AVISO IMPORTANTE

AVISO: Las informaciones contenidas en este blog pueden desentrañar importantes aspectos del argumento, incluso del final de la película en cuestión.
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lunes, 13 de junio de 2011

Diario de un escándalo

Hace unos días María Belén, una seguidora de Psicología y Cine en Facebook, hizo una alusión a esta película. Le prometí que cuando tuviese tiempo la comentaría y aquí estoy.

Lo primero que quiero destacar de "Diario de un escándalo" es la estupenda interpretación de sus protagonistas Judi Dench (la odiosa Barbara) y Cate Blanchett (la frágil Sheba), evidentemente bien dirigidas por Richard Eyre que supo mantener el ritmo de la historia sin recurrir a efectos espectaculares.

El personaje de Barbara se cree, o necesita creerse, superior a sus compañeros, lo que probablemente se deba a la ocultación de un complejo de inferioridad porque ellos tienen una vida llena de relaciones que ella no tiene. Eso le genera una envidia que le hace despreciarles, criticándoles maliciosamente en su único medio de desahogo, su diario.

También se cree superior al director del colegio a quien desprecia por sus ideas innovadoras, ya que ella no confía en que el sistema educativo sea capaz de sacar algo útil de la mediocridad de los alumnos, sin que se sepa si eso ha sido una constante en su carrera o es el efecto de un Burnout.

En ese entorno aparece Sheba, la profesora nueva. Su fragilidad acrecienta su belleza. Ambas cosas despiertan el interés de algunos de sus compañeros del claustro y obviamente la envidia de Barbara, que inmediatamente comienza a explotar esa debilidad como una ventaja táctica para demostrar su superioridad respecto a Sheba y de paso ganarse su favor en un retorcido proceso mental.



Por otra parte, la familia de Sheba (tiene un marido veinte años mayor que ella, una hija adolescente y un hijo con síndrome de Down) le ha exigido una dedicación casi total y ahora que tiene un poco más de tiempo ansía poder realizarse. El trabajo es un medio y también las nuevas relaciones que establecerá.

Esta avidez la deja en una posición vulnerable que le lleva por una parte a establecer una relación sentimental con un alumno de quince años y por otra a depender en exceso de Barbara.

La relación con Steven, el alumno, se me antoja poco creíble. Todos sabemos que las cosas del amor y del deseo no son lógicas, pero el concepto de una relación entre ambos no me cuadra, aunque Andrew Simpson, el actor que encarna al muchacho, tuviese en la época del rodaje diecisiete años, cosa que contribuye a dar una mayor imagen de madurez.

También he de reconocer que esa incredibilidad sea quizás fruto de un perjuicio sexista. Me refiero a que a la inversa, la idea de un hombre maduro que se sienta atraído por una chica de quince años, quizás no me hubiese extrañado tanto. Es evidente que por lo general las chicas de esa edad son más maduras que sus compañeros varones y a ninguno nos extrañó cómo Sue Lyon hizo perder los estribos a James Mason en Lolita.

Si aceptamos entonces que la buena de Sheba se deja llevar por sus hormonas y por sus emociones hacia una experiencia nueva, que la hace rejuvenecer y “flipar” olvidando en esos momentos sus responsabilidades de esposa y madre, podremos aceptar su “canita al aire” como algo factible.



La relación con Barbara la vemos como algo más normal. La veterana profesora le presta el apoyo que necesita para superar las vicisitudes de un ambiente laboral estresante. Lo que Sheba desconoce es que Barbara hace favores para crear relaciones de dependencia que luego se cobra en un chantaje emocional y el mayor favor que le debe es que no haya divulgado la relación de la profesora con su alumno.

El mensaje de Barbara que Sheba no supo interpretar era sin embargo claro: “no digo lo de tu alumno y ese secreto nos convierte en amigas íntimas, me lo debes, siempre me lo deberás”.

Más tarde sabremos que no es la primera vez que Barbara actúa así. Su escasez de habilidades sociales le hace utilizar este tipo de relaciones de dependencia para crear lazos con otras personas, todas ellas mujeres según la historia. Lo que no me queda claro es si ello se debe a una tendencia homosexual o a que simplemente encuentre que las mujeres puedan ser más vulnerables a sus enredos.

Llegados a este punto hay que preguntarse qué le pasa a Barbara y si tiene alguna patología digna de mención. Si analizamos lo que de ella se nos cuenta en la película llegaremos a la conclusión de que simplemente es una “mala persona” sin que ni siquiera tenga una justificación patológica para ello. Está amargada por su soledad y sabiéndose superior a los demás no puede dejar de sentir envidia de los “mezquinos” logros de los demás, que sin embargo les hacen ser felices. No está claro si esa envidia es un antecedente o un consecuente de su sentimiento de superioridad, aunque probablemente se trate de procesos concomitantes, que unidos son extremadamente peligrosos para ella y para las personas que la rodean.

Además ya sabemos que su carencia de relaciones le hace comunicarse con la única persona digna de compartir sus pensamientos, es decir, con ella misma a través de sus diarios. Y estos pensamientos autorreferentes le hacen fabular con una lógica distorsionada sobre las reacciones de los demás a sus propios movimientos.

Estas fabulaciones le llevan a realizar interpretaciones equivocadas sobre las respuestas de los otros, llegando a obsesionarse con las personas vulnerables a sus enredos que, según ella piensa, no tendrán más remedio que darle y al mismo tiempo recibir su cariño. Pero cuando se da cuenta de que eso no es así reacciona con procesos de calculada venganza.

Aunque ya he comentado que no se trata de eso, esta descripción te puede hacer pensar en un trasfondo patológico. Vuelvo a decir que no es así y si te paras a pensar comprobarás que lo que le pasa a Barbara es algo bastante común, aunque habitualmente se da jóvenes adolescentes que están adquiriendo su madurez emocional, mediante procesos de ensayo-error, en las relaciones con sus semejantes y así aprenden a interpretar sus respuestas, a controlar sus acciones y a manejar sus emociones. Proceso problemático este de la adolescencia en el que probablemente Barbara se estancó, quedando sumida en la inmadurez emocional, contribuyendo a todos los problemas de relación posteriores.

Puede que todo esto te parezcan elucubraciones mías, pero si te fijas hay una escena que me llamó la atención y es cuando Barbara deja claro que sigue empleando recursos de adolescente. Me refiero al momento en el que le comenta a Sheba que cuando era pequeña y ella o alguna de sus compañeras del colegio tenían alguna preocupación se acariciaban y eso era muy relajante. Aunque la invitación no era explícitamente sexual a Sheba se le ponen los pelos de punta.



Y por fin, no menos interesante es la cuestión que María Belén comentaba en el Facebook “¿podría hablarse de perversión en un doble sentido, primero respecto a la relación de la profesora con un menor y segundo respecto a la manipulación de las circunstancias, tratando a la persona como un objeto, para así alcanzar su objetivo?”.

Bien, teniendo en cuenta que el concepto de perversión se refiere a conductas sexuales desviadas podríamos considerar la relación con el menor como algo pervertido, aunque aquí el planteamiento es algo distinto. Ha de quedar bien claro que no estamos hablando de pedofilia ni tan siquiera de parafilia. No es la profesora la que seduce o abusa al alumno, en este caso es el alumno el que se aprovecha de la debilidad emocional de la profesora. Conste que no quiero justificar la actitud de ninguno, principalmente porque todos sabemos que es habitual que los alumnos de determinadas edades intenten explotar las debilidades de sus profesores, siendo precisamente tarea de estos el mantener la relación docente-discente en su justa medida.

Evidentemente Sheba tenía que haber visto venir a Steven y haber evitado llegar a esa situación. Ahora bien, aceptando los hechos tal y como se nos presentan y sabiendo que no se debería haber llegado a eso, cuando se llega ¿se puede considerar perversión?. Bajo mi punto de vista no. Aunque el chico no es inocente, la profesora ha cometido una falta moral, sobre todo teniendo en cuenta su posición y estatus, pero nadie ha pervertido a nadie, ni ha cometido conductas de ese tipo.

Por otra parte, la conducta de Barbara tiene sin embargo un matiz más complicado, aunque en principio no tenga carácter sexual. Ella emplea todos sus recursos para adquirir una posición de poder respecto a Sheba y desde allí obligarla a que se pliegue a sus deseos, algo que empezaría por “¡quiereme!” y terminaría por “eres mía”.

No podemos dejar de ver algo obsceno y perverso en la conducta de Barbara, porque si Sheba cede ella habrá conseguido lo que más ansía, demostrar su superioridad frente a alguien que sabe que es mejor que ella y disponer de esa persona a su antojo.

Tampoco debemos rasgarnos las vestiduras en exceso ante esta postura. Tenemos que tener en cuenta que nos ha costado miles de años de evolución adquirir una consciencia de respeto hacia los demás, sobre todo cuando ese "respeto" va en contra de nuestros propios intereses. Me refiero a que a veces actuamos de manera civilizada porque no tenemos más remedio, porque no hacerlo significa contravenir unas leyes y unas normas, lo que podría tener consecuencias negativas para nosotros.

Pero imaginemos por un momento que nuestros actos no nos acarreasen esas consecuencias negativas ¿seríamos igual de respetuosos?. No te escandalices, ya sé que tú sí y yo también, pero no pondría la mano en el fuego por los demás.

Pues Barbara se encuentra en esa tesitura. Está en posición de poder abusar de Sheba sin miedo a las consecuencias, porque la única que podría denunciar este acoso es la que precisamente más tiene que perder si el asunto sale a la luz. Es una clara situación de perversión y abuso moral.

El final de la película pretende ser en parte feliz y en parte inquietante. Barbara lleva a cabo su venganza porque Sheba no es capaz de renunciar a la relación con Steven, pero aunque el escándalo sale a la luz su condena es leve y el marido al final la perdona. Barbara tiene que renunciar a Sheba, pero no tardará en encontrar un nuevo objetivo. Por si te interesa, te prevengo que el final del libro es menos optimista, pero quizás más real.

Saludos,



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jueves, 3 de marzo de 2011

Amor y otras drogas

Pensé que "Amor y otras drogas" era una comedia romántica para pasar el rato, pero la verdad es que puede ser un punto de partida interesante para reflexionar sobre el amor, las enfermedades neurodegenerativas, como el Parkinson y sobre el marketing farmacéutico. Cada uno de los temas daría para una película pero ésta de Edward Zwick tiene la ventaja que toca los tres.

El amor es una emoción y como tal es algo intenso y que se escapa a nuestro control voluntario. Pero es una emoción secundaria y por lo tanto tarda en aparecer, es decir que requieren de la socialización y de un proceso de maduración de nuestro sistema nervioso para manifestarse. A diferencia de por ejemplo el miedo, emoción primaria, que se presenta prácticamente desde que nacemos, el amor, como la vergüenza, necesita que tengamos consciencia de nosotros mismos como seres diferenciados de los demás para ponerse de manifiesto.



Por lo demás es una sensación sublime que implica pertenencia, entrega y trascendencia, que hace que nos sintamos tremendamente felices o tremendamente desgraciados, en todo caso es una emoción especial que nos mueve como personas y como especie, despertando grandes sentimientos de empatía entre los que la contemplan.

Todo esto lo comprobamos cuando el caradura de Jamie (Jake Gyllenhaal) se queda prendado de de Maggie (Anne Hathaway), una chica divertida y segura de sí misma que no quiere comprometerse. Tiene parkinson precoz y aunque ahora puede hacer vida normal sabe que en el futuro no será así. Sabe que necesitará ayuda, pero no quiere ser una carga para la persona que ame.

Ambos se ven implicados en un juego de sacrificio. Bien es cierto que Jamie no está acostumbrado a que las chicas le rechacen. Su personalidad arrolladora no deja lugar a las negativas, eso, además de hacer de él un vendedor sin competencia, le hace disfrutar de una variada vida sexual. Pero el que Maggie le rechace acrecienta su interés y su persistencia, haciendo que la chica acabe admitiendo una relación basada en sexo sin compromiso (no confundir con el concepto de follamigo).

En teoría está muy bien eso de acostarse sin comprometerse y que cada uno sea libre de hacer su vida. En la práctica no va tan bien. Ese argumento lógico no tiene en cuenta que el amor no lo es y aparece cuando menos uno lo espera, aunque en esta historia estaba cantado.

¿Por qué nos enamoramos?, pues primero porque estamos predispuestos hacia ello. El amor es algo que asegura el mantenimiento y la supervivencia de nuestra especie. Nos lleva a formar parejas y a reproducirnos. Esto, que visto así es algo totalmente carente de romanticismo y efectivamente tiene una motivación puramente práctica, es lo que subyace tras la ternura de nuestros sentimientos.

La evolución es una cosa muy seria y a lo largo de millones de años de historia ha aprendido cuales son las mejores maneras de asegurar la permanencia de cada especie. En los humanos la emoción más intensa, el amor, está ligada al establecimiento de una pareja. Por otra parte, la sensación placentera natural más intensa se produce por el sexo. Entre una cosa y la otra, la reproducción y la crianza de la prole en un entorno estable está asegurado.

De hecho, el matrimonio, fenómeno cultural que normalmente se entiende como consecuencia del amor, es la pieza que nos faltaba para el establecimiento de un núcleo social, la familia, que proporciona la estabilidad necesaria para nuestro desarrollo como persona. Tanto es así que las únicas sociedades humanas que han logrado desarrollarse son las que en un momento dado de su historia, adoptaron semejantes usos culturales. En su mayoría este tipo de procesos no son conscientes, ocurren por el sistema de “ensayo – error” en el que las poblaciones que no daban con la respuesta correcta simplemente se extinguían.



Así que Jamie y Maggie están filogenéticamente condenados a enamorarse y vete tú a saber si a formar también una familia, pero el hecho es que esa sublime sensación de entrega y trascendencia que implica dejar de ser uno mismo para formar parte del otro, acaba rompiendo todas las barreras que la lógica había impuesto.

En su relación hay dos puntos de inflexión. El primero es conferencia sobre el parkinson en Chicago. En ella Maggie siente por primera vez que no es un bicho raro y se siente por fin libre para aceptar el amor de Jamie. Pero al mismo tiempo alguien le abre a él los ojos sobre el futuro que le espera si sigue en su relación. Así que cada uno se mueve hacía la posición del otro, pero sobrepasando el punto de convergencia y situándose en posiciones nuevamente divergentes, aunque de sentido contrario a las que tenían anteriormente.

El segundo y definitivo punto de inflexión ocurre cuando Maggie convence a Jamie de aceptar la realidad de su situación médica y disfrutar el momento, dejando de buscar a toda costa remedios que todavía no existen. En ese momento los dos alcanzan el punto intermedio en el que pueden disfrutar de su amor.

Es una decisión difícil pues implica aceptar la realidad del Parkinson. Actualmente el tratamiento farmacológico permite que los enfermos puedan hacer vida normal durante cada vez más tiempo. En el año en que se sitúa la historia el futuro no era tan halagüeño y la perspectiva de los estadios más avanzados de la enfermedad era bastante preocupante.

El Parkinson se produce por una destrucción progresiva de las neuronas de la sustancia negra del cerebro, sin que se sepa muy bien por qué. Se trata entonces de una enfermedad neurodegenerativa que se va agravando con el tiempo, produciendo una dificultad creciente en el movimiento voluntario, cosa que normalmente se asume como el principal efecto, sino el único de la enfermedad. En realidad también afecta a la función cognitiva y a la emocional de las personas.

A diferencia de lo que ocurre en patologías como el Alzheimer, aquí el sujeto es plenamente consciente de su proceso degradativo, lo que le puede llevar al enfermo de Parkinson a sumirse en un estado de indefensión que puede terminar en una espiral depresiva.

Aunque en estos casos, mucha carga de la enfermedad descansa en los familiares que se hacen cargo del enfermo. Es conocida por todos la presión psicológica que recae en los cuidadores. Maggie es consciente de todo ello y aunque esta en un estadio precoz de la enfermedad, quiere evitar el sufrimiento de Jamie. Ambos ejemplifican los conceptos de sacrificio y entrega inherentes al amor, contribuyendo a aumentar el tono emotivo de la historia.




He mencionado antes que la depresión es frecuente entre los enfermos de Parkinson, pero también lo es en muchas otras circunstancias. La mayoría de los psicofármacos que se fabrican están destinados a combatirla en sus muchas variantes y con sus patologías asociadas. Más del tres por ciento de la población de los países occidentales la padece. En el Tercer Mundo la proporción es bastante menor. No es extraño, tienen otras cosas de qué preocuparse.

Pero aunque en nuestra cultura lo consideremos algo habitual y de vez en cuando todos hayamos confesado que estamos con “la depre”, lo cierto es que se trata de una patología recalcitrante, en la que el enfermo siente que no puede hacer nada para curarse y en muchas ocasiones se culpabiliza de su triste situación.

Aunque detrás de la depresión haya una causa real que podría tratarse psicológicamente, el paciente es incapaz de afrontar la psicoterapia requerida, por lo que en muchas ocasiones conviene comenzar con un tratamiento farmacológico que refuerce el estado de ánimo del sujeto.

El caso es que el deprimido es un cliente importante y la industria farmacéutica pugna por la preponderancia del mercado. “Reclutar” dignamente al médico para que recete tus productos y no los de la competencia es un arte complicado que requiere su estrategia. No creo que se llegue a las manos como en el caso de Jamie, representante del Zoloft de laboratorios Pfizer y Trey, el apuesto representante del Prozac de laboratorios Lilly. Ambos productos son inhibidores de la recaptación de serotonina, un neurotransmisor que se encarga de combatir diversas sensaciones negativas de nuestro organismo, provocando placenteros estados de ánimo. Pero como la mayoría de sustancias naturales que actúan a nivel del sistema nervioso central, la serotonina es de acción insidiosamente fugaz, cosa que se encargan de remediar los inhibidores de su recaptación como la fluoxetina (Prozac) o la sertralina (Zoloft), las sustancias pioneras en el logro de la felicidad artificial. Bueno, sin hablar de la Viagra (sildenafilo) que proporciona otro tipo de “felicidad”, cuyo impacto queda perfectamente retratado en la película.

Por cierto, antes de terminar quería comentar una curiosidad farmacéutica de la que me enteré por la película. Lo de las excursiones a Canadá para comprar medicamentos es algo totalmente cierto y fue una actividad muy popular y necesaria durante unos años para los jubilados estadounidenses y las clases más desfavorecidas. Llama la atención que cosas que aquí tenemos asumidas, como la financiación de los medicamentos por parte de la Seguridad Social, en otros países “más avanzados” sean algo impensable.

Resumiendo “Amor y otras drogas” no es sólo una comedia romántica para pasar el rato. Tiene muchos detalles para meditar y aunque no sea la típica película para hablar de psicología podemos encontrarle bastantes cosas interesantes.

Saludos,



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lunes, 7 de febrero de 2011

El discurso del rey

Una historia "real" de tartamudez


Dicen que a la reina Isabel II le gustó mucho esta película. No me extraña, deja muy bien a su padre, el rey Jorge VI, alguien que demostró valor, perseverancia y coraje.

Si miramos su biografía nos dirá que era el segundo hijo varón de Jorge V y que accedió al trono cuando renunció a él su hermano mayor, Eduardo VIII, el “rey que abdicó por amor” para casarse con Wallis Simpson, una norteamericana de clase alta dos veces divorciada. Demasiado para la encorsetada monarquía británica.



Es cierto que en tiempos de crisis se necesita que las figuras clave den ejemplo y él lo hizo, sin ir más lejos cuando durante la Segunda Guerra Mundial él y su familia permanecieron en su residencia de Londres durante la época de la Batalla de Inglaterra, negándose a desplazarse a Canadá como le aconsejaba el gobierno. Este hecho es muy famoso y si bien en las monarquías parlamentarias, “el rey reina pero no gobierna”, por lo menos debe ser un referente y ahí Jorge VI estuvo en su lugar.



Lo que habitualmente no se menciona cuando se habla de él es que era tartamudo. La tartamudez es un defecto del habla que a veces adquiere un matiz peyorativo y la persona que lo padece, el “tartaja”, es frecuentemente etiquetado de tonto o simple. Sólo tienes que repasar el acervo de chistes populares para saber que lo que digo es así, aunque bien es cierto que el humor a veces es cruel y se ceba, entre otras cosas, en todo lo que es minoritario o no es propio de nuestra cultura. Haz lo que te digo, piensa en los chistes que conoces y verás a lo que me refiero.

Actualmente, quizás para evitar ese matiz peyorativo que mencionaba, a la tartamudez se le prefiere llamar “disfemia” y se sabe que es un trastorno del ritmo del habla que no tiene que ver con trastornos de los órganos fonatorios, ni implica incapacidad lingüística, ni por supuesto problemas con la inteligencia.



En la cuarta edición del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM IV) se nos apuntan las siguientes características:

Criterios para el diagnóstico del F98.5 Tartamudeo (307.01)
A. Alteración de la fluidez y la organización temporal normales del habla (adecuadas para la edad del sujeto), caracterizada por ocurrencias frecuentes de uno o más de los siguientes fenómenos:

1. repeticiones de sonidos y sílabas
2. prolongaciones de sonidos
3. interjecciones
4. palabras fragmentadas (p. ej., pausas dentro de una palabra)
5. bloqueos audibles o silenciosos (pausas en el habla)
6. circunloquios (sustituciones de palabras para evitar palabras problemáticas)
7. palabras producidas con un exceso de tensión física
8. repeticiones de palabras monosilábicas (p. ej., "Yo-yo-yo le veo")

B. La alteración de la fluidez interfiere el rendimiento académico o laboral, o la comunicación social.

C. Si hay un déficit sensorial o motor del habla, las deficiencias del habla son superiores a las habitualmente asociadas a estos problemas.

Pero claro, implique alteraciones intelectuales o no, no está bien visto que un monarca tartamudee, da sensación de falta de confianza en sí mismo y le quita credibilidad a lo que dice. Algo totalmente inadecuado y menos para la época que le toco vivir a Jorge VI.



Parece ser que padecía una disfemia mixta, caracterizada por un bloqueo a la hora de iniciar el discurso y por espasmos que ocasionan la repetición de sílabas al inicio o en el medio de la frase.

Aunque en la película se apunta un trauma infantil, en parte ocasionado por las estrictas costumbres de la familia real, como causa del trastorno, en realidad los orígenes de la disfemia son poco claros. Se habla de la importancia del factor hereditario, que quizás interaccione con el temprano proceso de aprendizaje.

También puede extrañar la mayoritaria prevalencia masculina en este trastorno. Tres de cada cuatro afectados son varones, aspecto este que es bastante común en los trastornos del lenguaje. Quizás se deba a que las mujeres tienen distribuidas las funciones del lenguaje en los dos hemisferios cerebrales, pero lo cierto es que padecen muchos menos problemas de lenguaje.

Se habla también de problemas de índole psicológico, aunque nuevamente no existe unanimidad en ello, ni tampoco sobre la posible base subyacente de trastornos neurológicos.

Lo que sí parece demostrado es la relación con los trastornos de lateralidad. Los zurdos, sobre todo los contrariados como el caso de Jorge VI, presentan una mayor proporción de tartamudez.

Al mismo tiempo, en las situaciones estresantes y en las que se incrementa la ansiedad del sujeto se aumenta la intensidad de la disfemia.

Como medidas de prevención y tratamiento se habla de afianzar la confianza del niño siendo paciente con su ritmo verbal, no intentando corregirle ni adivinar lo que quiere decir, sino dejarle que lo haga tomándose su tiempo.

Por otra parte, técnicas como las que aparecen en la película, por ejemplo el ensombrecimiento de la propia voz, la relajación, el control de la respiración, el habla rítmica, el refuerzo positivo o la desensibilización sistemática, son absolutamente adecuadas para el tratamiento de la disfemia. Aunque quizás el principal mérito de su logopeda fue su sentido común, que le llevó a desaconsejar los métodos que le recomendaron los especialistas anteriores, como el "fumar para relajar la laringe". No es cierto que tal efecto se produzca y además probablemente contribuyó a agravar el cáncer de pulmón que en 1952 produjo el fallecimiento del monarca.



Resumiendo, la película dirigida por Tom Hooper tiene muchos méritos y a mi juicio es altamente recomendable. Primero cuenta con un magnífico elenco de actores. Encabezados por Colin Firth y su genial interpretación de Jorge VI, pero sin desmerecer a los demás no quiero dejar de mencionar a Geoffrey Rush (el inolvidable Barbossa) dando vida al terapeuta Lionel Logue. A Michael Gambon (el entrañable Maigret) interpretando a Jorge V. Y a Derek Jacobi (Claudio “el tartamudo”) interpretando a Cosmo Lang, el arzobispo de Canterbury.

También la ambientación y puesta en escena de la película me pareció excelente. Dibuja perfectamente el encorsetado día a día de la monarquía británica de principios del siglo pasado, imagino que similar al resto de las monarquías europeas.



Pero a mi juicio lo principal es el retrato que se hace de la tartamudez, explicando su origen y los perjuicios a los que se ven sometidos los que la padecen, el tratamiento necesariamente dispensado y recibido con perseverancia y paciencia, requisitos indispensables para superar la frustración del disfémico y, no lo olvidemos, de su terapeuta.

Y si de verdad quieres disfrutar "oyendo" la película, te recomiendo verla en inglés aunque tengas que esforzarte un poco más leyendo los subtítulos.

Para más información sobre la disfemia te sugiero que leas el siguiente artículo.

Saludos,



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martes, 25 de enero de 2011

World Builder - El constructor de mundos

Recientemente estábamos discutiendo en otro de mis blogs sobre los mundos virtuales y la visión que en el cine se ha dado de ellos. Si me permitís, os recomiendo que le echéis un vistazo al tema pulsando este enlace. Creo que os será interesante pues los entornos virtuales permiten desarrollos psicológicos interesantes, así que en el fondo todo está relacionado.

El caso es que Cheque Falta, un personaje virtual que por cierto a mí me conoce como Rheim Runner, mi alter ego digital, me sugirió que viese un corto. Se llama “World Builder” (El constructor de mundos), es del año 2007 y su guión y dirección corren a cargo de Bruce Branit, quien se ha encargado de los efectos visuales de algunas películas como “El motorista fantasma” (The Ghost Rider) o algunos episodios de la serie “Perdidos” (Lost). Está interpretado por Brian Paulette (el constructor) y Erin McGrane (la mujer).

Ellos son los encargados de hacernos vivir en poco más de nueve minutos una emotiva historia de amor.

Quien conozca el mundo virtual de Second Life y haya intentado construir algo en él seguro que envidia la técnica y la facilidad con las que “el constructor” se desenvuelve en esta película, pero al mismo tiempo sé que estas escenas les serán terriblemente familiares. Eso fue lo primero que me llamó la atención de esta historia, pero evidentemente no es de eso de lo que quiero hablar aquí. Es de otra cosa pero ahora, antes de seguir leyendo, te invito a que veas la película.


Bueno, ya sé que a estas alturas has visto mucho cine y que la pulsera y el camisón de la chica te hacían temer lo peor, pero de todas maneras no quería estropear la "sorpresa" final.

No soy dado a las historias melifluas, pero esta me ha emocionado. Más que nada porque apunta a una posibilidad que ya comentaba en el artículo que te mencioné antes sobre los mundos virtuales en el cine. Si entonces decía que estos “metaversos” podrían ser un arma, o por lo menos un consuelo terapéutico, para determinados pacientes, ahora estoy mucho más convencido de ello.

La tecnología que se emplea puede parecer de ciencia ficción, pero la verdad es que está ya a la vuelta de la esquina y para sacarle partido sólo se necesita un poco de imaginación y quizás también de valor. Estamos abriendo un nuevo camino, la Psicología Virtual está llamando a nuestra puerta ¿seremos capaces de abrir?.

Saludos,




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lunes, 8 de marzo de 2010

Olvídate de mí

El tema de la amnesia es algo que siempre da mucho juego en el cine. Eso de ver a un personaje que no reconoce personas, hechos o lugares que han sido importantes en su vida anterior nos llama mucho la atención y bien utilizado es un recurso que te sobrecoge o que te provoca hilaridad. Ambas cosas aseguran el éxito de una película.

Tal es el caso de “Olvídate de mí” (Eternal sunshine of the spotless mind (Eterno resplandor de una mente sin recuerdos) un nuevo aplauso para el traductor), una película que nos plantea una historia de amor en la que además se hacen guiños a la ética y la ciencia ficción.

En ella nos encontramos al histriónico Jim Carrey interpretando a Joel, un papel serio, y a la seria Kate Winslet haciendo de Clementine, un papel disparatado. Una dispar pareja que se enamora al instante pero que acaban un poco hartos el uno del otro al cabo del tiempo. Tanto es así que Clementine acude a una clínica en la que mediante un tratamiento borran todos sus recuerdos de Joel y así puede empezar una nueva vida sin él.


Cuando después del despiste inicial, Joel se entera de lo que pasa, él mismo decide someterse también al tratamiento y olvidarse de Clementine, para lo cual tiene que recopilar todos los objetos que le relacionan con la chica y hacer una lista de todos los sucesos vividos con ella. Mientras que examina ambas cosas se le hace un escáner y así consiguen un mapa físico de dónde se localiza en su cerebro cada uno de sus recuerdos. Así, teniéndolos ubicados, luego es muy rápido acceder a ellos para borrarlos.

Dicho proceso se realizará un día mientras que él duerma. Los operarios de la clínica se presentarán en su casa y mediante un “sofisticado” aparato le borrarán todos los recuerdos localizados sobre su novia.

Bueno, esa es la teoría, porque en la práctica las cosas se complican. Durante el proceso de borrado Joel está dormido, pero es consciente de lo que le están haciendo. Revive los recuerdos como en un sueño y mientras lo hace se da cuenta que no quiere olvidar a Clementine. Lucha por conservar su memoria en una emotiva aventura onírica con la chica, en la que intenta crear algún recuerdo nuevo, no catalogado, en el que refugiarse y así poder acordarse de su novia al despertar. Es algo así como cuando estás dormido y te das cuenta de que estas soñando, que tomas alguna decisión intentando no despertar o para acordarte de algo cuando lo hagas.


La aventura subconsciente de Joel es muy curiosa y está muy bien lograda. De hecho una de las cosas que más llama la atención de la película es el montaje de las imágenes, barajando lo que es presente, recuerdo, realidad, fantasía y sueño.

Es una de esas historias en las que nos van dando información de manera desordenada y que cuando consigues poner todas las piezas en su sitio, lo que parecía que iba en un sentido te das cuenta que en la realidad tiene otro totalmente opuesto.

Tal planteamiento hizo que “Olvídate de mí” recibiese un Oscar al mejor guión en 2004. Debe ser algo que les gusta bastante a los académicos de Hollywood, porque en 2006 le dieron también un Oscar a Crash por lo mismo y Memento estuvo nominada en el 2002 en esa categoría. Y conste que cito sólo éstas por hablar de películas anteriormente comentadas en este blog.

Por último hay dos aspectos sobre los que también podemos reflexionar. El primero es la utilización fraudulenta que podrían hacer de los recuerdos los especialistas encargados de borrarlos. Se supone que el proceso estaría sometido a un estricto código deontológico, al igual que el historial de un médico, o un psicólogo, que impediría tal tipo de utilización. Pero, de poder realizarse un proceso así, siempre nos queda la duda de lo que alguien podría hacer con algo tan intenso y personal como son nuestros propios recuerdos.



La otra cuestión se refiere a las consecuencias que tendría el olvido selectivo de recuerdos. Independientemente de que se pueda, ¿reportaría algún beneficio hacerlo?. Es cierto que hay cosas en nuestra vida que nos gustaría no haber hecho, o en su defecto poder olvidarlas, pero precisamente su recuerdo es lo que mejor nos preserva de su repetición, así que no parece que el olvido sea solución para nada, ni cuando se trate de experiencias muy dolorosas.

Nuestra personalidad está modulada por nuestros recuerdos, positivos y negativos, alegres y tristes. La solución no es olvidar una tristeza, sino asimilarla e intentar que esa tristeza sea sustituida por una alegría y no por otra tristeza.

En fin, si quieres ver otros acercamientos que ha hecho el cine a estos temas mira Abre los ojos, Proyecto Brainstorm, Paycheck, La Memoria de los Muertos, El mensajero del miedo o Desafío Total, por seguir citando sólo alguna de las películas que hemos comentado anteriormente.

Saludos,



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lunes, 30 de noviembre de 2009

Sólo te tengo a ti

Todas las películas se pueden estudiar desde una vertiente psicológica, pero la verdad es que pensé que ésta tendría poco que aportar al tema. Da la impresión de ser una comedia rosa sin trascendencia, adornada por un cierto aire intimista, típicamente francés.

Reconocerás conmigo que en ocasiones es muy útil ir al cine con bajas expectativas. Si se cumplen, ya te lo esperabas así que no has perdido nada. Pero si la película logra sorprenderte, así el impacto es mucho mayor.

Con “Sólo te tengo a tiLaetitia Colombani intenta sorprender… y lo consigue. Fue su primer largometraje como directora, anteriormente la habíamos podido ver como actriz y actualmente combina las dos facetas.

Nos plantea una almibarada historia en la que Angélique (Audrey Tautou), una joven estudiante está enamorada de Loïc (Samuel Le Bihan), un conocido cardiólogo que ya está casado y aunque eso no parece ser obstáculo para la decidida joven, pronto comprobamos que hay algo que no va bien. Pero el problema es que lo que no va bien no es lo que nosotros esperábamos.

Laetitia Colombani podrá ser novata, pero además es responsable del guión y conoce muy bien el manejo del lenguaje cinematográfico. A mitad de la película nos demuestra que formamos juicios demasiado apresuradamente y a menudo basándonos en hechos circunstanciales. Nos da una lección, que al final descubrimos no haber aprendido y nos hace caer en los mismos errores otra vez.

Ya. No te estás enterando de nada. Eso pretendo, porque sería una lástima contarte el argumento, es mejor que lo veas tú si no lo has hecho aún y ya me dirás si tengo razón.



Sólo puedo decir que la película nos retrata un claro caso de “erotomanía”, una patología conocida también como Síndrome de Clerembault, por ser prácticamente el que la dio a conocer en 1921, aunque otros autores ya habían descrito casos anteriormente, como Jacques Ferrand que hablaba de “melancolía erótica” en 1610, o Esquirol que mencionaba la “locura del amor casto” en 1838.

Anteriormente tendía a confundirse con una variante de la ninfomanía femenina, aunque sin la típica connotación sexual que la caracteriza. Si se daba en hombres se denominaba satiriasis, conceptos que actualmente se engloban en el de hipersexualidad y que comunmente se entienden como adicción al sexo.

Pero la erotomanía tiene poco de sexual. Según el DSM IV se trata de la creencia delirante de que alguien, normalmente de mayor estatus, está enamorado de la persona que la padece. El sujeto tergiversa o malinterpreta la realidad encontrando siempre argumentos que corroboran su creencia. Incluso puede llegar a tener alucinaciones al respecto y a lo largo de la historia se han dado casos de personas religiosas convencidas de tener los favores del amor divino. En este sentido tradicionalmente se pensaba en el celibato como un factor común de la erotomanía, aunque actualmente se sabe que el no tener pareja sexual, bien por convicción religiosa, timidez o la causa que sea, no siempre se da en los erotomaníacos.

Clerembault la describe en tres fases consecutivas: esperanza, despecho y rencor, cosa que podemos pensar que es lógica, pero que no es exactamente lo que ocurre en la película.

Lo que es cierto es que es un delirio muy persistente que puede complicar tremendamente la vida de ambas personas, el enfermo y su supuesto enamorado.

En el cine podemos ver distintos acercamientos al tema, pero creo que ninguno tan certero como el que ha hecho Colombani.

Por ejemplo podríamos citar…


Hable con ella




Misery




Atracción Fatal




Acoso




Obsesionada




Anna M.



¿Qué te parecen?, ¿crees que se podrían encuadrar dentro de lo que es erotomanía?...

Bueno, ya sabes que tienes la posibilidad de insertar los comentarios que creas, pero me parece que por hoy ya está bien de amor no correspondido ¿no?.

Saludos,



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