AVISO IMPORTANTE

AVISO: Las informaciones contenidas en este blog pueden desentrañar importantes aspectos del argumento, incluso del final de la película en cuestión.
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jueves, 1 de octubre de 2009

Spider

Cronenberg es un director… inquietante. Y quizás el calificativo sea demasiado suave. Yo siempre me he preguntado qué debe pasar por la mente de una persona que expresa una obra así. Lo intuyo, pero no me atrevo a afirmarlo y menos en público.

En cierto modo me recuerda a Giger, el dibujante, quizás mas conocido su contribución a la criatura de “Alien” y los decorados de la película. Bueno, es sólo una apreciación personal.

Spider es una película introspectiva. El argumento dice que trata de la historia de un paciente esquizofrénico. Según empiezas a verla lo dudas, hay algo que no cuadra en la sintomatología. Hasta que descubres que no es una descripción “desde afuera” de lo que le pasa al protagonista. La historia está narrada desde dentro y lo que estamos viendo es fruto de su imaginación. Está viviendo una alucinación y nos la está contando.



Ya en los créditos podemos percibir que vamos a ver una obra intimista y elaborada. Tanto la música de Howard Shore como la secuencia en la que aparecen imágenes semejantes a las figuras del Test de Rorschach, nos predisponen emocionalmente para la historia que sigue.

La estupenda interpretación de Ralph Fiennes, junto con la cuidada dirección de Cronenberg, te hacen meterte en el personaje, vivir su experiencia y tardas en darte cuenta de que todo lo que ocurre, desde que se baja del tren, hasta que lo recogen en un coche para volver a llevarlo al manicomio, es fruto de su imaginación. Es la alucinación confusa en la que él recuerda las cosas como piensa que sucedieron. Por eso se ve a sí mismo como testigo de las secuencias claves que evidentemente él no vio en realidad.



Entrevista de Eduard Punset con David Cronenberg en el programa Redes.

Quizás en una raíz edípica, Cronenberg es admirador de Freud, transforma a su amorosa madre en una prostituta cuando percibe que también tiene actividad sexual con su padre. Esa prostituta, descarada, lasciva y un tanto tiránica, amenaza su existencia y piensa que le persigue, transformándose incluso en la cuidadora de la residencia en la que vive. Tambien es digna de admiración la interpretación de Miranda Richardson en los tres papeles.

En cierto modo Sipder me recuerda a Memento. Allí Christopher Nolan nos hacía vivir la experiencia existencial de un amnésico. Aquí, con el universo agobiante, desestructurado y amenazador que dibuja, Cronenberg nos muestra desde dentro cómo siente un esquizofrénico y como piensa su mente, desorganizada y compartimentada, al igual que su bloc de notas.



Sabemos que la esquizofrenia es una patología importante y complicada, pero que los pacientes actuales pueden llevar una calidad de vida bastante mejor que que lo que aquí se nos presenta. Siempre necesitarán un tratamiento, pero en muchos casos pueden llevar lo que comúnmente calificamos como “vida normal”. Pero ya os he dicho que Cronenberg es un director inquietante y esa no podría ser la historia que nos contase.

Saludos,



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lunes, 9 de febrero de 2009

Chuecatown (la homosexualidad y el hipotálamo)

En Internet una cosa te lleva a la otra y a veces acabas en sitios que no esperabas. Algo parecido me pasó el otro día cuando estaba buscando materiales para ilustrar el comentario de la película XXY. Encontré unos interesantes fragmentos del programa Redes que hablaban sobre el cerebro y la diferenciación sexual. Pensé entonces que serían un interesante complemento para alguna película que hablase sobre la homosexualidad, pero ¿cuál elegir?.

La mayoría de las que se me ocurrían o eran muy dramáticas (Brokeback Mountain) o muy histriónicas (Las aventuras de Priscilla, reina del desierto) o hablaban más del SIDA (Philadelphia, Los testigos o incluso Gia). Vaya, me temo que las películas que he visto sobre el tema son un tanto melodramáticas, tendré que actualizar mi filmografía.

Al final me acordé de Chuecatown, una divertida comedia española que podría emplear para hablar de la homosexualidad de una manera más desenfadada.

La historia de la película se centra en el madrileño barrio de Chueca, una castiza zona en la que ahora hay una notable presencia gay, algo que en cierta forma ha cambiado la fisonomía y las costumbres del lugar.

Un promotor inmobiliario está empeñado en transformar la zona en un sitio de lujo para homosexuales. Para ello quiere comprar y reformar las viviendas que ocupan una serie de ancianas. Cuando alguna se resiste simplemente la asesina.

Una de las asesinadas ha dejado la casa en herencia a un gay, ello comienza a ocasionar una serie de problemas en los que se ven envueltos el joven, su novio, su madre, una inspectora de policía (que por cierto nos podría servir para hacer otro estudio por la gran cantidad de fobias que padece), el hijo de ésta y el promotor inmobiliario.

Este entramado nos ofrece una sucesión de escenas divertidas e intrascendentes que nos hacen pasar un rato agradable, además como podréis ver en la ficha de la película, el reparto es bastante bueno, así que ahí lo dejo por si os interesa verla.




Pero ahora bien, la pregunta es ¿qué hace que una persona sea homosexual?. Es decir, la mayoría de los hombres se sienten atraídos por mujeres y viceversa, entonces ¿cuál es la razón de que un hombre o una mujer prefieran a las personas de su mismo sexo?, ¿es algo puramente social o intervienen factores biológicos?. La psicóloga Melissa Hines piensa que la causa tiene su origen en un proceso hormonal que ocurre antes del nacimiento, cosa que no solo sucede en humanos.




Y de resultas de esos procesos, los cerebros masculinos y femeninos quedarían conformados con unas características distintas. Generalmente hablando, los hombres obtienen mejores resultados que las mujeres en algunas tareas, mientras que en otras son las mujeres las que aventajan a los hombres. La cuestión es que investigadores como el profesor Qazi Rahman han demostrado que los hombres gays tienen mayor similitud en sus cerebros con las mujeres y las mujeres lesbianas mayores similitudes con los hombres.




¡Que curioso esto de los hermanos mayores y la teoría de la inmunidad maternal! ¿verdad?.

Así que en definitiva hombres y mujeres tenemos diferencias en algunas zonas de nuestro cerebro, como el hipotálamo, lo que hace que el cerebro masculino sea distinto del femenino y que el de los gays sea más parecido al femenino, mientras que el de las lesbianas se parece más al masculino.




En estas variaciones pueden haber distintas intensidades, al igual que también las hay en la orientación sexual. Los homosexuales son personas que se sienten atraídas por otras de su mismo sexo. Los transexuales son personas que sienten que viven en un cuerpo con el sexo equivocado. Se hayan operado quirurgicamente o no, se sienten del sexo contrario. Son matices que a veces pasamos por alto pero que están ahí, como Beatriz, una transexual y el profesor Swaab nos explican en el siguiente reportaje.




Por último, aunque ya os lo puse cuando comentaba XXY, os vuelvo a añadir otro segmento de la entrevista con el profesor Swaab. Prestad especial atención a la historia de Bruce Reimer, un niño canadiense que siendo bebé perdió su pene por un error médico mientras le practicaban la circuncisión. El consejo médico a los padres fue que lo educasen como a una niña. Como era un bebé, si desde el principio se socializaba en femenino no tendría ningún problema.




Evidentemente el doctor John Money se equivocaba y la vida de ese niño educado en contra de sus genes y su cerebro fue un completo desastre. Si quieres leer la historia entera pulsa en este enlace, merece la pena.

Bien, como todo lo que tiene que ver con la mente humana, estamos ante fenómenos muy complejos y multicausales. En pocas ocasiones podemos presumir de conocer la verdad absoluta sobre algo. Sobre la orientación sexual se ha escrito mucho y se seguirá escribiendo, pero nos equivocaremos siempre que busquemos una explicación única y simple.

Las personas somos hombres y mujeres. A los hombres nos gustan las mujeres y a las mujeres los hombres, pero hay hombres que en mayor o menor grado se sienten atraídos por otros hombres y mujeres que en mayor o menor grado también se sienten atraídas por otras mujeres. Hay hombres que se sienten mujeres dentro de un cuerpo masculino y mujeres que se sienten hombres dentro de un cuerpo femenino. ¿Creéis que todo esto se puede explicar sólo por una causa, sea la genética, la endocrinología, la sociología o la educación?. Yo tampoco.


Si quieres que te avisen cuando pongan Chuecatown en televisión pulsa este enlace, si tienes más prisa pulsa este otro.

Saludos,


jueves, 5 de febrero de 2009

XXY (¿niño o niña?)

XXY nos narra la historia de Alex, una adolescente de quince años un tanto conflictiva, pero es que además de los problemas propios de las chicas de su edad Alex tiene una alteración genética que hace que su identidad sexual no esté clara. Eso ha hecho de ella una chica extraña. Continuas revisiones médicas, tratamientos, el temor de sus padres que no saben qué camino tienen que seguir… han hecho que su infancia sea difícil. Ahora está en la edad en la que todos definen su identidad, su manera de ser, su personalidad… Una edad en la que tiene que dejar claro su espacio a costa del de los demás. Pero si este proceso es difícil para todos, para ella lo es mucho más, muchísimo más. Tiene más cosas que definir. Y si todos los padres asisten un tanto perplejos a los cambios que se desarrollan en sus hijos, los padres de Alex están mucho más despistados. Tienen muchas decisiones que tomar y ninguna opción buena para elegir.

La muchacha tiene apariencia femenina, pero para poder desarrollarse como mujer tiene que seguir un tratamiento. Su aparato genital correspondería al de un pseudo-hermafrodita o intersexual, con presencia de pene y vagina, lo que no implica que sea hermafrodita auténtica, ya que esta característica no se da en humanos.


Siendo una chica muy inteligente, es totalmente consciente de su particularidad y si a todos los adolescentes les cuesta encontrar su sitio, a ella mucho más. Eso la ha hecho retraída y bastante arisca. No se lleva bien con la gente, sobre todo teniendo en cuenta que si los demás supiesen cómo es, la mirarían como a un monstruo.

No quiere ser objeto de curiosidad ni fuente de lástima, pero al mismo tiempo necesita relacionarse con los demás, pues hay experiencias que quiere vivir y el sexo es una de ellas.



Con esta tesitura se nos plantea la trama, su resolución la dejo pendiente para que podáis ver la película con el interés que se merece. Lo que sí quiero es aprovechar lo que ya sabemos para comentar algunas cosas de la historia.

Lo primero es sobre el polimorfismo sexual que está implícito en la protagonista.

Por una parte el título de la película nos hace suponer que Alex padece una alteración genética, el llamado síndrome de Klinefelter que se produce cuando el sujeto posee una secuencia cromosómica del tipo XXY en lugar de las normales XX, que caracterizan a las mujeres o XY que es propia de los hombres.

Pero al contrario de lo que vemos en pantalla, los sujetos XXY son hombres, por lo general de gran tamaño, coeficiente intelectual bajo, testículos pequeños y con presencia de algunos caracteres femeninos, como el pecho desarrollado. El aspecto en su nacimiento es masculino normal y todos estos problemas se empiezan a presentar en la pubertad.

Esto no parece concordar con lo que se nos cuenta de la protagonista, una chica inteligente con un aparato genito-urinario que presenta características masculinas y femeninas.

Más parecería deberse a una alteración hormonal, concretamente el llamado síndrome adrenogenital o hiperplasia suprarrenal congénita. Imaginemos el feto de una futura niña. En la cadena de procesos que llevan a la diferenciación sexual, se produciría un fallo en la glándula adrenal que ocasionaría la excesiva liberación de andrógenos, lo que originaría la masculinización del aparato genital con el aumento exagerado del clítoris para formar un pene falso. El sujeto sería genéticamente femenino, XX, con un aparato genital con cierta apariencia masculina, con un pene preponderante sobre la vagina, pero con ovarios y hormonas femeninas. Lo que se llama comúnmente un pseudo-hermafrodita. Un hermafrodita auténtico sería capaz de producir óvulos y espermatozoides indistintamente, cosa que como hemos dicho no ocurre en humanos.

Normalmente pensamos que el sexo tiene dos categorías, hombre y mujer, pero si tenemos en cuenta que en la diferenciación sexual intervienen procesos a nivel genético, hormonal y neurológico y que en estos procesos puede haber infinidad de combinaciones, la variedad sexual con la que nos podemos encontrar es también prácticamente infinita.

Es cierto que en la mayoría de los casos, estos procesos ocurren de la manera esperada y nuestros hijos al final son niños o niñas sin la menor duda. Pero de vez en cuando ocurre alguna de estas infinitas posibilidades, de probabilidad baja pero no nula, y nos vemos sorprendidos con casos que con mayor o menor intensidad se asemejarían a al de Alex.

El qué hacer en estos casos es complicado. En ocasiones nos podremos encontrar con niños ligeramente feminizados o niñas ligeramente masculinizadas y en estos casos la decisión es fácil pues el sexo es claro. Tratamiento farmacológico o cirugía correctora según la situación pueden ser las opciones más adecuadas.

Pero hay casos en los que la decisión es mucho más complicada. No se sabe cuál será el sexo preponderante ni las preferencias que tendrá el sujeto en el futuro. Podemos ver cómo evoluciona y aplazar la decisión, pero el tiempo juega en contra y cuando llega la pubertad deberíamos tener las cosas claras.

La cirugía es una opción drástica, pero la educación también. Podemos cortar lo que sobra y educar al sujeto para que viva de una determinada manera. Pero las probabilidades de equivocarnos son lo suficientemente altas como para que la decisión nunca sea fácil.

Hay quien dice que la identidad sexual es puramente social, que uno es cómo se educa. Si fuese cierto sería muy fácil, con rodear al sujeto del ambiente socioeducativo adecuado habríamos solucionado el problema. Pero no es así. La identidad sexual ha de tener una consonancia fisiológica y psicológica. Con la educación lo que podemos hacer es ayudar a que las dos concuerden, pero no deberíamos poner una en contra de la otra. Mira lo que dicen en el siguiente documental de Redes.


Sería algo similar a lo que ocurre cuando hablamos de sexo y género, que no son conceptos sinónimos, pues es sexo se refiere a unas características fisiológicas, mientras que el género se refiere a unas características sociológicas, al papel o rol, masculino o femenino, que una persona desempeña. Lo normal es que sexo y género sean concordantes, pero podría ocurrir que no, sobre todo si la asignación de uno u otro se hace de manera “artificial” como en los casos que estamos estudiando.

La otra cosa que quería comentar es la adolescencia que le espera a Alex, y a sus padres. Si este periodo es complicado de por sí para cualquier chico o chica, en este caso las complicaciones se multiplican considerablemente. Cuando llega la pubertad se producen una serie de cambios hormonales que hace que el cuerpo de los niños evolucione al de adultos, con las consecuentes trasformaciones de los caracteres sexuales primarios y secundarios. En esta época se produce la primera eyaculación en los niños y la primera menstruación en las niñas. Se inicia el descubrimiento y la exploración de la propia sexualidad, junto con los primeros escarceos amorosos.

Creo que todos recordamos esa época con cierta nostalgia, cuando nuestro cuerpo y nuestra mente se abría a un universo de sensaciones y emociones nuevas.

Pero Alex y sobre todo sus padres, están aterrados ante la perspectiva que les espera. Más teniendo en cuenta que a estos cambios fisiológicos se asocian una serie de cambios psicológicos que son los que constituyen la adolescencia. Si durante la pubertad se forma el cuerpo de adulto, ahora se forma la personalidad del adulto. Al igual que cuando hablábamos de sexo y género, estos dos conceptos están asociados aunque no duran lo mismo ni concluyen al mismo tiempo.

La adolescencia es una fase que puede llegar a ser conflictiva. Hay quien dice que es ese periodo en el que nuestro querido hijo se transforma en una especie de “alien” que pasa de ser alguien que te idolatra a alguien que te lleva la contraria por sistema. En el fondo es simple, como decía antes tienen que definir su espacio a costa del tuyo, así que el conflicto está asegurado.

Si estos cambios son normalmente problemáticos, imaginémoslos en un caso en el que la identidad sexual no está definida. Probablemente todo sería más sencillo si no tuviésemos vergüenza del “qué dirán” los demás, es decir si el suceso fuese aceptado con normalidad por todo el mundo y no tuviésemos miedo de que nuestro hijo fuese foco de la morbosa curiosidad de los que le rodean, que con su trato diferenciado contribuirían a que se socializase de manera distinta.

Encuentro que este aspecto está muy bien reflejado en la película, por una parte los padres aceptan a Alex como es y ella misma también lo hace, pero al mismo tiempo saben que eso es imposible pues el resto de la sociedad no lo hará y tarde o temprano tendrán que tomar una decisión.

¿Cuál?.

Si quieres saber si emitirán XXY por televisión pulsa este enlace, pero si no quieres esperar igual la puedes encontrar en MEGAVIDEO.

Saludos,




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jueves, 22 de enero de 2009

El mensajero del miedo (detergente cerebral, busque, compare y si encuentra algo mejor... ¡cómprelo!)

Somos personas porque tenemos capacidad de razonar y además gozamos de libre albedrío, por lo menos eso sería lo ideal. Así, en situación de libertad, podremos hacer lo que se nos antoje siempre y cuando nuestras capacidades y nuestra moral nos lo permita.

En ocasiones nuestra libertad está restringida y nos vemos obligados a hacer lo que otras personas desean. Esto nos crea un malestar, una disonancia, porque a nosotros no nos gusta que nos impongan voluntades ajenas. Queremos ver, leer, hacer, comprar, vestir, aparentar, estudiar... lo que nos apetece y si lo conseguimos somos felices.

Pero... ¿funcionaría la sociedad si de verdad pudiésemos hacer lo que queremos?. Claro que no, pero entendedme, no me refiero a la anarquía carente de leyes. Me refiero a una situación justa, en la que pudiésemos hacer lo que deseamos sin perjudicar a los demás. La respuesta volvería a ser NO. La sociedad necesita que todos nos movamos por unos determinados cauces. El truco para conseguirlo y que sigamos siendo felices, es que nosotros estemos convencidos de que nos movemos así sin que nadie nos obligue, que lo hacemos por propia voluntad, sin manipulaciones externas. Así tendremos sensación de autonomía y estaremos contentos. Haremos lo que otras personas han planeado, pero como no nos enteramos seremos felices.

A mi juicio la sociedad tiene tres grandes herramientas para mover las masas. Por orden de antigüedad me refiero a: la religión, la política y la publicidad. En las tres nos encontramos con variedades agresivas y con variedades sutiles, pero en definitiva consiguen que queramos ver, leer, hacer, comprar, vestir, aparentar, estudiar... lo que a otros les apetece. Así gana la mayoría y el individuo también está contento. Todos bien. Situación idílica de felicidad asegurada y compartida. ¿Se nota que aún me dura el efecto de las navidades?.

Todas estas manipulaciones las consideramos normales y en general las aceptamos. Nos dejamos llevar. Intentamos explicar a nuestros hijos que no todo lo que dicen los anuncios es cierto, ni lo que prometen los candidatos, ni lo que piden los curas. Con eso y con cosas parecidas nos damos por satisfechos y nuestra rebeldía contra el sistema está a salvo. "Yo no me dejo convencer tan fácilmente".

Pero eso sí, nos escandalizamos cuando nos hablan de sectas que captan adolescentes separándolos de sus familias, de iluminados, políticos o religiosos, que les convencen para que se sacrifiquen por una causa, la que a ellos les interesa. Y desde los kamikazes hasta los terroristas suicidas (perdón por este enlace, pero es que me parece que me estaba poniendo muy serio) puedes escoger el ejemplo que más te guste.

¿Pero cómo es posible que les convenzan para hacer algo así?. Alguien dirá "les lavan el cerebro". Pues parece ciencia ficción pero es verdad. En el fondo las ligeras manipulaciones a las que nos someten los medios de comunicación al servicio de los susodichos intereses políticos, religiosos o publicitarios, son también lavados de cerebro, así que no nos escandalicemos. Si recuerdas la película "1984", basada en la novela homónima de George Orwell, sabrás a lo que me refiero, aunque en este caso las manipulaciones no eran tan ligeras y ocurrían en una sociedad totalitaria.


Lo que pasa es que la expresión "lavado de cerebro", así de repente parece muy fuerte. Lo asociamos con tortura y esa podría ser la idea original. Una tortura que anula la voluntad y creencias del individuo para conseguir que asuma la de sus torturadores. Se acuñó en Estados Unidos, después de la Guerra de Corea, cuando se vio que algunos soldados que habían sido hechos prisioneros durante el conflicto, a su regreso hablaban maravillas del comunismo en lugar de echar pestes de él. El proceso no se debía a lo que ahora llamaríamos Síndrome de Estocolmo, sino a un adoctrinamiento que combinaba procedimientos psicológicos y psiquiátricos, junto con el empleo de fármacos y técnicas de aislamiento, privación de sueño y alimentos. Como decía antes, toda una tortura destinada a anular la voluntad y las creencias del individuo para implantarle otras nuevas.

En "El mensajero del miedo", la película de 1962 de John Frankenheimer, se nos relata todo esto. Es un interesante thriller, protagonizado por Frank Sinatra y Laurence Harvey, en el que se nos describe de una manera efectista el proceso al que fueron sometidos los prisioneros y el perverso fin que se pretende alcanzar.

Una de las escenas más impactantes quizás es cuando los científicos, supuestamente chinos, les demuestran a sus colegas, supuestamente rusos, los resultados conseguidos.


En 2004 se hizo un remake de El mensajero del miedo. Dirigido por Jonathan Demme y protagonizado por Denzel Washington y Liev Schreiber, es un film que mantiene la trama original aunque con ligeros cambios. La historia adquiere mayor ritmo y está más adaptada al gusto actual. Y aunque la acción bélica transcurre en los días previos a la Guerra del Golfo, los malos no son los iraquíes, sino los miembros de una corporación financiera que a toda costa quiere colocar a su candidato en la presidencia, aunque no sé cómo pretendían hacer pasar a alguien tan robotizado.

Destaca aquí el malvado papel que interpreta Meryl Streep, mucho más intrigante que el equivalente que hizo la perspicaz Angela Lansbury en 1962.


Si os fijáis, estos procedimientos recuerdan a las técnicas de modificación de conducta que empleamos con notable éxito los psicólogos. Constituyen un excelente recurso en procesos de terapia y también de enseñanza, lo que no obsta para de vez en cuando los veamos empleados malintencionadamente por lo impactantes que pueden llegar a ser. Acordaros del "tratamiento Ludovico" que mencionamos al hablar de "La Naranja Mecánica". Esos ejemplos quedan en la memoria del grán público de manera mucho más intensa que cualquier otro ejemplo normal de terapia que podamos citar. Somos así, nos quedamos con lo que más impresiona y lo normal no suele ser impactante.

Pero el caso es que los ejemplos de lavado de cerebro pueden ser mucho más habituales de lo que llegamos a pensar. Que nos encontramos con ellos constantemente. Vivir en una democracia no nos libra de ellos. Aunque suelen ser ejemplos más sutiles, "asumibles" y no les damos mayor importancia. Los aceptamos porque en el fondo es más cómodo vivir con ellos que rechazarlos. "La moda no incomoda" decía mi peluquero cuando yo llevaba el pelo largo.

Y si los ejemplos cinematográficos que hemos visto hasta ahora no te han hecho recapacitar suficiente, échale un vistazo al reportaje que se emitió en abril de 2006 en Redes. Se titulaba ¿Cómo podemos defendernos del lavado de cerebro?.


Si te interesa puedes verlo entero en este enlace.

Por cierto ¿qué opinas de que se cite aquí la educación como una forma de lavado de cerebro?. Si la enseñanza constituye un lavado de cerebro no será educación, pues ésta es la única que nos puede ayudar a defendernos de tamaña agresión.

Esto es todo. Si quieres que te avisen cuando emitan "El mensajero del miedo" por televisión pulsa aquí para la versión de 1962 y aquí para la de 2004.

Saludos.



viernes, 16 de enero de 2009

Emociones de ciencia ficción (programando humana-mente)

Cuando leí la sinopsis me llamó la atención: "Cuatro vidas está basada en un antiguo proverbio chino según el cual la vida se puede reducir a cuatro emociones: placer, felicidad, dolor y amor". Bueno, el placer y el dolor en todo caso son sentimientos o sensaciones, pero quizás esta pudiese ser una buena película para hablar de las emociones. Tenía esa esperanza, pero ya el trailer me hizo sospechar que no iba a ser así.



Se trata de una película muy interesante y entretenida, que cuenta cuatro historias que se entrelazan y lo hacen bien, lo que no es fácil de conseguir, así que hay que reconocer el mérito de los guionistas.


Vemos que los personajes experimentan sorpresa, miedo, ira, tristeza y alegría. Sólo les falta el asco, por lo menos yo no me percaté, para tener el paquete completo de emociones de serie con el que nacemos.

Y es que las emociones son eso, unos mecanismos psicológicos de respuesta que nos permiten reaccionar de manera rápida, aunque no demasiado precisa, ante las variaciones del ambiente. Todos sabemos lo que son porque las hemos experimentado, pero a veces nos cuesta encontrar palabras para definirlas.

Estamos tan acostumbrados a vivirlas que a veces nos pasan desapercibidas y no nos damos cuenta de que las tenemos o las están teniendo los demás y eso que nuestros logros personales y sociales mejoran enormemente cuando somos capaces de interpretar nuestras emociones y las de los que nos rodean pudiendo reaccionar adecuadamente ante ellas. Es lo que se conoce como inteligencia emocional.

Entonces cualquier película podría servirnos para hablar de emociones porque todos sus personajes las tienen, pero permitidme que haga el planteamiento al revés y hable de los personajes que no tienen emociones o por lo menos que no esperamos que las tengan. Voy a hablar de robots. Ya sabéis que me interesa la ciencia ficción, pero la creación de máquinas que aprendan por si mismas y puedan desarrollar emociones, es algo que cada vez se acerca más de la fantasía a la realidad. Acordaros que el cognitivismo utilizó un modelo cibernético para explicar el funcionamiento del cerebro y ahora son los informáticos los que estudian el cerebro para diseñar ordenadores más capaces y flexibles.

Mirad la entrevista que le hizo Eduard Punset a Lola Cañamero.



Ahí tenemos dos robotitos que interactúan en un entorno que simula la realidad, en donde hay comida, agua y refugio. El robot blanco tarde o temprano tendrá que salir del entorno seguro homeostáticamente motivado por el hambre o la sed y podrá ser atacado en ese momento por el depredador. Si no se le programa la emoción “miedo” su supervivencia está en peligro.

Que curioso ¿verdad?, de las emociones básicas que comentábamos antes, aquellas que tenemos al nacer, una es positiva (la alegría), otra es neutra (la sorpresa) y las demás (miedo, tristeza, asco e ira) son negativas. Todas las necesitamos para la supervivencia, pero tal parece que nacemos más predispuestos para hacer frente a los eventos negativos, o que los eventos negativos son más peligrosos para nuestra subsistencia y por eso les prestamos más atención. Pero esto es sólo una apariencia, ya que la sensación reconfortante que nos produce la alegría es la más beneficiosa y absolutamente necesaria para la salud de nuestra mente.

El caso es que no podríamos vivir sin emociones, ni nosotros, ni los animales, ni los robots que creásemos, aunque de ésto parece que se tardaron un poco en dar cuenta los cineastas. Por ejemplo Data, el peuliar androide de la serie Star Trek: La Nueva Generación, no entendía demasiado de emociones, no las experimentaba y dificilmente comprendía las reacciones de sus compañeros humanos.



De hecho Data era el equivalente del personaje del mítico señor Spock que aparecía en la serie original. El vulcaniano carente de emociones que sólo empleaba la lógica. Bueno, la verdad es que ambos tenían una cosa en común, manifestaban una única emoción, la sorpresa. Los dos se sorprendían constantemente de las reacciones de los humanos.

Parece que la ciencia ficción cinematográfica desconfía de que se puedan crear robots con emociones. Acordaros del test respuesta emocional de Voight-Kampff que empleaban en la película Blade Runner para detectar a los replicantes.



En cambio los escritores sí habían predicho mucho antes la aparición de robots con emociones. Isaac Asimov definió y dotó a sus robots de un cerebro positrónico, que no sólo les dotaba de inteligencia artificial sino de la capacidad de experimentar emociones.

Andrew, de "El hombre bicentenario" lo tiene.



Y Sunny, de "Yo robot" también.



Y en Battlestar Galactica vamos un paso más allá y los cylon ya no son robots propiamente dichos. Las últimas "versiones" son entidades biológicas, artificiales eso sí, indistinguibles de los humanos, que sienten y padecen como nosotros, teniendo una tremenda curiosidad por saber qué nos diferencia a unos de otros. Pulsad este enlace para ver el diálogo entre un delegado de Las Doce Colonias y la cylon último modelo Número Seis, Cáprica para los amigos:

- ¿Estás vivo?.
- Sí.
- Demuéstralo.


De hecho los cylon no aprecian la diferencia entre estar vivo como un humano o como ellos. Tanto es así que algunos piensan que son humanos. Además tienen creencias místicas y buscan sus dioses, no sus creadores que esos fueron los humanos y son tan imprfectos que deciden eliminarlos. Volvemos otra vez a la rebelión de las máquinas, pero eso es otra historia (y no me refiero a Terminator 3).

Mucho más amable es Wall·E. No sé si el robotito tiene un cerebro positrónico o no, pero a base de estar sólo ha desarrollado características muy humanas, personalidad propia y tremenda curiosidad. Incluso se enamora de Eva, mucho más sofisticada y aparentemente dura, pero bajo su cáscara de huevo encierra también una tremenda ternura.

Los dos robots es evidente que experimentan emociones, entre otras cosas lo vemos por su expresión. Es digno de ver como los animadores han conseguido tanta expresividad jugando solo con los “ojos”, los foquitos de Wall·E y los puntos azules de Eva. Ya quisieran algunos actores poder expresar tanta emotividad.



Bueno, el caso es que como Rodney Brooks le dijo a Eduard Punset en el programa Redes, las emociones muy pronto dejarán de ser algo exclusivo de las personas y los animales. Nuestros ordenadores no sólo podrán aprender por sí mismos, también sentirán y se emocionarán y eso les hará más semejantes a nosotros, con todas las ventajas e inconvenientes que ello supone.



A veces nuestro ordenador se ralentiza y tarda una eternidad en hacer las cosas. Algunos manejan mejor los textos que las imágenes. Frecuentemente se infectan por virus. En ocasiones se bloquean e incluso se reinician sólos. Y cuando ocurre todo eso nos desesperamos porque podemos perder las horas de trabajo que hemos gastado sin saber por qué.

Que distinto sería si la máquina pudiese expresarse y hacernos saber su estado interno, si tuviese una cara que pudiésemos interpretar.

Hasta ahora y como hemos visto, las máquinas pueden expresar su estado interno por convencionalismos matemáticos, mediante listados de autocontrol. Pero para poder interactuar facilmente el ordenador, el robot, se tendrá que expresar emocionalmente, mediante los gestos que todos conocemos y podemos interpretar, tal y como hace el prototipo Kismet, un robot que manifiesta sus emociones.



Pero esto es sólo el primer paso. Cuando los robots, las máquinas o como les queramos llamar, sean capaces de aprender por sí mismos, de tener sentimientos, de manifestar e interpretar emociones...



... ¿en qué se diferenciarán de los seres vivos?, ¿en que no podrán reproducirse?, bueno, dales tiempo, eso será lo primero que harán. ¿En que no tendrán alma?... ehhhhh... cambiemos de tema. El caso es que memoria, pensamientos y conciencia sí que tendrán y con eso ya es suficiente.

¿Te da miedo esta perspectiva?. No te preocupes, si todo esto se cumple, siempre nos queda el consuelo de que tarde o temprano necesitarán un psicólogo.

Saludos.



lunes, 12 de enero de 2009

Cashback y Tres minutos (jugando con el tiempo)

En estas fechas siempre me pasa. Pienso "otro año". Cuando era niño de unas navidades a otras, de un verano a otro, de un cumpleaños a otro... mediaba una eternidad y ahora el tiempo se me pasa volando. Ya sé que no soy original y que eso nos pasa a todos los que tenemos "una edad", pero cuando pienso en ello no puedo dejar de sorprenderme.

Todos hemos experimentado lo rápido que pasa el tiempo cuando estamos haciendo algo divertido y lo lento que transcurre cuando nos estamos aburriendo. Pero de un año a otro hay muchas situaciones aburridas y divertidas, además recuerdo mi infancia como bastante entretenida. Entonces ¿por qué los años de antes parecen más largos que los de ahora?.

Evidentemente en nuestra percepción del tiempo influyen muchos factores, algunos desconocidos y otros que simplemente intuimos.

Meditando sobre todo esto recordé dos películas que había visto hace poco. La primera es "
Cashback", del británico Sean Ellis. Es la histora de Ben (Sean Biggerstaff) un joven estudiante de bellas artes que padece insomnio desde que le dejó su novia. Para llenar sus noches entra a trabajar en un supermercado nocturno y allí coincide con otros empleados que utilizan distintos recursos para hacer más llevadero el pesado horario de su turno.

A Ben también se la hace muy duro, sobre todo al principio. Como él mismo dice: "Llevaba dos semanas sin dormir. Pasaba de la imaginación a la realidad como si el mando a distancia de la vida estuviera en pausa."

Así acaba desarrollando su propia táctica para vencer el aburrimiento. Imagina que puede parar el tiempo.



Entonces él puede recorrer la realidad pausada y modificarla a su antojo para recrear la belleza que plasma en su dibujos. Ese es su secreto.

La otra película a la que me refería es la argentina "Tres minutos", de
Diego Lublinsky. En ella llegamos a una situación similar por un procedimiento totalmente distinto. El protagonista, Alex (Nicolás Pauls), es un periodista televisivo y tiene que acostumbrarse a decir muchas cosas en poco tiempo, por lo que empieza a ingerir una misteriosa sustancia que le acelera. Pero "pronto", instigado por Ana (Julieta Zylberberg) una joven estudiante de piano, se percata de que si ingiere más de la cuenta, se acelera tanto que es como si los demás quedasen congelados. Al final el efecto es el mismo que para Ben en Cashback, se detiene el tiempo.


Pero aquí el juego con el tiempo es más "relativista". Alex y Ana envejecen considerablemente mientras están acelerados, tanto es así que los demás no les reconocen cuando coinciden "al mismo tiempo". Sólo ellos comparten su realidad y viven una tierna historia de amor mientras los demás permanecen estáticos a su alrededor.

Todo esto es evidentemente una alegoría romántica sobre cómo viven el paso del tiempo dos enamorados, pero nos sirve para reflexionar sobre qué es el tiempo y cómo lo percibimos.

En realidad vivimos siempre en presente, podemos recordar el pasado e intentar prever el futuro, pero nada más. El que el tiempo sea una dimensión es algo que raya con la ciencia ficción. El espacio sí que lo es y nos podemos mover de un punto a otro en él. Pero no podemos movernos por el tiempo. Siempre estamos en presente. Decimos que la tierra tarda veinticuatro horas en dar una vuelta sobre sí misma y que una hora tiene sesenta minutos y a partír de ahí hemos creado toda una serie de unidades para medir lo que tardamos en hacer las cosas, pero poco más podemos hacer con el tiempo.

En fin, me estoy poniendo muy filosófico y lo que pretendo es tratar más de la percepción psicológica del tiempo. Mirad entonces lo que le dijo
David Eagleman a Eduard Punset en el programa Redes.


¿No es maravilloso nuestro cerebro?. No sólo es capaz de modificar la percepción del tiempo según las circunstancias sino que además es capaz de sincronizar los acontecimientos haciéndonos más llevaderas la leyes físicas. Que extraño sería ver hablar a alguien sin que su voz coincidiese con el movimiento de sus labios, en cambio eso ocurriría si nuestro cerebro no se encargase de realizar la correspondiente sincronización y eso, como hemos visto en el reportaje, sólo es un ejemplo.

Y es que si sólo percibiésemos el mundo tal y como es físicamente viviríamos una realidad muy cruda que nuestro cerebro se encarga de suavizar. Y lo hace engañándonos ligeramente, jugando con todos los estímulos que nos llegan a nuestros sentidos para priorizar los más relevantes.



Por un proceso semejante al que modula la percepción de los estímulos relevantes también se ve afectada la percepción temporal de los acontecimientos, ya que contamos con una serie de relojes internos que adelantan o atrasan según la importancia de los acontecimientos, así que esas circunstancias influyen en "nuestro tiempo". Es como aquello de que el proceso de medida influye en lo que estamos midiendo, pero al revés.


Y no sólo cambia nuestra percepción del tiempo, la memoria también nos hace trampas respecto a las cosas que recordamos. Los espacios y sucesos de nuestra niñez parecen que están medidos con otras unidades.

Que curioso también esto del efecto reminiscencia. Me hice la pregunta a mí mismo y el suceso de relevancia mundial que más me había impactado entre los que recordaba fue la caída del "
Muro de Berlín", que ocurrió cuando yo tenía bastantes más de veinte años... ¿será que yo no tengo el efectito ese?. ¿Lo tienes tú?.

Bueno, que a esto ya le hemos dedicado demasiado tiempo. No he encontrado referencias sobre "Tres minutos", pero si quieres que te avisen cuando emitan "Cashback" por televisión pulsa este
enlace y pulsa en el nombre para ver los programas de Redes.

Saludos.



sábado, 15 de noviembre de 2008

El Experimento (No es bueno que el hombre esté solo ¿o sí?)

Hasta ahora hemos hablado de muchos aspectos que influyen en la conducta humana, pero no habíamos tocado el propio hecho de relacionarse con otras personas. Somos seres sociales, necesitamos estar con los demás y aceptamos unas normas de convivencia que nos facilitan esa relación. Todos tenemos que ceder un poco en nuestras aspiraciones para no perjudicar las aspiraciones de los demás, pero este pequeño sacrificio tiene su recompensa. Abraham Maslow dijo que después de lo que facilita nuestra supervivencia y la seguridad, la afiliación, el estar con los demás, es lo que más nos motiva.

Pero estar con los demás contribuye en ocasiones a modificar nuestra conducta, a veces de manera sorprendente. Para tratar de estos aspectos relacionados con la dinámica de grupos pensé primero en comentaros "El Señor de las Moscas", pero después me decidí por la no menos interesante película alemana “El Experimento”, que nos servirá también para hablar de otros estudios sobre Psicología Social.





FICHA TÉCNICA


Título original: Das experiment

Año: 2001

Duración: 120 min.

País: Alemania.

Director: Oliver Hirschbiegel

Guión: Mario Giordano (Novela "Black Box"), Christoph Darnstädt, Don Bohlinger.

Música: Alexander van Bubenheim

Fotografía: Rainer Klausmann


Reparto:

Moritz Bleibtreu: (Tarek Fahd / prisionero 77) El complejo Baader Meinhof, El destino de Nunik, El elgido, Las partículas elementales, Munich.

Christian Berkel: (Steinhoff / prisionero 38) El otro, El hundimiento.

Justus von Dohnanyi: (Berus)

Andrea Sawatzki: (Doctora Jutta Grimm) El otro, El hundimiento.


Argumento:

Un grupo de veinte hombres, se presentan voluntarios para realizar un experimento sobre la conducta. Estarán en una cárcel simulada, a ocho les asignan el papel de guardia, los otros doce harán de reclusos. Se trata de ver cómo asume cada uno su papel.

La situación, que comienza como un juego, no tarda en degenerar, utilizando los guardias una violencia desproporcionada y escapando al control de los organizadores, que ven que la situación es más interesante cuanto más se complica, pero que no aciertan a ponerle fin a tiempo y cuando lo intentan ya es tarde.

Es muy interesante ver cómo las personas se transforman según el papel que asumen y conforme evoluciona la situación, asistiendo a un duelo de poder entre Tarek, el prisionero 77 y el guardia Berus, un pusilánime al que el mando le viene grande.



Comentarios:

Quizás podríamos pensar que ésta es una de las muchas películas carcelarias de acción que existen, pero en ella es muy interesante comprobar cómo los personajes van experimentando todo un abanico emocional, desde la alegría inical hasta la ira final, pasando por asco, sorpresa, miedo, tristeza y ansiedad, todo lo cual desemboca en tremendo estrés que desencadena la agresividad.

Pero lo más sorprendente de esta historia es que está basada en hechos reales. Bueno, en realidad está basada en la novela Black Box, de Mario Giordano, que a su vez se basa en el conocido Experimento de la Cárcel de Standford.

En 1971 Philip Zimbardo, profesor de la Universidad de Standford, realizó un sorprendente experimento. Quería comprobar cómo personas normales reaccionaban de manera diferente cuando se les sometía a un entorno controlado en el que debían adoptar papeles opuestos.

De veinticuatro estudiantes voluntarios, se asignó al azar a doce de ellos como carceleros y a los otros doce como reclusos, en una prisión simulada que estaba en los sótanos de la Facultad de Psicología.

A los guardias se les dotó de un equipo completo, incluido uniforme, porra y gafas oscuras para impedir el contacto visual. Y a los prisioneros se intentó privarles de todo lo que supusiese un recuerdo con su "vida" anterior. Esta despersonalización incluía llamarse por un número, vestir solamente un camisón y chancletas, etc., exactamente igual que en la película.



El resultado, no sé si sorprendente, fue aterrador. Al poco tiempo de estar en esa situación, una población indistinguible que había sido separada al azar, se convirtió en dos poblaciones absolutamente diferenciadas en su manera de actuar, adoptando papeles autoritarios unos, que trataban con sadismo a los otros.

Hubo motines y actuaciones violentas, que hicieron que el experimento se tuviese que cancelar a los seis días, cuando tenía una duración prevista de dos semanas.

Zimbardo, psicólogo optimista, llega a una conclusión consecuente con su naturaleza: Todos tenemos una parte buena y una mala que nos sirven para reaccionar ante buenas o malas situaciones.

Muy adaptativo, pero escalofriante si pensamos que los que infringieron torturas en Abu Ghraib, Guantánamo o en los campos de exterminio nazi, por citar sólo algunos ejemplos, quizás no eran unos monstruos, sino personas como nosotros pero en una mala situación. Es decir, que lo aterrador es que probablemente cualquiera de nosotros sería un monstruo si se diesen las circunstancias adecuadas.

Mira la entrevista que Eduard Punset hizo al propio Zimbardo en el programa Redes.



El otro trabajo al que se refieren es el sorprendente experimento sobre el comportamiento de la obediencia que hizo Stanley Milgram, un psicólogo de la Universidad de Yale, en el año 1961. Se trataba de estudiar la capacidad de los sujetos para obedecer órdenes, aunque fuesen en contra de sus principios.

En un supuesto estudio sobre el aprendizaje, los sujetos experimentales se distribuían en dos papeles: alumno y profesor. El profesor debería de leer al alumno una lista de pares asociados de palabras (por ejemplo viento - fuerte, casa - hogar, o cosas así). Después de leer la lista completa el profesor iría diciendo sólo uno de los elementos del par, dando tres opciones de respuesta entre las que el alumno debería elegir al correcta. Si fallaba se le debería dar una pequeña descarga eléctrica, aunque de orden creciente, a cada fallo la descarga sería mayor, debiéndolas administrar siempre el profesor.

Os pongo unas escenas de la película francesa "I comme Icare" en las que se escenifica este esperimento con algunas de sus variaciones.




Al principio de la sesión se hace un "sorteo" para asignar aleatoriamente los papeles. Lo que no sabe el sujeto experimental es que el sorteo está amañado y que en todas las papeletas pone "MAESTRO" y que su pareja será en realidad un cómplice de los experimentadores que cuando coge su papeleta dice que le ha tocado "ALUMNO", pero que en realidad no recibirá ninguna de las descargas que administre el maestro. Sólo actuará para dar mayor realismo a la situación, emitiendo quejidos de dolor crecientes a medida que le van aumentando las descargas.

Una vez asignados los papeles se les suministra a los dos una descarga de 45 voltios, para que comprueben lo que van a sentir. Y acto seguido cada uno ocupa su puesto. El alumno sentado tras un panel conectado a sus electrodos. Y el maestro, convencido de su responsabilidad, sentado frente a la consola que gobierna las descargas, con su lista de preguntas y teniendo al lado a un experimentador. El maestro no sabe que él es en verdad el único sujeto experimental y lo que se están estudiando son sus reacciones.

Los experimentadores pensaban que la mayoría de los maestros llegaría a suministrar unos 130 voltios y allí se pararía. Sólo los muy sádicos serían capaces de llegar al máximo de 450 voltios.

En la realidad, al llegar a los 75 voltios, los maestros se ponían nerviosos ante las quejas y súplicas crecientes de los alumnos, pero cuando querían parar, el experimentador que estaba a su lado les decía de manera seria, pero sin subir el tono ni alterarse, cosas como "Es necesario que usted continúe". El proceso se repetía hasta cuatro veces. A la quinta protesta del maestro de no querer seguir, el experimento se detenía.




Bien, el caso es que ningún maestro se detuvo antes de los 300 voltios, cuando ya el alumno casi no daba señales de vida. Y el 65% de ellos llegó a administrar el máximo de 450 voltios. Obteniéndose resultados similares cuando el experimento se realizaba con hombres o con mujeres, aunque éstas referían haber alcanzado un mayor nivel de estrés.

Parece pues que en determinados entornos uno puede acceder a cumplir órdenes que van contra sus propios principios y el negarse a la injusticias no siempre es psicológicamente fácil cuando la orden llega desde una autoridad establecida, pensemos en los casos que se intentan explicar por la Obediencia Debida.



El propio Milgram comprobó esto en una variación que hizo de su experimento, realizándolo en una entidad comercial en vez de en una universidad. En este caso el investigador no parecía estar investido de la misma autoridad y la obediencia decreció a casi el 47%.


Otras variaciones que se hicieron ya las hemos visto en las escenas de "I comme Icare". Cuando hay contacto con la persona a la que se está infringiendo dolor, la obediencia disminuye. Y cuando una tercera persona interviene apoyando al maestro en sus deseos de parar el experimento, también disminuye la obediencia a la autoridad.

En resumen, la situación influye enormemente en nuestra conducta. Y respecto a un grupo, lo que hacen los demás, lo que los demás esperan de nosotros, lo que nosotros pensamos que los demás esperan y nuestra posición respecto al líder del grupo, van a ser factores esenciales para determinar nuestra conducta, con lo que el supuesto "libre albedrío" es algo que queda muy en entredicho.

Esto lo podemos extrapolar a todos los campos. A veces el contexto social puede ayudarnos a sacar lo mejor de nosotros, pero a veces también lo peor. Por eso, antes de criticar un hecho censurable de alguien deberíamos pensar qué hubiésemos hecho nosotros en su situación, aunque probablemente no podríamos conseguir esa abstracción de no experimentar nosotros mismos la situación en sí.

En fin, esto es todo por hoy. Si te interesó "El Experimento" y quieres que te avisen cuando lo emitan por televisión, pulsa este enlace.

Saludos,



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