetidos abusos, se esfuerza en separar la figura del padre protector de la del padre violador y sólo se da cuenta de la coincidencia de ambas cuando ve salir a su padre de casa momentos después de que “Bob” la haya violado en ella.
Laura recuerda los hechos pero no identifica a quien abusa de ella. Sufre con angustia lo ocurrido, revive ciertos episodios, los ve, los plasma en su diario... Todo menos la identidad del agresor. En lugar de ello se refiere a él como ese espíritu maligno encarnado por la figura de "Bob".
En otros tiempos la pobre Laura podría haberse considerado víctima de una posesión demoníaca, incluso habérsele practicado un exorcismo. Ahora sabemos que puede padecer estrés postraumático, quizás algún tipo de amnesia selectiva y evidentemente negación. Y si pongo tantos condicionales es porque para aseverar todo ello necesitaríamos más datos y menos enmascarados que los que Lynch nos presenta.
Date cuenta del esfuerzo que hago buceando en las distintas escenas de la película para encontrar esa explicación lógica (psicológica) a la que antes aludía, porque según se va desarrollando la historia, la posibilidad de derivar hacia un lado místico, con una posesión diabólica y el exorcismo consecuente no parecen tan descabelladas, sobre todo teniendo en cuenta que además se nos presenta toda una parafernalia de simbología esotérica más propia de los géneros de terror, fantasía e incluso ciencia ficción.
- Bob que encarna el espíritu del mal que habita ancestralmente en los bosques.
- El gráfico de la roca que indica el momento (en la conjunción de Júpiter y Saturno) y el lugar (el círculo de los doce sicomoros en el bosque) en el que se puede acceder a la “Logia Negra”, el lugar en el que se encuentra el poder del mal y que el agente Cooper ha visto en sueños.
- “El gigante” y “el enano” que ayudan y dan pistas al agente desde esos sueños.
- “El manco” que se libró de la posesión de “Bob” cortándose el brazo. Recuerda que en “Fuego, camina conmigo” nos dicen que Teresa Banks tuvo una insensibilidad del brazo antes de morir. Y en los últimos capítulos de “Twin Peaks” varios personajes, incluido el agente Cooper, tienen momentos en los que la mano les tiembla incontroladamente.
- La investigación “Libro Azul” de las Fuerzas Aéreas en las que el mayor Briggs, (Don Davis, el entrañable general Hammond de Stargate SG1), se esfuerza en resolver las incógnitas que relacionan los sucesos acontecidos con fuerzas ocultas de diversa índole, para lo que incluso llegan a estudiar diversas transmisiones procedentes de un origen desconocido en el espacio.
- La posesión final del agente Cooper. El mal que vence al bien y se instaura en un órgano de poder como el FBI. ¿Qué implicaciones puede tener eso en el futuro?.
Bueno, si sigues mirando seguro que encuentras más, pero ya lo dejo a tu curiosidad.
El que todo eso constituya una historia única, junto con la del asesinato de Laura, o no. Y el que puedan contribuir al esclarecimiento del misterio, o no, es algo que probablemente sólo Lynch lo sabe y tampoco estoy seguro de ello, pero en todo caso no parece que tenga intención de revelarlo ¿o sí?.
Bueno, mientras tanto, eres tú el que tiene que ir sacando tus propias conclusiones.
Confieso que Shutter Island consiguió despistarme. Conste que lo digo como algo positivo. A medida que la iba viendo fui formulando varias hipótesis que luego se vieron rechazadas o confirmadas sólo a medias. Es de esas películas que tienen un final esclarecedor y con una última escena que te deja pensativo.
En resumen, una buena historia, bien desarrollada y dirigida por Martin Scorsese, que te mantiene atento todo el tiempo y, sobre todo, que te deja con ganas de hablar de ella al salir del cine.
Parece una historia más complicada de lo que en realidad es y quizás a alguien le asuste un poco la trama psicopatológica, pero la verdad es que, tal y como está planteada, se entiende muy bien porque no se mete en demasiados tecnicismos.
En definitiva es la historia de Teddy Daniels, un agente judicial, brillantemente interpretado por Leonardo DiCaprio, que acude con su ayudante, Mark Ruffalo, a una remota institución psiquiátrica en la que están internados peligrosos delincuentes con serios trastornos mentales.
Ambientada a mediados de los años cincuenta, nos encontramos en una institución fría, asfixiante, claustrofóbica… Esta mezcla de manicomio y cárcel está situada en una escarpada isla, a dieciocho kilómetros de la costa. Una de las muchas que hay en las proximidades de Boston.
Parece un entorno totalmente seguro, pero de él se ha escapado misteriosamente una interna sin que parezca haber ninguna explicación posible. Enseguida te das cuenta de que hay algo más. Los guardianes y el personal médico mantienen una actitud reservada, poco colaboradora y hasta hostil con los dos agentes. La teoría de la conspiración aflora y tal parece que Daniels y su ayudante no saldrán vivos de la institución.
Antes de seguir he de hacer ahora una advertencia. Al contrario de muchas de las películas que comento, ésta es bastante actual y puede que aún no la hayas visto. Si ese es tu caso deja de leer ahora, pues quiero hablar de varios aspectos del desarrollo que es mejor que los veas tú mismo, sobre todo, el final, que es una de las partes más logradas.
Bien, como decía antes, el sórdido ambiente y la actitud de aparente complicidad de todo el personal parecen explicarse por una teoría conspirativa. Algo extraño ocurre en la isla, todos lo quieren ocultar y Rachel Solando, la fugada, parece que es la clave.
En un momento, la propia Rachel afirma: “Los médicos dicen que estás loco y si defiendes lo contrario sólo corroboras su diagnóstico. Una vez que te han declarado demente, cualquier cosa que hagas formará parte de ese estado. Si se te ocurre protestar sufres negación. Si te asalta el miedo, paranoia”.
Tal parece que los agentes judiciales están investigando demasiado, así que llegas a pensar que la mejor manera de detenerles será internándoles a ellos mismos. En aquel entorno todo parece posible y nadie hará caso de dos locos.
Pero esa especie de versión moderna de “Corredor sin retorno” no parece estar demasiado lejana. Es evidente que algo le ocurre al agente Daniels. Tiene ensoñaciones en las que revive vívidamente pasajes del pasado, de la guerra concretamente. Además periódicamente tiene alucinaciones en las que ve a su mujer, fallecida en un incendio, que le previene de acontecimientos y le dice lo que debe hacer.
La situación se va complicando a medida que más misterios se van añadiendo a la investigación. La conspiración parece cierta y el que Daniels consiga salir de la institución, improbable.
Y es que es cierto que el agente tiene alucinaciones. Puede padecer trastorno de estrés postraumático por lo que vivió en la guerra y además se siente culpable por la muerte de su mujer y por no haber evitado la de sus hijos. La situación le ha trastornado, sufre un trastorno psicótico, probablemente esquizofrenia. Él fue agente, pero ahora es un interno de la institución. Está sometido a un tratamiento farmacológico a base de Clorpromazina, pero no responde adecuadamente a él porque se ha fabricado una historia para dar sentido a todo lo que le ha pasado y eso interfiere en su proceso curativo.
El doctor Cawley (Ben Kingsley) ha montado un psicodrama para hacerle salir de su fantasía. Una especie de “role-playing”, para que Daniels vea lo incongruente de su historia y asuma la realidad. Es su única oportunidad. Si la medicación no funciona tendrán que dejar paso a la cirugía. Es un paciente muy violento, ya ha agredido a varias personas en la institución. De no encontrar una solución rápida le practicarán una lobotomía.
Pero al final el proceso funciona y el “agente” recuerda todo lo que pasó. La representación ha sido un éxito, ahora sabe que Daniels es un personaje inventado, en realidad es Andrew Laeddis. Fue él quien mató a su mujer cuando vio que había ahogado a sus tres hijos y desde entonces la culpa lo persigue.
Por fin la terapia farmacológica puede tener una oportunidad de éxito. Pero Laeddis, que se ha fabricado toda una historia para huir de la realidad, ahora tampoco está dispuesto a aceptarla. Ante la opción de asumir los hechos y curarse o de negarlos y seguir siendo un “loco”, prefiere la segunda. Por muy dura que parezca, la última escena de la película, es una representación, ahora consciente, para conseguir que le hagan una lobotomía. Es la única manera que le queda de salirse con la suya, de persistir en su postura inicial, de seguir negando la realidad.
Las últimas frases de Laeddis son significativas: “Este lugar hace que me pregunte qué seria peor. Vivir como un monstruo o morir como un hombre bueno”. Ya sabemos qué eligió.
Y bien, una última cuestión antes de terminar. ¿Te acuerdas de la nota que encuentran en la habitación de Rachel?. Había dos frases escritas en ella: “La ley de los 4” y “¿Quién es el 67?”.
Son pistas para guiar a Daniels – Laeddis en su investigación introspectiva. Una le hace investigar sobre el paciente 67 para que descubra que es él mismo. La otra también lleva en la misma dirección. Le indica por una parte que Rachel y Dolores son la misma persona e igualmente sucede con Teddy y Andrew.
El doctor Cawley se lo demuestra a Daniels con la ayuda de una pizarra. Y aunque se lo dice, mucha gente no repara que está hablando de “La ley de los 4”.
Ben X me llamó la atención porque pensé que podía servir para ilustrar el tema de la adicción a Internet, más concretamente a la realidad virtual de los juegos online. De hecho la comentamos en una reunión que realizamos en nuestra sede de Second Life los miembros del grupo Psicología Virtual, ya que muestra claramente la transformación que sufrimos cuando nos conectamos a Internet y cambiamos nuestra personalidad real por la virtual.
La película es una producción de Bélgica y Holanda, siendo el primer largometraje del director Nic Baltazhar, que también es el autor de la historia, una novela para adolescentes basada en hechos reales, los que llevaron al suicidio a un joven autista atormentado por el acoso de sus “compañeros”. La novela fue adaptada para el teatro por el propio Baltazhar, que después la dirigiría en el cine. Y también se habla de la posibilidad de que se haga un “remake” en Estados Unidos.
La verdad es que todo esto lo desconocía la primera vez que vi la película. Está claro que la historia del protagonista es muy apropiada para estudiar los aspectos de la adicción a los videojuegos, pero evidentemente sus aspectos psicológicos pueden dar mucho más de sí.
Ya sabéis que me interesa mucho el tema de la conducta virtual y la proyección que en ocasiones se hace de la personalidad real en la personalidad virtual que hemos adoptado y viceversa.
Sin tener ningún tipo de trastorno psicológico, hay mucha gente que se siente muy identificada con su personalidad virtual, considerándola incluso más real que la suya propia, la física. Personas que se sienten más desinhibidas en los entornos virtuales, en los que se atreven a mostrarse como de verdad son sin vergüenza al "qué dirán" o en los que se atreven a mostrarse no como son, sino como les gustaría ser, que en el fondo es lo mismo. Esta situación puede ser muy satisfactoria para el individuo, que por unos momentos se siente liberado de las ataduras y corsés del mundo real. Argumento este que ya de por sí justifica en muchas ocasiones la aparición de la adicción.
De todo eso ya hemos hablado en muchas ocasiones y es evidentemente lo que le pasa a Ben (Greg Timmermans), el protagonista de la historia. Un chico con muchas dificultades para relacionarse y que no entiende por qué los demás son tan complicados.
Es incapaz de conectar con la gente, incluyendo a sus propios familiares que no le entienden, aunque lo verdaderamente problemático son sus compañeros, que le tienen como objeto de burlas y crueles bromas, que filman y luego cuelgan en Internet.
La atormentada existencia de Ben nos sobrecoge, fundamentalmente porque sabemos que estos casos de acoso escolar (bullying) son muy frecuentes y reales, hasta en el hecho de colgar después los vídeos en la red, para mayor escarnio y humillación de la víctima.
Pero el chico tiene un entorno en el que es feliz, en el que puede demostrar sus habilidades y en el que es admirado por todos, incluso por alguno de los que le hostigan en el colegio sin saber que se trata de la misma persona.
Ese entorno es ArchLord, un juego online al que se conecta todos los días a la misma hora, durante el mismo tiempo y en el que ha sido capaz de alcanzar un nivel 80, muy alto, siendo en ese entorno un héroe al que respetan por su pericia. Entre sus admiradores se encuentra Scarlite (Laura Verlinden), sanadora en el juego, amiga suya en realidad, aunque no se conocen en persona.
Las líneas que ahora siguen son un esbozo de los trastornos psicológicos de Ben. Para ello no tengo más remedio que comentar algunas escenas y desvelar parte del argumento, incluida la sorpresa final. Si no has visto la película, no sigas, es mejor que cada uno saque sus propias conclusiones. De lo contrario sigue leyendo y ya me dirás si estás de acuerdo conmigo.
Ben no es tonto, sabemos que tiene muchas habilidades que demuestra diariamente en el juego, pero tiene muchos problemas con las personas. El contacto con los demás le pone nervioso, lo que sí carece es de habilidades sociales, fundamentalmente porque no entiende las emociones (evidentemente no tiene inteligencia emocional), le cuesta expresar sus sentimientos y no sabe mentir. Eso le hace retraído, rehuyendo el contacto con la gente.
Su propia descripción en las escenas iniciales nos indica que es autista, más concretamente asperger, punto que más adelante se nos confirma. Sorprendentemente han tardado mucho en diagnosticarlo. De haberlo hecho con anterioridad quizás podría haber recibido la atención requerida y sus padres el apoyo necesario, pero los pobres están bastante despistados y no saben qué es lo que le pasa a su hijo.
También parecen ignorarlo en el colegio. Sus profesores no saben cómo tratarle y sus compañeros le han tomado por el objetivo fácil de sus burlas. Nadie parece consciente de su autismo.
Lo que tardamos más en descubrir es que Ben también sufre un trastorno de tipo esquizofrénico. La verdad es que faltan datos para confirmar tal aseveración, pero a mí me parece la explicación más probable. Y de hecho, en este caso, dicho trastorno ejerce una influencia beneficiosa en el estado general del muchacho.
Después de un encuentro fallido con Sacarlite, lo que realmente ocurrió, la chica acude en su ayuda, lo que ya es una alucinación, y desde entonces no se separa de él, quitándole las ideas suicidas que le rondaban la cabeza y animándole a tomar las riendas de su propia existencia, para dar así una inolvidable lección a los que le atormentaban.
La revelación de que su relación con Scarlite es alucinatoria constituye la sorpresa final a la que antes aludía, aunque la verdad es que nos dan bastantes pistas para que lo intuyamos con antelación. La chica va siempre vestida igual. Cuando están en un bar ella no tiene bebida. Nadie más que él le habla. Nadie se sorprende de que el solitario Ben tenga ahora una amiga inseparable…
Respecto a la evolución psicológica del muchacho, tenemos un aparente final feliz. Parece que por fin esta recibiendo la atención adecuada y que sus padres tienen el apoyo necesario. Le vemos en una sesión de equinoterapia con la que Ben está aprendiendo a canalizar y expresar sus sentimientos (puede acariciar a los caballos sin sentir la presión de tener que hablarles, aspecto este que suele ir muy bien en la terapia con autistas), incluso él mismo dice: “Nunca he sido lo que ellos llaman feliz, pero nunca he sido tan feliz como ahora”.
Ya sabemos que parte de esa felicidad y de su mejoría se debe a su amistad con Scarlite, pero… ¿qué pasará cuando le traten su esquizofrenia?.
Interesante dilema ¿verdad?. Tomar aquí una decisión acertada no es sencillo. En todo caso es un aragumento para debatir. Si te apetece ver más cosas sobre el autismo puedes ir a "Crazy in love" y si también te interesa la esquizofrenia no dejes de ver "Spider".