AVISO IMPORTANTE

AVISO: Las informaciones contenidas en este blog pueden desentrañar importantes aspectos del argumento, incluso del final de la película en cuestión.
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lunes, 13 de junio de 2011

Diario de un escándalo

Hace unos días María Belén, una seguidora de Psicología y Cine en Facebook, hizo una alusión a esta película. Le prometí que cuando tuviese tiempo la comentaría y aquí estoy.

Lo primero que quiero destacar de "Diario de un escándalo" es la estupenda interpretación de sus protagonistas Judi Dench (la odiosa Barbara) y Cate Blanchett (la frágil Sheba), evidentemente bien dirigidas por Richard Eyre que supo mantener el ritmo de la historia sin recurrir a efectos espectaculares.

El personaje de Barbara se cree, o necesita creerse, superior a sus compañeros, lo que probablemente se deba a la ocultación de un complejo de inferioridad porque ellos tienen una vida llena de relaciones que ella no tiene. Eso le genera una envidia que le hace despreciarles, criticándoles maliciosamente en su único medio de desahogo, su diario.

También se cree superior al director del colegio a quien desprecia por sus ideas innovadoras, ya que ella no confía en que el sistema educativo sea capaz de sacar algo útil de la mediocridad de los alumnos, sin que se sepa si eso ha sido una constante en su carrera o es el efecto de un Burnout.

En ese entorno aparece Sheba, la profesora nueva. Su fragilidad acrecienta su belleza. Ambas cosas despiertan el interés de algunos de sus compañeros del claustro y obviamente la envidia de Barbara, que inmediatamente comienza a explotar esa debilidad como una ventaja táctica para demostrar su superioridad respecto a Sheba y de paso ganarse su favor en un retorcido proceso mental.



Por otra parte, la familia de Sheba (tiene un marido veinte años mayor que ella, una hija adolescente y un hijo con síndrome de Down) le ha exigido una dedicación casi total y ahora que tiene un poco más de tiempo ansía poder realizarse. El trabajo es un medio y también las nuevas relaciones que establecerá.

Esta avidez la deja en una posición vulnerable que le lleva por una parte a establecer una relación sentimental con un alumno de quince años y por otra a depender en exceso de Barbara.

La relación con Steven, el alumno, se me antoja poco creíble. Todos sabemos que las cosas del amor y del deseo no son lógicas, pero el concepto de una relación entre ambos no me cuadra, aunque Andrew Simpson, el actor que encarna al muchacho, tuviese en la época del rodaje diecisiete años, cosa que contribuye a dar una mayor imagen de madurez.

También he de reconocer que esa incredibilidad sea quizás fruto de un perjuicio sexista. Me refiero a que a la inversa, la idea de un hombre maduro que se sienta atraído por una chica de quince años, quizás no me hubiese extrañado tanto. Es evidente que por lo general las chicas de esa edad son más maduras que sus compañeros varones y a ninguno nos extrañó cómo Sue Lyon hizo perder los estribos a James Mason en Lolita.

Si aceptamos entonces que la buena de Sheba se deja llevar por sus hormonas y por sus emociones hacia una experiencia nueva, que la hace rejuvenecer y “flipar” olvidando en esos momentos sus responsabilidades de esposa y madre, podremos aceptar su “canita al aire” como algo factible.



La relación con Barbara la vemos como algo más normal. La veterana profesora le presta el apoyo que necesita para superar las vicisitudes de un ambiente laboral estresante. Lo que Sheba desconoce es que Barbara hace favores para crear relaciones de dependencia que luego se cobra en un chantaje emocional y el mayor favor que le debe es que no haya divulgado la relación de la profesora con su alumno.

El mensaje de Barbara que Sheba no supo interpretar era sin embargo claro: “no digo lo de tu alumno y ese secreto nos convierte en amigas íntimas, me lo debes, siempre me lo deberás”.

Más tarde sabremos que no es la primera vez que Barbara actúa así. Su escasez de habilidades sociales le hace utilizar este tipo de relaciones de dependencia para crear lazos con otras personas, todas ellas mujeres según la historia. Lo que no me queda claro es si ello se debe a una tendencia homosexual o a que simplemente encuentre que las mujeres puedan ser más vulnerables a sus enredos.

Llegados a este punto hay que preguntarse qué le pasa a Barbara y si tiene alguna patología digna de mención. Si analizamos lo que de ella se nos cuenta en la película llegaremos a la conclusión de que simplemente es una “mala persona” sin que ni siquiera tenga una justificación patológica para ello. Está amargada por su soledad y sabiéndose superior a los demás no puede dejar de sentir envidia de los “mezquinos” logros de los demás, que sin embargo les hacen ser felices. No está claro si esa envidia es un antecedente o un consecuente de su sentimiento de superioridad, aunque probablemente se trate de procesos concomitantes, que unidos son extremadamente peligrosos para ella y para las personas que la rodean.

Además ya sabemos que su carencia de relaciones le hace comunicarse con la única persona digna de compartir sus pensamientos, es decir, con ella misma a través de sus diarios. Y estos pensamientos autorreferentes le hacen fabular con una lógica distorsionada sobre las reacciones de los demás a sus propios movimientos.

Estas fabulaciones le llevan a realizar interpretaciones equivocadas sobre las respuestas de los otros, llegando a obsesionarse con las personas vulnerables a sus enredos que, según ella piensa, no tendrán más remedio que darle y al mismo tiempo recibir su cariño. Pero cuando se da cuenta de que eso no es así reacciona con procesos de calculada venganza.

Aunque ya he comentado que no se trata de eso, esta descripción te puede hacer pensar en un trasfondo patológico. Vuelvo a decir que no es así y si te paras a pensar comprobarás que lo que le pasa a Barbara es algo bastante común, aunque habitualmente se da jóvenes adolescentes que están adquiriendo su madurez emocional, mediante procesos de ensayo-error, en las relaciones con sus semejantes y así aprenden a interpretar sus respuestas, a controlar sus acciones y a manejar sus emociones. Proceso problemático este de la adolescencia en el que probablemente Barbara se estancó, quedando sumida en la inmadurez emocional, contribuyendo a todos los problemas de relación posteriores.

Puede que todo esto te parezcan elucubraciones mías, pero si te fijas hay una escena que me llamó la atención y es cuando Barbara deja claro que sigue empleando recursos de adolescente. Me refiero al momento en el que le comenta a Sheba que cuando era pequeña y ella o alguna de sus compañeras del colegio tenían alguna preocupación se acariciaban y eso era muy relajante. Aunque la invitación no era explícitamente sexual a Sheba se le ponen los pelos de punta.



Y por fin, no menos interesante es la cuestión que María Belén comentaba en el Facebook “¿podría hablarse de perversión en un doble sentido, primero respecto a la relación de la profesora con un menor y segundo respecto a la manipulación de las circunstancias, tratando a la persona como un objeto, para así alcanzar su objetivo?”.

Bien, teniendo en cuenta que el concepto de perversión se refiere a conductas sexuales desviadas podríamos considerar la relación con el menor como algo pervertido, aunque aquí el planteamiento es algo distinto. Ha de quedar bien claro que no estamos hablando de pedofilia ni tan siquiera de parafilia. No es la profesora la que seduce o abusa al alumno, en este caso es el alumno el que se aprovecha de la debilidad emocional de la profesora. Conste que no quiero justificar la actitud de ninguno, principalmente porque todos sabemos que es habitual que los alumnos de determinadas edades intenten explotar las debilidades de sus profesores, siendo precisamente tarea de estos el mantener la relación docente-discente en su justa medida.

Evidentemente Sheba tenía que haber visto venir a Steven y haber evitado llegar a esa situación. Ahora bien, aceptando los hechos tal y como se nos presentan y sabiendo que no se debería haber llegado a eso, cuando se llega ¿se puede considerar perversión?. Bajo mi punto de vista no. Aunque el chico no es inocente, la profesora ha cometido una falta moral, sobre todo teniendo en cuenta su posición y estatus, pero nadie ha pervertido a nadie, ni ha cometido conductas de ese tipo.

Por otra parte, la conducta de Barbara tiene sin embargo un matiz más complicado, aunque en principio no tenga carácter sexual. Ella emplea todos sus recursos para adquirir una posición de poder respecto a Sheba y desde allí obligarla a que se pliegue a sus deseos, algo que empezaría por “¡quiereme!” y terminaría por “eres mía”.

No podemos dejar de ver algo obsceno y perverso en la conducta de Barbara, porque si Sheba cede ella habrá conseguido lo que más ansía, demostrar su superioridad frente a alguien que sabe que es mejor que ella y disponer de esa persona a su antojo.

Tampoco debemos rasgarnos las vestiduras en exceso ante esta postura. Tenemos que tener en cuenta que nos ha costado miles de años de evolución adquirir una consciencia de respeto hacia los demás, sobre todo cuando ese "respeto" va en contra de nuestros propios intereses. Me refiero a que a veces actuamos de manera civilizada porque no tenemos más remedio, porque no hacerlo significa contravenir unas leyes y unas normas, lo que podría tener consecuencias negativas para nosotros.

Pero imaginemos por un momento que nuestros actos no nos acarreasen esas consecuencias negativas ¿seríamos igual de respetuosos?. No te escandalices, ya sé que tú sí y yo también, pero no pondría la mano en el fuego por los demás.

Pues Barbara se encuentra en esa tesitura. Está en posición de poder abusar de Sheba sin miedo a las consecuencias, porque la única que podría denunciar este acoso es la que precisamente más tiene que perder si el asunto sale a la luz. Es una clara situación de perversión y abuso moral.

El final de la película pretende ser en parte feliz y en parte inquietante. Barbara lleva a cabo su venganza porque Sheba no es capaz de renunciar a la relación con Steven, pero aunque el escándalo sale a la luz su condena es leve y el marido al final la perdona. Barbara tiene que renunciar a Sheba, pero no tardará en encontrar un nuevo objetivo. Por si te interesa, te prevengo que el final del libro es menos optimista, pero quizás más real.

Saludos,



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martes, 13 de abril de 2010

Twin Peaks - Veinte años de misterio...

...o cómo utilizar la imaginación, de los demás, para crear un mito.


Con Twin Peaks me pasa lo contrario que con 2001. En la película de Kubrick muchos ven aspectos místicos y yo veo una clara explicación lógica que no necesita recurrir a explicaciones más o menos espirituales.

Con la serie de Lynch me esfuerzo en encontrarle una explicación lógica (psicológica) y una vez tras otra me voy topando con los muros de simbología esotérica que encierran el asesinato de Laura Palmer (Sheryl Lee) y los hechos que lo rodearon.

He de decir que Twin Peaks me enganchó como no lo había hecho ninguna otra serie hasta entonces. Todo contribuía a ello. La misteriosa historia. El encanto de una sociedad rural, aparentemente idílica, en la que luego todos los personajes ocultan algo. El propio retrato de los personajes, cada uno más original que el otro. Las microhistorias que se entrelazaban en ese entorno. La fotografía de Frank Byers y la banda sonora de Angelo Badalamenti, que me encanta.




También tengo que confesar que me preocupé cuando vi el cariz descabellado que tomaban los acontecimientos en los últimos capítulos, pero en mi inocencia esperaba que todo se resolviese al final. Y, como la mayoría, en el último capítulo llegué a la conclusión de que la historia se le había ido a Lynch de las manos y no había sabido cómo terminarla.




Después me enteré de que la productora había decidido unilateralmente la finalización prematura de la serie ante la caída de audiencia en Estados Unidos y Lynch, para estupefacción de todos, concluyó la historia dejando al agente Cooper (Kyle MacLachlan) poseído por el espíritu maligno de "Bob".

Cuando en 1992 Lynch dirigió “Twin Peaks: Fuego camina conmigo” muchos confiamos en encontrar la explicación a la serie que tan abruptamente concluyó un año antes. Error. La película resultó ser una “precuela” en la que nos cuentan los últimos días de la vida de Laura Palmer. Nos sirve para aclarar algunos aspectos, pero en otros crea más confusión todavía.




En fin, de todo eso hace ya casi veinte años y desde entonces la curiosidad me ha llevado a retomar el tema recurrentemente, para ver si encontraba alguna explicación que me convenciese. Al final me rendí ante la evidencia de que Twin Peaks, más que un thriller policiaco o psicológico, es una historia fantástica sobre la lucha del bien y el mal, amparada en leyendas locales. Como tal historia fantástica, el final depende de lo que estés dispuesto a creer.

Pero si eres tan cabezota como yo, podrás reconocer algunas cosas que quedan claras. El padre de Laura, Leland Palmer (Ray Wise), abusó sexualmente de ella desde que tenía doce años. Eso lo plasma la muchacha en su diario, refriéndose a su violador como “Bob”, negando así la evidencia de que es su propio padre, quien por otra parte, busca también la compañía de otras chicas que le recuerdan a su hija.

Así Leland encuentra a Teresa Banks, una joven a la que mata iniciando el rito de introducir una pequeña letra bajo la uña del dedo anular de su mano, comenzando de esa manera su carrera de asesino psicópata.

Leland mata a su hija porque no puede soportar su actitud promiscua en los sórdidos ambientes en los que la chica ha desembocado.

Es difícil especificar qué trastorno de personalidad padece el padre, si es que padece alguno, y si él mismo es consciente de los actos que ha cometido o los olvida. Parece que en su "vida normal" actúa como si hubiese olvidado los episodios de abuso que ha cometido, pero cuando su lado de psicópata toma las riendas sí que es consciente de ello. Recuerda cuando Leland lee el diario de Laura y se sorprende de que la muchacha haya descubierto que el que la viola es su padre.




Podría pensarse en una posible esquizofrenia de Leland, que implicase procesos de alteración de su personalidad en los que actuase movido por los imperativos de la enfermedad. Pero no parece haber episodios alucinatorios ni fuerzas externas que le impulsen a cometer esos actos malignos. Recuerda que él no se ve como "Bob", es Laura la que lo ve así. La adjudicación de sus actos a una especie de espíritu demoníaco es fruto de la imaginación de la chica y no de la del padre.

Yo lo de esquizofrenia lo descartaría. Puede ser incluso algo más complejo. Probablemente lo que padece Leland como problema base sea un trastorno de la conducta sexual. Algún tipo de parafilia que le lleva a actuar compulsivamente, abusando de su hija y de jóvenes parecidas a ella, sinténdose recompensado por la sensación de poder que experimenta ante sus víctimas y la sumisión de estas, llegando en ocasiones al asesinato.

Como muchos asesinos en serie, Leland lleva una vida absolutamente normal y parece incluso un padre ejemplar. Para compaginar ambos tipos de conducta y por lo que he comentado anteriormente, la mente de Leland olvida selectiva y temporalmente esos sucesos. Probablemente, no hay pruebas para asegurarlo, padezca además un trastorno secundario, un tipo de amnesia disociativa en el que él mismo se niega los actos que comete, sufriendo un gran estado de shock cuando llega asumirlos, volviéndosele, por ejemplo, el pelo blanco.

La familia no es todo lo modélica que aparenta. Sarah, su mujer, bebe y fuma en exceso y le cuesta mantener las apariencias ante los cambios de estado de su marido. Laura sobrelleva como puede todos los acontecimientos. Es la típica hija de una familia desestructurada, pero que nadie, ni ella, lo asume. Adicta a la cocaína, sexualmente promiscua, coquetea en ambientes sórdidos, llegando a practicar conductas de riesgo, incluida la prostitución.



Probablemente lo haga por experimentar la sensación de tener control sobre sus actos y su propio cuerpo, pero evidentemente lo que consigue es lo contrario.

Teniendo en cuenta todo esto, quizás es más complicado diagnosticar el estado psicológico de la propia Laura. Traumatizada por los repetidos abusos, se esfuerza en separar la figura del padre protector de la del padre violador y sólo se da cuenta de la coincidencia de ambas cuando ve salir a su padre de casa momentos después de que “Bob” la haya violado en ella.

Laura recuerda los hechos pero no identifica a quien abusa de ella. Sufre con angustia lo ocurrido, revive ciertos episodios, los ve, los plasma en su diario... Todo menos la identidad del agresor. En lugar de ello se refiere a él como ese espíritu maligno encarnado por la figura de "Bob".

En otros tiempos la pobre Laura podría haberse considerado víctima de una posesión demoníaca, incluso habérsele practicado un exorcismo. Ahora sabemos que puede padecer estrés postraumático, quizás algún tipo de amnesia selectiva y evidentemente negación. Y si pongo tantos condicionales es porque para aseverar todo ello necesitaríamos más datos y menos enmascarados que los que Lynch nos presenta.




Date cuenta del esfuerzo que hago buceando en las distintas escenas de la película para encontrar esa explicación lógica (psicológica) a la que antes aludía, porque según se va desarrollando la historia, la posibilidad de derivar hacia un lado místico, con una posesión diabólica y el exorcismo consecuente no parecen tan descabelladas, sobre todo teniendo en cuenta que además se nos presenta toda una parafernalia de simbología esotérica más propia de los géneros de terror, fantasía e incluso ciencia ficción.

- Bob que encarna el espíritu del mal que habita ancestralmente en los bosques.

- El gráfico de la roca que indica el momento (en la conjunción de Júpiter y Saturno) y el lugar (el círculo de los doce sicomoros en el bosque) en el que se puede acceder a la “Logia Negra”, el lugar en el que se encuentra el poder del mal y que el agente Cooper ha visto en sueños.

- “El gigante” y “el enano” que ayudan y dan pistas al agente desde esos sueños.

- “El manco” que se libró de la posesión de “Bob” cortándose el brazo. Recuerda que en “Fuego, camina conmigo” nos dicen que Teresa Banks tuvo una insensibilidad del brazo antes de morir. Y en los últimos capítulos de “Twin Peaks” varios personajes, incluido el agente Cooper, tienen momentos en los que la mano les tiembla incontroladamente.

- La investigación “Libro Azul” de las Fuerzas Aéreas en las que el mayor Briggs, (Don Davis, el entrañable general Hammond de Stargate SG1), se esfuerza en resolver las incógnitas que relacionan los sucesos acontecidos con fuerzas ocultas de diversa índole, para lo que incluso llegan a estudiar diversas transmisiones procedentes de un origen desconocido en el espacio.

- La posesión final del agente Cooper. El mal que vence al bien y se instaura en un órgano de poder como el FBI. ¿Qué implicaciones puede tener eso en el futuro?.




Bueno, si sigues mirando seguro que encuentras más, pero ya lo dejo a tu curiosidad.

El que todo eso constituya una historia única, junto con la del asesinato de Laura, o no. Y el que puedan contribuir al esclarecimiento del misterio, o no, es algo que probablemente sólo Lynch lo sabe y tampoco estoy seguro de ello, pero en todo caso no parece que tenga intención de revelarlo ¿o sí?.




Bueno, mientras tanto, eres tú el que tiene que ir sacando tus propias conclusiones.

Saludos,



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viernes, 8 de mayo de 2009

Los límites del silencio

¿Quién cuida del terapeuta?



Siempre os tengo que agradecer a los lectores de este blog vuestros comentarios y sugerencias. Lejos de considerarme un experto en la materia, creo que soy un aficionado más que ha tenido la osadía de hacer públicas sus reflexiones. Vuestras aportaciones son para mí un motivo de aprendizaje, a veces porque me hacéis pensar en puntos que no se me habían ocurrido, a veces porque me preguntáis sobre alguna película que no he visto.

Eso me pasó recientemente con una estudiante de psicología que había llegado hasta esta página buscando información sobre “Los límites del silencio”, película que aparece en “Las listas de los lectores” porque vosotros la pusisteis, pero que yo no había visto.

El caso es que este correo y otros comentarios que había oído me animaron a verla y cual no sería mi sorpresa cuando me di cuenta de que sí que la había visto pero no lo recordaba, por lo menos no asociaba el título con la historia y es que la verdad, en su momento no me convenció demasiado.

Es una película del año 2001, dirigida por Tom McLoughlin y protagonizada por Andy Garcia, pero la historia no me pareció creíble, sobre todo su personaje, el psicólogo Michael Hunter, que creo que intenta impresionar más al público en general que dar una imagen veraz de lo que es un psicoterapeuta.

Como hace bastante tiempo que se estrenó, me permito comentar algunos aspectos que pueden destrozar un poco la "intriga argumental". Si no la has visto o te pasa como a mí y no la recuerdas, no sigas leyendo. Si ya sabes de qué va, continúa por favor y mira si estás de acuerdo con mis conclusiones.

Para comenzar me gustaría comentar dos cosas que llaman la atención. Por una parte, la cantidad de aspectos psicológicos que están implícitos en esta película. No entiendo cómo la primera vez que la vi se me pasó por alto. Puede dar muchísimo juego ya que la mayor parte de los personajes necesitarían algo de… “ayuda”. De eso es de lo que hablaremos más adelante.

Por otra parte la música y la ambientación del entorno, creo que están muy bien conseguidas ambas. La acción trascurre en Kansas, aunque las escenas fueron rodadas en Canadá. Los amplios planos abiertos del inicio nos sitúan de lleno en el medio oeste americano.


Precisamente esa amplitud contribuye a empequeñecer al espectador, haciéndole partícipe de una sensación de soledad un tanto inquietante, que le prepara emocionalmente para el golpe dramático que le espera, el suicidio del hijo del protagonista.

Este tipo de efectos es bastante común en el cine norteamericano. Incrementa notablemente el tono emotivo y se gana incondicionalmente al espectador. Si piensas incluso en las películas de dibujos animados de Walt Disney, en las que se muere el padre o la madre del protagonista, en circunstancias dramáticas y al inicio de la historia, ya sabrás a lo que me refiero.

Odio este tipo de recursos, que me predisponen ya negativamente al resto de la historia, aunque en este caso el fin no es meramente dramático, ni pretende solamente ilustrar el cambio emocional y situacional en la vida del protagonista. A pesar de que todavía no lo sabemos, las causas de dicho suicidio serán una parte fundamental de la trama de la película.

Centrándonos ya en el argumento de la película, además del clima emotivo que nos han dibujado, hemos de prestar atención a las características psicológicas de los tres personajes principales. El psicólogo Michael Hunter (Andy Garcia), su hijo Kyle (Trevor Blumas) y el joven Tommy (Vincent Kartheiser).


Respecto al señor Hunter, analizándolo por partes, es comprensible que todo padre quede afectado por el suicidio de su hijo, máxime cuando él mismo se echa parte de la culpa de lo sucedido, cosa que comprendemos en toda su dimensión a lo largo de la historia.

Una antigua alumna, la psicóloga Barbara Lonigan (Teri Polo) le pide que le ayude en la valoración de un caso sobre el que tiene dudas, el de Tommy, un joven que está pendiente de su dictamen para poder salir de una residencia de acogida.


Me habían hablado de Hunter como modelo de actuación de un psicólogo. Yo pienso, y creo que el argumento me da la razón, que alguien en su situación no debería de dispensar terapia, debería recibirla. En todo caso no debería comprometerse en un caso en el que cada vez se implica más personalmente.

Es cierto que se ha retirado de la terapia y que accede a “ver” el caso como favor personal. Pero previamente nos lo han presentado como un prestigioso profesional, que nos sorprende con un agudo análisis hecho a una espectadora de una de sus conferencias, después de un brevísimo ejemplo de asociación de palabras.

Con eso simplemente ya nos han dado la información necesaria sobre su valía profesional como psicólogo. Pero sorprendentemente, después de ello le vemos aceptar el caso del adolescente en cuestión por motivos puramente personales. Si antes comentaba que en su situación no debería ejercer como terapeuta, aunque sea asesorando a una compañera, menos aún debería haberse implicado en ese caso.

No menos sorprendente es que alguien de su valía se deje manipular por el joven adolescente. Bien es cierto que ese joven lleva años tratando con psicólogos y está de vuelta de muchas cosas. Tiene mucha experiencia y aún aceptando que ha obtenido muchos datos de la hija de Michael, por lo que juega con ventaja, el psicólogo no debería de haber entrado en ese juego, aunque a estas alturas sabemos que si lo hace es porque, consciente o inconscientemente, lo que está arreglando es su propio problema, más que el del chico, cosa que no se puede dejar de valorar desde el punto de vista deontológico. El hecho podría ser comprensible en un psicólogo con poca experiencia, pero no en él. Quizás el mensaje que nos viene de decir la película es que todos somos humanos, pero ¿aceptaríamos eso como excusa si el caso nos afectase a nosotros?.


Y último un detalle que también me llamó la atención respecto a Hunter. Sabemos que en muchos casos de depresión es mejor iniciar el tratamiento con una terapia farmacológica que ayude a recibir posteriormente la psicológica, ya que sin ese paso previo el sujeto no aceptaría esta última. Me sorprendió que eso, que es algo normalmente admitido, fuese rechazado por Michael y contribuyese posteriormente a acrecentar su sentimiento de culpa.

Por cierto que esos sentimientos de culpa son prácticamente el nexo de unión de algunos de los personajes. Ya sabemos que los tiene Michael y por qué. Los tiene su hija Shelly (Linda Cardellini) porque considera que prestó poca atención a los problemas de su hermano. Los tenía y con razón, Harry Quinlan (Mike O'Brien), el psicólogo que abusó de Kyle. Y más adelante veremos que también los tiene el propio Tommy.

Sin embargo no los tiene Penny (Chelsea Field), la esposa de Michael. Le echa la culpa del suicidio de Kyle a su marido, pero tendemos a olvidar que el joven se ayudó con una buena dosis de Valium de su madre.

Respecto a Tommy, nos dicen que está a punto de cumplir los dieciocho años. El episodio de la muerte de su madre ocurrió hace cuatro años, eso le adjudicaría una edad de trece a punto de cumplir los catorce. Hago hincapié en este punto porque el niño que presentan en la película en ese momento no parece tener más de diez años, como mucho, y eso sería importante para concretar la relación madre-hijo. A modo de curiosidad, he estado buscando detalles sobre la biografía de Max Peters, el actor que encarna al joven Tommy, para ver qué edad tenía cuando se rodó "Los límites del silencio", pero sólo encuentro las películas en las que participó, sin ningún detalle personal.

Sea cual fuere la apariencia del muchacho, el episodio que nos ocupa ¿fue abuso sexual por parte de la madre o una relación incestuosa consentida por ambos?, porque quizás podríamos estar frente a algo relacionado con el Complejo de Edipo. El caso es que jurídicamente está claro que la madre es culpable de corrupción de un menor, con el agravante de que es su hijo. Pero psicológicamente la situación no es la misma y ni las consecuencias ni el daño, tampoco son lo son.
Es cierto que a raíz de ese tipo de relación y su final violento, Tommy tiene un serio problema sin solucionar porque se lo ha ido ocultando a base de una fuerte represión. Se considera culpable de la muerte de su madre y como consecuencia rechaza violentamente cualquier tipo de contacto íntimo en el que él no lleve la iniciativa, aunque las consecuencias vuelven a ser reprimidas y olvidadas, fruto de una amnesia disociativa originada por el estrés postraumático.

Menos mal, que después de todo, el problema de Tommy sale a la luz y así quizás pueda ser solucionado, aunque el historial psicológico y delictivo que se plantea al final de la película es mucho más complicado que el que teníamos al inicio.



Y de momento no quiero comentar ya más cosas, aunque me permito dejaros en el aire dos cuestiones, quizás menores, pero que pueden dar mucho de sí a la hora de discutir sobre ellas.

La primera es la decisión de Michael Hunter de contar a su compañera Barbara, la confesión confidencial que le hizo el padre de Tommy sobre las circunstancias del asesinato. Es cierto que es una información crucial para resolver el caso del chico, pero no menos cierto es que el padre lleva años ocultándolo para no perjudicar a su hijo. ¿Qué habría que hacer en ese caso?. O citando el titulo de la película ¿cuáles son los límites del silencio del terapeuta?.

La segunda cuestión es la reacción de la madre de Tommy al ser sorprendida por el marido. También es cierto que en una circunstancia así a veces eres incapaz de reaccionar. Pero me cuesta pensar que estando con su propio hijo no pensase de antemano alguna explicación para emplear en "casos de emergencia". Además, creo que en esas circunstancias, a la mujer se le podría haber ocurrido cualquier excusa que justificase la presencia del hijo, menor, en la habitación. Otra cosa sería si les hubiesen sorprendido “in fraganti” en la cama, pero como sabemos, no fue el caso.

Aunque el problema entonces, es que la historia resultante no habría dado pie a una película ¿no?. Así por lo menos hemos tenido algo en lo que pensar.

Saludos,



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viernes, 20 de marzo de 2009

Miss Amnesia

Más sobre la Amnesia

Ya sabéis que de vez en cuando compruebo las opciones mediante los que los buscadores han dirigido a la gente a estos blogs. Además de satisfacer la curiosidad, me proporciona ideas sobre lo que les interesa a los posibles lectores. Ya os lo conté en el comentario que hice sobre “A propósito de Henry”. De la misma manera, encontré varios accesos que venían buscando información sobre “Miss Amnesia”.

No sabía de qué se trataba, pero es el típico caso en el que en el problema está también la solución. Google, que me señaló la necesidad, también me informó de que se trata de un corto basado en un cuento de breve de Mario Benedetti. Trata sobre una chica que en un momento dado se encuentra sentada en un banco de una calle sin saber quién es ni qué hace allí.

Lo leí y me impactó. De hecho me emocionó. También vi el corto, que está en YouTube. Está muy bien, pero creo que tiene menos fuerza que el relato. Comprobadlo vosotros mismos.


Después de verlo yo leería el cuento. Me gusta más de esa manera porque así la intensidad de los sentimientos va en orden creciente. Y sólo después de haber hecho ambas cosas, seguiría leyendo este comentario. Es que no quiero chafarte la historia.

Miss Amnesia refleja muy bien las sensaciones y emociones que debe sentir alguien en una situación parecida. Desrealización, ansiedad, miedo… Parece que la agresión que sufre la muchacha le provoca un trastorno de estrés postraumático con pérdida del recuerdo en general, pero sobre todo de lo últimamente acontecido.

Para más detalles sobre la amnesia te remito a las entradas sobre Memento y la antes mencionada A propósito de Henry.

Lo que me llama la atención de esta historia no es que la chica no recuerde Félix Roldán, si no que su presencia le induzca tranquilidad y no al contrario. Se han hecho estudios en los que se ha comprobado como los amnésicos mejoran su destreza en el desarrollo de tareas que ni siquiera recuerdan haber practicado con anterioridad. Es decir, no recuerdan el hecho pero sí conservan la habilidad aprendida en su momento. Memoria Procedimental se llama.

De una manera similar, la protagonista al ver otra vez al atento señor Roldán debería sentir cuando menos intranquilidad e incluso rememorar el miedo que sintió cuando se encontró con su agresor, aunque no se acordase para nada de su persona. Aunque en ese caso estaríamos hablando de otro cuento y no es mi intención corregir a Benedetti.

Disfrutad de la historia y gracias a los lectores anónimos que me indujeron a encontrarla.

Saludos,

domingo, 26 de octubre de 2008

Hard Candy (Las niñas buenas van al cielo, las malas a todas partes)

Hay muchos factores que influyen en nuestra manera de ser. Es curioso que una persona apacible pueda ser un conductor agresivo, o que un tímido apocado pueda ser un jefe tirano.

Internet es uno de esos factores y la conducta en la red es una de las cosas que más me interesan, por lo menos me llama mucho la atención. Es notable el cambio que algunos experimentan cuando se conectan a Internet para mantener algún tipo de relaciones sociales. Cuando hablo de estos asuntos siempre me acuerdo de “El Rey enamorado”, un tema de Les Luthiers, los geniales cómicos argentinos. Resumiendo, el rey de la historia se enamora de María, una plebeya. Quiere casarse con ella, pero si lo hace tendrá que renunciar al trono. En sus tribulaciones hace una interesante reflexión: “¿El trono o María?, al fin y al cabo, el trono lo quiero para posarme sobre él, y satisfacer mis deseos, los mas sublimes y los mas perversos, en cambio a María la quiero para .... caramba, ¡qué coincidencia!”.

Para algunos Internet es su trono, aquello que le permite satisfacer deseos ocultos amparados por el más absoluto anonimato. Lo que me lleva a una reflexión: ¿infringiríamos las leyes si supiésemos que nadie iba a ser capaz de descubrirnos?. O afinando más aún: ¿seríamos fieles a los principios que pregonamos si contásemos con un anonimato asegurado?. ¿Qué piensas tú?.

Para reflexionar sobre todo esto he decidido emplear la película “Hard Candy”, un impactante thriller psicológico que profundiza en la relación de dos internatutas bastante atípicos, afortunadamente.




Ficha técnica:

Dirección: David Slade. Fue su primer largometraje, posteriormente ha hecho 30 días de oscuridad.

País: USA.

Año: 2005.

Duración: 103 min.

Género: Thriller psicológico.

Interpretación:



Guión: Brian Nelson.

Producción: David Higgins, Richard Hutton y Michael Caldwell.

Música: Molly Nyman y Harry Escott.

Fotografía: Jo Willems.

Montaje: Art Jones.

Diseño de producción: Jeremy Reed.

Dirección artística: Felicity Nove.

Estreno: en USA, 14 Abril 2006. En España, 12 Mayo 2006.

Premios:

Mejor Película, Mejor Guión, y Premio del Público en la edición de 2005 del Festival Internacional de Cine de Cataluña, Sitges.


Argumento:

Jeff (Patrick Wilson) es un fotógrafo de 31 años que ha conocido en un chat a Hayley (Ellen Page), una estudiante de 14 años.



Jeff confiesa estar sorprendido por la madurez de la niña, aunque también está convencido de que su porte de adulto mundano, fotógrafo de modelos conocidas, tiene impresionada a Hayley. Está orgulloso de la admiración que por él siente su joven amiga y no se sorprende cuando ella le pide que le haga unas fotos, aceptando ir a casa de él sin ningún temor y sin avisar a nadie de su familia de lo que iba a hacer.


Allí Jeff le ofrece un refresco, pero Hayley quiere algo más fuerte y prepara ella misma unos combinados. A partir de ahí, el fotógrafo, que estaba sorprendido por la madurez de la niña, se sorprende de muchas cosas más. Cuando se despierta atado descubre que ella le ha drogado y piensa que está jugando con él. Pronto se da cuenta de que no es un juego, sino una venganza. Hayley le acusa de ser un pedófilo, de buscar niñas por Internet para luego abusar de ellas. Siendo el responsable de la desaparición de una de sus amigas.


La joven le explica cómo siguió sus pasos por la red y él se da cuenta cómo de ser acosador, paso a ser acosado.

Jeff tiene en principio explicaciones para todos sus actos, pero tiene que ir confesando sus mentiras ante los irrebatibles argumentos de la perspicaz y sorprendentemente cruel Hayley.



Crueldad que parece que llega a su límite cuando la niña decide, armada de un libro de cirugía y con una bolsa de hielo como toda anestesia, castrar al fotógrafo, que a estas alturas ya se cree todo de su antes angelical interlocutora. Incluso no se sorprende cuando ella le enseña los testículos en sendos vasitos y luego los echa al triturador de basura que los digiere con un terrible sonido.



Pero esta muestra de crueldad no es la única. Los sofisticados planes de la niñita van bastante más lejos y poco a poco los va ejecutando con fría precisión ante los atónitos ojos de Jeff y los del propio espectador.

Si no has visto la película y por lo que he contado, igual piensas que todo desemboca en una historia “gore”. Nada más lejos de la realidad. Si aparece alguna mancha de sangre es circunstancial.

Bueno, y por si de verdad no la has visto no te cuento el final, merece la pena que lo veas tu mism@.


Curiosidades:

Según cuenta David Higgins, el productor: "La idea original surgió de un artículo que leí sobre chicas adolescentes en Japón que estaban entablando relaciones con hombres mayores que ellas a través de Internet; cuando el hombre mayor queda con la joven, ésta y varias amigas suyas le están esperando para asaltarle y darle una paliza. Pensé que sería una toma interesante donde quedaría palpable el papel del depredador y el de la presa. Después pensé que sería más interesante si se tratara de una única chica haciendo eso, una chica persiguiendo a tipos que cazan jovencitas a través de Internet".

Comentarios:

Para mí, lo importante en este film es la evolución en la actitud de los personajes. Está fenomenalmente retratada. Cómo el apuesto y seguro fotógrafo pasa a ser un pelele en manos de una niña que cada vez va adquiriendo más fuerza.

Jeff pasa de estar henchido de orgullo a experimentar una impactante sorpresa, a la que le sigue un interesante abanico emocional, ira, miedo, tristeza y desesperación. Ya sabéis que las emociones son adaptativas, pero él poco puede hacer, está atado, y cuando hace algo se equivoca. Hayley tiene el control en todo momento.

Ella ha pasado de actuar de manera ingenua, aunque con cierto desenfado, a ser la que maneja los hilos de la trama con espeluznante frialdad. A esta sensación de seguridad que desprende el personaje, quizás contribuya el hecho de que Ellen Page en realidad tenía diecinueve años cuando se rodó la película.

Pero como os decía antes, independientemente del interesante estudio psicológico que se puede hacer de los personajes, quiero aprovechar también la trama para tratar el tema de las relaciones virtuales.

Como hemos visto, Internet constituye un nuevo marco de relaciones sociales, sentimentales, laborales, académicas, lúdicas...

Lo que voy a comentar seguidamente es este último aspecto, el lúdico, en el que buscamos relacionarnos por el mero hecho de conocer gente o pasar el rato.

Cuando interactuamos con otras personas normalmente tenemos en cuenta ciertas reglas de convivencia. Tratamos a la gente como esperamos que nos traten a nosotros y este respeto mutuo es fundamental para la relación.



Por otra parte, cuando nos relacionamos con las personas siempre estamos presentando una imagen de nosotros mismos, la imagen por la que queremos que los demás nos reconozcan.

Pero en Internet hay un importante factor desestabilizador, el anonimato. Si no queremos, nadie tiene por qué saber quienes somos en realidad. Y además hay una falta notable de censura y control, que es algo que contribuye a hacer muy atractivo al medio. Pero… ¿esto que implica?, pues que si alteramos esas reglas de convivencia no pasa nada, que podemos hacer prácticamente lo que se nos ocurra y que podemos dar la imagen que queramos de nosotros mismos. Acordaros del trono de Les Luthiers. Internet es el trono.

Como psicólogo todo esto me interesó mucho y en 2002 inicié un estudio sobre el tema. Entre cuestionarios y entrevistas “on line” obtuve datos de más de 100 personas, que me suministraron la información de manera anónima y desinteresada.

Mi propósito era publicar mis investigaciones, cosa que aún no he hecho, pero os comento algunas cosas que, por otra parte, sé que no son demasiado originales. Cualquiera que se conecte a un chat de Internet puede comprobarlo.

¿De qué maneras se relaciona la gente en Internet?. Pues fundamentalmente utilizando los siguientes sistemas:

- Mensajería instantánea.
- Chat en sala (hablado, escrito o ambos, con o sin webcam).
- Videoconferencia, comunicación en privado, bis a bis.

Como ya hemos dicho, el anonimato es una característica esencial del tipo de comunicaciones que estamos analizando. Pero ¿en qué afecta el anonimato a estas relaciones?. Pues, junto con la intimidad que normalmente acompaña a este tipo de actividades, hace que la persona sea más desinhibida. Ello puede hacer que:

- La persona se sienta más propensa a abrirse a los desconocidos con los que pueda coincidir, contando cosas que a veces no sabe ni la propia familia.

- En ocasiones la persona no actúa como es, sino como le gustaría ser. Es por ejemplo el caso de los tímidos que en la red son mucho más lanzados.

- En otras ocasiones ocurre a la inversa, en la realidad se oculta la verdadera manera de ser, pero en la red no hace falta esconderse, así que allí es el único sitio en el que la persona se muestra como de verdad es.

Por estas razones muchas veces se dice que a veces es más fácil conocer por Internet cómo es una persona auténticamente. Pero hay que tener mucho cuidado con eso, porque muchas veces ocurre todo lo contrario.

Lo cierto es que todo esto origina una especie de complicidad entre los interlocutores que hace que este tipo de relaciones sean muy intensas, lo que ocasiona una fascinación que mucha gente sea entusiasta de ellas.

Y todo esto, respecto a una faceta tan importante de nuestra conducta como es el sexo, tiene interesantes consecuencias. Sabemos que un gran volumen del tráfico en Internet tiene un origen sexual, pero no voy a hablar de las visitas a páginas eróticas. Quiero referirme al cibersexo, a las relaciones sexuales mantenidas por la red.

En mis entrevistas sobre la conducta virtual les preguntaba a los sujetos si habían hecho por Internet algo que no hubiesen hecho en la realidad. Muchos afirmaron haberse exhibido desnudos y masturbado ante desconocidos, lo que les había resultado una experiencia muy excitante. El anonimato, la intimidad y una webcam son una mezcla explosiva. En todo caso constituyen una curiosa manera de satisfacer las necesidades sexuales sin arriesgar demasiado. Con tal de no mostrar la cara todo vale.

Otros comentaban que en la red pueden expresar tendencias sexuales que no muestran en la realidad cotidiana. Por ejemplo, un hombre que me dijo que tenía 46 años, que estaba casado, con hijos y vivía en un pueblo pequeño en el que era muy conocido, me contó además que también le atraían los hombres, pero en su entorno nadie lo sabía, sólo se atrevía a expresar su faceta homosexual en Internet.

Algunos menos afirmaban que les excitaba tener relaciones sexuales con su pareja, delante de la cámara sabiendo que eran vistos por otras personas.

Confieso que es tan amplio el abanico de posibilidades con el que me encontré, que en muchas ocasiones tenía dudas sobre si se trataban de fantasías legítimas o de parafilias.

Bueno, el caso es que si uno se mete en un servidor de chat y echa un vistazo a los directorios, verá que la mayoría de la oferta y las salas más pobladas están en la sección de adultos y concretamente en las dedicadas al sexo.

En el año 2004 hicimos en el Centro Asociado de la UNED en Baleares un curso que se llamaba “Drogas y Salud”, en el que presenté una ponencia sobre los mecanismos de la adicción. Se llamaba “Del tabaco a Internet. Aspectos psicológicos de las adicciones”.

Allí les puse unas imágenes para ilustrar lo que os digo. Me metí en el servidor de chat de Yahoo, que por esa época era ya bastante popular. Entre las zonas de usuarios más pobladas que encontré estaba “Internet y computadoras” que tenía dos salas abiertas con una persona en cada una. Es decir que no podían ni hablar entre sí.


En el resto el ambiente era parecido. Excepto en la zona de adultos que estaba lleno de salas y con muchas de ellas completas. Sus nombres no dejan nada a la imaginación. Mirad la imagen que saqué entonces.


Y al entrar en la primera sala te encuentras al personal alborotado. Una chica tiene su cámara conectada, deja que todos la vean mientras baila insinuándose. No enseña nada, lo que aún les excita más.


Sinceramente no sé cómo acabó la cosa, pero probablemente para la chica fuese una experiencia tan excitante como para sus admiradores, los cuales seguramente se escandalizarían si alguien les preguntase sobre su conducta voyeur.


El caso es que esto es como el juego, vas probando, probando y si tienes suerte algo pillas, lo que te sirve de recompensa. Es un proceso aleatorio en el que aprendes que si persistes, tarde o temprano llega el premio, con lo que puedes llegar a engancharte cada vez por más tiempo.

En fin, estos son sólo algunos ejemplos, pero nos sirven para entender el mecanismo que rige las relaciones por Internet y por qué muchas personas se hacen adictas a esta actividad, sea sexual o meramente social.

Teniendo en cuenta lo que hemos visto hasta ahora, podemos entender por qué la gente se puede hacer adicta al cibersexo, pero también puede haber una adicción a las relaciones por Internet, principalmente al chat.

Nos encontramos en una situación apropiada, anónima e íntima, que favorece una revelación mutua, haciendo que la imaginación complete la falta de información que tenemos sobre la otra persona y la complete normalmente de manera beneficiosa para el interlocutor. Le imaginamos como nos gustaría que fuese. En muchos aspectos le idealizamos. Esto hace que a veces se den casos de auténtico “amor platónico” que sólo dura hasta que se produce el encuentro “real”, del que ya hablaremos.

Si la experiencia persiste se crea un lazo afectivo que desemboca en una necesidad mutua.

¿Estos lazos afectivos implican infidelidad a nuestra pareja “real”?. Volviendo a mi estudio, bastantes de mis entrevistados casados, afirmaban no tener la sensación de haber sido infieles a sus parejas por haber mantenido relaciones fuertemente afectivas, e incluso sexuales, con otras personas sólo por Internet.

La mayoría hablan de “mundos diferentes”, de estar simplemente realizando una fantasía en la que no se transgreden las normas. Aunque en muchas ocasiones, esa fantasía puede hacerse realidad si se concreta un encuentro. Entonces ¿qué pasa?. Pues que la fantasía virtual se puede convertir en adulterio real.

De todas maneras y como ya había comentado, el encuentro “cara a cara” es toda una prueba de fuego. Cotejar la “magia” virtual con la “realidad” personal suele ser bastante complicado. Implica una confirmación del tipo de relación o una tremenda desilusión. El contacto físico es bastante complicado en estas ocasiones, hay falta de costumbre y muchas falsas expectativas creadas. Además es difícil traducir las emociones virtuales a reales.

Este aspecto también me interesó bastante. Inspirado en las experiencias que me contaron escribí un pequeño cuento sobre el tema, se titula Djan.

Para terminar os voy a poner el típico TEST DE ADICCIÓN A INTERNET. Lo podéis encontrar en muchas versiones, pero normalmente es así:

1) ¿Dedica más tiempo del que cree que debería a navegar por la red?
2) ¿Piensa que tendría un problema si redujera el tiempo que pasa en Internet?
3) Se han quejado sus familiares de las horas que dedica al ordenador?
4) ¿Le resulta duro permanecer alejado de la red varios días seguidos?
5) ¿Se resienten sus relaciones al pasar muchas horas conectado al ordenador?
6) ¿Existen áreas o archivos de la red a los que se encuentra difícil resistirse?
7) ¿Tiene problemas para controlar el impulso a adquirir productos y servicios ofertados en la red?
8) ¿Ha intentado, sin éxito, reducir su uso?
9) ¿Extrae gran parte de su placer vital del hecho de estar conectado a la red?


Cada pregunta se contesta con un Sí o un NO y al final se contabilizan las respuestas afirmativas.

Resultados del test

Entre 0 y 3, es un usuario sin problemas

Entre 4 y 6, es un usuario de riesgo

Entre 7 y 9, es un usuario con problemas de adicción


En estos usuarios con problemas, la convivencia “real” normal, incluso la familiar puede verse afectada.

Si tienes tiempo te recomiendo que leas un interesante cuento sobre estos aspectos. Se titula “Ruth” y tranquilo, esta vez no es mío.


Y por último una frasecita que se me ocurrió en su día meditando sobre el tema de las relaciones virtuales y que sirve para refundir la película que hemos visto con todas las reflexiones posteriores que hemos hecho:

En Internet no creas nada de lo que leas y sólo la mitad de lo que veas”.

Bien, esto es todo por hoy. Cuando publique mi estudio ya os contaré más cosas. Mientras tanto, si quieres que te avisen cuando emitan Hard Candy por televisión, pulsa en este enlace.

Saludos.



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miércoles, 27 de agosto de 2008

LA NARANJA MECÁNICA

En la última película que comenté me puse muy académico, pero es que el tema se prestaba. Veré si con la de hoy lo remedio.

La naranja mecánica, es quizás la obra más polémica de Stanley Kubrick. Basada en una novela del mismo título de Anthony Burgess, se estrenó en Estados Unidos en 1972 y a España no llegó hasta 1975, año en la que yo la vi por primera vez.

Me impactó todo, la historia, la violencia, las imágenes y su estética, la música (principalmente la de Walter Carlos, ahora Wendy Carlos), el lenguaje… En definitiva, la manera que tiene Kubrick de jugar con la cámara y la historia.

La novela de Burgess es ya de por sí complicada. Parece que está inspirada en un hecho que sufrió muy de cerca, la violación de su propia esposa por unos soldados durante la Segunda Guerra Mundial.



El título también parece que es simbólico, puesto que “ourang” en Malasia, donde vivió el autor por un tiempo, significa “persona”, así que la traducción del título “A colckwork orange” podría querer decir “La persona mecánica”, es decir la que actúa movido por resortes (ambientales) y no por su propia voluntad. Muy skinneriano ¿verdad?.




ARGUMENTO

La película la protagoniza el actor inglés Malcolm McDowell, que en uno de sus mejores papeles da vida a Alex, el líder de una pandilla de gamberros, extremadamente violento y obsesionado con la música de Beethoven.


Después de una de sus fechorías es traicionado por sus compañeros y detenido por la policía. En la cárcel se somete voluntariamente a un tratamiento de rehabilitación que concluye con aparente éxito, saliendo en libertad, pero a partir de ahí dejará de ser dueño de sus actos y será llevado de un sitio a otro por los acontecimientos que le harán enfrentarse con su vida anterior y saldar unas cuantas cuentas pendientes.


La película nos lleva a meditar sobre el hecho de la maldad.

Alex ¿es malo de por sí, o son las circunstancias que le llevan a serlo?.

¿Es más malo él o los que intentan modificar su conducta antisocial mediante un tratamiento polémico?. Tratamiento del que hablaré seguidamente.

Es peor él o los políticos que primero se ponen medallas por su curación y luego por su vuelta a la “normalidad”, es decir por el proceso contrario.

Así podríamos seguir constantemente, hasta llegar a la conclusión de que algo falla en la sociedad.


En fin, que hay mucho para “comerse el coco” y no quiero ser exhaustivo, pero para mí lo más importante desde el punto de vista psicológico son los cambios que se dan en la personalidad de Alex, que primero es dueño de sus actos, aunque sean antisociales, y luego se convierte en una marioneta a la que los acontecimientos llevan de un sitio a otro.

Quizás el primero de esos acontecimientos y en el que nos fijamos todos los psicólogos, sea “El Tratamiento Ludovico” al que se somete al protagonista, un Condicionamiento Clásico al más puro estilo pavloviano.

A Alex le suministran una sustancia emética que le produce nauseas. Le hacen ver al mismo tiempo imágenes agradables para él, palizas, violaciones, escenas de guerra… Y todo con una banda sonora también agradable para él, obras de “Ludwig van”.


Al cabo de poco tiempo se produce la asociación entre las escenas y la música que antes le gustaban con las terribles nauseas. Es decir, convierten un estímulo apetitivo en uno aversivo.

Lo dicho, un condicionamiento “de libro”.


Otra cosa curiosa es la jerga que emplean los pandilleros, el “Nadsat” una mezcla muy particular de palabras de origen ruso con otras que inventó el propio Burgess y que hablan Alex y sus colegas (“drugos”). Más ejemplos se pueden encontrar en el Glosario Nadsat-Español.

Existen otros antecedentes de lenguajes inventados, se me ocurren ahora las lenguas élficas (las más populares son el Sindarin y el Quenya) creadas por Tolkien y empleadas en El Señor de los Anillos o el Idioma Klingon que Marc Okrand creó para la película Star Trek (¿se nota que me gusta la ciencia ficción?).



Y hablando de ciencia ficción, en esta película Kubrick nos permite ver la cara del actor David Prowse. "¿Y quién es ese señor?" preguntaréis algunos, porque otros, los más aficionados a las curiosidades cinematográficas, ya sabéis que es el actor que daba vida a Darth Vader en la trilogía de Star Wars. Súper famoso, pero nadie sabía quién estaba debajo del disfraz.

Aquí Prowse actúa en el papel de Julian, el guardaespaldas forzudo del escritor que acoge a Alex, hasta que al oirle cantar se da cuenta de que es el que violó a su mujer. Videa la siny, drugo:


Hace tiempo, cuando ocurrió la violación, dicho escritor y su mujer se encontraban en su casa en el campo y él escribía una novela que se llamaría "A clockwork orange".

Si quieres que te avisen cuando emitan La naranja mecánica por televisión, pulsa este enlace.

Saludos,




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