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AVISO: Las informaciones contenidas en este blog pueden desentrañar importantes aspectos del argumento, incluso del final de la película en cuestión.
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lunes, 13 de junio de 2011

Diario de un escándalo

Hace unos días María Belén, una seguidora de Psicología y Cine en Facebook, hizo una alusión a esta película. Le prometí que cuando tuviese tiempo la comentaría y aquí estoy.

Lo primero que quiero destacar de "Diario de un escándalo" es la estupenda interpretación de sus protagonistas Judi Dench (la odiosa Barbara) y Cate Blanchett (la frágil Sheba), evidentemente bien dirigidas por Richard Eyre que supo mantener el ritmo de la historia sin recurrir a efectos espectaculares.

El personaje de Barbara se cree, o necesita creerse, superior a sus compañeros, lo que probablemente se deba a la ocultación de un complejo de inferioridad porque ellos tienen una vida llena de relaciones que ella no tiene. Eso le genera una envidia que le hace despreciarles, criticándoles maliciosamente en su único medio de desahogo, su diario.

También se cree superior al director del colegio a quien desprecia por sus ideas innovadoras, ya que ella no confía en que el sistema educativo sea capaz de sacar algo útil de la mediocridad de los alumnos, sin que se sepa si eso ha sido una constante en su carrera o es el efecto de un Burnout.

En ese entorno aparece Sheba, la profesora nueva. Su fragilidad acrecienta su belleza. Ambas cosas despiertan el interés de algunos de sus compañeros del claustro y obviamente la envidia de Barbara, que inmediatamente comienza a explotar esa debilidad como una ventaja táctica para demostrar su superioridad respecto a Sheba y de paso ganarse su favor en un retorcido proceso mental.



Por otra parte, la familia de Sheba (tiene un marido veinte años mayor que ella, una hija adolescente y un hijo con síndrome de Down) le ha exigido una dedicación casi total y ahora que tiene un poco más de tiempo ansía poder realizarse. El trabajo es un medio y también las nuevas relaciones que establecerá.

Esta avidez la deja en una posición vulnerable que le lleva por una parte a establecer una relación sentimental con un alumno de quince años y por otra a depender en exceso de Barbara.

La relación con Steven, el alumno, se me antoja poco creíble. Todos sabemos que las cosas del amor y del deseo no son lógicas, pero el concepto de una relación entre ambos no me cuadra, aunque Andrew Simpson, el actor que encarna al muchacho, tuviese en la época del rodaje diecisiete años, cosa que contribuye a dar una mayor imagen de madurez.

También he de reconocer que esa incredibilidad sea quizás fruto de un perjuicio sexista. Me refiero a que a la inversa, la idea de un hombre maduro que se sienta atraído por una chica de quince años, quizás no me hubiese extrañado tanto. Es evidente que por lo general las chicas de esa edad son más maduras que sus compañeros varones y a ninguno nos extrañó cómo Sue Lyon hizo perder los estribos a James Mason en Lolita.

Si aceptamos entonces que la buena de Sheba se deja llevar por sus hormonas y por sus emociones hacia una experiencia nueva, que la hace rejuvenecer y “flipar” olvidando en esos momentos sus responsabilidades de esposa y madre, podremos aceptar su “canita al aire” como algo factible.



La relación con Barbara la vemos como algo más normal. La veterana profesora le presta el apoyo que necesita para superar las vicisitudes de un ambiente laboral estresante. Lo que Sheba desconoce es que Barbara hace favores para crear relaciones de dependencia que luego se cobra en un chantaje emocional y el mayor favor que le debe es que no haya divulgado la relación de la profesora con su alumno.

El mensaje de Barbara que Sheba no supo interpretar era sin embargo claro: “no digo lo de tu alumno y ese secreto nos convierte en amigas íntimas, me lo debes, siempre me lo deberás”.

Más tarde sabremos que no es la primera vez que Barbara actúa así. Su escasez de habilidades sociales le hace utilizar este tipo de relaciones de dependencia para crear lazos con otras personas, todas ellas mujeres según la historia. Lo que no me queda claro es si ello se debe a una tendencia homosexual o a que simplemente encuentre que las mujeres puedan ser más vulnerables a sus enredos.

Llegados a este punto hay que preguntarse qué le pasa a Barbara y si tiene alguna patología digna de mención. Si analizamos lo que de ella se nos cuenta en la película llegaremos a la conclusión de que simplemente es una “mala persona” sin que ni siquiera tenga una justificación patológica para ello. Está amargada por su soledad y sabiéndose superior a los demás no puede dejar de sentir envidia de los “mezquinos” logros de los demás, que sin embargo les hacen ser felices. No está claro si esa envidia es un antecedente o un consecuente de su sentimiento de superioridad, aunque probablemente se trate de procesos concomitantes, que unidos son extremadamente peligrosos para ella y para las personas que la rodean.

Además ya sabemos que su carencia de relaciones le hace comunicarse con la única persona digna de compartir sus pensamientos, es decir, con ella misma a través de sus diarios. Y estos pensamientos autorreferentes le hacen fabular con una lógica distorsionada sobre las reacciones de los demás a sus propios movimientos.

Estas fabulaciones le llevan a realizar interpretaciones equivocadas sobre las respuestas de los otros, llegando a obsesionarse con las personas vulnerables a sus enredos que, según ella piensa, no tendrán más remedio que darle y al mismo tiempo recibir su cariño. Pero cuando se da cuenta de que eso no es así reacciona con procesos de calculada venganza.

Aunque ya he comentado que no se trata de eso, esta descripción te puede hacer pensar en un trasfondo patológico. Vuelvo a decir que no es así y si te paras a pensar comprobarás que lo que le pasa a Barbara es algo bastante común, aunque habitualmente se da jóvenes adolescentes que están adquiriendo su madurez emocional, mediante procesos de ensayo-error, en las relaciones con sus semejantes y así aprenden a interpretar sus respuestas, a controlar sus acciones y a manejar sus emociones. Proceso problemático este de la adolescencia en el que probablemente Barbara se estancó, quedando sumida en la inmadurez emocional, contribuyendo a todos los problemas de relación posteriores.

Puede que todo esto te parezcan elucubraciones mías, pero si te fijas hay una escena que me llamó la atención y es cuando Barbara deja claro que sigue empleando recursos de adolescente. Me refiero al momento en el que le comenta a Sheba que cuando era pequeña y ella o alguna de sus compañeras del colegio tenían alguna preocupación se acariciaban y eso era muy relajante. Aunque la invitación no era explícitamente sexual a Sheba se le ponen los pelos de punta.



Y por fin, no menos interesante es la cuestión que María Belén comentaba en el Facebook “¿podría hablarse de perversión en un doble sentido, primero respecto a la relación de la profesora con un menor y segundo respecto a la manipulación de las circunstancias, tratando a la persona como un objeto, para así alcanzar su objetivo?”.

Bien, teniendo en cuenta que el concepto de perversión se refiere a conductas sexuales desviadas podríamos considerar la relación con el menor como algo pervertido, aunque aquí el planteamiento es algo distinto. Ha de quedar bien claro que no estamos hablando de pedofilia ni tan siquiera de parafilia. No es la profesora la que seduce o abusa al alumno, en este caso es el alumno el que se aprovecha de la debilidad emocional de la profesora. Conste que no quiero justificar la actitud de ninguno, principalmente porque todos sabemos que es habitual que los alumnos de determinadas edades intenten explotar las debilidades de sus profesores, siendo precisamente tarea de estos el mantener la relación docente-discente en su justa medida.

Evidentemente Sheba tenía que haber visto venir a Steven y haber evitado llegar a esa situación. Ahora bien, aceptando los hechos tal y como se nos presentan y sabiendo que no se debería haber llegado a eso, cuando se llega ¿se puede considerar perversión?. Bajo mi punto de vista no. Aunque el chico no es inocente, la profesora ha cometido una falta moral, sobre todo teniendo en cuenta su posición y estatus, pero nadie ha pervertido a nadie, ni ha cometido conductas de ese tipo.

Por otra parte, la conducta de Barbara tiene sin embargo un matiz más complicado, aunque en principio no tenga carácter sexual. Ella emplea todos sus recursos para adquirir una posición de poder respecto a Sheba y desde allí obligarla a que se pliegue a sus deseos, algo que empezaría por “¡quiereme!” y terminaría por “eres mía”.

No podemos dejar de ver algo obsceno y perverso en la conducta de Barbara, porque si Sheba cede ella habrá conseguido lo que más ansía, demostrar su superioridad frente a alguien que sabe que es mejor que ella y disponer de esa persona a su antojo.

Tampoco debemos rasgarnos las vestiduras en exceso ante esta postura. Tenemos que tener en cuenta que nos ha costado miles de años de evolución adquirir una consciencia de respeto hacia los demás, sobre todo cuando ese "respeto" va en contra de nuestros propios intereses. Me refiero a que a veces actuamos de manera civilizada porque no tenemos más remedio, porque no hacerlo significa contravenir unas leyes y unas normas, lo que podría tener consecuencias negativas para nosotros.

Pero imaginemos por un momento que nuestros actos no nos acarreasen esas consecuencias negativas ¿seríamos igual de respetuosos?. No te escandalices, ya sé que tú sí y yo también, pero no pondría la mano en el fuego por los demás.

Pues Barbara se encuentra en esa tesitura. Está en posición de poder abusar de Sheba sin miedo a las consecuencias, porque la única que podría denunciar este acoso es la que precisamente más tiene que perder si el asunto sale a la luz. Es una clara situación de perversión y abuso moral.

El final de la película pretende ser en parte feliz y en parte inquietante. Barbara lleva a cabo su venganza porque Sheba no es capaz de renunciar a la relación con Steven, pero aunque el escándalo sale a la luz su condena es leve y el marido al final la perdona. Barbara tiene que renunciar a Sheba, pero no tardará en encontrar un nuevo objetivo. Por si te interesa, te prevengo que el final del libro es menos optimista, pero quizás más real.

Saludos,



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domingo, 26 de octubre de 2008

Hard Candy (Las niñas buenas van al cielo, las malas a todas partes)

Hay muchos factores que influyen en nuestra manera de ser. Es curioso que una persona apacible pueda ser un conductor agresivo, o que un tímido apocado pueda ser un jefe tirano.

Internet es uno de esos factores y la conducta en la red es una de las cosas que más me interesan, por lo menos me llama mucho la atención. Es notable el cambio que algunos experimentan cuando se conectan a Internet para mantener algún tipo de relaciones sociales. Cuando hablo de estos asuntos siempre me acuerdo de “El Rey enamorado”, un tema de Les Luthiers, los geniales cómicos argentinos. Resumiendo, el rey de la historia se enamora de María, una plebeya. Quiere casarse con ella, pero si lo hace tendrá que renunciar al trono. En sus tribulaciones hace una interesante reflexión: “¿El trono o María?, al fin y al cabo, el trono lo quiero para posarme sobre él, y satisfacer mis deseos, los mas sublimes y los mas perversos, en cambio a María la quiero para .... caramba, ¡qué coincidencia!”.

Para algunos Internet es su trono, aquello que le permite satisfacer deseos ocultos amparados por el más absoluto anonimato. Lo que me lleva a una reflexión: ¿infringiríamos las leyes si supiésemos que nadie iba a ser capaz de descubrirnos?. O afinando más aún: ¿seríamos fieles a los principios que pregonamos si contásemos con un anonimato asegurado?. ¿Qué piensas tú?.

Para reflexionar sobre todo esto he decidido emplear la película “Hard Candy”, un impactante thriller psicológico que profundiza en la relación de dos internatutas bastante atípicos, afortunadamente.




Ficha técnica:

Dirección: David Slade. Fue su primer largometraje, posteriormente ha hecho 30 días de oscuridad.

País: USA.

Año: 2005.

Duración: 103 min.

Género: Thriller psicológico.

Interpretación:



Guión: Brian Nelson.

Producción: David Higgins, Richard Hutton y Michael Caldwell.

Música: Molly Nyman y Harry Escott.

Fotografía: Jo Willems.

Montaje: Art Jones.

Diseño de producción: Jeremy Reed.

Dirección artística: Felicity Nove.

Estreno: en USA, 14 Abril 2006. En España, 12 Mayo 2006.

Premios:

Mejor Película, Mejor Guión, y Premio del Público en la edición de 2005 del Festival Internacional de Cine de Cataluña, Sitges.


Argumento:

Jeff (Patrick Wilson) es un fotógrafo de 31 años que ha conocido en un chat a Hayley (Ellen Page), una estudiante de 14 años.



Jeff confiesa estar sorprendido por la madurez de la niña, aunque también está convencido de que su porte de adulto mundano, fotógrafo de modelos conocidas, tiene impresionada a Hayley. Está orgulloso de la admiración que por él siente su joven amiga y no se sorprende cuando ella le pide que le haga unas fotos, aceptando ir a casa de él sin ningún temor y sin avisar a nadie de su familia de lo que iba a hacer.


Allí Jeff le ofrece un refresco, pero Hayley quiere algo más fuerte y prepara ella misma unos combinados. A partir de ahí, el fotógrafo, que estaba sorprendido por la madurez de la niña, se sorprende de muchas cosas más. Cuando se despierta atado descubre que ella le ha drogado y piensa que está jugando con él. Pronto se da cuenta de que no es un juego, sino una venganza. Hayley le acusa de ser un pedófilo, de buscar niñas por Internet para luego abusar de ellas. Siendo el responsable de la desaparición de una de sus amigas.


La joven le explica cómo siguió sus pasos por la red y él se da cuenta cómo de ser acosador, paso a ser acosado.

Jeff tiene en principio explicaciones para todos sus actos, pero tiene que ir confesando sus mentiras ante los irrebatibles argumentos de la perspicaz y sorprendentemente cruel Hayley.



Crueldad que parece que llega a su límite cuando la niña decide, armada de un libro de cirugía y con una bolsa de hielo como toda anestesia, castrar al fotógrafo, que a estas alturas ya se cree todo de su antes angelical interlocutora. Incluso no se sorprende cuando ella le enseña los testículos en sendos vasitos y luego los echa al triturador de basura que los digiere con un terrible sonido.



Pero esta muestra de crueldad no es la única. Los sofisticados planes de la niñita van bastante más lejos y poco a poco los va ejecutando con fría precisión ante los atónitos ojos de Jeff y los del propio espectador.

Si no has visto la película y por lo que he contado, igual piensas que todo desemboca en una historia “gore”. Nada más lejos de la realidad. Si aparece alguna mancha de sangre es circunstancial.

Bueno, y por si de verdad no la has visto no te cuento el final, merece la pena que lo veas tu mism@.


Curiosidades:

Según cuenta David Higgins, el productor: "La idea original surgió de un artículo que leí sobre chicas adolescentes en Japón que estaban entablando relaciones con hombres mayores que ellas a través de Internet; cuando el hombre mayor queda con la joven, ésta y varias amigas suyas le están esperando para asaltarle y darle una paliza. Pensé que sería una toma interesante donde quedaría palpable el papel del depredador y el de la presa. Después pensé que sería más interesante si se tratara de una única chica haciendo eso, una chica persiguiendo a tipos que cazan jovencitas a través de Internet".

Comentarios:

Para mí, lo importante en este film es la evolución en la actitud de los personajes. Está fenomenalmente retratada. Cómo el apuesto y seguro fotógrafo pasa a ser un pelele en manos de una niña que cada vez va adquiriendo más fuerza.

Jeff pasa de estar henchido de orgullo a experimentar una impactante sorpresa, a la que le sigue un interesante abanico emocional, ira, miedo, tristeza y desesperación. Ya sabéis que las emociones son adaptativas, pero él poco puede hacer, está atado, y cuando hace algo se equivoca. Hayley tiene el control en todo momento.

Ella ha pasado de actuar de manera ingenua, aunque con cierto desenfado, a ser la que maneja los hilos de la trama con espeluznante frialdad. A esta sensación de seguridad que desprende el personaje, quizás contribuya el hecho de que Ellen Page en realidad tenía diecinueve años cuando se rodó la película.

Pero como os decía antes, independientemente del interesante estudio psicológico que se puede hacer de los personajes, quiero aprovechar también la trama para tratar el tema de las relaciones virtuales.

Como hemos visto, Internet constituye un nuevo marco de relaciones sociales, sentimentales, laborales, académicas, lúdicas...

Lo que voy a comentar seguidamente es este último aspecto, el lúdico, en el que buscamos relacionarnos por el mero hecho de conocer gente o pasar el rato.

Cuando interactuamos con otras personas normalmente tenemos en cuenta ciertas reglas de convivencia. Tratamos a la gente como esperamos que nos traten a nosotros y este respeto mutuo es fundamental para la relación.



Por otra parte, cuando nos relacionamos con las personas siempre estamos presentando una imagen de nosotros mismos, la imagen por la que queremos que los demás nos reconozcan.

Pero en Internet hay un importante factor desestabilizador, el anonimato. Si no queremos, nadie tiene por qué saber quienes somos en realidad. Y además hay una falta notable de censura y control, que es algo que contribuye a hacer muy atractivo al medio. Pero… ¿esto que implica?, pues que si alteramos esas reglas de convivencia no pasa nada, que podemos hacer prácticamente lo que se nos ocurra y que podemos dar la imagen que queramos de nosotros mismos. Acordaros del trono de Les Luthiers. Internet es el trono.

Como psicólogo todo esto me interesó mucho y en 2002 inicié un estudio sobre el tema. Entre cuestionarios y entrevistas “on line” obtuve datos de más de 100 personas, que me suministraron la información de manera anónima y desinteresada.

Mi propósito era publicar mis investigaciones, cosa que aún no he hecho, pero os comento algunas cosas que, por otra parte, sé que no son demasiado originales. Cualquiera que se conecte a un chat de Internet puede comprobarlo.

¿De qué maneras se relaciona la gente en Internet?. Pues fundamentalmente utilizando los siguientes sistemas:

- Mensajería instantánea.
- Chat en sala (hablado, escrito o ambos, con o sin webcam).
- Videoconferencia, comunicación en privado, bis a bis.

Como ya hemos dicho, el anonimato es una característica esencial del tipo de comunicaciones que estamos analizando. Pero ¿en qué afecta el anonimato a estas relaciones?. Pues, junto con la intimidad que normalmente acompaña a este tipo de actividades, hace que la persona sea más desinhibida. Ello puede hacer que:

- La persona se sienta más propensa a abrirse a los desconocidos con los que pueda coincidir, contando cosas que a veces no sabe ni la propia familia.

- En ocasiones la persona no actúa como es, sino como le gustaría ser. Es por ejemplo el caso de los tímidos que en la red son mucho más lanzados.

- En otras ocasiones ocurre a la inversa, en la realidad se oculta la verdadera manera de ser, pero en la red no hace falta esconderse, así que allí es el único sitio en el que la persona se muestra como de verdad es.

Por estas razones muchas veces se dice que a veces es más fácil conocer por Internet cómo es una persona auténticamente. Pero hay que tener mucho cuidado con eso, porque muchas veces ocurre todo lo contrario.

Lo cierto es que todo esto origina una especie de complicidad entre los interlocutores que hace que este tipo de relaciones sean muy intensas, lo que ocasiona una fascinación que mucha gente sea entusiasta de ellas.

Y todo esto, respecto a una faceta tan importante de nuestra conducta como es el sexo, tiene interesantes consecuencias. Sabemos que un gran volumen del tráfico en Internet tiene un origen sexual, pero no voy a hablar de las visitas a páginas eróticas. Quiero referirme al cibersexo, a las relaciones sexuales mantenidas por la red.

En mis entrevistas sobre la conducta virtual les preguntaba a los sujetos si habían hecho por Internet algo que no hubiesen hecho en la realidad. Muchos afirmaron haberse exhibido desnudos y masturbado ante desconocidos, lo que les había resultado una experiencia muy excitante. El anonimato, la intimidad y una webcam son una mezcla explosiva. En todo caso constituyen una curiosa manera de satisfacer las necesidades sexuales sin arriesgar demasiado. Con tal de no mostrar la cara todo vale.

Otros comentaban que en la red pueden expresar tendencias sexuales que no muestran en la realidad cotidiana. Por ejemplo, un hombre que me dijo que tenía 46 años, que estaba casado, con hijos y vivía en un pueblo pequeño en el que era muy conocido, me contó además que también le atraían los hombres, pero en su entorno nadie lo sabía, sólo se atrevía a expresar su faceta homosexual en Internet.

Algunos menos afirmaban que les excitaba tener relaciones sexuales con su pareja, delante de la cámara sabiendo que eran vistos por otras personas.

Confieso que es tan amplio el abanico de posibilidades con el que me encontré, que en muchas ocasiones tenía dudas sobre si se trataban de fantasías legítimas o de parafilias.

Bueno, el caso es que si uno se mete en un servidor de chat y echa un vistazo a los directorios, verá que la mayoría de la oferta y las salas más pobladas están en la sección de adultos y concretamente en las dedicadas al sexo.

En el año 2004 hicimos en el Centro Asociado de la UNED en Baleares un curso que se llamaba “Drogas y Salud”, en el que presenté una ponencia sobre los mecanismos de la adicción. Se llamaba “Del tabaco a Internet. Aspectos psicológicos de las adicciones”.

Allí les puse unas imágenes para ilustrar lo que os digo. Me metí en el servidor de chat de Yahoo, que por esa época era ya bastante popular. Entre las zonas de usuarios más pobladas que encontré estaba “Internet y computadoras” que tenía dos salas abiertas con una persona en cada una. Es decir que no podían ni hablar entre sí.


En el resto el ambiente era parecido. Excepto en la zona de adultos que estaba lleno de salas y con muchas de ellas completas. Sus nombres no dejan nada a la imaginación. Mirad la imagen que saqué entonces.


Y al entrar en la primera sala te encuentras al personal alborotado. Una chica tiene su cámara conectada, deja que todos la vean mientras baila insinuándose. No enseña nada, lo que aún les excita más.


Sinceramente no sé cómo acabó la cosa, pero probablemente para la chica fuese una experiencia tan excitante como para sus admiradores, los cuales seguramente se escandalizarían si alguien les preguntase sobre su conducta voyeur.


El caso es que esto es como el juego, vas probando, probando y si tienes suerte algo pillas, lo que te sirve de recompensa. Es un proceso aleatorio en el que aprendes que si persistes, tarde o temprano llega el premio, con lo que puedes llegar a engancharte cada vez por más tiempo.

En fin, estos son sólo algunos ejemplos, pero nos sirven para entender el mecanismo que rige las relaciones por Internet y por qué muchas personas se hacen adictas a esta actividad, sea sexual o meramente social.

Teniendo en cuenta lo que hemos visto hasta ahora, podemos entender por qué la gente se puede hacer adicta al cibersexo, pero también puede haber una adicción a las relaciones por Internet, principalmente al chat.

Nos encontramos en una situación apropiada, anónima e íntima, que favorece una revelación mutua, haciendo que la imaginación complete la falta de información que tenemos sobre la otra persona y la complete normalmente de manera beneficiosa para el interlocutor. Le imaginamos como nos gustaría que fuese. En muchos aspectos le idealizamos. Esto hace que a veces se den casos de auténtico “amor platónico” que sólo dura hasta que se produce el encuentro “real”, del que ya hablaremos.

Si la experiencia persiste se crea un lazo afectivo que desemboca en una necesidad mutua.

¿Estos lazos afectivos implican infidelidad a nuestra pareja “real”?. Volviendo a mi estudio, bastantes de mis entrevistados casados, afirmaban no tener la sensación de haber sido infieles a sus parejas por haber mantenido relaciones fuertemente afectivas, e incluso sexuales, con otras personas sólo por Internet.

La mayoría hablan de “mundos diferentes”, de estar simplemente realizando una fantasía en la que no se transgreden las normas. Aunque en muchas ocasiones, esa fantasía puede hacerse realidad si se concreta un encuentro. Entonces ¿qué pasa?. Pues que la fantasía virtual se puede convertir en adulterio real.

De todas maneras y como ya había comentado, el encuentro “cara a cara” es toda una prueba de fuego. Cotejar la “magia” virtual con la “realidad” personal suele ser bastante complicado. Implica una confirmación del tipo de relación o una tremenda desilusión. El contacto físico es bastante complicado en estas ocasiones, hay falta de costumbre y muchas falsas expectativas creadas. Además es difícil traducir las emociones virtuales a reales.

Este aspecto también me interesó bastante. Inspirado en las experiencias que me contaron escribí un pequeño cuento sobre el tema, se titula Djan.

Para terminar os voy a poner el típico TEST DE ADICCIÓN A INTERNET. Lo podéis encontrar en muchas versiones, pero normalmente es así:

1) ¿Dedica más tiempo del que cree que debería a navegar por la red?
2) ¿Piensa que tendría un problema si redujera el tiempo que pasa en Internet?
3) Se han quejado sus familiares de las horas que dedica al ordenador?
4) ¿Le resulta duro permanecer alejado de la red varios días seguidos?
5) ¿Se resienten sus relaciones al pasar muchas horas conectado al ordenador?
6) ¿Existen áreas o archivos de la red a los que se encuentra difícil resistirse?
7) ¿Tiene problemas para controlar el impulso a adquirir productos y servicios ofertados en la red?
8) ¿Ha intentado, sin éxito, reducir su uso?
9) ¿Extrae gran parte de su placer vital del hecho de estar conectado a la red?


Cada pregunta se contesta con un Sí o un NO y al final se contabilizan las respuestas afirmativas.

Resultados del test

Entre 0 y 3, es un usuario sin problemas

Entre 4 y 6, es un usuario de riesgo

Entre 7 y 9, es un usuario con problemas de adicción


En estos usuarios con problemas, la convivencia “real” normal, incluso la familiar puede verse afectada.

Si tienes tiempo te recomiendo que leas un interesante cuento sobre estos aspectos. Se titula “Ruth” y tranquilo, esta vez no es mío.


Y por último una frasecita que se me ocurrió en su día meditando sobre el tema de las relaciones virtuales y que sirve para refundir la película que hemos visto con todas las reflexiones posteriores que hemos hecho:

En Internet no creas nada de lo que leas y sólo la mitad de lo que veas”.

Bien, esto es todo por hoy. Cuando publique mi estudio ya os contaré más cosas. Mientras tanto, si quieres que te avisen cuando emitan Hard Candy por televisión, pulsa en este enlace.

Saludos.



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lunes, 29 de septiembre de 2008

Kinsey, hablemos de sexo (y practiquémoslo)

Que aburrido sería el mundo sin el sexo. Es que está detrás de todo. La publicidad, la moda y el humor, por citar sólo una pequeña muestra, no serían lo que son sin el sexo. Y nosotros tampoco, claro está.

Pensar que algo tan fundamental ha sido y es tabú en tantas culturas… Sin ir más lejos, en la cristiano occidental que, por suerte o por desgracia me ha tocado vivir, es que todo lo que a uno le gusta resulta que es inmoral, ilegal o engorda, como bien afirma el dicho popular.

Evidente error este de intentar preservar las buenas costumbres prohibiendo. Todos sabemos que las cosas no permitidas son las más apetecibles. De todos modos, la naturaleza es muy sabia y no se anda con tonterías, por eso ha asociado el mecanismo de la reproducción al sexo, la actividad natural más placentera y así se ha asegurado la supervivencia de la especie, incluso en la épocas más “difíciles”, superando todo tipo de contingencias. Pues el motivo sexual es uno de los que más frecuentemente está detrás de la conducta de las personas.

Para hablar de estos temas os he traído la película “Kinsey, el hombre que desnudó América” (aunque yo prefiero la traducción del título en inglés: Kinsey, hablemos de sexo). Se trata de una cinta del año 2004, dirigida por Bill Condon, en la que se nos narra con bastante exactitud la biografía de Alfred Kinsey y las vicisitudes de su investigación.

También os presento algunas imágenes del documental “Alfred Kinsey, el científico del sexo”, que emitió hace un par de años la cadena Documanía (acualmente Odisea) y que os recomiendo ver, porque es un buen complemento a la película. Entre otras cosas, te permite poner imágenes reales a las personas que intervinieron en la historia y a los lugares en los que se desarrolló.

Kinsey está interpretado en la película por Liam Neeson, que le da un aire serio y de permanente preocupación, como a todos sus personajes. Era zoólogo, especializado en entomología, para gran disgusto de su padre, un rígido y conservador predicador metodista, profesor de mecánica, que quería que Alfred siguiese sus pasos.

La escena en la que el padre hace que Alfred, siendo menor de edad, vaya a una tienda a comprar tabaco y, si se lo vendían, denunciar al tendero es rigurosamente cierta. Y la de sus sermones imagino que también.




Educado en semejante ambiente, no es extraño que Kinsey tuviese algunos problemas con el sexo, pero al contrario que a su padre, los estudios de biología y su interés por los insectos, le llevaron a abrir su mente y a aceptar la diversidad como forma viable de expresar la sexualidad.

En 1938, siendo ya profesor de entomología en la Universidad de Indiana, se percató de la falta de información que tenían los estudiantes sobre el sexo y le propuso al rector, Herman Wells, dar un curso sobre matrimonio, idea que Wells no se atrevió a aceptar, dejando el tema de la educación sexual a Thurman Rice, un médico detractor de Kinsey que ya daba un curso de higiene en la universidad.



Tal parece que las clases de Rice no eran excesivamente convincentes y que el procedimiento de inducir miedo no era demasiado pedagógico. Los propios estudiantes reclamaron informaciones más claras y útiles, de tal manera que al final Wells no tuvo más remedio que dar un voto de confianza a Kinsey y dejarle hacer su curso sobre matrimonio. Fue un bombazo, una auténtica revolución en la tranquila comunidad universitaria de Indiana. Recordemos que nos encontramos en 1938, años de preguerra en la américa puritana.



Esta escena, dramatizada para la película, resulta evidente e intencionadamente atractiva, incluyendo el chiste final. Pero no se debió diferenciar demasiado de lo que sintieron los estudiantes asistentes, a juzgar por las imágenes que vemos en el documental.



Estas imágenes tienen un cierto sabor añejo, pero quizás estés de acuerdo conmigo si opinas que respecto al conocimiento hemos avanzado bastante poco. Muchos de nuestros jóvenes y adolescentes le han perdido el miedo al sexo, pero no es que estén mucho mejor informados. Y entendámonos, información hay muchísima más que entonces, pero el que esa información llegue y sea asimilada es otra cosa.

Volviendo a Kinsey, el éxito de sus cursos y sus antecedentes como entomólogo, le hicieron plantearse el objetivo de su vida, estudiar la conducta sexual de los estadounidenses. Y tal como hiciese con las avispas, se puso a recopilar casos, cuantos más mejor pues estaba convencido de que cada uno era diferente de los demás. Material tenía con todos los alumnos de sus cursos y cuando se acabaron estos siguió con los demás estudiantes y luego con el personal de la universidad. Imagino que el bueno de “Prok”, como le llamaban, se convirtió en una pesadilla para todos los que pasaban por allí.

Formó a tres investigadores en su particular metodología de trabajo y entre los cuatro iniciaron entusiasticamente la investigación.



El rector Wells, ante las quejas recibidas, le dio un ultimátum. Si quería seguir con su curso tenía que dejar las investigaciones, o si seguía con las investigaciones dejar el curso. Kinsey decidió seguir de lleno con las investigaciones y contando con la financiación adecuada, se lanzó a hacer entrevistas por todo el país.



Con ese equipo totalmente entregado, ellos y sus mujeres participaban activamente en las investigaciones, incluso haciendo de “conejillos de indias”, recopiló más de cinco mil historiales de hombres, con los que en 1948 publicó el Informe Kinsey sobre la sexualidad masculina, todo un éxito de ventas del que se editaron más de doscientas mil copias.

Kinsey y sus investigadores se hicieron tremendamente populares y animados por el éxito emprendieron la elaboración del informe sobre la sexualidad femenina, que se publicó en 1953 después de haber entrevistado a seis mil mujeres.


El resultado fue aún más impactante que el del primero y resumiendo ambos, tenemos que:

- Más del 90% de los hombres y del 60% de las mujeres se ha masturbado alguna vez.

- Aproximadamente la mitad de los hombres y mujeres casados han practicado el sexo oral.

- El 37% de los hombres entrevistados experimentaron alguna vez un orgasmo homosexual después de la adolescencia. Por el contrario, sólo un 13% de mujeres habían experimentado algún orgasmo homosexual en la misma época.

- Casi la mitad de la población masculina ha mantenido relaciones sexuales con hombres y mujeres en su vida adulta.

- La mitad de los hombres casados y la cuarta parte de las mujeres han tenido alguna experiencia sexual fuera del matrimonio.

- Hasta un 98% de los hombres y la mitad de las mujeres han tenido relaciones sexuales antes del matrimonio.

- El 10% de las mujeres nunca había llegado al orgasmo en sus relaciones sexuales.

- El 69% de los hombres ha tenido alguna vez experiencias con prostitutas.


Sirva esto como muestra para imaginar la controversia que se formó. Si bien Kinsey se hizo mucho más popular, también aumentaron mucho sus enemigos. Le surgieron detractores por todas partes. Se cuestionaron sus métodos de investigación, argumentando que ante la falta de un proceso realmente estadístico, sus resultados estaban sesgados.

Más aún, en plena caza de brujas de McCarthy, se le acusó de no facilitar los datos que tenía sobre homosexuales y comunistas, como si fuesen lo mismo.

En fin, después de tantísimo éxito se le retiraron los fondos para sus investigaciones y tuvo que pasar los últimos años de su vida intentando conseguir financiación. Murió en 1956 a los 62 años.

Es cierto que los métodos de Kinsey adolecieron de una falta de rigor estadístico, pero es que no creía en el muestreo de probabilidades. Él se basó en conseguir cuantos más historiales mejor e hizo un trabajo ímprobo, aun así sus entrevistados eran en su mayoría de población acomodada y raza blanca, haciendo mucho énfasis en la población homosexual.

Se echan de menos entonces datos de minorías raciales, incluida la negra y de poblaciones económicamente desfavorecidas, incluso de segmentos religiosos que, por sus convicciones, jamás contestarían a las preguntas propuestas. Además no tuvo en cuenta aspectos como las diferencias culturales o el amor, cosas difícilmente medibles.

Quizás lo más curioso, es que los expertos estadísticos afirmaron que con un muestreo aleatorio de cuatrocientas personas se habrían obtenido unos resultados más fiables y sin sesgo alguno.

Lo que no podemos negar es que Kinsey despertó un interés por la investigación de la sexualidad, acercándola a los laboratorios, donde ya la tomaron otros investigadores como William H. Masters y Virginia E. Johnson, que siguieron aportándonos más datos y sorpresas.

Bueno, más adelante podremos seguir hablando de sexo, material no falta. Si de momento quieres ver la película y que te avisen cuando la emitan por televisión, pulsa este enlace. El documental es más difícil, pero si me entero de cómo consguirlo también os avisaré.

Saludos,



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